El deseo de Navidad


Era la noche de Navidad y Dios miró a la tierra para contemplar a todos sus hijos. Había transcurrido casi 2000 años desde que Dios se encarnó en el seno de la Santísima Virgen María y vino al mundo para redimir a los hombres.

Entonces Dios se dirigió a uno de sus ángeles más jóvenes y le dijo: "Baja a la tierra y tráeme una sola cosa, la que mejor represente todo lo bueno que se ha hecho hoy en mi nombre".

El ángel hizo una reverencia a Dios y descendió al mundo de los humanos, buscando aquello que encierre lo que Dios le había pedido.

Su misión resultó algo difícil pues muchas cosas se habían hecho para homenajear el nacimiento del Niño Jesús. Para el día de Navidad, las guerras habían cesado temporalmente, las catedrales había sido construidas y grandes novelas habían sido escritas. ¿Cómo sería posible encontrar entonces algo que representase todo esto?

Mientras estaba sobrevolando la tierra, el ángel escuchó el sonido de las campanas de una iglesia. La melodía que se desprendía del campanario era tan hermosa que al ángel le recordó la voz de Dios.

Mirando hacia abajo, vio la pequeña iglesia de donde provenía la hermosa melodía, pero también pudo escuchar el canto de un coro que entonaba "Noche de Paz".

Al ingresar al templo, el ángel comprobó que había una sola voz que cantaba la canción. Pero inmediatamente una segunda voz continuó a la primera en perfecta armonía, y luego otra y otra hasta que el coro de voces alumbró el recinto durante toda la noche.

Encantado por el mágico sonido, el ángel permaneció en el templo hasta que la canción terminó. Luego, se elevó de nuevo por los aires escuchando en todo lugar los maravillosos sonidos que se desprendían de los villancicos.

En todas las ciudades, sean estas pequeñas o grandes, el ángel escuchó canciones, ya sean interpretadas por grandes orquestas o por las voces de los soldados que se encontraban solos en un campamento militar, alusivas al Nacimiento de Cristo en la tierra.

Y en todos los lugares que el ángel escuchó las voces y sonidos, encontró paz en los corazones de esos hombres, mujeres y niños. Cogiendo con sus manos uno de los sonidos emitidos por una de las canciones que flotaba en el aire, (los ángeles pueden hacer esto) pensó que quizás estas canciones podrían representar lo mejor que hay en la tierra en esta Navidad.

La voz de los hombres era utilizada para entonar bellas melodías a través de las cuales era llevada la esperanza y el aliento a aquellos que creían haberlo perdido todo.

Sin embargo, a pesar de haber encontrado la respuesta a lo que él estaba buscando, su corazón le decía que esta música por sí sola no era suficiente.

Debería haber algo más. De esa forma, continuó su viaje a través de la espesura de la noche hasta que derrepente sintió la oración elevada por un padre en su camino al cielo. Nuevamente miró hacia abajo y vio a un hombre rezando por su hija de quien no sabía hace mucho tiempo y que no estaría en casa para esa Navidad.

El ángel siguiendo la intención de la oración encontró a la hija de aquél hombre. Ella estaba parada en la esquina de una ciudad muy grande. Al frente, había un viejo bar donde fácilmente uno podía darse cuenta que los que estaban sentados ahí rara vez levantaban su vista para mirar por encima de sus bebidas por lo que no notaron la presencia de la niña.

El que atendía el bar era un hombre que no creía en nada excepto en su barra y su caja registradora. Nunca se había casado, nunca tomó vacaciones y nunca nadie lo había visto lejos de la barra, ni tampoco sabían desde cuando se inició en aquel oficio. Él siempre estaba ahí cuando los clientes llegaban y se iban.

No daba crédito a nadie y de vez en cuando por 75 centavos de dólar servía vasos de whiskey con hielo a las personas que pasaban la mayor parte del tiempo sentados en el bar. De repente, la puerta se abrió y entró un pequeño niño. El barman no podía recordar la última vez que vio a un niño en aquel lugar, pero antes que tuviera tiempo de preguntarle que quería, el niño le dijo si él sabía que había una niña afuera en la puerta que no podía regresar a casa en la noche de Navidad. Dando un vistazo por la ventana, vio a la niña frente a la acera. Volteándose hacia el niño, le preguntó como sabía eso.

El chico replicó: "Hoy que es Navidad, si ella pudiese estar en casa con los suyos, en verdad te digo que lo estaría". El barman miró de nuevo a la niña pensando en lo que el niño había dicho. Luego de algunos segundos, fue a la caja registradora y sacó todo el dinero que había ahí. Salió del bar, cruzó la pista y siguió a la niña que había avanzado unos cuantos metros.

Todos los que estaban en el bar pudieron ver cuando él hablaba con la niña. Luego, llamó a un taxi, la hizo subir a él y le dijo al chofer: "Al aeropuerto Kennedy".

Mientras que el taxi se perdía en medio de los demás autos, volteó para buscar al niño, pero él ya se había ido. Regresó al bar y preguntó a todos si alguien había visto a donde se había ido el chico, pero como él, todos estaban viendo como se perdía el taxi en las calles.

Y luego alguien comentó entre risas que el milagro más increíble del mundo sucedió, pues durante el resto de la noche, nadie pagó por un trago. El ángel voló de nuevo.

Subió al cielo y puso en las manos de Dios lo que finalmente había encontrado para Él: el deseo de una alma por la felicidad de otro.
Y Dios Padre sonrió.

Orquesta Siberiana (La Nochebuena y otras historias)

La primera Navidad


Mientras todos los niños ayudaban en sus casas en los preparativos para la Nochebuena, Pedro, de 7 años de edad, trabajaba en la joyería de Don Juan para ayudar con el sostenimiento de su casa. Don Juan era un joyero de mucho dinero, pero al mismo tiempo, un hombre sin familia, a quien solamente le importaba el dinero y miraba a Pedro como un simple trabajador más no como un niño.


El día de Navidad Pedro quería retirarse temprano del trabajo para comprar algunas cosas para la cena y ayudar a su mamá. Contemplando en la ventada como algunos niños jugaban, Pedro escuchó un grito que lo hizo temblar:

- ¡Pedro!, gritó Don Juan.
- Si señor, respondió él
- ¿Qué haces mirando por la ventana? Aún no terminas tu trabajo.
- Pedro contestó:¡Hoy es navidad! hoy es el cumpleaños del niño Jesús, hoy es un día muy especial.
- ¡Pues a mi no me importa! ¡Crees que hoy vas a poder escaparte mas temprano de tus deberes, trabaja mejor!, replicó
- Pero Don Juan, hoy quería comprar algunas cosas para la cena de navidad, suplicó el niño.
- ¡Para la cena de Navidad!, se burló el joyero. Tú lo único que quieres es escaparte mas temprano. Hoy es un día común y corriente; mejor sigue trabajando si quieres mantener tu empleo.
- Si don Juan, contestó Pedro muy triste.


El niño continuó trabajando, con lágrimas en los ojos. Su corazón estaba muy triste y angustiado y temía que Don Juan no lo dejase pasar Navidad junto a su familia. En medio de ese aterrador pensamiento, elevó una plegaria a la Virgen María pidiéndole su intercesión para que pudiese pasar una linda Navidad con su familia.


Poco después, Don Juan, inesperadamente, gritó tan fuerte que casi se le sale el corazón a Pedro.

- ¡Pedro, Pedro ven apúrate! - gritaba el joyero horrorizado.
- Don Juan ¿que le pasa? preguntó
- Don Juan asustado abraza a Pedro y le dice: "Vi un fantasma, vi un fantasma!
- Pedro miró para todos lados en la habitación de Don Juan y no vio nada.
- Cálmese, dijo. Yo no veo nada.
- ¿Me estas tratando de mentiroso?, exclamó el anciano.
- No don Juan, disculpe no quise decir eso.
- ¡Sigue trabando mejor!, fue una pesadilla ¡sigue trabajando!


Don Juan seguía atemorizado por lo que según él había visto. No queriendo permanecer ni un momento solo se le ocurrió pedirle a Pedro que se quedara con él hasta bien entrada la noche. "Por si acaso", pensó. Don Juan llamó al niño y le dijo:

- Pedro, necesito que hoy te quedes hasta más tarde.
- Pero señor, hoy es navidad y mi familia me esta esperando.
- ¡Pedro te pago el doble!
- Pero Don Juan, ya tengo casi terminado mi trabajo y debo ir a casa.


Don Juan no le quería confesar que estaba asustado y el niño lo sabía, pero él se resistía a quedarse porque era Navidad. Entonces, se le ocurrió una magnífica idea: "invitar a Don Juan a su casa a pasar la navidad".

- Don Juan: lo invito a pasar la Navidad con nosotros para que no se quede solo.
Don Juan estaba emocionado por el ofrecimiento de Pedro, ya que nadie lo invitaba a su casa. por lo que sin pensarlo… aceptó.

Cuando llegaron a la casa de Pedro, Don Juan se quedó muy impresionado porque en esa humilde casa, había mucha alegría y generosidad.

Don Juan sonrió como nunca lo había hecho, se dio cuenta que nunca había tenido una Navidad y ahora la compartía con una familia muy sencilla y amable. Sus mejillas se sonrojaron y sobre ellas rodaron muchas lágrimas de la emoción y felicidad que sentía.

Al final de la noche, Don Juan se comprometió a ser más justo y considerado con el niño, y a desprenderse de sus bienes a favor de los más necesitados

Un regalo para siempre


En Monterrey, hace algún tiempo... Esa fecha solía ser muy importante: el día del aniversario de bodas. Sin embargo, sería la primera vez que no lo celebrarían juntos. Carlos había apenas fallecido, consumido por el cáncer.

Todos los años él enviaba a Ana un ramo de rosas, con una tarjeta que decía: «Te amo más que el año pasado. Mi amor crecerá más cada año». Pero éste sería el primero que no las recibiría. De pronto llamaron a su puerta, y para su sorpresa, al abrir estaba un ramo de rosas frente a ella, con una tarjeta que decía «Te Amo».

Ana se molestó pensando que había sido una broma de mal gusto. Habló a la florería para reclamar el hecho, y al contestarle, le atendió la dueña. Ella le dijo que ya sabía que su esposo había fallecido, y le preguntó si había leído el interior de la tarjeta. Le explicó que esas rosas estaban pagadas por su esposo por adelantado, así como todas las demás por el resto de su vida.

Al colgar el teléfono a Ana se le llenaron sus ojos de lágrimas. Abrió el sobre: «Hola mi amor, sé que ha sido un año difícil para ti, espero te puedas reponer pronto, pero quería decirte, que te amaré por el resto de los tiempos y que volveremos a estar juntos otra vez. Se te enviarán rosas todos los años en nuestro aniversario; el día que no contesten a la puerta, harán cinco intentos en el día, y si aún no contestas, estarán seguros de llevarlas a donde tú estés, que será junto a mí. Te ama para siempre, Carlos, tu esposo».

Es verdad. El amor o es para siempre o simplemente cae por su propio peso. O tiene sabor de eternidad o es desabrido, agrio y tristemente amargo, se pierde con el tiempo, se transforma en recuerdo color ceniza. Así lo dice un gran escritor: «El amor no es una aventura. Posee el sabor de toda la persona. No puede durar sólo un instante. La eternidad del hombre lo compenetra».

En este sentido, ¿cómo no hablar del matrimonio? ¿Cómo no hablar de la belleza siempre antigua y siempre nueva de amarse para siempre? Cuando una mujer y un hombre se aman, con entrega, con sacrificio, con fidelidad duradera -y nótese que digo hombre y mujer- el amor se convierte en gemelo de la eternidad. El matrimonio es la entrega plena del amor humano y el verdadero amor sólo existe en la continuidad necesaria. La pasión, el instinto quema los resortes rápidamente; los reduce a escorias y no deja sino cenizas en las manos.

No sé qué piensan ustedes. Yo me sorprendo que muchos de los jóvenes que se preparan para dar ese paso decisivo en sus vidas, confíen poco en el amor. Se quieren casar, pero no se dan cuenta que lo que fundamenta su relación es precisamente la duración sin límites del amor. Se casan, pero dejando una puerta abierta, como para salir corriendo si no resulta. ¿Acaso se duda de la capacidad del hombre de amar para siempre? La historia de Carlos y Ana, al menos, demuestra que sí existe.

Así es el amor verdadero: eterno. Capaz de amar más allá de la muerte. Capaz de vencer todos los obstáculos, incluso el tiempo. Capaz de mandar rosas desde la eternidad.

Fuente: http://es.catholic.net/buenasnoticias/regalo.php

Historias de Navidad V


Carta de Jesús
(Una historia sobre el verdadero sentido de la Navidad)


Querido Amigo:

Hola, te amo mucho. Como sabrás, nos estamos acercando otra vez a la fecha en que festejan mi nacimiento.

El año pasado hicieron una gran fiesta en mi honor y me da la impresión que este año ocurrirá lo mismo. A fin de cuentas ¡llevan meses haciendo compras para la ocasión y casi todos los días han salido anuncios y avisos sobre lo poco que falta para que llegue!

La verdad es que se pasan de la raya, pero es agradable saber que por lo menos un día del año, piensan en mí. Ha transcurrido ya mucho tiempo cuando comprendían y agradecían de corazón lo mucho que hice por toda la humanidad.

Pero hoy en día, da la impresión de que la mayoría de la gente apenas si sabe por qué motivo se celebra mi cumpleaños.

Por otra parte, me gusta que la gente se reúna y lo pase bien y me alegra sobre todo que los niños se diviertan tanto; pero aún así, creo que la mayor parte no sabe bien de qué se trata. ¿No te parece?

Como lo que sucedió, por ejemplo, el año pasado: al llegar el día de mi cumpleaños, hicieron una gran fiesta, pero ¿Puedes creer que ni siquiera me invitaron? ¡Imagínate! ¡Yo era el invitado de honor! ¡Pues se olvidaron por completo de mí!.

Resulta que habían estado preparándose para las fiestas durante dos meses y cuando llegó el gran día me dejaron al margen. Ya me ha pasado tantísimas veces que lo cierto es que no me sorprendió.

Aunque no me invitaron, se me ocurrió colarme sin hacer ruido. Entré y me quedé en mi rincón. ¿Te imaginas que nadie advirtió siquiera mi presencia, ni se dieron cuenta de que yo estaba allí?

Estaban todos bebiendo, riendo y pasándolo en grande, cuando de pronto se presentó un hombre gordo vestido de rojo y barba blanca postiza, gritando: "¡jo, jo, jo!".

Parecía que había bebido más de la cuenta, pero se las arregló para avanzar a tropezones entre los presentes, mientras todos los felicitaban.

Cuando se sentó en un gran sillón, todos los niños, emocionadísimos, se le acercaron corriendo y diciendo: ¡Santa Clos! ¡Cómo si él hubiese sido el homenajeado y toda la fiesta fuera en su honor!

Aguanté aquella "fiesta" hasta donde pude, pero al final tuve que irme. Caminando por la calle me sentí solitario y triste. Lo que más me asombra de cómo celebra la mayoría de la gente el día de mi cumpleaños es que en vez de hacer regalos a mí, ¡se obsequian cosas unos a otros! y para colmo, ¡casi siempre son objetos que ni siquiera les hacen falta!

Te voy a hacer una pregunta: ¿A tí no te parecería extraño que al llegar tu cumpleaños todos tus amigos decidieron celebrarlo haciéndose regalos unos a otros y no te dieran nada a tí? ¡Pues es lo que me pasa a mí cada año!

Una vez alguien me dijo: "Es que tú no eres como los demás, a ti no se te ve nunca; ¿Cómo es que te vamos a hacer regalos?". Ya te imaginarás lo que le respondí.

Yo siempre he dicho "Pues regala comida y ropa a los pobres, ayuda a quienes lo necesiten. Ve a visitar a los huérfanos, enfermos y a los que estén en prisión!".

Le dije: "Escucha bien, todo lo que regales a tus semejantes para aliviar su necesidad, ¡Lo contaré como si me lo hubieras dado a mí personalmente!" (Mateo 25,34-40).

Muchas personas en esta época en vez de pensar en regalar, hacen bazares o ventas de garaje, donde venden hasta lo que ni te imaginas con el fin de recaudar hasta el último centavo para sus nuevas compras de Navidad.

Y pensar todo el bien y felicidad que podrían llevar a las colonias marginadas, a los orfanatorios, asilos, penales o familiares de los presos.

Lamentablemente, cada año que pasa es peor. Llega mi cumpleaños y sólo piensan en las compras, en las fiestas y en las vacaciones y yo no pinto para nada en todo esto. Además cada año los regalos de Navidad, pinos y adornos son más sofisticados y más caros, se gastan verdaderas fortunas tratando con esto de impresionar a sus amistades.

Esto sucede inclusive en los templos. Y pensar que yo nací en un pesebre, rodeado de animales porque no había más.

Me agradaría muchísimo más nacer todos los días en el corazón de mis amigos y que me permitieran morar ahí para ayudarles cada día en todas sus dificultades, para que puedan palpar el gran amor que siento por todos; porque no sé si lo sepas, pero hace 2 mil años entregué mi vida para salvarte de la muerte y mostrarte el gran amor que te tengo.

Por eso lo que pido es que me dejes entrar en tu corazón. Llevo años tratando de entrar, pero hasta hoy no me has dejado. "Mira yo estoy llamando a la puerta, si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos". Confía en mí, abandónate en mí. Este será el mejor regalo que me puedas dar. Gracias


Tu amigo
Jesús

Historias de Navidad IV


Cuando celebrar la Navidad se convierte en heroísmo

Nunca he pasado una Navidad en Iraq. Regresé antes, cuando el contingente de la Brigada Multinacional Plus Ultra I, al que yo pertenecía, era relevado en el mes de diciembre. En la mañana del 19 de ese mes, el último grupo de aquella primera Brigada pisaba de nuevo suelo español; primero en Almería, que con un día frío y soleado recibió a los legionarios, y, en la última escala, el aeropuerto de Santiago, donde desembarcamos el resto del grupo. Allí nos aguardaban también nuestros seres queridos, bajo una implacable lluvia que hacía ansiar aún más el calor del hogar ausente durante cuatro meses y recrearme en esa sensación inefable que produce la llegada de la Navidad y el indecible agradecimiento a Dios que a uno se le escapa al poder celebrarla, de nuevo, en familia, con profunda y serena alegría.
Allá quedaban nuestros compañeros que nos relevaron y que pasarían la Navidad lejos de sus seres queridos. Uno de ellos, el comandante Pérez García, de la Guardia Civil, buen amigo y compañero mío, que fue herido mortalmente, no mucho después de esas entrañables fechas, jamás volvería a celebrar la Navidad en este mundo.
Hoy, cuando se cumple un año de todo aquello, reviven en mi memoria estos recuerdos, y hasta me invade una extraña sensación de nostalgia. Pero viene también a mi mente en estas fechas un pensamiento no menos penetrante: el de la Navidad que estarán celebrando tantas comunidades cristianas en países en los que, cuando menos, constituyen una minoría, cuando no son objeto de intransigencias, obstrucción a sus prácticas religiosas e, incluso, determinadas formas de persecución.
Destaca en mi mente, de forma irremediable, la angustiosa situación en que viven los apenas seiscientos mil cristianos iraquíes, casi todos católicos caldeos. Es cierto que hay otros muchos países, sobre todo de mayoría musulmana, donde la presencia cristiana es bastante más exigua, pero no con el clima de violencia que se vive hoy en Iraq, en donde no han faltado ataques directos de grupos radicales islamistas contra la comunidad cristiana. De hecho, tenemos ya el triste ejemplo de esos 40.000 cristianos iraquíes que han abandonado el país, la mayoría con rumbo a Siria –donde unas 4.000 familias se han registrado como refugiados–, según publicaba Aceprensa hace un par de meses, atemorizados por los sangrientos atentados sufridos a principios de agosto de 2004 y que costaron decenas de vidas. Después de estos hechos se han producido nuevos ataques de radicales contra templos cristianos, en un país de los más tempranamente evangelizados, y posteriormente sometidos por el Islam, que aún conservan una cierta implantación cristiana. Puede decirse que la iraquí es una comunidad católica antiquísima, que tiene sus raíces en las antiguas Asiria y Babilonia, por lo que, paradójicamente, Iraq es su tierra desde mucho tiempo antes de que naciera el Islam. Aun así, existen fenómenos más tristes, como el de Etiopía, país cristiano que pagó su tolerancia frente a las primeras incursiones musulmanas con su aplastamiento a manos del imparable afán conquistador islámico.

El hecho que cambió la Historia

Uno no puede evitar el observar perplejo nuestra realidad actual –tal vez de forma más acusada en la presente Navidad–, en que todo lo tradicionalmente propio de estas fechas se trivializa y se le despoja de ese revestimiento cristiano que le da su verdadero sentido. Se han hecho chistes con eso de las Navidades laicas, pero constituye una triste realidad. Absurdamente, por doquier nos hablan de la magia de la Navidad, a veces ni se menciona la Navidad, y se sustituye por el término Fiestas, mucho más laico; se nos incita al consumo, a viajar, a recibir el año nuevo de la forma más festiva posible... Pero para muchos pasa desapercibido que todo eso carece de sentido si no es porque recordamos, año tras año, celebrándolo, el acontecimiento más grande de la historia de la Humanidad: la venida al mundo de Jesucristo, Dios mismo hecho hombre, que cambió para siempre el rumbo del peregrinar humano a lo largo de los siglos, como único e irrepetible punto de inflexión.
Por el contrario, mientras los Belenes y Misterios se venden en las tiendas a precios de saldo, muchos se avergüenzan de representar los tradicionales nacimientos en lugares públicos y privados, otros no quieren que los niños canten villancicos para no herir susceptibilidades –¿de quién?, porque en bastantes países musulmanes se celebra la Navidad–, y a otros –en un laicismo más auténtico– ni siquiera les sirven los adornos de siempre. A fuerza de repetirlos año tras año, probablemente las bolas y guirnaldas, e incluso el propio árbol, se hayan ganado a pulso las fundadas sospechas de formar parte de la iconografía cristiana.
Y contemplando este panorama, no puedo por menos de volver la mirada de nuevo a ese pueblo iraquí, tan ansiado de una paz que no consigue alcanzar, y especialmente a ese puñado de cristianos que, si no celebran la Navidad de forma más ostensible, no es porque les tilden de poco laicos o se avergüencen de sus creencias, sino para no volar por los aires en un atentado islamista. Y, aun así, habrán desafiado los riesgos de la noche iraquí participando en la Misa del Gallo, y se habrán reunido para celebrar, en familia y en comunidad, un acontecimiento cuyo significado, a diferencia de tantos cristianos occidentales, conocen perfectamente.
Al igual que tantas comunidades cristianas minoritarias en otros países, los cristianos iraquíes nos están dando un ejemplo de coherencia y valentía, porque para ellos celebrar la Navidad reviste caracteres de indiscutible heroísmo, que Dios sabrá pagar. Y nosotros, sin cantar villancicos para no molestar.

Eduardo Martínez Viqueira

Historias de Navidad III



Bienes invisibles
Una historia que nos enseña que lo material no es la felicidad



Tomás es un chico de siete años que vive con su mamá, una pobre costurera, en su solo cuarto, en una pequeña ciudad del norte de Escocia. La víspera de Navidad, en su cama, el chico espera, ansioso, la venida de los Reyes Magos. Según la costumbre de su país, ha colocado en la chimenea una gran media de lana, esperando encontrarla, a la mañana siguiente, llena de regalos.

Pero su mamá sabe que no habrá regalos de Navidad para Tomás por su falta de dinero. Para evitar su desilusión, le explica que hay bienes visibles, que se compran con dinero, y bienes invisibles, que no se compran, ni se venden, ni se ven, pero que lo hacen a uno muy feliz: como el cariño de la mamá, por ejemplo.

Al día siguiente, Tomás despierta, corre a la chimenea y ve su media vacía. La recoge con emoción y alegría y se la muestra su mamá: "¡Está llena de bienes invisibles!", le dice, y se le ve feliz.

Por la tarde va Tomás al salón parroquial donde se reúnen los chicos, cada cual mostrando orgulloso su regalo. "¿Y a ti, Tomás, qué te han traído los Reyes?", le preguntan.

Tomás muestra feliz su media vacía: "¡A mí me ha traído bienes invisibles!", contesta. Los chicos se ríen de él. Entre ellos Federico un niño consentido quien tiene el mejor regalo pero no es feliz. Por envidia sus compañeros le hacen burla porque su lindo auto a pedal no tiene marcha atrás, y enfurecido destruye el valioso juguete.

El papá de Federico se aflige, y se pregunta como podría darle gusto a su hijo. En eso ve a Tomás sentado en un rincón, feliz con su media vacía. Le pregunta: "¿Que te han traído los Reyes Magos?"

"A mí bienes invisibles", contesta Tomás ante la sorpresa del papá de Federico, y le explica que no se ven, ni se compran, ni se venden, como el cariño de una mamá.

El papá de Federico comprendió. Los muchos regalos visibles y vistosos no habían logrado la felicidad de su hijo. Tomás había descubierto, gracias a su mamá, el camino a la felicidad.


Bernardino Piñera Carvallo

Historias de Navidad I



En diciembre de 1914, la contienda estaba en un virtual impasse. Los germanos no habían podido tomar París, y en su posterior carrera hacia la costa se habían encontrado con la férrea resistencia anglo-belga en torno al pueblo de Ypres.
El Papa formuló un dramático llamamiento a la paz, el cual no fue tenido en cuenta por los beligerantes.
El 24 de diciembre circuló la siguiente orden entre los batallones ingleses: "Informes fidedignos indican como posible que el enemigo planee un ataque para las noches de Navidad o Año Nuevo. Se debe mantener una vigilancia especial en esas fechas".

Los germanos tenían la costumbre de llevar árboles de Navidad a sus casas y adornarlos (no era tan común como es hoy). Para esa Navidad en particular el ejército envió arbolitos a todas las tropas del frente. El regimiento alemán de Guardias Sajones(católicos) tenían varios de estos arbolitos. Del otro lado, los hombres del segundo regimiento de guardias escoceses, al ver las luces, pensaron que era el preludio del tan esperado ataque y empezaron a disparar. Sin embargo se encontraron con algo desconcertante: los supuestos atacantes no respondían el fuego. Y así en la noche del 24, se dio un fenómeno que los testigos aún recuerdan: el frente estaba en total silencio. Solo se oían esporádicos cantos navideños provenientes del lado germano.
Pero el asombro no terminaba ahí. Más tarde, los azorados escoceses oyeron voces que los llamaban desde el lado germano, en un inglés con un fuerte acento. La propuesta que gritaban los soldados era muy sencilla:
"You no shoot, we no shoot." (si ustedes no disparan, nosotros no disparamos).
En general, los alemanes encabezaban las informales propuestas de paz. En otros lugares del frente los soldados desplegaban carteles con la leyenda "Merry Christmas"(feliz navidad). Algunos soldados alemanes se animaron a salir al descubierto, en la noche, para intercambiar cigarros o chocolates con los asombrados ingleses. En general, primero se pactó una pausa para recoger a los caídos que estaban en la tierra de nadie, y luego confraternizar.

Al despuntar el día 25 los oficiales de los batallones no daban crédito a sus ojos. En la tierra de nadie decenas de soldados espontaneamente salían de las trincheras, totalmente desarmados, para estrechar las manos de sus enemigos e intercambiar todo tipo de obsequios: chocolates, cigarros, botones, cerveza, cognac, diarios, incluso fotografías familiares. Incluso el regimiento de Sajones le regaló a los escoceses un tonel de cerveza, en muestra de buena voluntad. Llegaron a organizarse varios partidos de fútbol, con pelotas verdaderas o improvisadas con lo que fuese.
La tregua siguió durante toda la noche, aunque los altos mandos, al enterarse, dieron orden de terminar con la confraternización(aunque muchos oficiales hicieron la vista gorda).
La mañana del 26 terminó la tregua. En algunos lugares duró incluso hasta fin de año.

Esta es una historia extraña, única, aunque esperemos no irrepetible. La primera guerra mundial fue un verdadero holocausto; el primer día de la batalla del Somme(1916) los ingleses tuvieron 57.000 bajas, que al culminar la ofensiva aumentaron a 400.000, por una ganancia territorial de 11 km.


De las historias que leí de Navidad, esta es la que más me llegó. Tal vez por lo desusado; acaso porque refleja el verdadero espíritu de la Navidad: un momento en el que reina la paz. No para los católicos ni para los musulmanes, sino para todos los hombres de buena voluntad.

Escrito por Asterion

Frente al "rollo con bombo", veracidad y rigor científico


El Ministerio de Sanidad que dirige Bernat Soria ha puesto en marcha una nueva campaña para fomentar las relaciones sexuales dirigida a niños de entre ¡diez! y dieciocho años. Conocida popularmente como el "rap del condón", es una muestra manifiesta de total irresponsabilidad por parte del Ministerio. ¡Haz frente a este despropósito contribuyendo a difundir el mejor material en educación sexual que exite hoy en España!

La campaña del Ministerio de Sanidad choca frontalmente con el más elemental sentido común. Hace ya veinte años de la famosa campaña "Póntelo, pónselo", y los datos y cifras demuestran que este tipo de actuaciones no han hecho sino aumentar exponencialmente el número de embarazos no deseados entre adolescentes y, en consecuencia, de abortos. A esto se suma que los últimos datos relativos a ETS, indican que el aumento de las mismas se da, precisamente, entre adolescentes que se inician prematuramente en las relaciones sexuales.

Son, por tanto, campañas descalificadas de antemano por las cifras y los datos, como ha llegado a reconocer incluso un medio tan proclive al actual Gobierno como es El Periódico de Cataluña, que calificó la nueva campaña del Ministerio de Sanidad para reducir el número de embarazos imprevistos como “vetusta”, “ingenua” y “pobre”.

Frente a esto, nada mejor que recurrir a los mejores materiales en educación sexual que existen hoy en día, actualizados con las últimas investigaciones y datos que hoy por hoy se siguen ocultando a toda la sociedad española. La guía "Adolescentes frente al SIDA. Preguntas con respuestas", editada por la Fundación IES (Investigación y Educación en Sida) de la que forman parte cinco médicos del servicio de enfermedades infecciosas del prestigioso Hospital Carlos III de Madrid, informa de aspectos como son el porcentaje de fallos del preservativo por mal uso, situado en un 14% según la OMS (Organización Mundial de la Salud, Effectiveness of Male Latex Condoms in Protecting against Pregnancy and Sexually Transmitted Infections, en Information Fact Sheet, núm. 243, de junio de 2000), y la eficacia demostrada del método ABC (Abstinence, Be faithful and Condoms -abstinencia, sé fiel y condones-) en la lucha y prevención contra el SIDA en países como Uganda y Estados Unidos.

Además, sigue fielmente la American Medical Association Guide, de Estados Unidos, en la que ya se recomienda explícitamente el método ABC y la necesidad ineludible de educar a los adolescentes en el sentido de que la sexualidad debe ejercerse desde un grado de madurez que no han alcanzado todavía a tan tempranas edades. Baste como muestra lo que la Guía dice al respecto (pag. 37):

57. Pero actualmente es frecuente tener relaciones sexuales casuales...
Es cierto, pero no hay duda que a ello contribuyen la ignorancia, una escasa fuerza de voluntad para tener autodominio frente al instinto y, por último, el influjo negativo del ambiente. No dudes que tu vida sexual es lo suficientemente importante como para que no sea menospreciada o manipulada. Es bueno el espíritu crítico y tener el sano orgullo de valorar en mucho el sano don del sexo, no sólo en su aspecto más genital sino también en su esfera emocional.

Nuestras capacidades racionales y afectivas nos diferencian claramente de los animales. El impulso sexual, que tiene un fuerte componente biológico (hormonal), tiene que verse complementado por las otras dimensiones propiamente humanas, como la inteligencia, la voluntad y, sobre todo, la capacidad de amar. La sexualidad humana es una realidad compleja, que no se debe reducir a lo exclusivamente biológico (satisfacer la búsqueda del placer), ni lo exclusivamente emocional (satisfacer la pura pasión o el sentirse querido), ni lo exclusivamente racional (razones de interés o conveniencia).

Pide tu Guía "Adolescentes frente al SIDA. Preguntas con respuestas"

Y una última e interesante pregunta ¿Si el preservativo fuese realmente la solución redonda y segura, tiene sentido haber promovido la campaña de la píldora del día después?

"Criterio propio"


Era otoño, y los indios de una remota reserva norteamericana preguntaron a su nuevo jefe si el próximo invierno iba a ser frío o apacible. Como aquel jefe había sido educado en una sociedad moderna, no conocía la vieja sabiduría de su raza. Así que, cuando miró el cielo, se vio incapaz de adivinar qué iba a suceder con el tiempo. Para no parecer inseguro o dubitativo, respondió que el invierno iba a ser verdaderamente frío y que los miembros de la tribu debían recoger leña para estar preparados.

No obstante, como también era un hombre práctico, a los pocos días tuvo la idea de telefonear al Servicio Nacional de Meteorología. «¿Este invierno será muy frío?», preguntó. «Sí, parece que el invierno será bastante frío», respondió el funcionario de guardia.

De modo que el jefe volvió con su gente y les dijo que se dispusieran a reunir todavía más leña, para estar aún mejor preparados. Una semana más tarde, el jefe indio llamó de nuevo al Servicio de Meteorología y preguntó lo mismo. «Sí, va a ser un invierno muy frío», aseguró de nuevo el funcionario. En el poblado siguieron recogiendo toda la leña posible, asustados por lo que se presentaba como un invierno realmente crudo. Dos semanas después, llamó de nuevo al Servicio de Meteorología y volvió a preguntar: «¿Están ustedes seguros de que el invierno va a ser tan frío? ¿Cómo pueden estar tan seguros?». «Sin duda alguna lo será —respondió el funcionario que esta vez atendió su llamada—. Fíjese usted si va a ser frío que los indios están recogiendo leña como locos».

Esta sencilla historia ilumina un efecto muy común entre las personas, de hoy y de siempre. Ante la propia inseguridad, a veces tendemos a opinar lo primero que se nos ocurre, sin mucha fundamentación. Y cada uno se queda tranquilo cuando comprueba que está en la misma opinión que una masa suficientemente amplia de gente. Y ese mimetismo se realimenta de unos a otros hasta construir una “verdad” que todos aceptan como evidente e indiscutible.

Tener criterio propio no es tarea fácil. Hay mucha información, muy accesible, muy disponible, muy extensa... pero lo importante no es tener una gran cantidad de datos, sino saber si son ciertos, saber qué hacer con ellos, y obtener auténticos conocimientos a partir de toda esa masa de información.

Confundir la información con el conocimiento es un grave error. Porque el conocimiento es siempre resultado de un esfuerzo vital, el logro de una vida vivida de modo esforzado y profundo. No basta con tener muchos datos, igual que no basta con saber muchos idiomas si no se tiene nada interesante que decir en ninguno de ellos.

La clave del buen conocimiento de las cosas, del buen criterio, de la prudencia en las valoraciones y las decisiones, no es el saber muchas cosas, sino el saber. Una de sus claves son las buenas lecturas, la capacidad de escuchar, de preguntar, de observar, de cuestionarse las cosas. Y otra, no dejarse arrastrar demasiado por las modas. Porque hay mucha gente convencida de llevar un estilo de vida muy personal, muy original, muy creativo, y siempre dicen que lo tienen todo muy claro, cuando en realidad lo que piensan, hacen y consumen es lo que algunos han diseñado para que todo el mundo piense, haga y consuma.

El aprendizaje no termina nunca. No podemos abandonarnos. Toda la vida hemos de ser personas estudiosas, insatisfechas con las explicaciones que nos dan —y que nos damos—, empeñadas en seguir aprendiendo cada día, de los mayores y de los menores, de los que saben mucho y de los que parece que saben poco, de los que nos caen bien y de los que no, de los que sintonizan con nuestras ideas y de quienes las combaten.

Alfonso Aguiló

"Los perros y la fe"



Han sido muchas las veces en que la fe ha sido arrojada a los perros; y, cuando ya parecía que los perros la iban a devorar, han sido los perros los que perecieron. En las deslumbrantes páginas que rematan "El hombre eterno", Chesterton computa hasta cinco ocasiones (pero fueron muchas más) en que la Historia parecía que iba a presenciar el fin de cristianismo; y otras tantas en que el cristianismo volvía a alzarse de sus ruinas, mientras sus enemigos se extinguían en la noche de los tiempos. Cuando el nominalismo crece triunfante sobre los escombros de la Edad Media, aparece Tomás de Aquino en la silla de Aristóteles; cuando el Islam galopa a rienda suelta, gritan como un trueno miles de jóvenes exultantes, hijos espirituales de Francisco de Asís, que elevan al cielo un bosque de flechas; cuando el paganismo renacentista se infiltra en las mismas estructuras de la Iglesia y desemboca en la disgregación de la Reforma, surge el aguerrido Ignacio de Loyola. Y así sucesivamente en todos los crepúsculos de la Historia, una y otra vez, hasta llegar a nuestros días: cuando ya parece que la fe está a punto de sucumbir, cuando ya los hombres que la profesan parecen cansados y claudicantes, surge un movimiento que les devuelve el ímpetu; y siempre se demuestra que, cuanto más irremediable parece la claudicación, más pujante es el resurgimiento.

Y es que, como concluye Chesterton, la fe cuenta con un Dios que sabe cómo salir del sepulcro. Todas las épocas han tratado de emborrachar a sus hijos con vinos rebajados, con vinos agriados, con vinos que esconden un veneno o un somnífero; y, en todas las épocas ha terminado brotando, como una potente catarata carmesí, la fuerza nutritiva del vino original. Y los hombres que se habían resignado a emborracharse con vinos adulterados, tras probar ese vino original, han vuelto a pronunciar aquellas palabras de gratitud que pronunciaron los invitados a las bodas de Caná: «Tú has guardado el buen vino para el final». El vino adulterado de nuestra época se llama laicismo; y como todos los vinos aguachirles o ponzoñosos que se le han ofrecido a la Humanidad desde que el mundo es mundo, le dice al hombre que Dios no existe, le dice al hombre que él mismo es Dios, le promete la liberación de todas las ataduras, el Paraíso en la Tierra y un porvenir plagado de bienaventuranzas; y el hombre, engolosinado, bebe de ese vino hasta quedarse ahíto, para luego descubrir que todas esas promesas se resumen en una resaca sobresaltada de bascas y mareos.

Entonces, el hombre borracho de ese vino adulterado, mientras se deja arrastrar plácidamente por la corriente de su tiempo, mira en su derredor y descubre a lo lejos un barco frágil, zarandeado por el oleaje, que sin embargo se obstina en navegar a contracorriente. Y entonces reflexiona: «Yo tal vez esté muerto; y, puesto que nado a favor de la corriente, ni siquiera me habría dado cuenta. Pero para navegar como lo hace ese barco frágil hace falta estar vivo, porque sólo lo que está vivo puede navegar a contracorriente». Y, mientras el hombre ve pasar a su lado, arrastrados por la corriente, a todos los sofistas y demagogos que lo aturdieron con sus promesas, decide subir a ese barco al que una fuerza sobrenatural impulsa en sentido contrario. Y, subido a ese barco, vuelve a sentirse vivo.

La Iglesia es ese barco frágil que navega a contracorriente. La singladura que promete es áspera y fatigosa, a diferencia del plácido abandono que augura dejarse arrastrar por la corriente. En su sufriente itinerario, ese barco es asaltado por piratas, desgarrado por luchas intestinas, acechado por bajíos y arrecifes, zarandeado por mil tempestades, pero el timonel que lo guía jamás desvía el rumbo. Y, cuando ya parece sucumbir a las Escilas y Caribdis que le lanzan mil dentelladas, vuelve a resurgir, dejando atrás a la jauría. A veces llegan hasta la prensa ecos de ese combate sempiterno: mientras el laicismo se afana en retirar los crucifijos de las paredes, 268.000 españoles más que el año pasado han decidido colaborar a través de la declaración del impuesto sobre la renta en esa singladura a contracorriente. Son 268.000 españoles más deseosos de sentirse vivos, hartos del vino adulterado que les sirven en la taberna del laicismo. Y su número no hará sino crecer.

Juan Manuel de Prada
www.interrogantes.net

Nos sirve a todos... no sólo a los británicos


Obispo británico reta al Gobierno ante la crisis económica
Dice que la solución es la virtud no la regulación


BIRMINGHAM, lunes 1 diciembre 2008 (ZENIT.org).- Las causas de la crisis financiera británica son éticas y los líderes cívicos deberían buscar, en lugar de medidas financieras, el reinado de la virtud para resolver la recesión económica, propone el arzobispo Vincent Nichols.


El arzobispo de Birmingham afirmó esto en el sermón del domingo, en una Misa Cívica Anual. "La fe cristiana es guardiana de las auténticas virtudes humanas que necesitamos cuando empezamos a vivir un tiempo de austeridad y dificultades", afirmó.

"Un mercado controlado sólo por la regulación, pronto o tarde sucumbirá a su inherente inclinación al beneficio a cualquier coste", dijo el prelado a los servidores civiles que les escuchaban.


Añadió: "Por supuesto, la motivación del beneficio es crucial, y la responsabilidad de los inversores es un factor de equilibrio significativo, a la hora de asumir riesgos. Pero lo que hemos visto es que, abandonado a sí mismo, el mercado financiero no tiene un robusto marco externo de referencia, ni siquiera un amplio marco económico.


"El mercado financiero se ha comportado como si existiera sólo para sí mismo, dentro de sí mismo y para provecho de quienes forman parte de él".


El arzobispo Nichols habló de la necesidad del mercado de "la perspectiva y práctica de la verdadera virtud, que construye confianza y, sin la cual, cada empresa humana es inestable".

El prelado invocó la bendición de Dios sobre los presentes en la misa y sobre todos los servidores públicos. "Aquí no encontraremos soluciones financieras o comerciales --reconoció--. Pero deberíamos adquirir alguna perspicacia sobre nuestra situación, a la luz de la verdad sobre nuestra naturaleza humana, y que la fe en Dios deja en claro".

El arzobispo Nichols subrayó la necesidad de la sociedad de la "perspectiva y práctica de la auténtica virtud". "Como sociedad, hemos descuidado el desarrollo de valores éticos compartidos y principios que guíen y conformen nuestra conducta, creyendo que es un objetivo inalcanzable, y lo hemos sustituido por balsa tras balsa de regulación".

"Mientras que la noción de ‘valores' sea flexible y amigable -porque una persona puede establecer o negociar sus propios valores, y acomodarlos a su propia conducta- las virtudes serán más necesarias.

"Una virtud es una capacidad personal para la acción y una fuerza de progreso y perfección. Las reglas del juego solamente nunca han producido una actuación excelente. Sólo la dedicación, el sacrificio y habilidades verdaderas logran esto. Esta es la palestra de la virtud".

El prelado habló sobre las virtudes humanas de prudencia, coraje, justicia y templanza, añadiendo que "estas virtudes humanas tienen su verdadero fundamento en las mayores virtudes, las teológicas: fe, esperanza y amor, que nos unen a Dios y los unos a los otros".

Volvió a centrarse en la virtud de la misericordia "por la cual la aplicación de las reglas previstas se suspende, menos el amor y la compasión".


"Una familia o sociedad que es incapaz de mostrar piedad hacia los débiles y vulnerables, está muerta por dentro --concluyó el arzobispo--. La salvaje aplicación de regulaciones presiona nuestras vidas, y sólo puede ser rescatada o redimida por vidas de auténtica virtud y sobre todo por la misericordia, la más preciosa cualidad de Dios".



Traducido del inglés por Nieves San Martín de www.Zenit.org

A vueltas con el crucifijo



Recuerdo que, hace algunos años, un grupo de diputados españoles, amparándose en confusas razones ideológicas, exigió que se retiraran los crucifijos de las escuelas, y hasta amenazó con interponer recurso ante el Tribunal Constitucional, si el Gobierno se negaba a acatar su solicitud. Ahora, para demostrar que los extremos se tocan, la Liga Norte italiana propone que se exija por ley la presencia de crucifijos en todas las aulas escolares, así como en estaciones de ferrocarril y aeropuertos; con esta imposición, el partido de Umberto Bossi pretende responder a la «insolencia» mostrada por los musulmanes. De este modo, la Cruz vuelve a ser enarbolada como garrote de infieles, como instrumento de hostilidad y exclusión; como si la Historia no nos hubiese enseñado cuáles son las consecuencias de las guerras de religión. Para quienes hemos elegido la Cruz como asidero de nuestras zozobras descubrimos en la propuesta de Umberto Bossi, además, una índole sacrílega. Pues la Cruz es una invitación a la concordia, un signo redentor que abraza el sufrimiento de los hombres; cuando esa vocación primigenia de la Cruz se tuerce, o es suplantada por una coartada belicosa, Dios vuelve a ser crucificado.

Allá en mi ciudad levítica, llegué a aprender de memoria un poema de mi paisano León Felipe, que desde entonces guardo en mi devocionario particular. Rezaba así: «Más sencilla, más sencilla. / Sin barroquismo, / sin añadidos ni ornamentos, / que se vean desnudos / los maderos, / desnudos / y decididamente rectos. / Los brazos en abrazo hacia la tierra, / el astil disparándose a los cielos. / Que no haya un solo adorno / que distraiga este gesto, / este equilibrio humano / de los dos mandamientos. / Más sencilla, más sencilla; / haz una cruz sencilla, carpintero». No creo que sea posible compendiar con palabras más elementales y austeras el significado de la Cruz y su doble vocación humana y divina. Los brazos en abrazo hacia la tierra, esto es, vueltos hacia la humanidad que sufre, en actitud hospitalaria y confortante; el astil disparándose a los cielos, con esa sed de misterio que empuja al hombre a vislumbrar la presencia de Dios entre las tinieblas de la desesperación. León Felipe no era, desde luego, el prototipo del poeta beatorro y meapilas. Pero entendió que en esos dos maderos cruzados quedaban registrados, en una síntesis escueta, los dos anhelos más enaltecedores del hombre, el «equilibrio de los dos mandamientos». Podría haber escrito un poema en que la Cruz representara los episodios de fanatismo y barbarie que los cristianos hemos protagonizado, a lo largo de los siglos; pero prefirió recuperar su mensaje prístino, celebrando la grandeza de aquel hombre entreverado de Dios que murió defendiendo sus palabras -sencillas como la misma Cruz- frente a la ira de los fanáticos.

Los episodios del Evangelio que más nos conmueven son aquellos en los que Jesucristo infringe el código de exclusiones imperante en la sociedad de su tiempo. Cuando, sentado al pie de la fuente de Jacob, le suplica a una samaritana que le dé un poco de agua, Jesús nos anticipa la universalidad de su misión, que alcanza su apoteosis trágica en el Calvario. «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí? -le pregunta, perpleja, la mujer samaritana, que se apresta a llenar de agua su cántaro-. Porque judíos y samaritanos se aborrecen». Los samaritanos, que se negaban a adorar a Yavé en el templo de Jerusalén, eran unos apestados sociales. No puedo imaginar, sin embargo, a Jesús imponiéndoles por decreto la veneración de un símbolo que nos recuerda el barro del que procedemos, la luz a la que aspiramos y, en definitiva, toda nuestra genealogía de culpa y redención. Convertir ese símbolo en un cachivache de uso obligatorio quizá sea la forma más obscena de negar su vigencia; sería como volver a matar al hombre entreverado de Dios que lo enalteció con su sangre.

Juan Manuel de Prada

Otro "Rey del aborto" convertido en defensor de la vida: La historia de Stojan Adasevic



El diario La Razón de España dio a conocer el caso de un nuevo "rey del aborto" convertido: Stojan Adasevic, quien llegara a realizar 48 mil abortos en total y hasta 35 en un solo día, es actualmente el principal líder pro-vida de Serbia, pero durante 26 años fue el ginecólogo abortista más prestigioso de la Belgrado comunista.

El periódico español señala que "los libros de medicina del régimen comunista decían que abortar era, simplemente, extirpar un trozo de tejido. Los ultrasonidos que permitían ver al feto llegaron en los años 80, pero no cambiaron su opinión. Sin embargo, empezó a tener pesadillas".

Al relatar su proceso de conversión, explica el diario, Adasevic "soñaba con un hermoso campo, lleno de niños y jóvenes que jugaban y reían, de cuatro a 24 años, pero que huían aterrados de él. Un hombre vestido con un hábito blanco y negro lo miraba intensamente, en silencio. El sueño se repetía cada noche y despertaba con sudores fríos. Una noche preguntó al hombre de negro y blanco por su nombre. 'Me llamo Tomás de Aquino', respondió el hombre del sueño. Adasevic, formado en la escuela comunista, nunca había oído hablar del genial santo dominico, no reconoció el nombre".

"'¿Por qué no me preguntas quiénes son estos niños? Son los que mataste con tus abortos', le dijo Tomás. Adasevic despertó, impresionado, y decidió no practicar más intervenciones", prosigue.

"Ese mismo día vino a su hospital un primo con su novia, embarazada de cuatro meses, para hacerse su noveno aborto, algo bastante frecuente en los países del bloque soviético. El doctor accedió. En vez de sacar el feto miembro a miembro, decidió machacarlo y sacarlo como una masa. Sin embargo, el corazón del bebé salió aún latiendo. Adasevic se dio cuenta entonces de que había matado a un ser humano".

Tras ese macabro episodio, Adasevic "informó al hospital de que no haría más abortos. Nunca en la Yugoslavia comunista un médico se había negado. Redujeron su salario a la mitad, echaron a su hija del trabajo, no dejaron entrar a su hijo en la universidad".

Tras dos años de presiones y a punto de rendirse, volvió a soñar con Santo Tomás: "'eres mi buen amigo, persevera', dijo el hombre de blanco y negro. Adasevic se comprometió con los grupos pro-vida. Dos veces consiguió que la televisión yugoslava emitiera la película de ultrasonidos 'El grito silencioso', de otro famoso ex-abortista, el doctor Bernard Nathanson".

Actualmente el doctor Adasevic ha publicado su testimonio en revistas y diarios de Europa del Este, como la rusa Liubitie Drug Druga. Ha vuelto al cristianismo ortodoxo de su infancia y también ha aprendido cosas sobre Santo Tomás de Aquino.

"Tomás, influido por Aristóteles, escribió que la vida humana empezaba 40 días después de la fertilización", escribe Adasevic en Liubitie Drug Druga. La Razón comenta que "el doctor sugiere que quizá el Santo buscaba compensar ese error. Adasevic, 'el Nathanson serbio', prosigue hoy su lucha por la vida de los más pequeños".

Murió Olga Bejano, la escritora pentapléjica que conmovió a España con su sí a la vida



La autora española Olga Bejano falleció el día cinco de diciembre, después de 20 años de padecer una enfermedad neuromuscular que la dejó muda, ciega y prácticamente inmóvil. Ella desarrolló un método para comunicarse con el mundo a través de los impulsos de una de sus rodillas, escribió varios libros y abogó por la defensa de la vida hasta su término natural.

Según informó El Semanal Digital, la salud de Bejano se complicó esta semana con una fuerte neumonía y una fiebre muy alta, "lo cual precipitó de forma irreversible la parada cardiorrespiratoria que acabó con su vida en la madrugada de este viernes".

La escritora contrajo en 1987 una enfermedad neuromuscular que paralizó prácticamente todo su cuerpo, respiraba artificialmente y se alimentaba a través de una sonda.

"Encontró un método para comunicarse con el mundo: haciendo unos garabatos aparentemente incomprensibles con los impulsos de su rodilla, que sus distintas enfermeras aprendieron a traducir lentamente al abecedario. Gracias a este original sistema, Olga había publicado con gran éxito tres libros: Voz de papel, Alma de color salmón y Los garabatos de Dios, algunos de ellos traducidos y publicados fuera de España, con lo que su autora adquirió relevancia internacional. Su tercera obra es una lúcida reflexión sobre la grandeza y los límites del ser humano, y especialmente sobre la capacidad de superación de las personas. Actualmente se encontraba escribiendo su cuarto libro, titulado Alas Rotas", agrega el medio.

En los últimos tiempos, la autora protestó públicamente por una disputa político-administrativa en el Gobierno de la Rioja que le impedía contar con una enfermera todos los días y le obligaba a estar en cama la mayor parte del tiempo. Por ese motivo, Bejano había decidido devolver la Medalla de Oro de La Rioja, que le había sido concedida hacía diez años.

Los libros de Bejano han sido editados por LibrosLibres.com

Arzobispo de Valladolid: La Cruz no hiere a nadie, solo es signo de amor y paz



El Arzobispo de Valladolid, Mons. Braulio Rodríguez, señaló que "en una cultura como la cristiana, el crucifijo no va a herir a nadie" ya que la Cruz es un signo de "amor y paz", al referirse a la sentencia de un tribunal de esta ciudad que obliga a retirar el crucifijo de una escuela.

En declaraciones a Radio Vaticano recogidas por Europa Press, el Prelado precisó que con esta sentencia que vulnera la libertad religiosa y es signo de un laicismo cada vez más radical, "cualquier símbolo religioso podría ser suprimido y retirado de cualquier sitio" y puso como ejemplo la ciudad de Brujas, en Bélgica, "donde hay esquinas, calles y cruces con pequeñas imágenes de la Virgen, de Cristo y la gente no religiosa, no cristiana, no se queja de ello".

Para el Arzobispo, a este paso podría llegar incluso un tiempo en el que los fieles tengan que pedir permiso incluso para decir que creen en Dios y en Jesucristo. "Yo quiero poder seguir mostrando los símbolos religiosos, porque me parece que también esto forma parte de la libertad religiosa que todos queremos", concluyó.

María Auxiliadora y San Juan Bosco



Una historia sobre la total confianza de Don Bosco en los cuidados maternales de Nuestra Madre María

San Juan Bosco necesitaba construir una Iglesia en honor a María Auxiliadora, pero no tenía nada de dinero. Se lanzó, pero las deudas también se lanzaron sobre él. Para conseguir dinero en un momento en que no podía retrasar más los pagos, un día le dijo a la Virgen:

¡Madre mía! Yo he hecho tantas veces lo que tú me has pedido… ¿Consentirás en hacer hoy lo que yo te voy a pedir?.

Con la sensación de que la Virgen se ha puesto en sus manos, don Bosco penetra en el palacio de un enfermo que tenía bastante dinero pero que también era bastante tacaño. Este enfermo, que hace tres años vive crucificado por los dolores y no podía siquiera moverse de la cama, al ver a don Bosco le dijo:

Si yo pudiera sentirme aliviado, haría algo por usted.

Muchas gracias; su deseo llega en el momento oportuno; necesito precisamente ahora tres mil liras.

Está bien; obténgame siquiera un alivio, y a fin de año se las daré.

Es que yo las necesito ahora mismo. El enfermo cambia con mucho dolor de postura, y mirando fijamente a don Bosco, le dice:

¿Ahora? Tendría que salir, ir yo mismo al Banco Nacional, negociar unas cédulas ¡ya ve!, es imposible.

No, señor, es muy posible replica don Bosco mirando su reloj. Son las dos de la tarde… Levántese, vístase y vamos allá dando gracias a María Auxiliadora.

¡Este hombre está chiflado! Protesta el viejo entre las cobijas. Hace tres años que no me muevo en la cama sin dar gritos de dolor, ¿y usted dice que me levante? ¡Imposible!.

Imposible para usted, pero no para Dios… ¡Ánimo! Haga la prueba.

Al rumor de las voces han acudido varios parientes, la habitación está llena. Todos piensan de don Bosco lo mismo que el enfermo: que está chiflado.

Traigan la ropa del señor, que va a vestirse dice don Bosco, y hagan preparar el coche, porque va a salir. Entretanto, nosotros recemos. Llega el médico.

¿Qué imprudencia está por cometer señor mío?

Pero ya el enfermo no escuchaba más que a don Bosco; se arroja de la cama y empieza a vestirse solo, y solo, ante los ojos maravillados de sus parientes, sale de la habitación y baja las escaleras y sube al coche. Detrás de él, don Bosco.

¡Cochero, al Banco Nacional! Ya la gente no se acuerda de él: llevaba tres años sin salir a la calle. Vende sus cédulas y entrega a don Bosco sus tres mil liras.


Pbro. José Pedro Manglano Castellary

La ayuda maternal de Santa María


Una historia que nos abre al amor que tiene nuestra Madre María por sus hijos


"Yo si he visto milagros", escribía un sacerdote, Urteaga. "Fíate de mí. Hazme caso. Reza a la Virgen". Y cuenta uno de los milagros que ha visto.

"Me encontraba en Madrid. Acababa de ordenarme sacerdote. Tenía 26 años. Era un atardecer a la hora de terminar el trabajo".

"Te llaman por teléfono", me dijeron. Una voz masculina, un tanto nerviosa, explicaba la razón de la llamada:

"Mire, tengo un amigo que se encuentra muy mal, puede morir en cualquier instante. Me pide que le llame a usted porque quiere confesarse. (…) No, no le conoce, pero quiere que sea usted." - (Nunca he entendido por qué)- "¿Puede venir a esta casa?"

"Salgo para ahí en este momento."

(Me interrumpió) "Mire, el asunto no es tan fácil. Me explicaré. El piso está lleno de familiares y amigos que no dejarán que un sacerdote católico entre en esta casa; pero yo me encargo de facilitar su entrada."

"Pues allá voy, amigo. Dentro de un cuarto de hora estoy ahí, lo que tarde el autobús."

El piso era muy grande. Lo estoy viendo ahora que describo la situación. La puerta entreabierta, un pasillo largo. Entro decidido después de encomendarme a la Virgen para que facilitase el encuentro. Rumores de voces en las habitaciones contiguas; algunas personas que me miran con gesto de asombro. Con un breve saludo me dirijo a la habitación que estimo puede ser la del enfermo.

Efectivamente lo es.

"¿Le han dejado entrar?"

"He visto caras de susto y gestos feos; pero ha podido más la Virgen, nuestra Señora."

"Gracias. No tengo mucho tiempo (el enfermo jadeaba). Quiero confesarme."

(Cogí mi crucifijo, lo besé) "Comienza, Dios te escucha."

Yo muy emocionado. El hombre (era un personaje importante), también. Apliqué mis oídos a sus labios porque apenas se le oía.

La confesión… larga, muy larga.

…Y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

Al terminar pocos minutos le quedaban de vida quiso explicarme "su" milagro. Lo hizo fatigosamente. Se lo agradecí con toda el alma.

"He estado cuarenta años ausente de la Iglesia. Y usted se preguntará por qué he llamado a un sacerdote."

El lo decía todo. Yo callaba.

"Mi Madre, al morir, nos reunió a los hermanos… Mirad. No os dejo nada. Nada tengo. Pero cumplid este testamento que os doy: Rezad todas las noches tres avemarías. Y yo (¡cómo lloraba el pobre!), yo lo he cumplido, ¿sabe?, lo he cumplido."

Se moría mientras cantaba. A mí me pareció todo aquello un cántico: "Yo lo he cumplido, yo lo he cumplido".


Pbro. José Pedro Manglano Castellary

Tres Avemarías


El rezo de las tres “avemarías” antes de dormir es una tradición muy cristiana. Nuestras madres y abuelas nos enseñaron a rezarlas de pequeñitos. Conozco a muchos adultos que lo siguen haciendo noche tras noche. A medida que nos hacemos mayores podemos pensar que eso es una infantilada y las abandonamos. Escucha un caso sucedido en un hospital.

Cuentan que una niña estaba a punto de ser operada. Uno de los médicos le dice:

Cierra los ojos, que vas a dormir un rato.
La niña contesta que ella no duerme nunca de día.

El médico la repetía lo mismo para que la niña no viera la aguja con que la iban a pinchar. Ella volvió a decir que sólo dormía de noche y que no quería cerrar los ojos.

Sin embargo, hoy tienes que dormir para curarte, dijo el doctor.
Bueno, dijo ella al fin. Yo antes de dormir siempre rezo las tres avemarías, ¿puedo?

Y con toda sencillez la niña juntó las manos y empezó su oración. Al terminar se tendió en la mesa de operaciones y cerró los ojos.

Uno de los cirujanos, después de ver aquello, se sintió conmovido, y en cuanto pudo se retiró a su despacho. Allí se arrodilló y empezó a rezar. Llevaba muchos años sin rezar y alejado de Dios.. Salió de allí decidido a encontrarse de nuevo con Dios, y a recuperar lo mejor de su vida.

La cadena que conduce al cielo...


En "Puente de Madera", suburbio de Tokio, en unas antiguas barracas militares vivían unos mil ancianos, aislados, apátridas. Una noche, hacia las dos de la madrugada, el teléfono suena: una anciana agonizante, pide un sacerdote.

Cuando era una joven, frecuentó una escuela católica. Allí, una religiosa la educó durante tres años y a la edad de diecisiete años se volvió cristiana. "Recibí el Santo Bautismo y la Eucaristía", me dice. Pero luego se casó, según la voluntad de su familia, con un bonzo budista que poseía un templo, alejado en la montaña. Se fue pues allí, al templo, cuyo mantenimiento debía asegurar; además del cuidado de numerosas tumbas y el de quemar el incienso durante las fiestas fúnebres. Su marido le habría permitido ir a la iglesia, pero allí no había ninguna. Trajo al mundo ocho niños. Setenta años después, su marido murió, todos sus hijos murieron también, cinco de ellos durante la guerra. Hace 10 años, llegó otro sacerdote budista, por lo que debió dejar el templo.

Le pregunté si, durante todos esos años había pensado en Dios. Ella me observa con asombro y saca con dificultad la mano derecha de bajo la cobertura. En ella tenía un rosario y le oí esta respuesta: "Durante estos años, todos los días y varias veces al día, sin faltar uno sólo, rezaba mientras hacía mi trabajo;" tenía siempre la cadena de María en las manos o en mi bolsillo y le he pedido todos los días que antes de morir, pudiera encontrar una vez más a un sacerdote católico que me diera el Pan de Dios."

P. Géréon Goldmann

El rosario sería el golpe de gracia


En el siglo XVII en Inglaterra, los católicos sufrían una sangrienta persecución. El Padre John Ogilvie fue juzgado en Glasgow el 15 de octubre de 1614 por haber afirmado que en el dominio espiritual el Papa está por encima del Rey.

Condenado a muerte por esto, pasa su cautiverio sin perder nada de su alegría y de su sentido del humor. Tras haber sido torturado fue conducido al patíbulo el 10 de marzo de 1615, donde renueva su fidelidad al Rey en el dominio temporal y declara que moría por su fidelidad al Papa. Luego, de repente, toma su rosario y lo lanza entre la multitud. El rosario le cae en el pecho a un calvinista húngaro que estaba de paso en Glasgow: se trataba del notable Juan von Echesdoff que se convierte en seguida al catolicismo. El rosario había sido el golpe de gracia.

John Ogilvie fue canonizado por Pablo VI en 1976

El aventurero de la Santa Virgen


Los españoles asedian Fontarabia, ocupada por los franceses. En su codicia los ocupantes se lanzan al pillaje. Un día Juan Ciudad le hace entrar en razón a su capitán que brutalizaba una joven. Este acto de valentía le vale en seguida muchas molestias. El capitán para vengarse le encarga las prestaciones más humillantes y peligrosas.

Un día Juan es enviado en misión de reconocimiento en un caballo sin montura y sin riendas…. Cabalgaba cerca de la frontera francesa cuando de repente oye una señal de trompeta, el caballo sale furioso al galope, se cabrea y lanza a su jinete contra una roca. Juan, todo adolorido, se siente incapaz de levantarse.

En medio de su sufrimiento invoca a quien, desde su infancia le había pedido ayuda y consuelo, la santa Virgen María, “Reina del Cielo, no me dejes caer en manos del enemigo.” Y en seguida, se desmayó. Cuando volvió en sí, ve a su lado a una joven que le habla con compasión. Vestida de Pastora, con un bastón en la mano, ella se inclina sobre él y le ofrece de beber.

La joven le tiende la mano y él le da la suya dudoso. Apoyado en ella da algunos pasos, titubeaba como un hombre ebrio. Pero luego siente una fuerza maravillosa y sale de su debilidad. La pastora lo conduce hacia un camino y lo deja solo. Juan está persuadido que esa pastora no podía ser otra que la Virgen María o un ángel enviado por Ella.

Otro día, después de la toma de un rico botín, el capitán encarga a Juan guardar el tesoro y sobre todo un cofre lleno de joyas. Al día siguiente se da cuenta que la caja de las joyas falta, Juan interroga a los centinelas. Nadie sabe nada. El capitán era la única persona que había entrado en la tienda de campaña. El capitán condena a Juan a la pena de muerte por la horca, conforme al código militar. Juan, con las manos y los pies liados, pasa la noche sin dormir. Su amigo Alfonso Ferrus se desliza bajo la tienda para soltarlo. Juan rehúsa. Abandonado a sí mismo, tiene un sueño extraordinario. Vuelve a ver a la pastora francesa que se transforma en la Reina del Cielo que le dice: “Ten confianza en mí, yo te salvaré.” Juan se despierta, reza el Ave María con fervor y se siente reconfortado. Marcha al suplicio con paso firme. Le promete a la Santa Virgen renunciar a las armas, si Ella lo salva de la horca. Ni un instante duda de la ayuda de María. Se declara inocente y agrega: “Yo confío todavía en la ayuda de la Santa Virgen.”

Los tambores redoblan por segunda vez…. Juan ya tiene la cuerda al cuello cuando un jinete llega corriendo desbocado, es el coronel Ribera. El revoca la orden de ejecución, quiere ser juez en este asunto. Mientras tanto, Alfonso Ferrus aparece de pronto con el cofre de las joyas, descubiertas en la tienda del capitán. Este último será condenado y ejecutado.

María fue fiel a su promesa. Juan también mantiene su palabra. Renuncia a las armas y va en busca de la voluntad de Dios. Llegará a ser el gran San Juan de Dios.

Peter Hunermann

Eduardo Verástegui se une a Derechoavivir.org

Carta de Eduardo Verástegui


Estoy entusiasmado y abrumado al mismo tiempo por el apoyo que hemos recibido durante los últimos meses. Desde el mismo momento en que Bella se presentó en los cines Palafox de Madrid el pasado mes de mayo hasta el día de hoy, son innumerables los emails y llamadas de personas que nos dieron su apoyo y aportaron su semilla para que "Bella" creciese en España. ¡GRACIAS A TODOS USTEDES DESPUÉS DE CUATRO SEMANAS BELLA CONTINUA EN LA LISTA DE LAS DIEZ PELÍCULAS MÁS VISTAS DE ESPAÑA!

Encontrar a las personas que creyesen en nuestro proyecto y financiasen "Bella" fue el primer milagro; Ganar el Festival de Cine de Toronto fue el segundo, su estreno en Estados Unidos fue el tercer y más grande milagro, pero lo que más me ha conmovido y llegado en todas estas semanas ha sido el tener la oportunidad de viajar por todo el país, La Madre Patria, conocer la satisfacción de todos ustedes y comprobar su apoyo durante estas cuatro semanas. ¡Ha sido para mí una enorme alegría!.

Tenemos decenas de teatros pre-vendidos y muchos seguidores están comprando 100 entradas entre varias familias para apoyar nuestra película y su mensaje. Ojalá esta película consiguiese mantenerse hasta Navidad, claramente habría roto todas las expectativas existentes en el sector cinematográfico de este país y permitiría que todos aquellos que todavía no han visto Bella puedan estar todavía a tiempo de hacerlo, y sobre todo que esta película pueda llegar a las personas que más lo puedan necesitar.

Quiero que sepan cuánto les estoy agradecido, y espero que cuando usted llegue al cine y se siente en su butaca sepa que está formando parte de un milagro en acción.
Esta hermosa película fue creada por algo más grande que todos nosotros, y nunca olvidaré la pasión, el apoyo y la vida de todas esas personas a las que Bella ha inspirado.

Si usted puede caminar conmigo sólo algunas semanas más y nos ayuda a mantener su mensaje podrá tocar los corazones y las mentes de cientos de personas en España.
Cada mensaje de correo electrónico que envíe o blog en el que escriba, tiene un tremendo impacto.

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Muchas gracias a todos, y que Dios los bendiga.

Eduardo Verástegui

Convertido por el rezo del rosario en familia


Luis Francisco Budenz, uno de los principales dirigentes del comunismo en Estados Unidos, nació en el seno de un hogar cristiano muy piadoso del Estado de Indiana. A los veinte años deja su casa pues se ha enamorado de una mujer divorciada. En seguida, los problemas sociales lo apasionan. Defensor de todas las causas proletarias y estratega de todas las guerras obreras, será encarcelado más de veinte veces. De 1935 a 1945, lleva su lucha como redactor del Daily Worker, el conocido diario rojo de Nueva Cork, y como miembro del Comité Nacional del partido comunista en los Estados Unidos.

Un día de 1936, se encuentra frente a frente, en un bar de Nueva York con Monseñor Fulton Sheen. Súbitamente el prelado aborda a Budenz: “Hablemos de la Virgen. Una larga hora en torno a María le trajo un instante de la paz íntima de su primera comunión, pero el retorno del hijo pródigo dura nueve años, acosado por la Virgen del Rosario. “Cuántas veces, confiesa, esbozando un artículo del diario, yo me sorprendería con la mano en el bolsillo, repitiendo el Ave María”

En realidad, las palabras del sacerdote habían conseguido establecer el contacto de una misteriosa telepatía del Estado de Indiana al de Nueva York. En su casa natal, todas las tardes, durante treinta años, su familia arrodillada había rezado más de cincuenta veces el rosario. Después el periodista convertido escribe: He aquí mi historia” Una historia de treinta y cinco años bajo la dulce estrella de María. El libro está dedicado a la Inmaculada Concepción.

Luis Francisco Budenz, uno de los principales dirigentes del comunismo en Estados Unidos, nació en el seno de un hogar cristiano muy piadoso del Estado de Indiana. A los veinte años deja su casa pues se ha enamorado de una mujer divorciada. En seguida, los problemas sociales lo apasionan. Defensor de todas las causas proletarias y estratega de todas las guerras obreras, será encarcelado más de veinte veces. De 1935 a 1945, lleva su lucha como redactor del Daily Worker, el conocido diario rojo de Nueva Cork, y como miembro del Comité Nacional del partido comunista en los Estados Unidos.

Un día de 1936, se encuentra frente a frente, en un bar de Nueva York con Monseñor Fulton Sheen. Súbitamente el prelado aborda a Budenz: “Hablemos de la Virgen. Una larga hora en torno a María le trajo un instante de la paz íntima de su primera comunión, pero el retorno del hijo pródigo dura nueve años, acosado por la Virgen del Rosario. “Cuántas veces, confiesa, esbozando un artículo del diario, yo me sorprendería con la mano en el bolsillo, repitiendo el Ave María”

En realidad, las palabras del sacerdote habían conseguido establecer el contacto de una misteriosa telepatía del Estado de Indiana al de Nueva York. En su casa natal, todas las tardes, durante treinta años, su familia arrodillada había rezado más de cincuenta veces el rosario. Después el periodista convertido escribe: He aquí mi historia” Una historia de treinta y cinco años bajo la dulce estrella de María. El libro está dedicado a la Inmaculada Concepción.

Hermano Albert Plfeger, marista

TESTIMONIO DE UN TAXISTA


Me sorprendió gratamente. En un mismo día de trasiego por Madrid, en el que hube de tomar varios taxis, vi que en dos de ellos había colgado un rosario en lugar preferente y muy visible. Pregunté a los taxistas por qué llevaban allí el rosario. Las respuestas no se hicieron esperar:
¿Dónde quiere usted que lo lleve? me dijo uno.
No, si me parece muy bien. Pero sospecho que esto le habrá costado aguantar alguna que otra sonrisita irónica, le contesté.
Pues mire qué le digo. Ciertamente, algunos gamberros han comentado entre sí en el asiento de detrás mi ocurrencia. Piense que lo llevo ahí más de diez años, y en tanto tiempo han subido al taxi miles de personas, de todas las ideologías y educaciones. Pero le aseguro que si alguno me hubiera dicho a mí directamente algo contra el rosario o contra la Virgen, se hubiera acordado para toda su vida. No me gusta que se juegue con las cosas sagradas y tengo derecho a pensar como quiera y a no esconder mi fe y mi devoción a la Virgen. Yo no me meto con nadie. Y el que se meta conmigo por mi fe, «no le arriendo las ganancias». Lo menos que haría sería decirle: bájese usted y tome otro taxi que no lleve rosario. ¿Ofendo yo a alguien con llevarlo?
Así me gusta, hombre. Que la Virgen acoja con su bondad de Madre el buen corazón y la valentía que demuestra.
El otro taxista me explicó que se había encontrado el rosario en la parte trasera del coche, sin duda olvidado por algún cliente. Y lo puso en el lugar de honor del taxi. Así, si alguna vez vuelve a subir el que lo perdió, lo reconocerá y se lo podré restituir. Y mientras tanto, ahí va haciendo algún bien: a mí me recuerda muchas cosas buenas y, a los que suban, les dice que en este taxi se ha de respetar al Señor y a la Virgen. Ah, y conste que por esto no soy más santo que los demás. Pero, esto sí, ganas no me faltan y por lo menos doy testimonio de mi fe.

Fr. José A. M. Puche, 0. P.