La puerta sin cerradura



Un hombre había pintado un lindo cuadro. El día de la presentación al público, asistieron las autoridades locales, fotógrafos, periodistas, y mucha gente, pues se trataba de un famoso pintor, reconocido artista.

Llegado el momento, se tiró el paño que revelaba el cuadro. Hubo un caluroso aplauso.
Era una impresionante figura de Jesús tocando suavemente la puerta de una casa.
Jesús parecía vivo. Con el oído junto a la puerta, parecía querer oír si adentro de la casa alguien le respondía.

Hubo discursos y elogios. Todos admiraban aquella preciosa obra de arte.
Un observador muy curioso, encontró una falla en el cuadro. La puerta no tenía cerradura. Y fue a preguntar al artista: "Su puerta no tiene cerradura, ¿Cómo se hace para abrirla?"

"Así es," respondió el pintor. "Porque esa es la puerta del corazón del hombre. Sólo se abre por el lado de adentro"

Leyenda Arabe


Dice una leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron, y uno le dió una bofeteada al otro.

El otro ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena:

HOY MI MEJOR AMIGO ME PEGÓ UNA BOFETADA EN EL ROSTRO

Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse.

El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo.

Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra:

HOY MI MEJOR AMIGO ME SALVÓ LA VIDA

Intrigado el amigo preguntó:
¿Por qué después que te lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra ?

Sonriendo, el otro amigo respondió:

"Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo, por otro lado, cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde viento ninguno en todo el mundo podrá borrarlo ".

Un buen amigo


Recibí una llamada telefónica de un muy buen amigo.
Me dio mucho gusto su llamada y lo primero que me preguntó fue:
-¿Cómo estás?

Y sin saber por qué le contesté:
- Muy solo.
-¿Quierés que hablemos?- me dijo

Le respondí que si y me dijo:
-¿Quierés que vaya a tu casa?

Y respondí que si.

Colgó el teléfono y en menos de quince minutos él ya estaba tocando a mi puerta. Yo hablé por horas de todo, de mi trabajo, de mi familia, de mi novia, de mis deudas, y él, atento siempre, me escuchó.

Se nos hizo de día, yo estaba totalmente cansado mentalmente, me había hecho mucho bien su compañía y sobre todo que me escuchara, que me apoyara y me hiciera ver mis errores.

Me sentía muy a gusto y cuando él notó que yo ya me encontraba mejor, me dijo:
-Bueno, me voy, tengo que ir a trabajar.

Yo me sorprendí y le dije
¿Por qué no me habías dicho que tenias que ir a trabajar? mirá la hora que es, no dormiste nada, te quité tu tiempo toda la noche.

El sonrió y me dijo:
-No hay problema, para eso estamos los amigos.

Yo me sentía cada vez más feliz y orgulloso de tener un amigo así.
Lo acompañé a la puerta de mi casa... y cuando él caminaba hacia su coche le grité desde lejos:
-Y a todo esto, ¿por qué llamaste anoche tan tarde?.

El regresó y me dijo en voz baja:
-Es que te quería dar una noticia...

y le pregunté:
-¿Qué pasó?

Y me dijo:
-Fui al médico y me dijo que estoy muy enfermo.

Yo me quedé mudo... él me sonrió y me dijo:
-Ya hablaremos de eso. Que tengas un buen día...

Se dió la vuelta y se fue.

Pasó un buen rato para cuando asimilé la situación y me pregunté una y otra vez, por qué cuando él me preguntó cómo estaba me olvidé de él y solo hablé de mi.
¿Cómo tuvo la fuerza de sonreirme, de darme ánimos, de decirme todo lo que me dijo, estando él en esa situación?...
Esto es increíble...
Desde entonces mi vida ha cambiado.
Suelo ser menos dramático con mis problemas y disfrutar más de las cosas buenas de la vida.
Ahora aprovecho más el tiempo con la gente que quiero...
En resumen, es bueno recordar que:

"El que no vive para servir... no sirve para vivir..."

La vida es como una escalera, si mirás hacia arriba siempre serás el último de la fila, pero si mirás hacia abajo verás que hay mucha gente que quisiera estar en tu lugar.

Recetas al alcance de todos



1. TENER A LA MANO:

* Abrelatas, para abrir corazón endurecido.
* Cuchillo, para cortar vicios.
* Destapador, para destapar lo atorado en las relaciones familiares.
* Colador, para pasar por alto las ofensas y purificar intenciones.
* Mandil, para los casados.

2. ABSTENERSE:

* Abstenerse de comer prójimo (chismes, murmuraciones y calumnias).
* Bajarle al condimento de desquites.
* Evitar consumir altas grasas de egoísmo.
* No tomar vinagre, que pone de mal genio.
* Lavar bien el corazón, para que no se infecte de la cólera.
* Evitar el consumo excesivo de picantes, para no enfadarse o maldecir.
* Evitar el camarón, porque adormece la conciencia, y "camarón que se duerme, se lo lleva la corriente".
* No tomar postres helados, que congelen el afecto.
* Evitar comer pan de muertos -de envidia-, para que luego no te digan "que con su pan se lo coma".

3. MENÚ RECOMENDADO:

* Como plato fuerte: exquisita caridad para con el prójimo.
* Caldo de atención a los desamparados y enfermos.
* Ensalada de detalles de afecto para los suyos.
* Pan abundante para compartir con el hambriento.
* Vino de alegría para convidar a los tristes y desanimados.
* Sopa de letras para escribir más seguido a familiares y amigos.
* Sopa de zanahoria para ver con buenos ojos a los demás.
* Pan para los afligidos, ya que "las penas con pan son menos penas".

DE POSTRE SE RECOMIENDA:

* Perita en dulce, para ser buena persona.
* Yogurt de guayaba para repetir... para repetir gestos de perdón.
* Naranja dulce y limón partido "dame un abrazo que yo te pido"(abrazar a
los seres queridos, y darles besos - de los de verdad).

Y no olvides:
"DONDE COME UNO, COMEN DOS".

Comparte tu vida con los otros. Finalmente, el chef celestial recomienda sobre todo el alimento espiritual:

"EL QUE COME MI CARNE Y BEBE MI SANGRE, TIENE VIDA ETERNA"

Como embellecer tu alma


El limpiador de tu alma es el perdón.
Deberás usarlo todo el tiempo, apenas veas una impureza, aplícalo.
No te acuestes nunca sin haber pedido perdón y sin haber perdonado.
El resultado será que en paz te acostaras y asimismo dormirás y tu sueño te
sustentará.

La hidratante de tu alma es la oración.
Si no hidratas la piel de tu rostro, se marchita.
Así, si no oras, tu alma se reseca.
Pero a medida que confías en Dios , el afán y la ansiedad desaparecen,
y aprendes a reposar y esperar en el Señor.

La tonificante de tu alma es la alabanza.
Cuando alabas a Dios y vuelves a El tus pensamientos ,
cuando te olvidas de ti mismo, sin egoísmo en tu corazón,
quedas libre para que Dios ponga en tí su gozo.

La nutritiva de tu alma es la Palabra.
Así como en lo físico no puedes vivir sin alimentos,
tu alma necesita el alimento de la Palabra de Dios.
Cuando te alimentas con la Palabra, la debilidad y la confusión
desaparecen.
Serás como árbol plantado junto a corrientes de agua.

El protector de tu alma es la coraza de la Fé.
Con la Fe te protegerás de las inclemencias de la vida,
mirarás por encima de las circunstancias y pasarás victoriosa en medio de
las pruebas.
A través de tí, Dios moverá montañas y alcanzarás
a otros para gloria de Dios.

Si usas a diario estos productos de belleza,
tu alma se mantendrá limpia y tu corazón será puro.
Te saciarás de bien, de modo que te rejuvenezcas como el águila.

El que alguien toque mi vida es un privilegio,
Tocar la vida de alguien es un honor,
Pero el ayudar a que otros toquen sus propias vidas
Es un placer indescriptible!

CLAVES PARA TRABAJAR MEJOR



¿Quién no ha pospuesto alguna vez alguna tarea? ¿o ha dejado de hacer algo, pensando que quizá… más tarde, u otro día, o la semana que viene? La verdad, es que creo que esto de la procrastinación o aplazamiento, nos afecta a todos, en más o menos medida. Siempre hay tareas, que por un motivo u otro, cada uno tiene los suyos, no nos apetece hacer en el momento y encontramos mil y una excusas para retrasarlas.

Pero, el tema es que la mayoría de tareas que se te plantean, seguro que tienes que hacerlas tarde o temprano y cuanto más tiempo tardas, más te incordia tenerlas pendientes y menos ganas tienes de llevarlas a cabo.

Así que te voy a dar 10 claves para superar este impertinente vicio, sacadas de la relación de 20 que nos propone Scott H Young en su blog:

Haz la tarea ahora: en cuanto se te plantee y siempre que sea posible, cuanto antes la hagas mejor. Si practicas esta regla, se instalará en ti como un hábito.

Haz primero lo más importante. Así si tus fuerzas decaen, al menos lo principal estará hecho y sentirás satisfacción. Si llevas tiempo retrasando alguna tarea importante, no lo dudes, hazla ya y no permitas que te siga incordiando. Luego, pasa a otra cosa.

La regla de los 10 minutos: si hay una tarea que te desborda, decide trabajar en ella tan sólo 10 minutos. Esto te parecerá poco tiempo y no será tan agobiante. Ve dedicándole 10 minutos, cada vez, hasta que tú mismo te animarás a acabar la tarea aunque haya que alargar el tiempo.

Divide la tarea en partes. Un problema bien planteado está medio solucionado. Una tarea complicada o tediosa dividida en pequeñas partes, es más fácil y agradable de realizar.

La regla de los 30-10: controla el reloj y ponte a trabajar a tope durante 30 minutos. Tras ese tiempo, dedícate a hacer algo que te guste durante 10 minutos. Saber que tienes un tiempo limitado para trabajar y que luego podrás hacer algo que te gusta te motivará a trabajar más y mejor.

Fíjate un plazo final: si tienes un plazo límite, la presión hace que trabajes con más eficacia.

Ponte presión pública: si comunicas lo que tienes que hacer y los resultados esperados a alguien más, intentas no decepcionar a esa persona y a ti mismo y te esfuerzas más en acabar a tiempo.

Recompénsate: ponte un premio para cuando finalices la tarea. Esto te hace trabajar con la ilusión de obtenerlo y además te hace la tarea más agradable.

Piensa en los beneficios de hacer la tarea: en lugar de pensar en los obstáculos, céntrate en los beneficios que obtendrás al finalizar el trabajo bien hecho.

Supera tus miedos: define los miedos que te están bloqueando e impidiendo realizar esta tarea, miedo a fallar, a no hacerlo lo bastante bien. Luego, piensa en lo peor que puede pasar, esto te permitirá decidir como se puede evitar y a controlar mejor tus miedos. Si aún así no te sale bien, siempre puedes intentarlo de nuevo, o intentar otra cosa, ¿no crees?
Ánimo, puedes empezar ahora mismo.

Sara Mariner

CORPUS CHRISTI



Esta fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo se comenzó a celebrar en Lieja en 1246, siendo extendida a toda la Iglesia occidental por el papa Urbano IV en 1264, y tuvo como finalidad proclamar la fe en la presencia real de Jesucristo en la eucaristía.

Los ocho días que siguen a la fiesta del Corpus Christi, los dedicamos los cristianos a continuar la fiesta. Aquí tienes un texto para cada día de la octava.

A continuación encontrarás algunos textos que recogen verdades que afirma la fe referentes a la Eucaristía.

Por último, la bendición con el Santísimo, con una breve explicación de lo que significa este acto litúrgico.


ANTES CUATRO IDEAS PREVIAS

1. Si puedes, procura hacer este rato de oración delante de un Sagrario estos ocho días.

2. El texto de cada día está fragmentado en tres partes por letras capitulares. Están para que interrumpas la lectura y hables con Dios sobre lo que has leído. Y así cada vez.

3. No olvides que lo importante es que hables con Él. Y que le escuches.

4. Puedes empezar cada día con la oración inicial, y terminar rezando la oración final.

ORACIÓN INICIAL

Señor, espero en Ti; Te adoro, Te amo, auméntame la fe. Quiero que seas mi apoyo en todo: sin Ti no puedo nada. Tú te has quedado en la Eucaristía, indefenso.

Quiero que te sientas amado por mí: para eso intentaré cuidarte, acompañarte, tener detalles contigo, adorarte, agradecerte, valorar cada vez más esta locura tuya,...

Y quiero sentirme amado por Ti: que me alegre tenerte tan cerca, que me sienta acompañado, seguro, querido, fortalecido, comprendido, escuchado, alimentado, ... ; hazme Tú ese regalo especialmente estos días y siempre que te coma.

ORACIÓN FINAL

Elige una de éstas:
1. Acuérdate de las palabras que dirigiste a tu siervo: Quien come mi Carne y bebe mi Sangre, en Mí permanece y Yo en él. ¡Tú en mí y yo en Ti! ¡cuánto amor!, ¡Tú en mí, que soy un pobre pecador, y yo en Ti, que eres mi Dios! Una sola cosa, y sólo esto busco: vivir en Ti, en Ti descansar y no separarme nunca de Ti.

Inspirada en el Cardenal Bona

2. ¡Amor! Tú eres fortísimo pero a la vez yo te veo debilísimo. Fortísimo, pues nadie se te puede oponer; y debilísimo, puesto que una miserable criatura como yo te vence, te supera llamándote Amor.

Sta, M. Magdalena

3. Señor que nos haces participar del milagro de la Eucaristía: te pedimos que no te escondas, que vivas con nosotros, que te veamos, que te toquemos, que te sintamos, que queramos estar siempre junto a Ti, que seas el Rey de nuestras vidas y de nuestros trabajos.

Señor mío Jesús: haz que sienta, que secunde de tal modo tu gracia, que vacíe mi corazón.... para que lo llenes Tú, mi Amigo, mi Hermano, mi Rey, mi Dios, mi Amor!

San Josemaría Escrivá

4. Dios mío yo creo, adoro, espero y os amo , os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman. Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, os adoro profundamente y os ofrezco el precioso Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, que se encuentra presente en todos los Sagrarios de la tierra, y os lo ofrezco, Dios mío en reparación por los abusos, sacrilegios e indiferencias con que Él es ofendido. Amén.

Oración del Ángel a los pastores de Fátima

DIA 1º LA FIESTA DEL CORPUS CHRISTI
"Esto es mi Cuerpo" (Mt 26,26)

¿0ctava? ¿Qué es eso? En las fiestas lo paso bien, estoy contento ¿Qué tiene que ver el Corpus con mi alegría? Hoy es fiesta; sí, una gran fiesta para los cristianos. Hoy fijamos con más atención nuestra mirada en la Sagrada Hostia, donde Jesús está. Y estamos de fiesta porque es una suerte, un regalo de Dios tener a Jesucristo tan cerca realmente, a nuestro lado; y es una suerte, un regalo ver cuánto nos quiere Dios: hasta el punto de quedarse real y físicamente, bajo los accidentes del pan y del vino. ¡Dios que se hace pan!... ¡para estar cerca de mí! ¡y para alimentarme a mí!

A todos nos gusta, cuando se puede, alargar las fiestas. Por eso desde hace mucho tiempo los cristianos alargamos esta fiesta durante ocho días ?de ahí la "Octava" en los que nos esforzamos por agradecerle, adorarle, tratarle mejor en la Eucaristía.

Un día de verano mientras celebraba la Misa un padre agustino, una mosca revolotea alrededor del cáliz, que está sin cubrir. Aunque el sacerdote aleja la mosca con la mano, ésta vuelve una y otra vez hacia el cáliz, posándose en él de vez en cuando. La mosca es tan insistente, que acaba por distraer a todos. Cuando termina la Misa, el sacerdote se dirige a los asistentes: quizás os hayáis distraído, pero yo pensaba que todos nosotros deberíamos? ser como esa mosca; buscar la Sangre de Cristo, su cercanía, una y otra vez, con insistencia.

Dile al Señor que durante estos días quieres ser como esa mosca: revolotear a su alrededor. Y aunque las actividades del día te alejen de Él físicamente, que te ayude a llevar tu cabeza hacia los sagrarios muchas veces cada día. ¡Búscale!, búscale muchas veces en el sagrario durante estos días.

Gracias, Dios mío, por amarme tanto. Lógico que me ames porque soy tu hijo. Pero... ¡qué hayas hecho la locura de hacerte Pan! Y ¿cómo te tratamos los hombres? ¿cómo te trato yo? Durante estos ocho días voy a procurar tratarte bien; en serio, Señor, quiero visitarte, adorarte más,... Y perdona sí hasta ahora no te he hecho el caso que debería. Gracias.

Si quieres, puedes quedar con Él en comulgar estos ocho días, o asistir a la bendición durante la octava, o hacer un rato de oración junto a un sagrario, o ... ; y por supuesto, si te es posible hoy acompañarle en una procesión... le darás una alegría.

DIA 2º LA INSTITUCIÓN.

"Mientras cenaban, Jesús tomó pan y, pronunciando la bendición, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: Tomad y comed, esto es mi Cuerpo. Y, tomando el Cáliz y habiendo dado gracias, se lo dio diciendo: Bebed todos de él; porque ésta es mi sangre de la nueva alianza" (Mt 26, 26?28)

San Juan Bosco tenía una especial devoción a María Auxiliadora. El día de su fiesta organizó con ilusión y mucho esfuerzo una Misa con los chavales que conocía. La Iglesia estaba llena de muchachos: seiscientos, que iban a comulgar. Estaba preparado un gran copón lleno de Hostias, que Don Bosco iba a consagrar en la Misa. Pero el sacristán se olvidó de llevarlo al altar. Habiendo pasado ya el momento de la consagración, es cuando se da cuenta de que no lo ha llevado. Ahora, su distracción no tiene remedio. ¿Qué va a ocurrir, Señor? ¿qué desilusión tendrán esos centenares de muchachos que se apretaban en el pasillo central dirigiéndose a comulgar? Ellos no saben nada y van llegando al comulgatorio; Don Bosco tampoco lo sabe. Abre el sagrario y sólo encuentra un pequeño copón con unas pocas Hostias. Mira bien en el Sagrario pero ya ve que no hay nada más. En seguida comprende que su sacristán se ha olvidado de llevarlas. Alza los ojos al cielo, y le dice así a la Virgen:

¿Señora, ¿vas a dejar a tus hijos que vuelvan sin comulgar?.

Toma el coponcito, y empieza a dar la comunión. Y aquellas pocas Hostias se Multiplican. El sacristán, asombrado, asiste al prodigio: se le salían los ojos de sus órbitas. Cuando termina la Misa muestra a Don Bosco el copón que se había olvidado en la sacristía:

- ¿Cómo ha podido dar la comunión a todos, con tan pocas Hostias? ¡Es un milagro, señor Don Bosco! ¡Un milagro que ha hecho usted!

-¡Bah! -dice Don Bosco con indiferencia?. Junto al milagro de la transustanciación, que obra el sacerdote al consagrar, el de la multiplicación de las Hostias es insignificante... Además, lo ha hecho María Auxiliadora.

Es verdad: el milagro que ocurre cada día en la consagración es más grande que el de la multiplicación de las Hostias de Don Bosco. Jesucristo no dejó lugar a dudas: ESTO ES MI CUERPO; esto, que sigue pareciendo pan, ya no es pan: es mi Cuerpo.

La transustanciación es el milagro que ocurre en la consagración: el pan deja de ser pan aunque siga pareciendo pan; solo cambia la sustancia, lo que es y no se ve.

- ¿Y cómo puede el sacerdote hacer todos los días ese milagro? Porque Jesús mandó a los Apóstoles "Haced esto en memoria mía" mandó que repitieran esa acción sagrada. Y como no manda imposibles, les dio el poder para cambiar el pan y el vino en su Cuerpo y Sangre. Y los Apóstoles confirieron ese poder sacerdotal a otros hombres, y así generación tras generación hasta los sacerdotes de hoy.

Creo, Jesucristo, pero ayúdame a creer más. Quiero asistir a la Misa, a partir de hoy, con una fe mucho más grande. Concédemelo Tú. Y que sepas que me duelen las veces que he asistido con indiferencia, con poca atención o cariño, con rutina. Me duelen todos mis pecados. Te pido perdón ahora. (Puedes hacer el propósito de mirar fijamente el Cuerpo de Cristo en la Misa, cada vez que el sacerdote lo muestra a los asistentes, especialmente cuando lo alza en la Consagración).

DÍA 3º MISTERIO DE FE

"El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en Mí y yo en él( .. ) Sin embargo hay algunos que no creen( .. ) Por eso os he dicho que ninguno puede venir a Mí si no te fuera dado por el Padre" (Jn 6, 56, 64-65)
"0iga, no tengo fe", me decía preocupado y contrariado un chaval. Al preguntarle por la causa de esa inesperada afirmación, contestó: - Porque cuando estoy delante del sagrario no siento nada y no acabo de ver ahí a Jesucristo.

No. No es eso la fe. La fe no es SENTIR, ¡es ASENTIR¡ ¡decir con la cabeza que crees eso! La fe es un regalo de Dios por el que yo afirmo con mi cabeza (aunque no lo vea y no lo entienda) que lo que Dios dice es verdad; ¿Cómo no va a ser verdad si Él ha hecho todo?
"La presencia de Jesús en la Eucaristía, bajo dimensiones tan pequeñas y en tantos lugares a la vez, parece plantear dos aparentes dificultades: ¿Cómo puede un cuerpo humano estar presente en un espacio tan pequeño?, y ¿cómo puede un cuerpo humano estar en varios lugares a la vez? Estas dificultades, claro está, son sólo aparentes. Dios lo hace, luego puede hacerse. Hay que recordar que Dios es el autor de la naturaleza, el Amo y Señor de la creación. Las leyes físicas del universo fueron establecidas por Dios, y Él puede suspender su acción si lo desea, sin que cueste un esfuerzo a su poder infinito" (Jesús Martínez, "Hablemos de la fe).

Si has hecho el Camino de Santiago a pie o en bicicleta, cuando se deja la provincia de León y se sube el puerto del Poio, se pasa por la Capilla de Cebreiro, donde una tradición muy fuerte, corroborada por fuentes históricas y arqueológicas, sostiene lo que sigue. Un monje celebraba Misa un día de gran tempestad: lluvia, viento, frío.

Y un paisano de Baxamaior, pueblecito al pie de esa montaña, sube el puerto para oír la Misa. El monje celebrante, de poca fe, menosprecia el sacrificio del campesino, como pensando: ¡qué exagerado! ¡con el tiempo que hace... y viene a Misa desde allá abajo! En el momento de la consagración el monje percibe cómo la Hostia se convierte en carne sensible a la vista, y el vino del Cáliz en sangre, que hierve y tiñe los corporales con la sangre.

Dame, Dios mío; una fe grande. Yo comeré la Carne de Cristo con cariño y frecuencia para que permanezcas y crezcas en mí. Pero Tú dame una fe más grande: que esté convencido de que vale la pena hacer cualquier esfuerzo por mí parte para poder estar contigo físicamente junto al Sagrario, o recibirte. Quiero visitarte todos los días un momento. Y cuando pase junto a una Iglesia quiero siempre saludarte, al menos con el corazón, desde fuera, diciéndote "Hola".

Ángel de mi guarda, recuérdamelo tú, por favor.

DIA 4º PRESENCIA REAL

"Discutían entre los judíos diciendo: ¿cómo puede éste darnos a comer su carne? Jesús les dijo: en verdad, en verdad os digo, que si no coméis la carne del hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y Yo lo resucitaré el último día." (Jn 6, 52?53)

S. Lewis, es un escritor británico al que se le muere su mujer, Hellen, de la que estaba profundamente enamorado. Sus primeros días y semanas como viudo son tremendamente duros para él: vacío, soledad, impotencia, recuerdos, amor y fe. ¡Cuánto echa de menos a su mujer! Y se da cuenta de que ahora a su mujer solo la tiene en imágenes: en imágenes de fotografías que conserva en casa, o en imágenes que guarda en el pensamiento. Y que esas imágenes no son Hellen. Esas imágenes le consuelan poco, porque lo que él necesita es a Hellen, y no imágenes de ella; esas imágenes no tienen importancia en sí mismas. Y escribe que al día siguiente por la mañana, un cura le hará comulgar una Hostia fría, pequeña, redonda e insípida. Y se pregunta si es una desventaja, o acaso en cierto modo una ventaja, que esa Hostia no se parezca nada a lo que realmente es esa Hostia. Y expresa con fuerza: "necesito a Jesucristo y no a nada que se te parezca. Quiero a Hellen y no a nada que se le asemeje a ella".

Tenemos a Jesucristo en el Sagrario; aunque la Hostia no se parece a Él, es Él. Lo que tiene importancia es que la Hostia es Cristo, y lo de menos es que la Hostia se parezca a Cristo.

Santa Teresa afirma sin dudar, que es una gran ventaja que en la Hostia no aparezca Jesucristo en toda su grandeza: "Además, si viéramos tan gran majestad, ¿cómo se atrevería una pecadorcilla como yo, que tanto le he ofendido, a estar tan cerca de Él?" De hecho cuenta que cuando se acercaba a comulgar, a veces "se me erizaban los pelos y todo parecía que me aniquilaba". "¡Quién se atrevería, si le viéramos con tan gran majestad, a acercarse a Él con tanta tibieza, tan indignamente, con tantas imperfecciones!" Y reza: "¡OH, Señor mío! Si no encubrierais vuestra grandeza ¿quién se atrevería a ir tantas veces, cosa tan sucia y miserable con tan gran majestad?".

Jesús, es a Ti a quien necesito, y eres Tú quien está en el sagrario. No me importa que no se parezca la Hostia a tu persona: es más, mejor que no se parezca. Creo, pero quiero creer más: que me dé cuenta, que sea consciente de que estás vivo, esperándome, escuchándome, apoyándome, animándome, orientándome... en el sagrario. Y gracias.

DIA 5º CUIDARLE COMO MERECE

"Sin mí no podéis nada" (Jn 15, 5)

Un famoso arquitecto protestante fue a ver una iglesia católica nueva, interesado por el valor artístico. Dado que el párroco no estaba en casa se sirvió del monaguillo para que le enseñara el templo. Al pasar por delante del altar en que se guarda el Santísimo, el chico hizo una genuflexión:

Oye, ¿por qué haces eso? Y el chico expuso como pudo la doctrina católica sobre la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía.

- Entonces, ¿tú crees que Dios está real y verdaderamente presente en el tabernáculo?

La respuesta fue afirmativa:

- ¡Caramba! Si yo supiera que esto es cierto, andaría de rodillas por toda la iglesia."

- Por supuesto que no vamos a andar arrodillados por las iglesias u oratorios, pero sí podemos darnos más cuenta de quién vive allí, de quién es ese lugar: porque allí vive Dios, ¡ nada más y nada menos!

Que cuando entremos en la Iglesia nuestra primera mirada vaya al sagrario. Que las primeras palabras se las digamos a Él. Que cada vez que pasemos ante el Sagrario hagamos una genuflexión bien hecha: la rodilla derecha en el suelo, mientras con los ojos se le mira y con el corazón se le dice algo. Que nos movamos por allí con respeto.

Porque allí vive Dios, en la iglesia no hablamos en voz alta, ni comemos, ni fumamos, ni nos sentamos directamente en el banco al llegar, sino que le saludamos antes poniéndonos un momento de rodillas, ...

Porque allí vive Dios, cuidamos el modo de vestir, ponemos flores, colaboramos todos para que el edificio se mantenga lo mejor posible, procuramos que haya arte, ... Y cuando nos acercamos al altar hacemos una buena genuflexión, porque adoramos a Jesucristo que está realmente en el Sagrario.

¿Cómo estás en la Iglesia? ¿Tratas a Dios con reverencia> ¿ Tienes un santo temor de Dios, por tratar a Dios como se merece? ¿o a veces se podría decir que estás en la Iglesia como en un salón de actos, como en el cine?

Sin Ti, Señor, no puedo nada, Pero te tenemos tan cerca, con nosotros, ¡tan a nuestro alcance! Siempre que algo me preocupe, o me alegre, quiero sentir la necesidad de acudir a Ti, de acercarme a un sagrario, en cuanto me sea posible, y hablar de eso contigo. Y allí los dos a solas, Tú y yo, preguntarte, contarte, pedirte, reír, llorar, agradecerte, ... María y San José, que le tratasteis, con tanto cariño a Jesús: ayudadme a cuidarle yo en el sagrario; a veces me despistaré y me puedo olvidar de que le tengo ahí cerca: llevadme vosotros a Él. Gracias.


DIA 6º SENTIRSE AMADO

Viene a mi memoria -escribía San Josemaría Escrivá de Balaguer- una encantadora poesía gallega, una de esas Cántigas de Alfonso X el Sabio. La leyenda de un monje que, en su simplicidad, suplicó a Santa María poder contemplar el Cielo, aunque fuera por un instante. La Virgen acogió su deseo, y el buen monje fue trasladado al paraíso. Cuando regresó, no reconocía a ninguno de los moradores de su monasterio: su oración, que a él le había parecido brevísima, había durado tres siglos. Tres siglos no son nada, para un corazón amante. Así me explico yo esos dos mil años de espera del Señor en la Eucaristía. Es la espera de Dios, que ama a los hombres, que nos busca, que nos quiere tal como somos limitados, egoístas, inconstantes, pero con la capacidad de descubrir su infinito cariño y de entregarnos a Él enteramente."

¡Veinte siglos esperando! Se dice pronto, pero... eso no lo hace cualquiera. Es importante sentirse amado por Dios cuando estamos delante de Jesús Sacramentado.

¡Qué bien se está junto al Sagrario cuando se ve su amor, cuando uno sabe que Él le estaba esperando. "Os diré -continúa el autor- que para mí el sagrario ha sido siempre Betania, el lugar tranquilo y apacible donde está Cristo, donde podemos contarle nuestras preocupaciones, nuestros sufrimientos, nuestras ilusiones, nuestras alegrías, con la misma sencillez y naturalidad con que le hablaban aquellos amigos suyos, Marta, María y Lázaro."

Y por otro lado, que Él se sienta amado por ti, especialmente cuando comulgas. Mira lo que dice el evangelio: "No deis las cosas Santas a los perros, ni echéis vuestras perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen con sus patas y revolviéndose os despedacen " (Mt 7, 6).

La Iglesia ha aplicado estas palabras de Jesús a la administración de los sacramentos, y de modo singular a la Eucaristía: debemos recibirle bien preparados, dignamente.

Para comulgar es preciso estar bautizado, darse cuenta de lo que se hace y estar en gracia de Dios. Y la Iglesia nos pide que guardemos una hora de ayuno. Si cumplimos estas condiciones podemos recibir dignamente y con fruto la Eucaristía.

Y si no estamos en gracia de Dios, no debemos comulgar. Escribe un poeta: "Soy el pan de los ángeles. Y pobre del que me reciba en pecado como Judas. Soy la muerte en la boca, soy el infierno en el vientre de aquel despavorido" (Ibáñez Langlois).

Pero ese es el mínimo. Es bueno que nos preparemos lo mejor posible para un encuentro tan íntimo con Dios dentro de mí.

"Por eso, escribe Santa Teresa; pienso que si nos acercamos al Santísimo Sacramento con gran fe y amor, que una vez bastaría para hacernos ricas, ¡cuánto más recibiéndole tantas veces!, pero parece que nos acercamos a Él por cumplido y así nos luce tan poco".

Quiero, Jesucristo, acudir perseverantemente ante el sagrario, físicamente o con el corazón, para sentirme seguro, para sentirme sereno: pero también para sentirme amado.., ¡y para amar!

Yo quisiera Señor recibiros con aquella pureza, humildad y devoción, con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos.


DIA 7º ALIMENTO

"Sin mí no podéis nada " (Jn 15, 5)
"Danos hoy nuestro pan de cada día" (Mt 6, 11)

Imagínate un viaje en el que tienes que recorrer, como en todos los viajes, un camino. Pero resulta que ese camino no es de tierra, ni de carretera asfaltada, ni de piedras: es un camino de tiempo. No andas metros, sino que andas tiempo. Al cabo de un rato de empezar ese viaje, en vez de encontrar señales indicando los kilómetros que has andado, te indican que has andado horas, días, años,... Pues eso es la vida: un viaje que no para. Todos, por eso, estamos de viaje.

La vida es un viaje, sí; pero ¿a dónde se viaja? A la otra vida, donde ya no hay tiempo y que ya es una vida para siempre. Los cristianos sabemos que estamos de viaje hacia el Cielo.

Pues bien: La Iglesia nos dice que la Eucaristía es panis viatorum, el pan de los que están de viaje. En este viaje largo hacia el Cielo el alimento que tenemos es la Eucaristía.

Los ciclistas, en ciertos puntos de las etapas largas, tienen un AVITUALLAMIENTO, donde les dan alimento, comida, para poder continuar. Si no lo hacen así pueden tener una "pájara". Así los cristianos en este largo viaje de tiempo, para poder vivir como cristianos, para poder amar, perdonar, vencer en las luchas, etc... necesitamos comer a Cristo.

Teresa de Calcuta decía que el trabajo que hacen las misioneras de la Caridad es muy duro: todo el día entre los más pobres de entre los pobres. Cuando le preguntan que cómo pueden aguantar dice que la fuerza la toman cada mañana adorando a Jesús en la Eucaristía, la Misa y la Comunión. "Si no fuese por eso, dice, no podríamos aguantar".

Jesús, estoy de viaje hacia el Cielo: llevo ya años, no sé cuántos me quedarán. Pero sí sé que Tú eres mi alimento. Procuraré comulgar con frecuencia para tener vida eterna, más gracia, más fuerza y así llevar un paso fuerte y seguro. Y si alguna vez me da la pájara... ya sé por qué es y qué tengo que hacer. Gracias, Señor, porque eres mi Dios y te has hecho mi Pan, el Pan de mi alma. Gracias.

DÍA 8º LO TENEMOS AHÍ AL LADO

Cuenta el evangelio que un día de los que salió Jesús con algunos de sus discípulos en barca por el gran lago de Genesaret, Jesús se quedó dormido a bordo. Cambió el viento, y se levantó una violenta tempestad, tan grande que los discípulos se pusieron bastante nerviosos: aquellas olas amenazaban con volcar la pequeña embarcación. Tan cansado estaba Jesús que sigue dormido. Los discípulos hacen lo que pueden, pero al final, ya casi paralizados por el miedo, parece que se dan cuenta de que allí al lado tienen a Jesucristo, y le despiertan: ¡Jesús, despierta, qué morimos! Se levanta, ordena la calma, y les dice: ¡hombres de poca fe!

Todos los pasajes del evangelio se repiten hoy día. Cuántas veces nos ponemos nerviosos ante situaciones concretas, y nos cuesta darnos cuenta de que tenemos a Jesucristo a nuestro lado, realmente presente en los Sagrarios. Y nos cuesta acudir a Él llenos de fe. Aceptamos y creemos que está en la Eucaristía, pero a veces queda como una verdad teórica, y no influye en nuestras vidas: no sentimos su seguridad, su compañía, su presencia.

Auméntanos, Señor, la fe. Que te sepamos siempre a nuestro lado. Que recurramos a Ti espontáneamente. Sé siempre Tú nuestro refugio y nuestra fortaleza, nuestro apoyo, nuestro "paño de lágrimas", nuestro Dios cercano, nuestro Amigo, nuestro Médico, nuestro Maestro, nuestra seguridad.
Gracias.


Texto extraído del libro "Corpus Christi", cuyo autor es José Pedro Manglano Castellary. Editorial Desclée de Brouwer

¿Cómo voy a salir si está lloviendo?


Cuenta una vieja historia que pasaba un hombre por una aldea, en pleno temporal, cuando de repente ve una casa ardiendo. Al acercarse, observa a otro hombre -la fábula utiliza una bella imagen- “con fuego hasta en las cejas” sentado en la sala:

-¡Su casa está ardiendo! –le grita.

-Ya lo sé –responde el hombre desde la sala en llamas.
-Entonces, ¿por qué no sale?
-Porque está lloviendo. Mi madre siempre dice que la lluvia puede provocar neumonía.

“Sabio es el hombre que sabe cambiar de situación cuando se ve obligado a ello.”

Habilidades para saber escuchar efectivamente


Actualmente vivimos con un elevado nivel de ajetreo y estrés. Tomarse tiempo para escuchar al otro es un buen regalo que le podemos hacer. Escuchar, muestra que te preocupas por la otra persona y es una forma de establecer una buena relación. Además puede serte útil a la hora de solucionar problemas. Puedes emplear cuatro pasos para escuchar eficazmente:

1. Busca una postura que te sea cómoda para escuchar
En primer lugar, busca una postura que te sea cómoda para escuchar al otro donde puedas establecer contacto ocular.
A continuación, usa respuestas no verbales y verbales para indicar al otro que le estás escuchando. Las respuestas no verbales serían mantener el contacto visual y hacer gestos de asentimiento con la cabeza. Las respuestas verbales comunes incluyen onomatopeyas tales como “ajá”, “mm”, etc. Estas respuestas no verbales y verbales son las más sencillas de realizar dentro de los cuatro pasos básicos para escuchar efectivamente.

2. Después emplea una habilidad para confirmar que estás entendiendo al otro
Sería el proceso de decir pequeñas ideas sobre lo que tiene que estar sintiendo la otra persona. Esta habilidad puede servirte para rebajar la tensión de alguien que se encuentre en un momento acalorado emocionalmente. Le ayudarás si la empleas bien a bajar su estado de malestar. Es muy útil para la solución de problemas que implican cuestiones cargadas emocionalmente. Gracias a esta habilidad lograrás comprender bien lo que estás oyendo. Es un buen modo para transmitir comprensión y afecto. ¿Cómo se emplea?
Haz una aproximación de sentimiento, es decir, plantea una hipótesis acerca de lo que el otro está sintiendo emocionalmente. Te puede ayudar emplear frases como “parece que estás dolido por...”, “según he entendido te encanta que...”. Las frases deben ser suaves y dichas con cariño.
A continuación puedes usar dos métodos:
Explicar a la otra persona cómo te sentirías si tú estuvieses en esa misma situación. El objetivo es que se sienta comprendido y apoyado.
Hacer preguntas suaves para ahondar más en los sentimientos de tu oyente y para que éste siga hablando. Las preguntas podrían ser “¿entonces te sentías...?”, “¿eso te hizo pensar que...?”, etc.

3. Usa preguntas o afirmaciones para obtener más información
Si aún hay cosas que no has entendido o no te han quedado suficientemente claras, usa preguntas o afirmaciones para obtener más información acerca de o que te está, contando. Realiza preguntas directas tales como ¿qué...?, ¿dónde...’, ¿quien...?, etc. Estas preguntas está muy bien utilizarlas en variedad de situaciones. Sin embargo, ten cuidado, pues a algunas personas o en algunas situaciones, el oyente se puede sentir agredido si las empleas en un tono cortante. Recuerda que si el otro se siente amenazado en la comunicación, probablemente dejará de hablar. Cualquiera de los tres enfoques siguientes pueden usarse para suavizar una de las anteriores preguntas:
“Me gustaría conocer qué quieres”, “seria útil que me dijeras dónde...”, etc.
Si hay aún sientes alguna confusión acerca de lo oído, dilo. Esta opción es práctica ya que las otras personas raramente se van a sentir ofendidas ante tu confusión. Se pueden usar varias veces si vemos que el otro expresa imprecisiones y queremos más información, “no entiendo muy bien qué es lo que quieres decir”, “hay algunos datos que se me han escapado...”.
Una técnica muy empleada en sicología es la siguiente, realizar una frase donde el final de ésta lo tenga que poner el otro, “entonces, lo que tú quieres es...”, “después fuiste a...”.

4. Resumir puntos clave de la conversación de la otra persona
Al final de la comunicación con la otra persona puedes finalizar haciendo una Paráfrasis, que es resumir puntos clave de la conversación de la otra persona y repetirlos con tus propias palabras. El objetivo de esta formula es verificar si lo que has escuchado es exacto y comunicar ese entendimiento a la otra persona. Esto permite al otro corregir cualquier malentendido y así sentirse felizmente escuchado. La frases pueden ser, “según lo he entendido...”, “oigo que estás diciendo...”, “así que tú crees...”. Se puede realizar de dos formas básicamente:
Forma resumida, comienza a resumir todo lo dicho por el otro, “Déjame ver si lo he comprendido...”, “de modo que lo que dices es...”.
Forma interrogante, mediante el uso de preguntas: ¿estás diciendo que...?

Estas habilidades para saber escuchar te ayudarán: a sentirte bien por ser un buen oyente, a que las personas que te rodean estén a gusto con tu compañía y a que probablemente los demás aprendan a través de ti, cómo escuchar a otros.

La paciencia de tener paciencia



"Sólo una persona madura emocionalmente, consciente y equilibrada puede hacer uso de una actitud paciente en el momento que considere necesario"

La paciencia es una virtud que algunas personas interpretan como debilidad, sobre todo si quien es paciente, permite y tolera el abuso por parte de los demás. No hay que confundir una actitud pacífica y tolerante con la pasividad, la sumisión y el temor.

¿Qué podemos hacer para resolver o manejar las situaciones que no salen como lo esperábamos o que se presentan de forma inesperada, en lugar de seguir pensando en lo que pudimos hacer para que no ocurrieran de esa manera? Es necesario un trabajo personal dirigido a balancear nuestras emociones y a relajar y soltar las tensiones y el estrés que nos producen las ocupaciones de la vida diaria.

Para ser más pacientes

Maneja tu reacción. Si en lugar de actuar con la mente fría, lo haces con la emoción del momento, seguramente que más tarde te arrepentirás de tu reacción. Toma unos segundos para pensar antes de actuar.

Ponte en el lugar de la otra persona. Conoce y acepta a las personas como son. Reconoce los aspectos positivos de su personalidad y ten en cuenta sus limitaciones, así sabrás qué puedes esperar de ellas.

Analiza la situación con objetividad. Considera todos los aspectos involucrados. Pregúntate qué puedes hacer para cambiarla. Si la respuesta es positiva, ponte a hacer lo necesario para mejorarla; pero si es negativa, trabaja la aceptación para que no te desequilibre.

Canaliza tu estrés. El ejercicio físico diario, la relajación, el ubicarnos en el presente, la respiración profunda, hacen que nuestro nivel de tolerancia sea más amplio y nuestra tensión sea menor, lo que evita la reacción inmediata a las situaciones difíciles.

Ajusta tu nivel de expectativa. Muchas veces esperas más de lo que los demás te pueden dar, lo que hace correr el riesgo de dañar tus relaciones con ellos. Otras veces te exiges a ti mismo demasiado. Sé paciente y toma el tiempo para descansar y recuperar la energía y la claridad que necesitas. Saber soltar a tiempo es señal de inteligencia y equilibrio.

EL CIRCULO DEL NOVENTA Y NUEVE


Había una vez un rey muy triste, y tenía un sirviente que como todo sirviente de rey triste, era muy feliz.
Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertaba al rey cantando y tarareando alegres canciones de juglares. Una sonrisa se dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre.
Un día el rey lo mandó a llamar.
-Paje..., le dijo- ¿Cuál es el secreto?
-¿Qué secreto, Majestad?
-¿Cuál es el secreto de tu alegría?
-No hay ningún secreto, Alteza...
-¡No me mientas, paje! ¡He mandado a cortar cabezas por ofensas menores que una mentira!
-No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto.
-¿Porqué estás siempre alegre y feliz? ¿eh...? ¿Por qué...?
-Majestad, no tengo razones para estar triste. Su Alteza me honra permitiéndome atenderlo. -Tengo mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la Corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados, y además su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos. ¿Cómo no estar feliz?
-¡Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar! - Dijo el rey... -¡Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado!
-Pero Majestad, no hay secreto. Nada me gustaría mas que complacerlo, pero no hay nada que yo este ocultando...
-¡Vete, vete antes de que llame al verdugo!
El sirviente sonrió, hizo una reverencia y salió de la habitación.

El rey estaba como loco... No conseguía explicarse como el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose de las sobras de los cortesanos.
Cuando se calmó, llamó al mas sabio de sus asesores y le contó su conversación de la mañana.
-¿Porqué él es feliz?
-Ah..., Majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo.
-¿Fuera del círculo?
-Así es.
-¿Y eso es lo que lo hace feliz?
-No Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.
-A ver si entiendo, estar en el circulo te hace infeliz...
-Así es.
-¿Y como salió?
-Nunca entró...
-¿Qué círculo es ese?
-El circulo del 99.
-Verdaderamente, no te entiendo nada.
-La única manera para que entendieras, sería mostrártelo en los hechos.
-¿Cómo?
-Haciendo entrar a tu paje en el círculo.
-¡Eso, eso...! ¡Obliguémoslo a entrar!
-No es tan fácil, Alteza. -Nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.
-Entonces habrá que engañarlo...
-No hace falta, Su Majestad. Si le damos la oportunidad, el entrará solito, solito...
-¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?
-Sí, se dará cuenta.
-¡Entonces no entrará!
-No lo podrá evitar...
-¿Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo circulo, y de todos modos entrará en él y no podrá salir?
-Tal cual. Majestad. ¿Estás dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del círculo?
-¡Si!
-Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro... ¡Ni una mas ni una menos...,99!
-¿Qué más? ¿Llevo los guardias, por si acaso...?
-No es necesario, nada mas que la bolsa de cuero, Majestad, -Hasta la noche.
-Hasta la noche.

Y así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey y ambos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron el alba.
Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio tomó la bolsa y le pinchó un papel que decía:
“Este tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre, disfrútalo y no cuentes a nadie cómo lo encontraste”.
Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpeó y volvió a esconderse.
Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban desde atrás de unas matas lo que sucedía.
El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa... y al escuchar el sonido metálico se estremeció, aferró la bolsa contra su pecho, miró hacia todos lados de la puerta, y volvió a entrar a su casa.
Entonces, se arrimaron a la ventana para ver la escena.

El sirviente había tirado todo lo que había sobre la mesa y dejado solo la vela. Se había sentado y había vaciado el contenido sobre ella.
Sus ojos no podían creer lo que veían... ¡Era una montaña de monedas de oro!
Él, que nunca había tocado una de estas monedas, tenía hoy una montaña de ellas a su disposición.
El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacía brillar la luz de la vela sobre ellas.
Las juntaba y desparramaba, después hacía y deshacía pilas de monedas.
Así, jugando y jugando, comenzó a hacer pilas de 10 monedas.
Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis.... y mientras, sumaba: 10, 20, 30, 40, 50, 60.... hasta que formó la última pila:
¡¡¡99 monedas...!!!
Su mirada recorrió primero la mesa, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa.
"No puede ser", pensó. Puso la ultima pila al lado de las otras y confirmó que era más baja.
-¡¡Me robaron -gritó- ¡¡Me robaron, malditos!!
Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas...
Vació sus bolsillos, corrió los muebles, pero no encontró lo que buscaba.
Sobre la mesa, como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro. "Sólo 99...".
"99 monedas. Es mucho dinero", pensó.
Pero me falta una moneda...
Noventa y nueve no es un número completo -pensaba- Cien es un número completo, pero noventa y nueve, no...

El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, sus ojos se habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que se asomaban los dientes.

El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguien de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña.
Luego tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos.
¿Cuánto tiempo tendría qué ahorrar el sirviente para comprar su moneda número cien...?
Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta.

Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla...
Después, quizás no necesitaría trabajar más...
Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar...
Con cien monedas de oro un hombre es rico...
Con cien monedas se puede vivir tranquilo...

Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario.
"Doce años es mucho tiempo", pensó.
Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. (Y él mismo, después de todo, terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello...).

Volvió a sacar las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero.
¡¡¡Era demasiado tiempo...!!!
Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comidas todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida habría para vender...
Vender...
Vender....

Estaba haciendo calor... ¿Para qué tanta ropa de invierno?
¿Para qué más de un par de zapatos?
Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien.

El rey y el sabio volvieron al palacio.
El paje había entrado en el círculo del 99...

Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche.
Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando y con cara de pocas pulgas.
-¿Qué te pasa?- Preguntó el rey de buen modo.
-¡Nada me pasa..., nada me pasa...!
-Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.
-¡Hago mi trabajo! ¿Verdad? ¿Qué otra cosa querría su Alteza..., que fuera su bufón y su juglar también?

No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente.

No era agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor...


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Todos nosotros, hemos sido educados en esta ideología: “Siempre nos falta algo para estar completos, y solo completos se puede gozar de lo que se tiene”.

Por lo tanto nos enseñaron, la felicidad deberá esperar a completar lo que falta...

Y como siempre nos falta algo, la idea retoma el comienzo y nunca se puede disfrutar de la vida.

Pero... ¿Qué pasaría si la iluminación llegara a nuestras vidas y nos diéramos cuenta, así, de golpe, que nuestras 99 monedas son el cien por cien del tesoro, que no nos falta nada?

Que nadie se quedó con lo nuestro, que nada tiene de más redondo “cien” que “noventa y nueve”, que todo es sólo una trampa, una zanahoria puesta frente a nosotros para que estemos siempre malhumorados, infelices o resignados.

¡Cuántas cosas cambiarían..., si pudiéramos disfrutar de nuestros tesoros tal como están...!

La elegancia de ser agradecidos


Una de las cualidades humanas que manifiesta más claramente la madurez, la salud psicológica, la calidad humana de una persona es su capacidad de agradecer.

El hombre es un ser que necesita de los demás. No se concibe la vida del hombre sin otros hombres. Para hacer cosas en la vida es necesario apoyarse en los demás, en el sentido más noble, convivir es vivir con. Y eso es lo que hacemos de una forma habitual.

La capacidad de agradecer está relacionada con el darse, una persona que sabe darse, es decir, abrir la puerta de su vida hacia fuera, es agradecida. Una madre es el ejemplo de entrega humana más frecuente y más hondo que existe. Una madre es una persona que se da a cambio de nada, por eso las madres son agradecidas, los detalles más nimios que sus hijos tienen con ellas les produce una alegría especial, la alegría del agradecimiento.

Por eso cuando entre enamorados se habla mucho de deberes y derechos; ¡peligro!, algo falla. Se está maltratando lo esencial en el amor, que es la entrega al otro. Falta agradecimiento.

Actualmente se está educando poco en el agradecimiento, es una de las razones por la que la educación es de poca calidad. Agradecer una cosa es dar las gracias para siempre, una persona agradecida está en deuda con el otro de alguna manera, adquiere un compromiso y eso es lo que se rechaza: – No quiero compromisos. No quiero cuentas pendientes con los demás. Parece que agradecer fuera una muestra de debilidad. ¡Como si el hombre se bastara por sí mismo!. Llamamos a los demás cuando los necesitamos pero luego no agradecemos. ¡No vaya a ser que se lo crean!. ¡No quiero tener la sensación de deuda con él!.

Actualmente en esta sociedad todos nos creemos sujetos de derechos. Por tanto, como tengo derecho a todo, en lo personal y profesional, pues entonces no tengo nada que agradecer. Todo lo que los demás hacen por nosotros es su obligación. No agradezco nada.

La felicidad pasa por el agradecimiento, una persona agradecida no es resentida. El agradecer de verdad las cosas, además de un acto de justicia o precisamente por eso, aumenta la paz interior y por tanto la paz ambiental. Donde hay una persona agradecida se sonríe. Sonreír habitualmente es muy difícil, demuestra un estado del alma. Una persona que sonríe es una persona fiable, es una persona agradecida. ¡Haced la prueba!.

Por cierto, podemos decir muchas veces a los hijos que agradezcan las cosas y lo pueden hacer de una manera mecánica. Para aprender a ser agradecidos, de verdad, hay que verlo vivido. Si no es imposible.

No olvidemos que estamos hablando de la calidad como persona. Quizá sea por eso por lo que se están pidiendo, cada vez más, referencias personales, vidas que sirvan de referencia. De otra forma es imposible educar.

Para instruir a las personas se necesita dinero, para educarlas se necesitan vidas.

Autor: Ramón Otero

Sobreponerse a la Dificultad



"No hay otro camino para la madurez, que aprender a soportar los golpes de la vida"

Los golpes de la vida
William Shakespeare dejó escrito que no hay otro camino para la madurez que aprender a soportar los golpes de la vida.

Porque la vida de cualquier hombre, lo quiera o no, trae siempre golpes. Vemos que hay egoísmo, maldad, mentiras, desagradecimiento. Observamos con asombro el misterio del dolor y de la muerte. Constatamos defectos y limitaciones en los demás, y lo constatamos igualmente cada día en nosotros mismos.

Toda esa dolorosa experiencia es algo que, si lo sabemos asumir, puede ir haciendo crecer nuestra madurez interior. La clave es saber aprovechar esos golpes, saber sacar todo el oculto valor que encierra aquello que nos contraría, lograr que nos mejore aquello que a otros les desalienta y les hunde.

¿Y por qué lo que a unos les hunde a otros les madura y les hace crecerse? Depende de cómo se reciban esos reveses. Si no se medita sobre ellos, o se medita pero sin acierto, sin saber abordarlo bien, se pierden excelentes ocasiones para madurar, o incluso se produce el efecto contrario. La falta de conocimiento propio, la irreflexión, el victimismo, la rebeldía inútil, hacen que esos golpes duelan más, que nos llenen de malas experiencias y de muy pocas enseñanzas.

La experiencia de la vida sirve de bien poco si no se sabe aprovechar. El simple transcurso de los años no siempre aporta, por sí solo, madurez a una persona. Es cierto que la madurez se va formando de modo casi imperceptible en una persona, pero la madurez es algo que se alcanza siempre gracias a un proceso de educación —y de auto educación—, que debe saber abordarse.

La educación que se recibe en la familia, por ejemplo, es sin duda decisiva para madurar. Los padres no pueden estar siempre detrás de lo que hacen sus hijos, protegiéndoles o aconsejándoles a cada minuto. Han de estar cercanos, es cierto, pero el hijo ha de aprender a enfrentarse a solas con la realidad, ha de aprender a darse cuenta de que hay cosas como la frustración de un deseo intenso, la deslealtad de un amigo, la tristeza ante las limitaciones o defectos propios o ajenos..., son realidades que cada uno ha de aprender poco a poco a superar por sí mismo. Por mucho que alguien te ayude, al final siempre es uno mismo quien ha de asumir el dolor que siente, y poner el esfuerzo necesario para superar esa frustración.

Una manifestación de inmadurez es el ansia descompensada de ser querido. La persona que ansía intensamente recibir demostraciones de afecto, y que hace de ese afán vehemente de sentirse querido una permanente y angustiosa inquietud en su vida, establece unas dependencias psicológicas que le alejan del verdadero sentido del afecto y de la amistad. Una persona así está tan subordinada a quienes le dan el afecto que necesita, que acaba por vaciar y hasta perder el sentido de su libertad.

Saber encajar los golpes de la vida no significa ser insensible. Tiene que ver más con aprender a no pedir a la vida más de lo que puede dar, aunque sin caer en un conformismo mediocre y gris; con aprender a respetar y estimar lo que a otros les diferencia de nosotros, pero manteniendo unas convicciones y unos principios claros; con ser pacientes y saber ceder, pero sin hacer dejación de derechos ni abdicar de la propia personalidad.

Hemos de aprender a tener paciencia. A vivir sabiendo que todo lo grande es fruto de un esfuerzo continuado, que siempre cuesta y necesita tiempo. A tener paciencia con nosotros mismos, que es decisivo para la propia maduración, y a tener paciencia con todos (sobre todo con los tenemos más cerca).

Y podría hablarse, por último, de otro tipo de paciencia, no poco importante: la paciencia con la terquedad de la realidad que nos rodea. Porque si queremos mejorar nuestro entorno necesitamos armarnos de paciencia, prepararnos para soportar contratiempos sin caer en la amargura. Por la paciencia el hombre se hace dueño de sí mismo, aprende a robustecerse en medio de las adversidades. La paciencia otorga paz y serenidad interior. Hace al hombre capaz de ver la realidad con visión de futuro, sin quedarse enredado en lo inmediato. Le hace mirar por sobre elevación los acontecimientos, que toman así una nueva perspectiva. Son valores que quizá cobran fuerza en nuestro horizonte personal a medida que la vida avanza: cada vez valoramos más la paciencia, ese saber encajar los golpes de la vida, mantener la esperanza y la alegría en medio de las dificultades.

Alfonso Aguiló; Autor del libro "Carácter y valía personal", Editorial Palabra, colecc. Hacer Familia, nº 66.

EDUCAR PARA ENRIQUECER


La educación supone siempre mirar al futuro. Para muchos padres, una de las primeras cuestiones que surge cuando piensan en los estudios de sus hijos es la viabilidad de que encuentren posteriormente un buen trabajo. Cualquier padre o madre desea que sus hijos no vivan pobres. Esta ilusión no depende tanto de tener una vida pobre como de evitar una "pobre vida".
¿Cómo lograr que la vida no sea pobre? Aquí es importante apuntar bien, pues es mucho lo que está en juego. Las respuestas habituales suelen ir en la línea de lograr medios económicos. Ganar dinero, alcanzar prestigio o fama, suele presentarse como una meta que asegure un futuro pleno.
En el año 2000 el Cardenal Ratzinger, actual Papa Benedicto XVI, pronunció una conferencia en la que afirmaba lo siguiente: "La pobreza más profunda es la incapacidad de alegrarse, el hastío de la vida considerada absurda y contradictoria.(...) La incapacidad de alegrarse supone y produce la incapacidad de amar, provoca la envidia, la avaricia y todos los vicios que devastan la vida de cada uno y del mundo. Si se desconoce el arte de vivir, todo lo de más ya no funciona".
Estas palabras estaban lanzando un órdago: un todo o nada. Podemos tener de todo y, no obstante, nuestra vida puede estar llena de hastío y de tedio vital. La "prueba del algodón" que nos proponía el Cardenal Ratzinger, la prueba que no engaña, es la incapacidad de alegrarse. Esto no está en función de las circunstancias de fuera o de lo que nos sucede, sino que depende fundamentalmente de uno mismo. Por esta razón el futuro Papa hablaba del arte de vivir. La alegría no es producto de una técnica o de comprar un servicio especializado; la alegría es fruto de ver las cosas con verdadero sentido.

OLVIDOS PREOCUPANTES. EDUCAR EN SOBRIEDAD


El mundo de los olvidos es interesante, con grandes implicaciones de carácter psicológico y que, últimamente, ofrece aspectos inquietantes. No me refiero a los que se olvidan números de teléfono, nombres de amigos o asuntos importantes que no admiten espera; estoy pensando en los que dejan olvidadas cosas o personas.
Un caso curioso fue el de un amigo mío que se dejó olvidada a su mujer en la cola del cine. Llegaron a la taquilla, había una cola moderada y mi amigo rogó a su esposa que aguardara en ella mientras él aprovechaba para tomarse un café en el bar más cercano. En el bar se encontró con un viejo amigo de la infancia, se pusieron a charlar, y se olvidó de su mujer. ¿Qué hizo la mujer? Sacó las entradas; esperó; dejó una de ellas al portero, con el apellido de su marido; a media función no aguantó más y salió del cine... Y cuando llegó a su casa dispuesta a llamar a la comisaría, se encontró a su marido esperándola. Es decir, fue un olvido relativo, porque acabaron encontrándose e, incluso, pudieron llegar a las manos.

Más bien estaba pensando en olvidos de objetos importantes, que en su día tuvieron dueño y que, de repente, parecen convertirse en bienes mostrencos. Por ejemplo, el otro día apareció en el jardín de mi casa un balón de reglamento, pero no un balón cualquiera, de esos de imitación, sino un balón de legítimo cuero inglés, con su marca impresa, hinchado, satinado y apto para jugar con él una final de la Copa del Mundo. Pregunté a mis hijos, a mis nietos: «¿De quién puede ser este balón?» Se limitaron a mirarlo de reojo, diciendo lacónicamente: «Se lo habrá dejado olvidado algún chaval.» Supongo que se referirían a alguno de los chavales, amigos suyos, que de vez en cuando honran con su presencia el jardín de mi casa. Lo curioso es que han pasado las semanas, los meses, y nadie reclama un balón que hubiera hecho la felicidad de los muchachos de cualquier generación que no fuera esta.

Porque a esta generación de adolescentes le pasan cosas muy raras con eso del consumo. El más notable, a mi entender, fue el caso de Boni Martín, seudónimo con el que disimulo el verdadero nombre de un muchacho que residía en una urbanización de lujo en la zona noroeste de Madrid. Este llegó a olvidarse de dónde había dejado la moto. Salía de casa en moto y volvía sin ella porque no se acordaba dónde la había dejado. Bien es cierto que era hijo único y disponía de varias motos; como no tenía la edad para conducirlas por vías públicas, le llevaban al colegio en coche con chófer, y un remolque transportaba dos o tres motos, que prestaba a sus amigos para echar carreras durante el recreo.

Tanto me impresionó aquel caso que escribí una novela, titulada La leyenda de Boni Martín, en la que mi buen amigo el doctor Vallejo-Nágera consigue curar al chico por un procedimiento un tanto rocambolesco que no viene al caso. Pero lo que sí viene al caso es que la novela estaba destinada, de acuerdo con la problemática del protagonista, a un público adolescente, y editada, por tanto, en una colección para jóvenes. Cuál será mi sorpresa cuando me entero de que en un determinado colegio habían calificado dicho libro como de recomendada lectura no para los chicos, ¡sino para los padres! La razón que me dio el director del centro fue que la culpa de lo que consumen los hijos la suelen tener, por regla general, los padres.

Más me sorprendió que en un colegio al que fui invitado a participar en un libro-fórum sobre libros míos, me encontré que el seleccionado había sido, precisamente, La leyenda de Boni Martín. Me sorprendí porque entendía que el problema que en él se reflejaba era consecuencia de un mundo de ricos caprichosos, y aquel colegio estaba situado en un barrio periférico, humilde, de clase honrada y trabajadora. Lo comenté con la profesora encargada del coloquio, quien me replicó contundente: «El problema es el mismo; a otro nivel, pero el mismo. Los padres les dan más de lo que pueden y los chicos no se cansan de pedir y acaban por apreciar poco todo lo que tienen.»

El caso es que por mi casa, como consecuencia de nuestra estructura de familia numerosa, pasa mucha gente (a veces pienso que demasiada), y es asombroso ver las cosas tan valiosas que se olvidan en ella, sin que nadie las reclame. O que pasen meses sin acordarse de que fue allí donde se dejaron un chaquetón de piel que haría las delicias de un minero de Alaska.

Se olvidan de las cosas porque se olvidan de lo bueno que es tener, sólo, lo justo y lo necesario.

Jose Luis Olaizola

EL ELEFANTE ENCADENADO


Cuando yo era chico me encantaban los circos y lo que mas me gustaba de los circos eran los animales. También a mí, como a otros, después me enteré que me llamaba la atención el elefante.

Durante la función la enorme bestia hacia despliegue de su peso tamaño y fuerza descomunal...pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.

Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría con facilidad arrancar la estaca y huir.

El misterio es evidente : ¿ Qué lo mantiene entonces ¿Por qué no huye?

Cuando tenía cinco o seis años yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia :
Si está amaestrado ¿Por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.

Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca...y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta : EL ELEFANTE DEL CIRCO NO ESCAPA PORQUE HA ESTADO ATADO A UNA ESTACA PARECIDA DESDE QUE ERA MUY, MUY PEQUEÑO.

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca.
Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar y también al otro y al que le seguía....Hasta
que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree - pobre - que NO PUEDE.

El tiene el registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás...jamás....intentó poner a prueba su fuerza otra vez.

Vivimos creyendo que un montón de cosas "no podemos" simplemente porque alguna vez, antes, cuando éramos chiquitos, alguna vez probamos y no pudimos. Hicimos entonces, lo del elefante : grabamos en nuestro recuerdo: NO PUEDO....NO PUEDO Y NUNCA PODRE. Hemos crecido portando ese mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y nunca más lo volvimos a intentar.

Cuando mucho, de vez en cuando sentimos los grilletes, hacemos sonar las cadenas o miramos de reojo la estaca y confirmamos el estigma : " NO PUEDO Y NUNCA PODRE " Vivimos condicionados por el recuerdo de otros, que ya no somos y no pudieron.

Tu única manera de saber, es intentar de nuevo poniendo en el intento todo tu corazón.....TODO TU CORAZON".

Jorge Bucay (Recuentos para Demián)

Películas para el fin de semana



Año de producción: 2005
Dirección: Jane Anderson
Intérpretes: Julianne Moore, Woody Harrelson, Laura Dern, Trevor Morgan, Ellary Porterfield, Simon Reynolds.
Guión: Jane Anderson
Música: John Frizzell
Fotografía: Jonathan Freeman
Distribuye en DVD: Sony
Duración: 99 min.
Público apropiado: Jóvenes-adultos
Género: Biográfico, Drama
Extras DVD: Español e inglés 5.1.
Contenidos: Acción 1, Amor 3, Lágrimas 2, Risas 1, Sexo 0, Violencia 2 [de 0 a 4]

Madre no hay más que una

La verdadera historia de Evelyn Ryan, madre de diez hijos, católica de origen irlandés, tomada del libro escrito por su hija Terry "Tuff" Ryan. Evelyn estuvo casada con Kelly, un hombre frustrado por haber visto truncada una posible carrera deportiva; aunque no era mal tipo, Kelly era torpe en su actuar, y se gastaba gran parte de su sueldo en bebida, que le volvía iracundo. Siempre con agobios económicos, Evelyn se convertiría en sólido pilar de la familia; en primer lugar, por su afición en los años 50 y 60 a los concursos televisivos de todo tipo, de los que llegó a ser verdadera experta, hasta el punto de que los premios que ganaba -desde tostadoras a un viaje a Suiza, pasando por un carrito de la compra con todo lo que pueda meter en su interior- les lograban sacar de los mayores apuros; pero también por su infinita paciencia, bañada de amor, que le llevó a aguantar las mayores impertinencias, sobre todo del esposo, con una sonrisa, como si no pasara nada.

Tiene atractivo esta singular película de Jane Anderson, guionista y directora. Realmente el retrato que hace de la madre es precioso, y cuenta además para ello con la inestimable composición de esa gran actriz llamada Julianne Moore. Su personaje es lo más parecido que cabe imaginar a una "santa corriente", aunque ella en un pasaje del film en que se viene ocasionalmente abajo, niegue serlo. Realmente hace falta valor para hablar en nuestros días de que en el matrimonio hay que saber aguantar y ceder, y que el espíritu de sacrificio es esencial. No es esto lo que impera en tantas familias rotas.

El film está hecho con cariño, y la pena es cierta sensación de estancamiento narrativo, una vez conocemos a la familia y las habilidades de concursante de Evelyn. También resultan algo estridentes y desequilibrados con el resto de la narración los arranques violentos de Kelly. Pero hay pasajes muy originales, como aquellos en que la propia Evelyn, doblemente presente en el plano, ejerce de narradora, mostrándose a ella misma, y un optimismo de fondo muy de agradecer. Y tienen su interés las relaciones madre-hija, en que ésta no acaba de entender la actitud vital de la primera.

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Estrellas o cometas


Hay personas Estrella y hay personas Cometa.
Los Cometa pasan. Apenas son recordados por las fechas que pasan y vuelven.
Los Estrella, en cambio, permanecen.
Hay mucha gente Cometa. Pasa por nuestra vida apenas por instantes; no cautiva a nadie, y nadie la cautiva. Es gente sin amigos, que pasa por la vida sin iluminar, sin calentar, sin marcar presencia.
Así son muchos artistas. Brillan apenas por instantes en los escenarios de la vida.
Y con la misma rapidez que aparecen, desaparecen.
Así son muchos reyes y reinas: de naciones, de clubes deportivos o concursos de belleza. También entran los hombres y mujeres que se enamoran y se dejan enamorar con la mayor facilidad.
Así son las personas que viven en una misma familia y pasan al lado de otro sin ser presencia, sin existir.
Lo importante es ser Estrella. Hacer sentir nuestra presencia, ser luz, calor, vida. Los amigos son Estrella. Los años pueden pasar, pueden surgir distancias, pero en nuestros corazones quedan sus marcas.
Ser Cometa no es ser amigo, es ser compañero por instantes, explotar sentimientos, aprovecharse de las personas y de las situaciones. Es hacer creer y hacer dudar al mismo tiempo.
La soledad es el resultado de una vida Cometa.
Nadie permanece, todos pasan.
Y nosotros también pasamos por los otros.
Es necesario crear un mundo de personas Estrella, verlas y sentirlas todos los días, contar con ellas siempre, ver su luz y sentir su calor. Así son los Amigos: estrellas en nuestras vidas.
Se puede contar con los amigos. Ellos son refugio en los instantes de tensión, luz en los momentos oscuros, pan en los períodos de debilidad, seguridad en los pasajes de desánimo.
Al mirar a las personas Cometa es bueno no sentirnos como ellas, ni desear el agarrarnos de su cola. Al mirar a los Cometa, es bueno sentirse Estrella, dejar por sentada nuestra existencia, nuestra constante presencia, vivir y construir una historia personal.
Es bueno sentir que somos luz para muchos amigos y que ellos nos han iluminado a su vez. Es bueno sentir que somos calor para muchos corazones y que esos corazones nos arroparon cuando el frío nos castigó.
Ser Estrella en este mundo pasajero, en este mundo lleno de personas Cometa, es un desafío, pero por encima de todo, una recompensa.
Ser Estrella es nacer, vivir, y no existir apenas.

Fátima, cuenca espiritual para el mundo

Este martes, cerca de 250 mil personas han celebrado el 91 aniversario de la aparición de la Virgen en la “Cueva de Iria”. Para el cardenal Saraiva Martins, que ha presidido la ceremonia, Fátima es un lugar espiritual para todo el mundo:

“Realmente es un lugar espiritual para Occidente que está perdiendo los valores fundamentales, sobre las que se basa su cultura, y no solo por Occidente sino por todo el mundo. Es un verdadero sitio espiritual y moral de la humanidad. Y se trata también de un fenómeno único, no existe en ninguna otra parte del mundo. Esto demuestra la gran importancia que Fátima tiene desde el punto de vista puramente humano, afectivo, psicológico. Tiene una fascinación extraordinaria, es la fascinación de la Virgen”.

Este año, el 13 de mayo se ha vivido con la oración para Darfur, China y Birmania. Pero el momento más especial ha sido el adiós a Fátima y los millones de pañuelos que han cubierto todo el santuario.

MALOS HABITOS


Desafortunadamente nosotros los seres humanos tenemos tantos malos hábitos que nos faltarían páginas para nombrarlos. Sin embargo hay malos hábitos que son peores que otros. Veamos con claridad cuales son para poder combatirlos día a día:

Hecharle la culpa a otros

¿Acaso vivir culpando a los que te rodean, a la vida o al clima te ha ayudado a ser mejor? ... Es muy difícil concentrarse en lo que sí puedes hacer diferente cuando estás muy ocupado culpando a los otros y evadiendo la responsabilidad de tus actos. Presta atención a lo que eres capaz de lograr y no al espejismo de lo que no puedes por "culpa de esto o de aquello".

Soluciones temporales

¿Has visto cuando los padres les dan a sus hijos caramelos para calmarlos momentaneamente y luego como estos niños se vuelven llorones y malcriados?... Nosotros hacemos igual con nosotros mismos; tomamos nuestro caramelo sin medir las consecuencias futuras y es así como terminamos con problemas de dinero, relaciones sentimentales rotas, enfermos, etc, etc.

Dejar que el miedo decida por nosotros

Actuar por miedo es una forma segura de sabotear tu desarrollo personal y dejar que el miedo nos paralice es uno de los peores hábitos. La vida es para los valientes y la valentía es un don que todos poseemos. Desarrolla ese don. Aprende a luchar aunque te tiemblen las piernas.

Dejar todo para después

Cerrar los ojos a la realidad y posponer decisiones o acciones es un hábito negativo. Recuerda el viejo refran "no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy". Hay cosas que merecen ser ejecutadas en el presente. No pospongas tu vida.

Esperando y esperando

Esta es una de las formas mas tristes de llevar tu existencia. Cuando hay que esperar hay que saberlo hacer con paciencia y sin desesperación pero tampoco no hagas de tu vida una constante espera. No aguardes eternamente a que el barco llegue y te lleve. Empieza a construir tu propio barco y embárcate en él. Movimiento, marcha, impulso y riesgos inteligentes invitan a las oportunidades.

Pereza

Es muy fácil ver las consecuencias de este mal hábito que siempre amenaza. Es verdad que todos poseemos diferentes niveles de energía y es verdad también que la vida no es solo trabajar o estudiar pero muchas veces la pereza y la apatía nos congelan y se vuelven una fuerza terriblemente obscura en el sendero hacia conquistar lo deseado.

Actuar por impulso

Cuántos arrepentimientos y cuántas lágrimas llegan por esas obras impulsivas. Antes de actuar analiza las concecuencias que traeran tus palabras o tus silencios. Pon en práctica tu sentido común. La ira o la euforia son malas consejeras. Cálmate, razona y entonces resuelve. Recuerda que la mejor decisión es aquella que trae paz a tu espíritu.

El paquete de galletas


Cuando aquella tarde llegó a la vieja estación le informaron que el tren en el que ella viajaría se retrasaría aproximadamente una hora. La elegante señora, un poco fastidiada, compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua para pasar el tiempo. Buscó un banco en él anden central y se sentó preparada para la espera. Mientras hojeaba su revista, un joven se sentó a su lado y comenzó a leer un diario. Imprevistamente, la señora observó como aquel muchacho, sin decir una sola palabra, estiraba la mano, agarraba el paquete de galletas, lo abría y comenzaba a comerlas, una a una, despreocupadamente. La mujer se molestó por esto, no quería ser grosera, pero tampoco dejar pasar aquella situación o hacer como si nada hubiera pasado; así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete y sacó una galleta, la exhibió frente al joven y se la comió mirándolo fijamente a los ojos. Como respuesta, el joven tomó otra galleta y mirándola la puso en su boca y sonrió. La señora ya enojada, tomó una nueva galleta y, con ostensibles señales de fastidio, volvió a comer otra, manteniendo de nuevo la mirada en el muchacho. El dialogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más sonriente. Finalmente, la señora se dio cuenta de que en el paquete sólo quedaba la última galleta. "No podrá ser tan descarado", pensó mientras miraba alternativamente al joven y al paquete de galletas. Con calma el joven alargó la mano, tomó la última galleta, y con mucha suavidad, la partió en dos y ofreció la mitad de la última galleta a su compañera de banco. "¡Gracias!", dijo la mujer tomando con rudeza aquella mitad. "De nada", contestó el joven sonriendo suavemente mientras comía su mitad. Entonces el tren anunció su partida... La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón. Al arrancar, desde la ventanilla de su asiento vio al muchacho todavía sentado en el anden y pensó: "¡Qué insolente, qué mal educado, qué será de este mundo con esta juventud!". Sin dejar de mirar con resentimiento al joven, sintió la boca reseca por el disgusto que aquella situación le había provocado. Abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó totalmente sorprendida cuando encontró, dentro de su cartera, su paquete de galletas intacto.

LA PRUDENCIA


Mi padre tenía un pequeño negocio en el que daba empleo a unas quince personas todo el tiempo. Pasteurizábamos y homogeneizábamos leche cada mañana, y la embotellábamos para uso doméstico y para restoranes.
También la envasábamos en pequeños recipientes para desayunos escolares.
Además, hacíamos una cosita maravillosa que se llamaba helado hecho en casa.

Vendíamos todos estos productos lácteos y muchos más en una lechería que se había adaptado como tienda, con una gran fuente de refrescos.
Durante los meses de verano, había hileras y más hileras de turistas ansiosos formados frente al mostrador del helado casero, en espera del diario placer que se concedían con las más exquisitas recetas de mi padre.

El hecho de ser una tiendita excesivamente concurrida significaba que los empleados tenían que trabajar con rapidez y frenesí durante muchas horas con pocos descansos. El enjambre de turistas no disminuía, y nuestra "hora de congestión del tránsito" duraba varias horas los días de más calor.

Yo había trabajado para mi padre desde temprana edad, lo mismo que los siete hijos de nuestra familia. Esto significa que tuve la oportunidad de ver muchos nuevos empleados que iban y venía, debido al ritmo acelerado y frenético.

Un día de 1967 recibimos una nueva empleada llamada Debbie, que quería trabajar en la tienda durante el verano. Nunca había hecho esta clase de trabajo, pero estaba resuelta a dedicarle su mejor esfuerzo.

Su primer día, Debbie cometió prácticamente todos los errores posibles.
Hizo sumas equivocadas en la máquina registradora, cobró precios equivocados por los artículos vendidos, le dio a un cliente la bolsa de alimentos que le correspondía a otro y dejó caer al suelo medio galón de leche. El tormento de ver sus denodados esfuerzos era demasiado para mí. Entré en la oficina de mi padre y le dije:
-Te ruego que salgas y vayas a poner fin a la torpeza de esa chica.
Yo esperaba que él saliera sin más a la tienda y la despidiera en el acto.
Como la oficina de mi padre estaba a la vista del mostrador de ventas, es indudable que él había visto lo que yo acababa de decirle. Se quedó sentado, pensativo, un momento. Luego se levantó de su escritorio y caminó hacia Debbie, que estaba de pie detrás del mostrador.
-Debbie- le dijo, poniéndole delicadamente la mano sobre el hombro- he estado observándote todo el día, y vi cómo trataste a la señora Forbush.
Debbie se sonrojó y las lágrimas se le asomaron a los ojos, mientras se esforzaba por recordar a la señora Forbush entre las muchas mujeres a las que había dado el cambio equivocado o sobre las que había derramado la leche.
Mi padre continuó:
-Jamás había visto a la señora Forbush conducirse con tanta cortesía con ninguno de mis empleados. Tú supiste muy bien cómo convenía tratarla.
Estoy seguro de que va a querer que tú la atiendas cada vez que vuelva. Sigue trabajando así.
El premio para mi padre, por haber sido un empresario tan prudente y compasivo fue que se ganó una empleada leal y muy trabajadora que estuvo con él dieciséis años... y una amiga para toda la vida.

Mary Jane Waest-Delgado

Las tres rejas


El joven discípulo de un sabio filósofo llega a casa de éste y le dice:
-Oye, maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia...
-¡Espera! -le interrumpe el filósofo-. ¿Ya has hecho pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?
-¿Las tres rejas?
-Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?
-No. Lo oí comentar a unos vecinos.
-Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?
-No, en realidad no. Al contrario...
-¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta? -A decir verdad, no.
-Entonces -dijo el sabio sonriendo-, si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, enterrémoslo en el olvido.

Enfadarse


Érase una vez un joven con un carácter bastante violento. Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que clavara un clavo en la cerca del jardín cada vez que perdiera la paciencia y se peleara con alguien. El primer día, llegó a clavar 37 clavos en la cerca. Durante las semanas siguientes aprendió a controlarse, y el número de clavos colocados en la cerca disminuyo día tras día: había descubierto que era más fácil controlarse que clavar clavos.

Finalmente, llego un día en el cual el joven no clavó ningún clavo en la cerca. Entonces fue a ver a su padre y le dijo que había conseguido no clavar ningún clavo durante todo el día. Su padre le dijo entonces que quitara un clavo de la cerca del jardín por cada día durante el cual no hubiera perdido la paciencia. Los días pasaron y finalmente el joven pudo decirle a su padre que había quitado todos los clavos de la cerca.

El padre condujo entonces a su hijo delante de la cerca del jardín y le dijo: "Hijo mío, te has portado bien, pero mira cuantos agujeros hay en la cerca del jardín. Esta cerca ya no será como antes. Cuando te peleas con alguien y le dices algo desagradable, le dejas una herida como esta. Puedes acuchillar a un hombre y después sacarle el cuchillo, pero siempre le quedará una herida. Poco importa cuantas veces te excuses, la herida verbal hace tanto daño como una herida física. Los amigos son como joyas muy valiosas. No los maltrates. Siempre están dispuestos a escuchar cuando lo necesitas, te sostienen y te abren su casa."

Dichosos


Santo Tomás Moro (1478-1535)
DICHOSOS los que saben reírse de sí mismos, porque no terminaran nunca de divertirse.

DICHOSOS los que saben distinguir una montaña de una piedra, porque se evitaran muchos inconvenientes.

DICHOSOS los que saben descansar y dormir sin buscarse excusas: llegaran a ser sabios.

DICHOSOS los que saben escuchar y callar: aprenderán cosas nuevas.

DICHOSOS los que son suficientemente inteligentes como para no tomarse en serio: serán apreciados por sus vecinos.

DICHOSOS los que están atentos a las exigencias de los demás, sin sentirse indispensables: serán fuente de alegría.

DICHOSOS ustedes cuando sepan mirar seriamente a las cosas pequeñas y tranquilamente a las cosas importantes: llegaran lejos en esta vida.

DICHOSOS ustedes cuando sepan apreciar una sonrisa y olvidar un desaire: vuestro camino estará lleno de sol.

DICHOSOS ustedes cuando sepan interpretar con benevolencia las actitudes de los demás, aún contra las apariencias: serán tomados por ingenuos, pero es el precio justo de la caridad.

DICHOSOS los que piensan antes de actuar y rezan antes de pensar: evitaran muchas tonterías.

DICHOSOS ustedes sobre todo cuando sepan reconocer al señor en todo los que se encuentran: habrán logrado la verdadera luz y sabiduría.

Imaginación en momento crítico


Cuenta una antigua leyenda que, en la Edad Media, un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer. En realidad, el verdadero autor era una persona muy influyente en el reino y, por eso, desde el primer momento se procuró un "chivo expiatorio", para encubrir al culpable.

El hombre fue llevado a juicio ya sabiendo que tendría escasas o nulas posibilidades de escapar a la horca. El juez, también implicado en la infamia, cuidó no obstante de dar todo el aspecto de un juicio justo. Siguieno una práctica de entonces, dijo al acusado: - "Conociendo tu fama de hombre justo y devoto de Dios, vamos a dejar en manos de Él tu destino: vamos a escribir en dos papeles separados las palabras "culpable" e "inocente". Tú escogerás y será la mano de Dios la que decida tu destino".

Por supuesto, el mal funcionario había preparado dos papeles con la misma leyenda: "CULPABLE". La pobre víctima se daba cuenta de que el sistema propuesto era una trampa. No había escapatoria. El juez conminó al hombre a tomar uno de los papeles doblados. Éste respiró profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados y, cuando la sala comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos y, con una extraña sonrisa, tomó uno de los papeles y llevándolo a su boca lo engulló rápidamente. Sorprendidos e indignados los presentes le reprocharon airadamente... - "Pero ¡¿qué hizo...?! Y ¿ahora...? ¿Cómo vamos a saber el veredicto...?!" - "Es muy sencillo, respondió el hombre: - "Es cuestión de leer el papel que queda, y sabremos lo que decía el que me tragué." Y no les quedó más remedio que liberar al acusado.