Superarse


Están los que usan siempre la misma ropa. Están los que llevan amuletos. Los que hacen promesas. Los que imploran mirando al cielo. Los que creen en las supersticiones.

Y están los que siguen corriendo cuando les tiemblan las piernas. Los que siguen jugando cuando se acaba el aire. Los que siguen luchando cuando todo parece perdido, como si cada vez fuera la última vez. Convencidos de que la vida misma es un desafío. Sufren pero no se quejan.

Porque saben que el dolor pasa. El sudor se seca. El cansancio termina. Pero hay algo que nunca desaparecerá: la satisfacción de haberlo logrado.

En sus cuerpos hay la misma cantidad de músculos. En sus venas corre la misma sangre. Lo que los hace diferentes es su espíritu.

La determinación de alcanzar la cima. Una cima a la que no se llega superando a los demás. Sino superándose a uno mismo

Sres. Riqueza, Exito y Amor



Una mujer regaba el jardin de su casa y vio a tres viejos con sus años de experiencia
frente a su jardín. Ella no los conocía y les dijo: -No creo conocerlos, pero deben tener hambre.Por favor entren a mi casa para que coman algo.

Ellos preguntaron: -¿Está el hombre de la casa?

-No, respondió ella , no está.

-Entonces no podemos entrar, dijeron ellos. Al atardecer, cuando el marido llegó, ella le contó lo sucedido.-¡Entonces diles que ya llegué invítalos a pasar! La mujer salió a invitar a los hombres a pasar a su casa.

-No podemos entrar a una casa los tres juntos, explicaron los viejitos.

-¿Por qué?, quiso saber ella.

Uno de los hombres apuntó hacia otro de sus amigos y explicó: Su nombre es Riqueza.
Luego indicó hacia el otro. Su nombre es Éxito y yo me llamo Amor. Ahora ve adentro y decide con tu marido a cuál de nosotros 3 desean invitar a vuestra casa.

La mujer entró a su casa y le contó a su marido lo que ellos le dijeron. El hombre se puso felíz: ¡Qué bueno! Y ya que así es el asunto entonces invitemos a Riqueza, que entre y llene nuestra casa.

Su esposa no estuvo de acuerdo: Querido, ¿porqué no invitamos a Exito?

La hija del matrimonio estaba escuchando desde la otra esquina de la casa y vino corriendo. ¿No sería mejor invitar a Amor? Nuestro hogar estaría entonces lleno de amor.

Hagamos caso del consejo de nuestra hija, dijo el esposo a su mujer. Ve afuera e invita a Amor a que sea nuestro huesped. La esposa salió y les preguntó ¿Cuál de ustedes es Amor? Por favor que venga y que sea nuestro invitado.

Amor se sentó en su silla y comenzó a avanzar hacia la casa. Los otros 2 también se levantaron y le siguieron. Sorprendida, la señora les preguntó a Riqueza y a Exito: Yo invité sólo a Amor ¿porqué Uds. también vienen?.

Los viejos respondieron juntos: -Si hubieras invitado a Riqueza o a Éxito los otros 2habrían permanecido fuera, pero ya que invitaste a Amor, donde vaya él, nosotro vamos siempre con él. Donde quiera que hay amor, hay también riqueza y éxito.

Cuida a los que amas


Había una joven muy rica, que tenía de todo, un marido maravilloso, unos hijos encantadores, un empleo que le daba muchísimo bien, una familia unida. Lo malo es que ella no conseguía conciliar todo eso, el trabajo y los quehaceres le ocupaban todo el tiempo, y ella lo quitaba de los hijos y su marido, y así las personas que ella amaba eran siempre dejadas para después.

Hasta que un día, su padre, un hombre muy sabio, le dio un regalo: una flor carísima y rarísima, de la cual sólo había un ejemplar en todo el mundo. Y le dijo: "Hija, esta flor te va a ayudar mucho, más de lo que te imaginas. Tan sólo tendrás que regarla de vez en cuando, y a veces conversar un poco con ella, y te dará a cambio ese perfume maravilloso y esas maravillosas flores".

La joven quedó muy emocionada, pues la flor era de una belleza sin igual. Pero el tiempo fue pasando, los problemas surgieron de nuevo, el trabajo consumía todo su tiempo, y su vida, que continuaba confusa, no le permitía cuidar de la flor. Llegaba a casa, miraba la flor y todavía estaba allí. No mostraban señal de estropearse, estaba linda y perfumada. Entonces ella pasaba de largo. Hasta que un día, de pronto, la flor murió.

Ella llegó a casa y se llevó un susto. La flor estaba completamente muerta, caída, y su raíz estaba reseca. La joven lloró mucho, y contó a su padre lo que había ocurrido. Su padre entonces respondió: "Yo ya me imaginaba que eso ocurriría, y no te puedo dar otra flor, porque no existe otra igual a esa, pues era única, igual que tus hijos, tu marido y tu familia. Todos son bendiciones que Dios te dio, pero tú tienes que aprender a regarlos y prestarles atención, pues al igual que la flor, los sentimientos también mueren. Te acostumbraste a ver la flor siempre allí, siempre florida, siempre perfumada, y te olvidaste de cuidarla. ¡Cuida a las personas que amas!".

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Herbert Hendin, "Seducidos por la Muerte, Planeta

Editorial Planeta acaba de publicar la traducción al castellano de un clásico sobre el suicidio asistido y la eutanasia: "Seducidos por la Muerte", de Herbert Hendin.

Es la obra en que se basó el Tribunal Supremo de los Estados Unidos para establecer que no existe derecho constitucional al suicidio asistido.

No es una obra cualquiera sobre la eutanasia. Es el informe serio y científico del Director Médico de la Suicide Prevention Internacional, y Catedrático de Psiquiatría del New York Medical College, que frenó a la administración Clinton cuando se disponía a sacar una ley financiada con fondos federales. El autor fue llamado a declarar, resumiendo las conclusiones de su obra, ante el Congreso de los Estados Unidos. Herbert Hendin se había desplazado antes a Holanda para estudiar la posibilidad de legalizar la eutanasia; el resultado fue este clarificador informe, recogido en un libro que se lee como novela, y que tuvo un enorme impacto en la opinión pública norteamericana.

Una cosa es el debate social sobre este tema en los medios de comunicación, que se produce casi siempre en torno a un caso límite. Y otra cosa es el estudio serio de los resultados reales de la eutanasia en un país, con vistas a implantarla en el propio. Ahí es donde los gobiernos se vuelven atrás, como acaba de ocurrir en Francia. Ese estudio es lo que recoge el libro de Hendin, y es de agradecer que se haya hecho de forma muy amena, entremezclando la frialdad de los grandes números con la cercanía de muchos relatos narrados con gran viveza y humanidad. Resultan también muy ilustrativas las conversaciones del autor con los principales promotores de la eutanasia en Holanda, que van sazonando toda la obra.

A continuación van algunas breves citas de este libro, que pueden ser ilustrativas. Se adjunta también la intervención del autor ante el Congreso norteamericano: un texto muy breve que puede parar por sí mismo -y de hecho paró- un proyecto federal, y frenar el avance de lo que se plantea inicialmente como el de derecho de los pacientes a morir y termina siendo el derecho de los médicos a matar.

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Pag. 27. “Le explicó que había procedido así porque no estaba muriéndose lo suficientemente rápido y necesitaba ese espacio para otro paciente.”

Pag. 28. “Más de la mitad de los médicos holandeses se sienten libres de sugerir el suicidio o la eutanasia a sus enfermos, lo que claramente condiciona la voluntariedad del proceso. El 60 por ciento de los casos no son comunicados, por lo que la legislación no se puede aplicar. Casi la cuarta parte de los médicos admite haber acabado con la vida de enfermos que no les habían dado su consentimiento, lo que al menos en teoría es ilegal en Holanda, como lo es en cualquier otra parte. Algunos ejemplos pueden resultar ilustrativos. Una mujer que no quería seguir cuidando a su marido enfermo le presentó la alternativa de la eutanasia o que fuese internado en una residencia para enfermos crónicos. El hombre, asustado ante la perspectiva de verse a merced de extraños, eligió morir. Un médico acabó con la vida de una monja algunos días antes de lo que hubiera ocurrido naturalmente porque padecía un gran dolor, estimando que las convicciones religiosas de la monja no le permitían pedir la muerte.”

Pag.108. “En un 30 por ciento de esos casos (en que el paciente no lo pidió) la razón aducida fue a imposibilidad de tratar el dolor de manera efectiva. En el 70 por ciento restante, las razones aportadas fueron variadas, desde un “le faltaba calidad de vida” hasta un “se le retiró el tratamiento, pero el paciente no moría.”

Pag. 126. “…había más peticiones de eutanasia formuladas por los familiares que por los mismos pacientes. Éste sacó la conclusión de que, frecuentemente, son la familia, los médicos y los enfermeros quienes presionan al paciente para que pida la eutanasia.”

Pag.156. “El país se ha movido desde la la eutanasia para los enfermos terminales a la eutanasia para los enfermos crónicos; desde la eutanasia para enfermedades físicas a la eutanasia para las enfermedades psicológicas, y desde la eutanasia voluntaria a la eutanasia no voluntaria y a la involuntaria… Cualquier país occidental que legalice el suicidio médicamente asistido para los enfermos terminales se verá obligado a extenderlo de este mismo modo.”

Pag. 159. Sobre el exigido informe de cada caso de eutanasia: “Reconocían que un 59 por ciento de casos sin informar resultaba preocupantemente alto.... Entre el 15 y el 20 por ciento de los doctores afirman que no informarán de sus casos bajo ninguna circunstancia.”

Pag.186. “La experiencia holandesa ilustra cómo una cultura transforma el suicidio en suicidio asistido y usa la eutanasia de una forma casi rutinaria para tratar con enfermedades graves o terminales, o incluso con la simple tristeza.”

Pag. 240. “El riesgo de daño es más grande para muchas personas de nuestra sociedad cuya autonomía y bienestar están ya comprometidos por la pobreza, por la falta de acceso a una buena atención médica, la edad avanzada o su pertenencia a un grupo social estigmatizado.”

Pag. 273. “Aunque la mayor parte de los pacientes de cáncer no expresan un deseo de morir, una importante minoría expresa un deseo transitorio de muerte. Los pocos que presentan deseos persistentes de morir sufren invariablemente una depresión clínica… Una mayor experiencia en el trato con estos pacientes de cáncer, y el cuidado procurado a estos enfermos, nos ha permitido observar con cuánta frecuencia estos pacientes cambian de opinión tan pronto como se les provee de buenos cuidados paliativos, incluyendo el tratamiento de la depresión.”

Pag 299. “Parte de la desinformación creada es hacer creer que la oposición a la eutanasia es cosa de la Iglesia católica o de la derecha religiosa…. Se ignora que la Asociación Médica Estadounidense es probablemente la organización que de modo más importante se opone a la legalización…”





Resumen para el Subcomité del Congreso de los Estados Unidos de América
Suicidio, Suicidio Asistido y Eutanasia
Lecciones de la experiencia holandesa
Herbert Hendin

La necesidad de cuidar a los enfermos terminales y de reducir sus padecimientos, ¿requiere que se conceda a los médicos el derecho de terminar con vidas de pacientes?

Esta pregunta nos lleva a tomar conciencia de que ni la legalización ni la prohibición del suicidio médicamente asistido o de la eutanasia resuelven el gran problema de cuidar humanamente de nuestros enfermos terminales. Hasta cierto punto, las peticiones de legalización no son sino un síntoma de nuestro fracaso en desarrollar una respuesta adecuada a los problemas de los moribundos, al miedo a llegar a padecer un dolor insoportable y a la prolongación de la vida en circunstancias intolerables.

Los no iniciados en el tema suelen suponer que los enfermos graves o terminales que desean poner término a sus vidas son distintos de los que quieren suicidarse por otras razones. La primera reacción de muchos pacientes al tener conocimiento de la gravedad de su enfermedad y de su posible muerte es, sin embargo, la de terror, la de deprimirse y desear morir. Esos pacientes no son muy distintos de los que reaccionan ante otras crisis con el deseo de acabar con esas crisis por el procedimiento de acabar con sus vidas.

Muchos pacientes y médicos desplazan su ansiedad ante la muerte, centrándose en las circunstancias que la acompañan: el dolor, la dependencia, la pérdida de dignidad, y los desagradables efectos secundarios de los tratamientos médicos. El hecho de centrarse en el proceso, o de enfadarse con él, les distrae de su miedo ante la muerte.

Los pacientes suicidas suelen inclinarse también por poner condiciones a su vida. No quiero vivir ya... “sin mi marido,”... “si pierdo mi belleza, mi poder, mi prestigio, o mi salud,” o “si voy a morir pronto”. Piden a la vida lo que la vida ya no les puede dar. La expresión más dramática de su necesidad de mantener el control es su empeño por determinar el tiempo, lugar y circunstancias en que ha de producirse su muerte.

La Depresión, causada a menudo por el conocimiento de la gravedad de su enfermedad, exagera su tendencia a ver los problemas como blanco o negro. Si el paciente encuentra entonces a un médico que comparte esa visión de la vida como algo que merece ser vivido sólo bajo ciertas circunstancias, la rigidez del paciente se ve entonces reforzada.

No sólo los pacientes son incapaces de tolerar las situaciones que no pueden controlar. Desde el punto de vista del médico, Lewis Thomas ha escrito con profundidad sobre el sentimiento de fracaso e indefensión que pueden llegar a experimentar los médicos al enfrentarse con la muerte. Esos sentimientos explican por qué los doctores encuentran tanta dificultad en discutir con los pacientes su enfermedad terminal. La mayoría de ellos evitan ese tipo de discusiones, mientras que la mayor parte de los pacientes prefieren hablar francamente sobre el tema. Esos sentimientos pueden explicar también la tendencia de los médicos a utilizar medidas excesivas para mantener la vida y su necesidad de hacer de la muerte una decisión del médico. Al decidir cuándo han de morir los pacientes, al hacer de la muerte una decisión médica, el doctor se hace la ilusión de mantener el dominio sobre la enfermedad y sobre los sentimientos de indefensión que la acompañan. Es el médico, y no la enfermedad, el responsable de la muerte. El suicidio asistido y la eutanasia llegan a ser modos de tratar con la frustración ante la incapacidad de curar la enfermedad.

La petición de suicidio asistido suele hacerse también con mucha ambivalencia, como sucede en los intentos de suicidio. Si el doctor no es capaz de reconocer esa ambivalencia, así como la ansiedad y depresión que subyacen a la petición de muerte de un paciente, ese paciente queda atrapado por su propia petición y muere en un estado de terror que nadie advierte.

Hace unos años, un joven profesional de treinta y pocos años que padecía una grave leucemia fue llevado a mi consulta. Tim, un ambicioso ejecutivo cuya lucha por el éxito profesional le había llevado a descuidar las relaciones con su esposa y con su familia, se encontraba aturdido y sin ideas. Su reacción inmediata fue la de desesperarse, y una enfadada preocupación por el suicidio, pidiendo ayuda para llevarlo a cabo. Le preocupaba llegar a ser dependiente y temía tanto los síntomas de su enfermedad como los efectos secundarios del tratamiento.

Las angustias de Tim sobre las penosas circunstancias que rodeaban su muerte no eran infundadas, pero su temor a la muerte las amplificaba. Una vez que Tim y yo pudimos hablar sobre la posibilidad o probabilidad de su muerte --lo que la separación de su familia y la destrucción de su cuerpo iban a suponer para él— su desesperación desapareció. Aceptó el tratamiento médico y usó los meses que le quedaban de vida para vivir más cerca de su mujer y de sus padres de lo que lo había hecho hasta entonces. Dos días antes de morir, Tim hablaba de lo que se habría perdido si no hubiese tenido la oportunidad de irse de este modo amoroso.

Si el suicidio asistido hubiera sido legal, como en la ley de Oregón que está ahora en los tribunales, probablemente Tim habría pedido ayuda a un médico para acabar con su vida. Como estaba mentalmente lúcido, habría sido considerado apto para el suicidio asistido, y seguramente habría encontrado a un doctor que habría accedido a su petición.

Acabo de terminar un estudio sobre el suicidio asistido y la eutanasia en Holanda, donde ambos son práctica aceptada. En las primeras etapas de mi trabajo, me fue mostrada por la Sociedad Holandesa para la Eutanasia Voluntaria una película titulada “Cita con la Muerte”, que tenía el objetivo de promover la eutanasia. Me acordé entonces de Tim al ver cómo el fracaso de un médico en tratar el temor a la muerte en un enfermo le llevó a una prematura terminación de su vida.

Un hombre de cuarenta y dos años había dado positivo en un test de SIDA. Aún no había desarrollado los síntomas, pero había visto sufrir a otros con esos síntomas y pedía ayuda a su médico para morir. El doctor le explicó con comprensión que aún podía vivir durante algunos años sin esos síntomas.

Pasado un tiempo el paciente repitió su petición de eutanasia, y entonces el doctor accedió a ello. Aquel hombre sufría una clara depresión y estaba abrumado por su situación. El doctor determinó que el paciente había sido persistente en su petición y que tenía lucidez para tomas decisiones –los criterios exigidos a los pacientes en Holanda-- pero no fue capaz de darse cuenta del terror subyacente a aquella petición.

La consulta había sido en ese caso mero formalismo. Un colega del doctor había visto al paciente brevemente para confirmar que era lo que él deseaba. En muchos casos, el doctor consultado ni siquiera ve al paciente. Con un médico con más psicología, que hubiese buscado algo más que una justificación para ceder a esa petición de muerte --algo más probable de encontrar en una cultura que no acepta la eutanasia-- ese hombre no habría necesitado que se procurase su muerte.

Entre los casos que me fueron presentados por médicos de Holanda, y entre los que yo he estudiado en este país, he visto muchos ejemplos parecidos. Pacientes cuyo temor a morir les lleva a pedir el suicidio asistido o la eutanasia pueden resultar muy distintos de los que están preocupados por tener que sufrir en los últimos días de su vida.

Siempre que, como en Holanda, o como en la reciente ley de Oregón que está ahora en los tribunales, se legaliza el suicidio asistido, estos dos grupos de pacientes llegan a una confusión total. En tal situación, éstos, que son básicamente pacientes suicidas, llegan a ser las víctimas voluntarias de los practicantes de la eutanasia.

En la pasada década, al hacer el suicidio asistido y la eutanasia de fácil acceso, los holandeses redujeron el porcentaje de suicidios entre la población mayor de cincuenta años. La probabilidad de que los pacientes pudiesen terminar con sus vidas si la eutanasia no estuviese a su disposición fue una de las justificaciones aportadas por los médicos holandeses para facilitar esa ayuda.

Por supuesto que los defensores de la eutanasia pueden mantener que al hacer el suicidio “innecesario” para los mayores de cincuenta años que están físicamente enfermos es un resultado beneficioso de la legalización, más que un síntoma de abuso. Tal actitud depende, claro está, de si uno cree que hay alternativas al suicidio asistido o a la eutanasia para tratar los problemas de los enfermos mayores. Entre la población de edad, la enfermedad física de cualquier tipo es normal, y muchos que tienen problemas para enfrentarse a la enfermedad física se inclinan por el suicidio. En una cultura que acepta la eutanasia, su malestar puede ser aceptado como razón legítima para la eutanasia. Sería pues más que irónico describir la eutanasia como el procedimiento holandés de curar el suicidio.

Esto parece aún más verdad desde que los holandeses han aceptado recientemente los padecimientos mentales, aun en ausencia de enfermedad física, como justificación para el suicidio asistido y la eutanasia.

En la primavera de 1993, un tribunal holandés en Assen determinó que estaba justificado que un psiquiatra ayudase a suicidarse a una paciente, una trabajadora de cincuenta años físicamente sana, pero sumida en un estado de tristeza por la muerte de su hijo, y que había acudido al psiquiatra diciendo que quería la muerte y no un tratamiento. Tuve la oportunidad de conversar durante unas siete horas con ese psiquiatra. Sin entrar en los detalles del caso, que he discutido en otro lugar, vale la pena consignar aquí que el psiquiatra ayudó a la paciente a suicidarse poco después de dos meses de que ella fuera a verle, y cuatro meses después de que su hijo muriese de cáncer. La discusión del caso se centró en si el psiquiatra, asesorado por expertos, hizo bien al estimar que la mujer sufría una pena que podamos comprender pero no podamos tratar. Aunque nadie debería subestimar la pena de una madre que ha perdido a su hijo tan querido, la vida ofrece muchos modos de sobreponerse a esa pena, y el tiempo podría haber acabado arreglando por sí mismo ese estado de ánimo.

El Tribunal Supremo de Holanda que dictaminó sobre el caso de Assen en Junio de 1994, se mostraba de acuerdo con los tribunales inferiores al afirmar que los sufrimientos mentales pueden ser motivos para una eutanasia, pero estimaba que en ausencia de enfermedad mental, el paciente debería haber sido examinado por un psiquiatra de consulta.

En las dos últimas décadas, Holanda se ha deslizado desde el suicidio asistido hasta la eutanasia, desde la eutanasia para los enfermos terminales a la eutanasia para los enfermos crónicos, desde la eutanasia para las enfermedades físicas a la eutanasia por malestar psicológico, y desde la eutanasia voluntaria hasta la eutanasia no voluntaria y la involuntaria.

Una vez que los holandeses aceptaron el suicidio asistido, no era ya posible legal ni moralmente negar más ayuda médica activa, es decir negar la eutanasia a quienes no podían procurarse por sí mismos la muerte. Ni se podía negar la ayuda para el suicidio o la eutanasia a los crónicamente enfermos, pues les queda más tiempo para sufrir que a los enfermos terminales, ni a los que sufren padecimientos de índole psicológica sin estar vinculados a ninguna enfermedad física. Negársela vendría a ser algo así como una discriminación. Y la eutanasia involuntaria se ha visto justificada por la necesidad de tomar decisiones por los pacientes que no tienen ya lucidez.

Que es a menudo el doctor y no el paciente quien decide la muerte, es algo que subrayó la documentación sobre “eutanasia involuntaria” en el informe Remmelink –el estudio encargado por el gobierno holandés. “Eutanasia involuntaria” es un término que molesta a los holandeses. El holandés define la eutanasia como la terminación de la vida de una persona a petición suya. Si la vida es terminada sin petición alguna, no consideran que haya habido eutanasia. El informe Remmelink usa de modo inquietante la expresión “terminación del paciente sin petición explícita” para referirse a la eutanasia llevada a cabo sin consentimiento de los enfermos lúcidos, parcialmente lúcidos, o sin lucidez.

El informe revela que en aproximadamente 1.000 de las 130.000 muertes anuales en Holanda, los médicos admiten haber causado activamente o adelantado la muerte sin la petición del paciente. En unos 25.000 casos, se tomaron decisiones médicas al final de la vida que podrían haber tenido la intención de acabar con la vida del paciente sin su consentimiento. En unos 20.000 de ellos (aproximadamente el ochenta por ciento) los médicos habían aducido la incapacidad de comunicación del paciente como justificación para no haber contado con su consentimiento.

Esto nos deja con unos 5.000 casos en que los médicos tomaron decisiones que podían haber acabado con las vidas de pacientes lúcidos, o que llevaban precisamente esa intención, sin haber consultado con ellos. En el 13 por ciento de esos casos, los médicos que no consultaron con pacientes lúcidos para tomar decisiones que podrían, o intentaban de hecho, acabar con sus vidas, adujeron como razón para no haberlo hecho que habían hablado previamente alguna vez del tema con el paciente. Parece, con todo, incomprensible que un médico pueda terminar con la vida de un paciente lúcido sobre la base de una conversación anterior, sin comprobar siquiera si el paciente sigue pensando aún del mismo modo.

Un número considerable de los defensores de la eutanasia en Holanda admite que la legalización de la eutanasia ha llevado a los médicos a sentir que pueden ellos tomar decisiones de vida o muerte sin consultar con los pacientes. Muchos defensores se muestran en privado partidarios de que los médicos terminen con las vidas de pacientes lúcidos sin consultarles. Un abogado que representa a la Sociedad Holandesa para la Eutanasia Voluntaria me puso como ejemplo un caso en que el doctor había terminado la vida de una monja varios días antes de lo que hubiera sido su muerte natural porque tenía un dolor insoportable pero sus convicciones religiosas no le permitían pedirle morir. Nada pudo argumentar cuando le pregunté por qué no se le permitió morir del modo en que ella quería.

Incluso cuando los enfermos piden o consienten la eutanasia, en los casos que me fueron presentados en Holanda y en los casos que he estudiado en este país, el suicidio asistido y la eutanasia fueron normalmente el resultado de una interacción en la que las necesidades y el carácter de los familiares, de los amigos, y del doctor, jugaron un papel tan importante y a menudo más importante que el del mismo paciente

En un estudio de la eutanasia practicado en los hospitales holandeses, los doctores y las enfermeras informaron de que la mayor parte de las peticiones de eutanasia vienen de los familiares, más que de los mismos pacientes. El investigador concluía que las familias, los doctores, y las enfermeras habían urgido a los pacientes para que pidieran la eutanasia.

Una revista médica holandesa recogía el ejemplo de una esposa que ya no quería cuidar más de su esposo enfermo; le había dado a elegir entre eutanasia o ingreso en una residencia para enfermos crónicos. El hombre, temeroso de verse a merced de extraños en un lugar nada familiar para él, escogió la muerte. El doctor, aun sabedor de esa coacción, terminó con la vida de ese hombre.

El informe Remmelink reveló que más de la mitad de los médicos holandeses consideraba apropiado sacar el tema de la eutanasia con sus pacientes. Casi todos los médicos defensores de la eutanasia con los que he hablado en Holanda entendían eso como dar al paciente la posibilidad de considerar una opción que él o ella no se hubiera atrevido a sacar, más que como una forma de coacción. No parecían darse cuenta de que el doctor les está diciendo al mismo tiempo que su vida no vale ya la pena, un mensaje que puede tener un efecto poderoso en la visión de un paciente y en su decisión.

La experiencia holandesa ilustra el modo en que esta legalización promueve una cultura que transforma el suicidio en suicidio asistido y eutanasia, y que anima a los pacientes y a los doctores a ver el suicidio asistido y la eutanasia --propuesto como desgraciada necesidad para sólo casos excepcionales—en el modo más rutinario de tratar con la enfermedad grave o terminal.

La presión por mejorar los cuidados paliativos aparece haberse evaporado en Holanda. La discusión de los cuidados de los enfermos terminales está ahora dominada por el cómo y el cuándo extender el suicidio asistido y la eutanasia a grupos cada vez más amplios de pacientes. Dadas las desigualdades en nuestro sistema sanitario y lo poco que aún cuidamos a nuestros enfermos terminales, nuestros cuidados paliativos correrían el mismo camino en nuestro país. La eutanasia acabaría siendo nuestro modo de ignorar las verdaderas necesidades de nuestros enfermos terminales.

La gente se hace la ilusión de que la legalización del suicidio asistido y la eutanasia le proporcionará mayor autonomía. Pero si la experiencia holandesa enseña algo, es precisamente lo contrario. En la práctica es el doctor quien decide si se ha de practicar la eutanasia. Él puede sugerirlo, puede no dar a los pacientes otras alternativas que son por otra parte obvias, puede ignorar la ambivalencia de los pacientes, y puede incluso llevar a la muerte a quienes no se lo han pedido. La eutanasia aumenta el poder y el control de los médicos, no el de los pacientes.

La gente supone que el doctor que anima o que da su apoyo a un suicidio asistido está haciendo un juicio tan objetivo como puede ser el de un especialista de rayos X. No ven el papel decisivo en la decisión de la eutanasia de las necesidades y valores del médico.

Casi cada pauta prevista por los holandeses para la regulación de la eutanasia ha sido modificada o violada con impunidad. A pesar de todos sus esfuerzos, los holandeses sólo han sido capaces de conseguir que el 60 por ciento de sus doctores informe de sus casos de eutanasia (y tiene razón el informe Remmelink al cuestionar si todos ellos han informado con fidelidad). Como el hecho de seguir las pautas les libraría del riesgo de persecución legal , y como el cuarenta por ciento de los doctores admite no haber informado de sus casos, y el 20 por ciento dice que bajo ninguna circunstancia piensan hacerlo, parece que hay una base para suponer que esos doctores no siguen las pautas. Los casos que nos han sido presentados a mí y al Dr. Carlos Gómez apoyan esta tesis. El Dr. Gómez y yo fuimos a Holanda en diferentes ocasiones y con perspectivas totolmente diferentes, ya que él es un especialista en cuidados paliativos y yo soy un psiquiatra. Sin embargo, después de haber oído detalladamente casos de eutanasia presentados por los médicos holandeses, ambos llegamos independientemente a la misma conclusión: que no es posible legalizar la eutanasia y mantenerla bajo control mediante la prescripción de unas ciertas pautas a seguir.

Un sistema de vigilancia para proteger a los pacientes exigiría de alguien que pudiese ver toda la situación, incluyendo a la familia, al paciente, al doctor, y, sobre todo, la interacción entre ellos antes de que se lleve a cabo el suicidio asistido y la eutanasia. Esto conllevaría una intrusión en las relaciones entre paciente y doctor que la mayor parte de los pacientes no consentiría, ni muchos de los doctores aceptarían.

Sin esa intrusión antes del hecho, no hay ley ni conjunto de pautas que puedan proteger a los pacientes. Después de que la eutanasia ha sido realizada, como sólo los pacientes y los doctores pueden conocer los hechos reales del caso, y como sólo el doctor está vivo para contarlos, cualquier comité legal médico o interdisciplinario, como en Holanda, sabrá del caso sólo lo que el doctor quiera contarles.

La sanción legal crea una atmósfera de permisividad que parece fomentar que no se tomen las pautas con demasiada seriedad. La idea de que los doctores americanos –que admiten violar leyes serias al ayudar ahora a suicidios— seguirían entonces esas pautas si el suicidio asistido fuera aquí legalizado, no es algo que venga ilustrado por la experiencia holandesa; ni es probable, habida cuenta del fracaso de los americanos que han practicado el suicidio en seguir las salvaguardas elementales en los casos que han publicado.

Los pacientes que piden la eutanasia están pidiendo normalmente del modo más dramático posible que se dé un remedio a su sufrimiento físico y mental. Cuando esa petición se hace a un médico que se preocupa de ellos, que es sensible y comprensivo, que puede tratar ese temor, aliviar su sufrimiento, y asegurarles en que él o ella permanecerán a su lado hasta el final, la mayor parte de esos pacientes no quiere ya morir, y están agradecidos por el tiempo que aún se les da de vida.

Los avances en nuestro conocimiento de los cuidados paliativos en los últimos veinte años nos hacen ver que preocuparse por los enfermos terminales no es algo que requiera la legalización del suicidio asistido y de la eutanasia. Un estudio ha demostrado que la mayor parte de los médicos saben menos sobre cuidados paliativos cuanto más a favor están de la legalización del suicidio asistido y de la eutanasia. Nuestro reto es llevar ese conocimiento y esos cuidados a todos los enfermos terminales.

Nuestro éxito en el reto de procurar cuidados paliativos a los enfermos terminales supondrá mucho para la conservación de nuestra humanidad social. Si no procuramos esos cuidados, la legalización del suicidio asistido y la eutanasia se convertirían en la respuesta simplista a los problemas de los moribundos. Si la legalización acaba por triunfar, perderemos más vidas por suicidio (aunque demos a esas muertes otro nombre) que las que pueda salvar la Fundación Americana del Suicidio y otras instituciones que trabajan para la prevención del suicidio en nuestro país.

La tragedia que espera a los pacientes depresivos suicidas es comparable con la de los terminalmente enfermos, y esto especialmente en el caso de los ancianos pobres. El suicidio asistido y la eutanasia llegarán a ser el modo rutinario de tratar a los enfermos graves y terminales, justo como ha ocurrido en Holanda; quienes no tienen medios estarán bajo presión para aceptar la opción de la eutanasia. En este proceso, los cuidados paliativos se verán recortados y no serán algo para todos.

Los defensores de la eutanasia han llegado a ver el suicidio como una cura de la enfermedad y como un modo de arrebatar a la muerte su poder sobre la capacidad humana de controlar. Se han apartado de lo que podría haber sido un esfuerzo constructivo para tratar la fase final de la vida. Nuestra política social ha de basarse en una preocupación mayor y más positiva por los enfermos terminales. Debe reflejar una creciente determinación por aliviar el dolor físico, para descubrir la naturaleza de nuestros temores, y para disminuir el sufrimiento reafirmando en la vida que ha sido vivida y que aún no ha acabado.

Imposición de la ceniza


Significado de la imposición de la ceniza

- Los judíos acostumbraban a echarse ceniza sobre la cabeza para indicar que estaban en penitencia y los cristianos empezaron a tomar esa costumbre al empezar la cuaresma.

- Se pone al principio de la cuaresma, ya que cuaresma significa 40 días de preparación hasta la Pascua. Es un tiempo de conversión, es decir de volver a Dios, de quien nos hemos alejado.

- La ceniza significa que es polvo, es lo que queda de un desperdicio cuando se quema. Por ello nosotros somos débiles, frágiles. En cualquier momento podemos morir. Por ser polvo podemos llegar a convertirnos en Cristo que es vida eterna y alegría completa

- La ceniza es basura que se tira. Con nuestros pecados hemos llegado a ser basura que se tira, que no sirve ya para nada, con nuestro pecado llenamos el mundo de tristezas, lágrimas y nos alejamos de nuestro Padre y de todos los que nos rodean.

- La ceniza es tizne que mancha, polvo que se pisa, con nuestro pecado hemos manchado a las personas que nos quieren.

- La ceniza indica el inicio de la cuaresma la cual es tiempo de oración, ayuno, penitencia, encuentro con Dios, encuentro con los demás y compromiso de superación para ser como Cristo.

- En los primeros siglos del cristianismo la preparación a la fiesta de Pascua comenzaba con el primer domingo de Cuaresma. Poco después, para completar la cuarentena, el miércoles de ceniza comenzó a ser la puerta de entrada a la cuaresma.

- En nuestra patria el miércoles de Ceniza es una celebración popular que forma parte indiscutible de nuestra cultura y que no puede pasar desapercibida en la vida pública. En la cuaresma se tiene que vivir lo que el miércoles de ceniza se ha celebrado. El miércoles de ceniza nos indica lo que debemos hacer en la Cuaresma.

- La ceniza no necesariamente la podemos recibir de un sacerdote, la podemos recibir de otro cristiano bautizado e inclusive uno mismo la puede tomar.

- Para poder recibir la ceniza es necesario que uno elija libremente aceptarla; durante el miércoles de ceniza se pide el ayuno a los mayores de 18 y menores de 65 años, excepto aquellos que se encuentren gravemente enfermos, si uno se encuentra enfermo o es menor de edad o muy mayor, se puede suplir el ayuno con una buena obra o evitando aquellos que más nos gusta hacer o comer y que el no realizarlo nos cueste un sacrificio, todo esto con el único fin de ofrecerlo a Dios.

Sugerencias para recibir la ceniza

Para tener una mejor participación en la imposición del símbolo litúrgico durante la celebración de la imposición de la ceniza; es necesario tomar en cuenta lo siguiente:

- Cuando participamos en la imposición de la ceniza durante la misa se ha de tener presente que participamos como una comunidad y que lo más importante no es el signo sino lo que éste significa para nuestra vida; después de la homilía del celebrante, se proceda a la imposición de ceniza. En este momento es importante tener en cuenta que es un símbolo de penitencia y que deseamos ser cada vez mejores cristianos comprometidos por lograr vivir mejor y en paz, alegres de que Jesús venga a nuestras vidas.

- Cuando participamos en la imposición como grupo de adolescentes, se recomienda una actitud de verdadera seriedad ante el símbolo y que se vea la posibilidad de recibir la ceniza de manos de otros y con una actitud de que prometemos ser mejores como grupo y como adolescentes, dentro de este clima se podrán asumir como grupo varias penitencias, como podrían ser el unificarnos más como grupo, el superar algunos problemas de falta de aceptación de los demás, de ayudarnos entre todos corrigiéndonos como buenos amigos las faltas que veamos que cometemos, que como grupo realicemos alguna obra de beneficio social a nuestro barrio, escuela, parroquia, etc.

- Cuando participamos de la imposición solos, debemos recordar y fijarnos en todos los elementos que componen la celebración, es importante que en todos ellos vayamos descubriendo a Dios mismo, que nos ama y nos invita a ser cada día mejores cristianos y personas. Al momento de recibir la ceniza es bueno ir pensando una serie de propósitos personales que podamos cumplir durante la cuaresma, como podría ser algunos sacrificios de cosas que más nos agraden y que ofreceremos con gusto para que podamos alejar de nuestras mentes todo deseo malo de alejarnos de Dios y de nuestros seres queridos.

¡Mañana empieza la Cuaresma!


El miércoles de ceniza. los buenos cristianos asisten a las iglesias a que les impongan la ceniza, al mismo tiempo que escuchan unas palabras: “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”. Esas palabras explican el sentido de ese rito tan atrevido con el que da inicio la cuaresma. ¡Arrepiéntete!, se nos dice.

Hay tiempo de pecar y tiempo de convertirse. El tiempo de pecar suele ser muy largo. Todos pasamos por momentos malos, en que abandonamos el buen camino y nos adentramos en la mala vida. Incluso, podemos observar, cuando miramos hacia atrás, que hay un período en la vida en que nos hemos alejado mucho de Dios, de la Iglesia, de las buenas costumbres. Son esos días negros a los que no queremos mirar.

Pero hay también épocas buenas, en las que hemos sido capaces de hacer el bien, hemos estado en paz con Dios, con los demás y con nosotros mismos.
Si pudiéramos observar en una película nuestro mejor día vivido y nuestro peor día, nos asombraríamos de dos cosas: Primero: de cómo hemos bajado tanto. Quizá tendríamos que decir: “Nunca me imaginé que podía llegar a hacer lo que he hecho”. Pero también nos asombraríamos de lo bien que nos hemos portado en nuestro mejor día; de tal forma que si todos los días de nuestra vida hubieran sido como ese día, podríamos ser contados entre los hombres verdaderamente buenos y honrados de este mundo.

De aquí podemos sacar la siguiente conclusión: el hombre puede, si se esfuerza, subir mucho, mejorar; o, por el contrario, bajar, corromperse, destruirse. El ser humano puede llegar a ser un ángel o un demonio.

Se cuenta que a la hora de buscar a un personaje que representara a Cristo en una película, eligieron a un joven que, por su vida y costumbres reflejadas en el rostro, parecía ser el más idóneo. Al pasar el tiempo se trató de buscar a alguien que representara el papel de Judas, y después de mucho buscar, encontraron por fin a un hombre que, por la expresión de su cara parecía el más acertado. Era el mismo hombre que un día representó el papel de Cristo. ¿Tanto había cambiado...?

En la cuaresma se nos invita a un cambio. Dios nos da la oportunidad de arrepentirnos. Es un tiempo de gracia en que Dios nos ofrece su perdón con especial generosidad.

Aún sabiendo que lo tenemos que hacer, preferimos seguir lo mismo, dejando para más adelante esa conversión, ese cambio de vida que nos cuesta tanto.

Un hombre dejó hasta los 31 años su cambio. Una vez cuando sus compañeros decían: “vamos a cambiar la vida, pero más adelante”, el convertido les contestó: “Si alguna vez lo vas a hacer, ¿por qué no ahora?, y, si no lo haces ahora ¿por qué dices que lo harás más adelante? ¿Podrás? ¿Querrás hacerlo? ¿Tendrás tiempo?”
También de él es esta frase significativa: “Teme a Dios que pasa y que no vuelve”. Dios suele pasar una y varias veces por nuestra vida, pero no tiene obligación de volver apasar. Por eso decía respetuosamente aquél, que primero no tenía ningún miedo ni respeto: “Teme a Dios que pasa y que puede no volver a pasar en tu vida”.

Excelencia personal


La excelencia no tiene límites de velocidad y para eso se requiere libertad, decisión, voluntad e inteligencia. La libertad se considera como el centro de la vida humana y al utilizarla adecuadamente equivale a perfeccionar tu calidad de vida.

Un ser humano excelente es aquel que influye en los demás y que busca siempre el bien para él y para los que le rodean. La excelencia es saber amar, saber ser amado y ver siempre las cualidades de las otras personas, buscando constantemente su bienestar. La excelencia es saber servir y apoyar con placer a los demás, porque entre todos se puede encontrar una mejor forma de hacer las cosas.

Cuando una persona es excelente quiere decir que es un privilegiado como ser humano porque está en desarrollo constante. Ser excelente es saber comunicar paz a los demás, aprovechar puntos de oportunidad y transformar dificultades en acciones positivas, pero no hacer por otros lo que estos pueden hacer por sí mismos. Un ser excelente sabe proteger sin asfixiar, sabe guiar sin imponer, sabe motivar a los que están a su cargo para que también puedan desarrollarse.

La excelencia es saber construirse solidamente como ser humano, con piezas de calidad como los buenos principios y los valores.

El hombre que vive con excelencia posee, entre otras cosas, las siguientes características: Intuición y alegría, claridad en sus propósitos, originalidad, responsabilidad y libertad. Un ser humano excelente construye a otros, soporta el rechazo, no se frustra, mejor aún, le da sentido a la vida, es equilibrado en su pasión y responde con la razón.

La excelencia es abundancia

La persona excelente sabe reír y disfrutar de las cosas bellas que abundan en la vida. Por ser intuitivo, sabe relacionar grandes realidades, tiene una visión amplia y adelantada acerca del futuro. El ser excelente es inventor y creativo, pero sobre todo, promueve el surgimiento de grandes hombres, de nuevos valores y de cambios históricos.

La excelencia personal para sobresalir

La excelencia personal se define como una manera de vivir, una actitud mental y un pensamiento inclinado a solucionar cualquier problema, la excelencia se refiere a ser cada vez mejor. En otras palabras se puede definir como la manera en que el individuo desarrolla gran parte de su potencial, sin perder tiempo en buscar excusas o razones para demostrar que algo no se puede hacer.

El único camino para lograr convertir nuestra riqueza potencial en real es precisamente a través del trabajo intenso y de calidad. Todo individuo que tome conciencia de lo que es, siente, piensa, hace, desea y dice está en un darse cuenta de sí mismo, y de lo que le rodea, lo que importa es el ser y no el deber ser, esto involucra el auto concepto y el autoestima.

Ser positivo


En lugar de lamentarte por aquello que no tienes, aprovecha al máximo aquello que sí tienes.

En lugar de quedarte paralizado por lo que no puedes hacer, avanza llevando a cabo lo que sí puedes.

En lugar de angustiarte por el pasado o preocuparte por el futuro, asegúrate de estar siendo, ahora mismo, de la mejor manera que podrías ser.

Pon tu atención y tu esfuerzo allí donde resulten importantes.

Utiliza tu energía y tu tiempo allí donde puedan marcar la mayor de las diferencias.

Ser positivo es más que tan sólo repetir frases alegres.

Ser positivo significa vivir positivamente.

Ser positivo significa ver oportunidades de mejora y progreso en cada situación, y hacer algo con ellas.

Ser positivo significa hacer lo que hay que hacer y lo que es correcto aunque no sea fácil o popular.

Para que algo sea valorado positivamente debe ser más que meras palabras vacías.

Valores positivos sentidos sinceramente llevan a realizar acciones positivamente efectivas.

Y estas acciones generarán verdaderos logros, duraderos y trascendentes.

LAS PIEDRECITAS AZULES


Habían dos piedrecitas que vivían en medio de otras en el lecho de un torrente. Se distinguían entre todas porque eran de un intenso color azul. Cuando les llegaba el sol, brillaban como dos pedacitos de cielo caídos al agua. Ellas conversaban en lo que serían cuando alguien las descubriera: "Acabaremos en la corona de una reina" se decían.

Un día por fin fueron recogidas por una mano humana. Varios días estuvieron sofocándose en diversas cajas, hasta que alguien las tomó y oprimió contra una pared, igual que otras, introduciéndolas en un lecho de cemento húmedo. Lloraron, suplicaron, insultaron, amenazaron, pero dos golpes de martillo las hundieron todavía más en aquel cemento.

A partir de entonces solo pensaban en huír. Trabaron amistad con un hilo de agua que de cuando en cuando corría por encima de ellas y le decían: - "Fíltrate por debajo de nosotras y arráncanos de está maldita pared". Así lo hizo el hilo de agua y al cabo de unos meses las piedrecitas ya bailaban un poco en su lecho.

Finalmente en una noche húmeda las dos piedrecitas cayeron al suelo y yaciendo por tierra echaron una mirada a lo que había sido su prisión. La luz de la luna iluminaba un espléndido mosaico. Miles de piedrecitas de oro y de colores formaban la figura de Cristo. Pero en el rostro del Señor había algo raro, estaba ciego. Sus ojos carecían del iris. Las dos piedrecitas comprendieron. Eran ellas las ojos de Cristo. Por la mañana un sacristán distraído tropezó con algo extraño en el suelo. En la penumbra pasó la escoba y las echó al cubo de basura.

Cristo tiene un plan maravilloso para cada uno de nosotros, y a veces no lo entendemos y por hacer nuestra propia voluntad malogramos lo que él había trazado. Tu eres los ojos de Cristo. Él te necesita para mirar con amor a cada persona que se acerca a tu vida.

Tú también has sido encontrado y eres parte del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia.

También vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo. I Pedro 2,5

COMO DI DAD: LA CLAVE PARA UN NUEVO MUNDO


Un día, un hombre sabio y piadoso clamó al cielo por una respuesta.
El hombre aquel encabezaba un grupo de misioneros que oraban por la paz del mundo, para lograr que las fronteras no existieran y que toda la gente viviera feliz.

La pregunta que hacían era: ¿Cuál es la clave, Señor, para que el mundo viva en armonía?
Entonces, los cielos se abrieron y después de un magnífico estruendo, la voz de Dios les dijo: "C-O-M-O-D-I-D-A-D".

Los misioneros se miraban sorprendidos y extrañados al escuchar tal afirmación del mismo Dios.

El hombre sabio y piadoso preguntó de nuevo: ¿Comodidad Señor?, ¿qué quieres decir con eso?.

Dios respondió: "No habéis entendido porque interpretáis muy rápido. La clave para un mundo nuevo y feliz ya os la di una vez por todas con el ejemplo de mi vida y mi muerte: Como di, dad. Es decir, así como yo entregué mi vida al Padre por todos, entregadla también ustedes.

Sigamos la clave de Cristo: ¡Como dí, dad!

Dardos contra el rostro de Jesús


Una joven llamada Sally relata la experiencia que tuvo en una de sus clases, dada por el profesor Smith.

Un Sally llegó a su clase y en la pared había una hoja blanca grande y en una mesa próxima estaban muchos dardos... Dr. Smith les dijo a los estudiantes que dibujaran la foto de una persona que no les gustara, o de alguien que los haya puesto furiosos, y él les dejaría tirarle dardos.

La amiga de Sally dibujó una foto de una muchacha que le había robado a su novio. Otra amiga dibujó la foto de su hermanito. Sally dibujó una foto de un amigo anterior, poniendo muchos detalles en su dibujo, hasta las espinillas de la cara. Sally estuvo satisfecha con el efecto que había alcanzado. Se alineó en la fila para tirar los dardos. Algunos de los estudiantes lanzaron sus dardos con tal fuerza que sus blancos fueron rasgados. Sally miraba adelante en espera de su turno, pero se decepcionó cuando el Dr. Smith, debido a límites de tiempo, pidió que los estudiantes volvieran a sus asientos.

El Dr. Smith comenzó a quitar los blancos de la pared. Por debajo del blanco estaba una foto de JESÚS. Un silencio cayó sobre el cuarto mientras que cada estudiante vio la desmantelada foto de Jesús; los agujeros y las marcas dentadas cubrieron su cara, y sus ojos fueron perforados. El Dr. Smith dijo solamente estas palabras...

Y el Rey les dirá: "En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis." Mateo 25,40

No había necesidad de otras palabras; las lágrimas llenaron los ojos de los estudiantes, centrados solamente en el rostro herido de Cristo.

Aunque no escribas libros


Aunque no escribas libros, eres el escritor de tu vida.
Aunque no seas Miguel Angel, puedes hacer de tu vida una obra maestra.
Aunque no entiendas de cine, ni de cámaras, tu existencia puede transformarse en un film primoroso con Dios de productor.
Aunque cantes desafinado, tu existencia puede ser una linda canción, que cualquier afamado compositor envidiaría.
Aunque no entiendas de música, tu vida puede ser una magnífica sinfonía que los clásicos respetarían.
Aunque no hayas estudiado en una escuela de comunicaciones tu vida puede transformarse en un reportaje modelo.
Aunque no tengas gran cultura puedes cultivar la sabiduría de la caridad.
Aunque tu trabajo sea humilde, puedes convertir tu día en oración.
Aunque tangas cuarenta, cincuenta, sesenta o setenta años, puedes ser joven de espíritu.
Aunque las arrugas ya marquen tu rostro, vale más tu belleza interior.
Aunque tus pies sangren en los tropiezos y piedras del camino, tu rostro puede sonreír.
Aunque tus manos conserven las cicatrices de los problemas y de las incomprensiones, tus labios pueden agradecer.
Aunque las lágrimas amargas recorran tu rostro, tienes un corazón para amar.
Aunque no lo comprendas, en el cielo tienes reservado un lugar...
Todo, Todo... depende de tu confianza en Dios y de tu empeño en SER un digno hijo suyo.

EL PURIFICADOR DE PLATA


Un grupo de mujeres en su estudio bíblico leían el libro de Malaquías cuando encontraron el siguiente versículo referente a Dios:

"Y Él se sentará como fundidor y purificador de plata" - Malaquías 3,3

Este verso les intrigó en gran manera. ¿Que podría significar esta afirmación con respecto al carácter y la naturaleza de Dios?

Una de ellas se ofreció a investigar el proceso de la purificación de la plata. Esa semana llamó a un orfebre e hizo una cita para ver su trabajo. Ella solo le mencionó que tenía curiosidad sobre la purificación de la plata.

Mientras la dama observaba al orfebre sostener una pieza de plata sobre el fuego, dejándolo calentar intensamente, él le explicaba que para refinar la plata, debía ser sostenida en medio del fuego donde las llamas arden con más fuerza, para así sacar las impurezas.

En ese momento ella imaginó a Dios sosteniéndonos en un lugar así de caliente.

Entonces recordó una vez mas el versículo:
"Y Él se sentará como fundidor y purificador de plata".

Le preguntó entonces al platero si era necesario que él se sentase frente al fuego durante el tiempo que la plata era refinada.

El hombre respondió- "Oh Sí. No sólo debo estar aquí sentado sosteniendo la plata, sino que también debo mantener mis ojos fijamente en ella durante el tiempo que esta en el fuego. Si la plata fuese dejada un instante más de lo necesario sería destruida"

La mujer se mantuvo en silencio por un momento y luego preguntó. -¿Cómo sabe cuando ya esta completamente refinada?

El sonrió y le respondió:, "Ah, muy simple – Cuando puedo ver mi imagen reflejada en ella."


Si hoy sufres la purificación del fuego, recuerda que Dios tiene sus ojos puestos en ti cada instante y continuará observándote hasta que vea Su imagen en tí.

Por Una Peseta


Hace años un predicador se mudó para Houston, Texas. Poco después, se montó en un autobús para ir al centro de la ciudad. Al sentarse, descubrió que el chofer le había dado una peseta de más en el cambio.

Mientras consideraba que hacer, pensó para si mismo, "Ah, olvídalo, es solo una peseta. ¿Quien se va a preocupar por tan poca cantidad? De todas formas la compañía de autobús recibe mucho de las tarifas y no la echarán de menos. Acéptalo como un regalo de Dios." Pero cuando llegó a su parada, se detuvo y, pensando de nuevo, decidió darle la peseta al conductor diciéndole, "Tome, usted me dio esta peseta de más."

El conductor, con una sonrisa le respondió, "Se que eres el nuevo predicador del pueblo. He pensando regresar a la iglesia y quería ver que usted haría si yo le daba demasiado cambio”

Se bajó el predicador sacudido por dentro y dijo: "Oh Dios, por poco vendo a Tu Hijo por una peseta."

Nuestras vidas serán la única Biblia que algunos jamás leerán.

Testimonio de la Dra. Gloria Polo


Fulminada por un rayo, se encuentra a la puerta del infierno cuando Jesús le da una segunda oportunidad...
Resumen de su testimonio.




La Dra. Gloria Polo y su sobrino se apresuraban bajo la lluvia compartiendo un pequeño paraguas.... De repente les cae un rayo. "Nos dejó carbonizados; mi sobrino fallece allí". A ella le destruye el cuerpo

"Me quema de forma espantosa todo mi cuerpo, por fuera y por dentro. Esto que ven aquí, este cuerpo reconstruido, es misericordia de nuestro Señor. (El rayo) me carboniza, me deja sin senos, prácticamente se me desaparece toda mi carne y mis costillas; el vientre, las piernas... sale el rayo por el pie derecho, se me carboniza el hígado, se me queman los riñones, los pulmones".

Según su testimonio, ella era una mujer dominada por la mentalidad del mundo, "Católica dietética".

Tuvo la experiencia de la muerte: terminó ese descenso por entre todos esos túneles y llego a una parte plana desesperada, esa voluntad de hierro que decía que tenía, es que a mi nada me quedaba grande, no me servía de nada. Porque yo quería subir e igual estaba ahí, y veo como en el piso se abre una boca grandísima y siento un vacío impresionante en mi cuerpo, un abismo al fondo inenarrable, porque lo más espantoso de ese hueco era que no se sentía ni un poco del amor de Dios, ni una gota de esperanza y ese hueco tiene como unas chupas y me halan y yo grito aterrorizada....

Y en ese dolor empiezo a gritar “¿quién se equivocó?”. Miren yo tan santa. Jamás he robado yo nunca he matado, yo le daba mercados a los pobres, yo sacaba muelas gratis a los que necesitaban. ¿Yo que hago aquí? Yo iba a misa los domingos, a pesar de que me consideraba atea nunca falté, si en mi vida falté cinco veces a misa fue mucho. Yo era alma que siempre iba a misa. Y yo que hago aquí. Yo soy católica, por favor yo soy católica sáquenme de aquí. Cuando yo estoy gritando que soy católica, veo una lucecita y miren una luz en esas tinieblas es el máximo regalo que puede recibir uno. Veo unas escaleras encima de ese hueco, veo a mi papé, que había fallecido cinco años atrás, casi a ras del hueco, un poquito de luz tenía y cuatro escalones más arriba veo a mi mamá, con mucha más luz y en esa posición como de oración...

Y empiezo a gritar de nuevo:” ¡por favor, miren, sáquenme de aquí, que soy católica!,” ¿pero quién se equivocó?" ¡Por favor, sáquenme de aquí! Y cuando yo estoy gritando esta segunda vez, se escucha una voz, es una voz dulce, es una voz que cuando la escucho se estremece toda mi alma, y todo se inundó de amor y de paz, y todas esas criaturas salieron despavoridas, porque ellas, no resisten el amor, ni la paz y hay paz para mi, me dice esa voz tan preciosa: “muy bien, y si tú eres católica dime los mandamientos de la ley de Dios”. Y que rajada tan horrible, ¿oyeron? yo sabía que eran diez pero de ahí en adelante ¡nada!...

...Ni siquiera la mínima expresión de amor con tu Señor. ¿Ser agradecida?, ¡jamás! Ni siquiera abría los ojos ¡Señor, gracias por este día que me has dado, gracias por mi salud, por la vida de mis hijos, por que tengo un techo, pobrecitos los que no tienen techos, ni comida Señor....!! Nada. ¡Desagradecidísima! y fuera de eso, pusiste tan debajo a tu Señor, que creías más en Mercurio y Venus para la suerte, andabas pegada a la astrología diciendo que los astros manejaron tu vida. Empezaste a andar en todas las doctrinas que te ofrecía el mundo, empezaste a creer que simplemente morías y volvías a empezar. ¡Y te olvidaste de la Gracia! De que tú habías costado un precio de sangre a tu Señor.

Me hacen un examen de los Diez Mandamientos. Me muestran que yo decía que adoraba, que amaba a Dios. Con mis palabras; y adora a Satanás. Porque en mi consultorio llegaba una señora a hacer riegos, y yo decía: "Yo no creo en eso" pero échelos por sí las moscas"! Y empezaba a echar ella rieguitos para la buena suerte.

... y me decía el Señor “nunca pensaste… ¡pobrecitos Señor los enfermos! Dame la gracia de ir allá a acompañarlos en su soledad. Los niños que no tienen mama, los huerfanitos, cuantos niños sufriendo Señor.”……..mi corazón de piedra……. ¡Total! En el examen de los diez mandamientos no pasé ni medio.

...Por ejemplo yo di muchos mercados a gente necesitada pero daba no por amor, daba por mi imagen, porque como era muy rico que todo mundo me viera la gracia, y como era de rico manipularle la necesidad a la gente.

...Y vean hermanos aprendí que las palabras no se las lleva el viento, cuando mi mamá se me ponía muy terca le decía: “mamá, sabes qué, ¡que me parta un rayo si te estoy diciendo mentiras!”, y la palabra se fue en el tiempo, pero miren por misericordia de Dios estoy aquí, porque en realidad el rayo entró y me atravesó prácticamente en dos partes y me quemó.

...Mostraban cómo nunca fui agradecida con el Señor, y también me mostraban lo que yo decía cuando me daba pereza ir a misa: “pero mamá, si Dios está en todas partes qué necesidad tengo de ir allá. Claro me era muy cómodo decir eso; y la voz me repetía que yo tenía al Señor veinticuatro horas en el día pendiente de mi, y yo no rezaba ni un poquito o un domingo a darle gracias al Señor, mostrarle cuán grande era mi agradecimiento y mi amor por El, y me quedaba grande, pero lo peor del caso, es que esa entrada a la iglesia era el restaurante de mi alma, me dediqué a cuidar mi cuerpo, me volví esclava, y se me olvidó un pequeño detalle, tenía un alma y jamás cuidé de ella, nunca la alimenté con la Palabra de Dios porque yo muy cómodamente decía que el que lee la palabra de Dios se volvía loco.

...Cuando llegamos al quinto mandamiento el Señor me mostraba que yo era una asesina espantosa y que cometí lo peor y lo más abominable ante los ojos del Señor, el aborto. Miren es que el poder que me dio el dinero me sirvió para financiar varios abortos porque yo decía: “la mujer tiene derecho a escoger cuando quiere quedar embarazada o no”. Miré en el libro de la vida y me dolió tanto cuando vi a una niña de catorce años abortando. Yo le había enseñado, porque saben que cuando uno tiene veneno nada bueno queda, y todo a lo que se acerca se daña.

...Unas niñas, tres sobrinas mías y la novia de un sobrino abortaron, las dejaban ir a mi casa porque yo era la de plata, la que las invitaba las que les hablaba de moda, de glamour, y de cómo exhibir su cuerpo, y mi hermana me las mandaba allá. Miren cómo las prostituí, prostituí menores que fue otro pecado espantoso después del aborto, porque yo les decía a esas niñas: “no sean bobitas mijitas es que sus mamás les hablan de virginidad y de castidad porque están pasadas de moda, ellas hablan de una Biblia de hace dos mil años, y los curas no se han querido modernizar, ellas hablan de lo que decía el Papa, pero ese Papa está pasado de moda.

Imagínense mi veneno y les enseñé a las niñas que ellas tenían que disfrutar de su cuerpo pero que tenían que planificar. Yo les enseñé los métodos de planificación “perfecta mujer”, y esa niña de catorce años, la novia de mi sobrino llega un día a mi consultorio (lo vi en El Libro de la Vida), llorando me dice “¡Gloria, soy un bebé y estoy embarazada!”, y yo le dije: “bruta, ¿no le enseñé a planificar?” y entonces me dice: “sí, pero no funcionó”. Entonces miré y el Señor me ponía allí esa niña para que no se hundiera en el abismo, para que no fuera a abortar, porque es que el aborto es una cadena que pesa tanto, que arrastra y pisotea, es un dolor que nunca se acaba, es el vacío de haber sido un asesino. Es lo peor a un hijo. Y saben que fue lo peor de esa niña, que en lugar de yo hablarle del Señor le di plata para que fuera a abortar en un lugar muy bueno para que después no la fueran a perjudicar. Así como ése patrociné varios abortos, cada vez que la sangre de un bebé se derramaba era como un holocausto a Satanás, es un holocausto, al Señor le duele y se estremece cada vez que se mata un bebé porque en el libro de la vida, vi como el alma de nosotros tan pronto como se tocan el espermatozoide y el óvulo se forma una chispa hermosa una luz cogida del sol de Papa Dios, el vientre de una madre tan pronto es fecundado se ilumina con el brillo de esa alma y cuando se aborta esa alma grita y gime de dolor así no tenga ojos ni carne, se escucha ese grito cuando lo están asesinando y el cielo se estremece y en el infierno se escucha otro igual pero de jubilo, de inmediato del infierno se abre unos sellos y salen unas larvas para seguir asediando a la humanidad, y seguir haciéndola esclava de la carne y de todas esas cosas que se ven y se verán cada día peor.

Porque ¿cuántos bebés se matan a diario? Y eso es un triunfo para él. Como será que ese precio de sangre inocente ocasiona un demonio más afuera y me lavan en esa sangre y mi alma blanca se empezó a poner absolutamente oscura. Después de los abortos ya no tuve más convicción de pecado, para mi todo eso estaba bien. Y lo triste también ver cómo en esos pagarés que me tenía el maligno, allí me mostraba todos los bebés que yo había matado también, porque ¿saben qué? Yo planificaba con la T de cobre y fue doloroso ver cuántos bebitos habían sido fecundados y se habían destruido ellos solos, y el grito de ese bebé desgarrándose da las manos de papá Dios. De razón que vivía amargada y mal geniana, haciendo mala cara, frustrada con todos y con mucha depresión. Claro, me había vuelto una maquina de matar bebés.

Y eso me hundió más en el abismo; ¿cómo que no había matado? Y qué decir de cada persona que me cayó gorda, que odiaba, que detestaba. ¡Ahí ya era aún asesina! Porque no sólo con un disparo se mata a una persona, basta con odiarla con hacerle el mal, con tenerle envidia, con eso ya se le mata.

En cuanto al sexto mandamiento de no fornicar yo dije: “no aquí si no me van a levantar ni un amante porque yo toda la vida solamente he tenido un hombre y es mi esposo”. Cuando me muestran que yo cada vez que yo estaba con mis senos descubiertos y mi cuerpo con mis trusas estaba incitando a otros hombres a que me miraran y tuvieran malos pensamientos y los hacía pecar y así fue como entré en adulterio.

Yo les aconsejaba a las mujeres que fueran infieles con sus esposos, les decía: no sean bobas desquítense no los perdonen y más bien divórciense, ya con eso estaba cometiendo un abominable adulterio.

Y me di cuenta que los pecados de la carne son espantosos y son condenatorios así el mundo les diga que son chéveres y que sigamos actuando como animales. Tristemente me solté de la mano del Señor, porque los pecados están en los pensamientos, en el alma y en la acción.

En el séptimo mandamiento de no robar, yo me consideraba honesta; y el Señor me mostraba que mientras que en mi casa desperdiciaba la comida, tanta hambre que padecía todo el mundo y me decía “yo tenía hambre y mira tú lo que hacías con lo que yo te daba, desperdiciabas, yo tenía frío y mira lo que hacías tú, esclavizada con las modas y las apariencias, gastándote mucho dinero en una inyección para estar delgada, esclavizada en el cuerpo en pocas palabras hiciste un Dios de tu cuerpo y me mostraba que yo era culpable de la miseria de mi país y que yo sí tenía que ver con eso. También me mostraba que cada vez que yo hablaba mal de alguien, le robaba la honra y difícil devolvérsela, que hubiera sido más fácil reparar al robarle un billete a una persona porque le habría podido devolver la plata y no robarle el buen nombre a una persona. Le robaba a mis hijos la gracia de una mamá en la casa, tierna, una mamá que les amaba y no la mamá en la calle dejando a los niños solos con el papá televisor, la mamá computadora o con los juegos de video y para calmar mi conciencia les compraba ropa de marca.

...les voy hablar un poquito de no levantar falsos testimonios. Ni mentir, en eso si que fui experta ¿oyeron? porque Satanás se volvió mi papá, porque tú tienes tu papá Dios y a Satanás.

Si Dios es Amor y yo odio ¿quién es mi Papá? no era tan difícil y si Dios me habla del perdón y de amar a los que me hacen daño y yo decía el que me la hace me la paga y hasta allí llegó conmigo, pues ¿quién era mi papá? y si El es la verdad y Satanás es la mentira ¿quién era mi papá? y no hay mentira ni rosada, ni amarillita ni verdecita, todas las mentiras son mentiras, y Satanás es su padre.

Tan terrible fueron los pecados de mi lengua. Que yo veía con mi lengua cuánto daño hacía. Cuando yo chismoseaba, cuando yo me burlaba, le colocaba un apodo a alguien, como sentía esa persona. Cómo le dolía el apodo. Cómo le podía crear complejo de inferioridad a una persona gordita que le andaba diciendo gorda, cómo cuanto mal hacía y cómo la palabra siempre terminaba en una acción.

Cuando me hacen el examen de los 10 mandamientos y de la codicia salieron todos mis males ese deseo loco. Yo pensaba que iba a ser feliz teniendo mucho dinero y se me volvió una obsesión tener dinero. Lástima. Cuando tuve mucho dinero, fue el peor momento que vivió mi alma hasta el punto de querer suicidarme.

...Después de ese examen de los 10 Mandamientos, me muestran "El Libro de la Vida", hermoso, yo ya quisiera tener palabras para describirles "El Libro de la Vida", empezó desde la concepción tan pronto se unieron el par de células de mis padres de inmediato, hubo ¡zas! una chispa, una explosión hermosa y se formó una alma, el alma mía cogida de la mano de Papá Dios me encontré un Papá Dios tan hermoso. Tan maravilloso 24 horas al día cuidándome buscándome y lo que yo veía que era castigo. No era más que su amor porque El mira no aquí en mi carne, sino miraba mi alma, y miraba cómo me iba alejando de la salvación, ese "Libro de la Vida", para terminar les voy a dar un ejemplo de cómo es de hermoso el "Libro de la Vida".

Yo era muy hipócrita y a la gente le decía a alguien ¡huy! oye como estás de linda, qué vestido tan precioso, cómo se te ve de lindo, y por dentro decía: "huy, qué pinta tan asquerosa, y todavía se cree la reina". En mis pensamientos. En ese libro se ve igualito lo que yo decía con mi lengua, con una diferencia. Se veían mis pensamientos, y se veía el interior de mi alma. Todas mis mentiras quedaron al rojo vivo, vivas, todo el mundo se dio cuenta. A mi mamá cuántas veces me le volaba porque mi mamá no me dejaba ir para ningún lado. Mami tengo un trabajo en grupo en la biblioteca y mi mamá creía el cuento. Y arrancaba a ver una película de pornografía, o a un bar a tomar cervezas con mis amigas y mi mamá viendo mi vida, nada se escapó.

... Me pregunta el Señor ¿qué tesoros espirituales traes? Tesoros espirituales y mis manos iban vacías, no llevaba nada mis manos iban absolutamente desocupadas, es cuando me dice de qué te sirve decir que tenías 2 apartamentos, que tenías casas que tenías consultorios. Que te considerabas una profesional con muchísimo éxito. Te pudiste traer el polvo de un ladrillo aquí. Es cuando me dice ¿Qué hiciste con los talentos que yo te di? ¿Talentos? Tenía una misión. La misión de defender el reino del amor. El reino de Dios. Se me había olvidado que tenía alma, muchísimo menos que tenía talentos, que yo, era las manos misericordiosas de Dios. Mucho menos que todo el bien que dejé de hacer le dolió al Señor. Porque ¿saben qué era lo que siempre me preguntaba el Señor? La falta de amor y caridad en el prójimo siempre me preguntaba por el amor, y es cuando me dice:-"Es que tú muerte espiritual... Estaba viva pero muerta. Si hubieran visto que es "muerte espiritual" cómo es un alma que odia. Cómo es un alma espantosamente terrible de amargada y de fastidiosa. Que le hace mal a todo el mundo. Cuando uno está lleno de pecados, y ver mi alma por fuera oliendo muy rico y con buena ropa y mi alma oliendo horrible viviendo en los abismos. Con razón tanta depresión y tanta amargura. Y me dice: "Es que tu muerte espiritual comenzó cuando a ti te dejaron de doler todos tus hermanos". Era una alerta cuando veías el sufrimiento de tus hermanos: en todas partes. O cuando veías en los medios de comunicación, mataron, secuestraron, desplazaron y tú con la lengua por afuera dices:-" ¡Ay pobrecitos! Qué pecadito". Pero no te dolían tus hermanos. En el corazón no sentías nada, toda de piedra, el pecado te lo petrificó.

Cuando se cierra mi Libro, ustedes se imaginan la tristeza tan grande mía. Cuán dolor fuera de eso, por haberme portado así con mi Papá Dios, porque a pesar de todos mis pecados, a pesar de toda mi inmundicia y de toda mi indiferencia y de todos mis sentimientos horribles, el Señor siempre hasta el último instante me buscó, siempre me enviaba instrumentos, personas, me hablaba, me gritaba, me quitaba cosas para buscarme, él me busco hasta el último instante.

Escogí a Satanás, ese fue mi papá, y cuando se cerró ese libro, yo veo que en mi mente, estoy de cabeza porque me voy, a un hueco y después de ese hueco se va abrir una puerta. Y allí ya voy, y empecé gritarle a todos los santos que me salvaran, ustedes no tienen idea la cantidad de santos que llegué a saber yo no tenía idea que sabía tantos santos, era tan mala católica, que pensaba que igual me salvaba San Isidro el labrador, que San Francisco de Asís, y cuando se me acabaron todos los santos, el mismo silencio. Sentía un vacío, un dolor tan grande. Diciendo: y todo el mundo allá en la tierra pensando que "tan Santa" esperando que yo me muera para pedirme un milagrito. Y ¡Miren! ¿Para donde me voy?

No, levanto los ojos y me encuentro con los ojos de mi mamá. Y con mucho dolor le grito:- ¡Mami!. Que vergüenza ¡Me condené madre a donde yo voy, no te voy a volver a ver jamás. Y en ese momento a ella le concedieron una gracia muy bella. Estaba inmóvil y le permiten mover sus dos deditos hacia arriba y ella señala allí y saltan de mis ojos dos costras espantosamente dolorosas, esa ceguera espiritual. Salta allí, y veo un momento hermoso. Cuando una paciente me había dicho:- "Mire doctora. Usted es muy materialista y un día lo va a necesitar. Cuando usted esté en eminente peligro, cualquiera que sea, pídale a Jesucristo que la cubra con su sangre que él nunca, nunca la va abandonar. Porque El pagó un precio de su sangre por usted". Y con esa vergüenza tan grande y ese dolor empecé yo a gritar: - Jesucristo. Señor ten compasión de mí !perdóname, Señor dame una segunda oportunidad! Y ese fue el momento más bello, yo no tengo palabras para describir ese momento, El baja y me saca de ese hueco. Cuando El me recoge, todas esas cosas se botaron al piso. Me levanta y me saca en esa parte planita, y me dice con todo ese amor:- "Vas a volver, vas a tener tú segunda oportunidad (...), pero me dice, pero no por la oración de tu familia. Porque es normal que ellos "oren y clamen por ti, sino por toda la intercesión de todas las personas ajenas a tu carne y a tu sangre que han llorado, han orado y han elevado su corazón con muchísimo amor por ti”.

Y empiezo a ver cómo se prenden un montón de lucecitas que son como llamitas blancas llenas de amor. Y veo a las personas que están orando por mí. Pero había una llama grande, grande que era la que más luz daba. La que más amor daba. Yo miraba quién era esa persona que me amaba tanto. Y me dice el Señor: -"Esa persona que tú ves allí, es una persona que te ama tanto, tanto que ni siquiera te conoce". Y me mostraba, había visto el recorte en la prensa del día anterior porque bajo al pueblo, bien pobre, era un campesino que vivía al pie de la Sierra Nevada de Santa Marta. Bajó el hombre bien pobrecito. Compró una panela y se la envolvieron en una hoja del "Espectador" del día anterior. Estaba ahí mi fotografía, quemada. Cuando ese hombre ve esa noticia que ni la leyó de corrido se fue para el piso y empieza a llorar con un amor tan grande, y dice:- "Padre. Señor ten compasión de mi hermanita. Señor sálvala, señor mira Señor. Si tú salvas a mi hermanita, yo te prometo que me voy al "Santuario de Buga" y te cumplo una promesa, pero sálvala".

Imagínense un hombre pobrecito, no estaba renegando ni maldiciendo por qué estaba aguantando hambre, con una capacidad de amor ofrecerse a atravesar todo un país, por alguien, que no conocía. Y me dice el Señor: "Eso es Amor al Prójimo" (...) y cuando me dice esto: vas a volver pero tú no lo vas a repetir 1000 veces. Sino 1000 veces mil. Y hay de aquellos que oyéndote no cambiaron. Porque van a ser juzgados con más severidad. Como lo vas a ser tú en tu segundo regreso. Los ungidos que son sus sacerdotes o cualquiera de ellos, porqué no hay peor sordo que el que no quiere oír, ni peor ciego que el que no quiere ver.

Y esto mis queridos hermanos no es una amenaza, el Señor no necesita amenazarnos, esta es la segunda, oportunidad que ustedes tienen y ¡gracias a Dios que viví lo que yo viví! Porque cuando les abran "El Libro de la Vida" a cada uno, cuando se mueran cada uno de ustedes, vamos a ver este momento igualito, y vamos a vernos tal cual estamos con la diferencia que vamos a ver nuestros pensamientos, y nuestros sentimientos en la presencia de Dios, y lo más hermoso es que cada quien va a ver el Señor en frente de cada uno de nosotros. Otra vez pidiéndonos que nos convirtamos, para que de verdad empecemos a ser nuevas criaturas con El, sin El no podemos.

Que el Señor los bendiga a todos grandemente. La gloria para Dios. La gloria para nuestro señor Jesucristo.

Libertad de expresión de los autobuses ateos


La Conferencia Episcopal Española acaba de publicar una Nota de prensa en la que pide que los poderes públicos defiendan el derecho a la libertad religiosa de una gran parte de la población prohibiendo el anuncio de ciertas organizaciones ateas en los autobuses municipales. La Nota argumenta que el anuncio en cuestión resulta ofensivo, y la libertad de expresión de los ciudadanos se debe ejercer con respeto a las convicciones más íntimas de los demás ciudadanos.

A mi juicio esta nota de la Conferencia Episcopal Española se debe entender en el contexto de la doctrina de la Iglesia Católica acerca de la libertad religiosa. En efecto, según la Declaración Dignitatis Humanae del Concilio Vaticano II la libertad religiosa “consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción, tanto por parte de individuos como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos”.

Como católico, quien suscribe este artículo no se opone a que las organizaciones ateas empleen su dinero en hacer propaganda de sus creencias religiosas —o de la ausencia de ellas—. La misma Conferencia Episcopal indica en su Nota de prensa que “los católicos respetarán el derecho de todos a expresarse”. De hecho desde hace decenios ha habido muchas denominaciones religiosas que han hecho propaganda de sus creencias por medios públicos, y las autoridades de la Iglesia Católica siempre han respondido con respeto.

Este anuncio sin embargo es distinto, porque en él las organizaciones ateas no exponen su doctrina, sino que critican a los que profesan otra doctrina llamándoles infelices, injurian a los que creen en Dios, por lo que es natural que los creen en Dios reaccionen y pidan protección a los poderes públicos. Los partidos políticos, cuando se acerca una convocatoria electoral, piden el voto para su formación mostrando su programa electoral, lo comparan con el de los demás partidos y defienden la bondad de sus propuestas y argumentan que las demás propuestas son ineficaces, pero no insultan a los que voten al partido rival. El anuncio ateo de los autobuses considera infelices a los creyentes. Parece razonable que los creyentes pidan a las autoridades que les tutelen en su dignidad.

En diciembre una sentencia reconoció el derecho de un padre a retirar el crucifijo de las aulas de un colegio público de Valladolid frente a la voluntad de mantenerlo de los demás padres del mismo colegio. Ojalá que esta vez los poderes públicos reconozcan el derecho de la mayoría a no ser insultados frente al deseo de unos pocos. Hay que respetar la libertad de expresión de los ateos, y también la libertad religiosa de los creyentes.

Pedro María Reyes Vizcaíno
Editor de Iuscanonicum.org

¿Sabes cuál es el valor de una Misa?


Hace muchos años, en la ciudad de Luxemburgo, un capitán de la guardia forestal se entretenía en una animada conversación con un carnicero cuando una señora ya mayor entró a la carnicería. Ella le explicó al carnicero que necesitaba un pedazo de carne, pero que no tenía el dinero para pagarlo.

Mientras tanto, el capitán encontró la conversación entre los dos muy entretenida, "un pedazo de carne, pero cuánto me va a pagar por eso?" preguntó el carnicero. La señora le respondió, "perdóneme, no tengo nada de dinero, pero iré a Misa por usted y rezaré por sus intenciones". El carnicero y el capitán eran buenos hombres pero indiferentes a la religión y se empezaron a burlar de la respuesta de la mujer.

"Está bien" dijo el carnicero, "entonces usted va a ir a Misa por mí, y cuando regrese le daré tanta carne como pese la Misa". La mujer se fue a Misa y regresó. Cuando el carnicero la vio viniendo cogió un pedazo de papel y anotó la frase "ella fue a Misa por ti", y lo puso en unos de los platos de la balanza, y en el otro plato colocó un pequeño hueso. Nada sucedió e inmediatamente cambió el hueso por un pedazo de carne. El pedazo de papel pesó más.

Los dos hombres comenzaron a avergonzarse de lo sucedido, pero continuaron. Colocaron un gran pedazo de carne en unos de los platos de la balanza, pero el papel siguió pesando más.

Entrando en desesperación, el carnicero revisó la balanza, pero todo estaba en perfecto estado. "¿Qué es lo que quiere buena mujer, es necesario que le de una pierna entera de cerdo?", preguntó. Mientras hablaba, colocó una pierna entera de carne de cerdo en la balanza pero el papel seguía pesando más. Luego un pedazo más grande fue puesto en el plato, pero el papel siguió pesando más.

Fue tal la impresión que se llevó el carnicero que se convirtió en ese mismo instante y le prometió a la mujer que todos los días le daría carne sin costo alguno. El capitán dejó la carnicería completamente transformado y se convirtió en un fiel asistente de Misas todos los días. Dos de sus hijos se convertirían más tarde en sacerdotes, uno de ellos jesuitas y el otro del Sagrado Corazón. El capitán los educó de acuerdo a su propia experiencia de fe. Luego advirtió a sus dos hijos que "deberán celebrar Misa todos los días correctamente y que nunca deberán dejar el sacrificio de la Misa por algo personal".

El Padre Stanislao, quien fue el que me contó todos los hechos, acabó diciéndome: "Yo soy el sacerdote del Sagrado Corazón, y el capitán era mi padre".

Sarcasmos eutanásicos




En el debate sobre la eutanasia hay un ingrediente de «truhanería compasiva». El bueno de Bernat dijo hace algún tiempo, para alborozo de la parroquia eutanásica: «Tu cuerpo es tuyo, eso es socialista»; donde subyace la negación de una instancia divina que pueda determinar lo que debemos hacer con nuestro cuerpo.

Según el apotegma del bueno de Bernat, cada individuo puede disponer de su vida como le viene en gana, en un ejercicio de voluntad soberana; y este principio de autonomía de la voluntad sería el que justificase la eutanasia. Pero la autonomía de la voluntad individual es el espantajo que la parroquia eutanásica enarbola para distraer nuestra atención de lo que en verdad persigue, que es exactamente lo contrario.

Pues la parroquia eutanásica, a la vez que niega que una instancia divina pueda establecer los límites de la vida, postula que una instancia humana –¡con certificado progre, of course!– los establezca en su lugar. De modo que donde el bueno Bernat dice «tu cuerpo es tuyo» debe añadirse «... y el de tu prójimo también».

Que es lo que ocurre en este caso de la italiana Eluana, a quien nadie le ha preguntado si desea quitarse la vida; y como esta pregunta Eluana no parece en disposición de responderla, llega entonces la parroquia eutanásica y nos dice: «Pues, a falta de respuesta de Eluana, nosotros decidimos por ella y le damos matarile».

Erigirse en juez omnímodo sobre las vidas ajenas no parece conjugarse demasiado bien con el principio de autonomía de la voluntad que la parroquia eutanásica enarbola a modo de coartada. Entonces hay que desplegar una estrategia propagandística de confusión que, a simple vista, parezca un ejercicio de filantropía. Primeramente, ha de lograrse que la sociedad restrinja su concepción de «vida humanamente digna»; de esta concepción restringida debe quedar expulsado el quebranto físico y moral, las enfermedades incurables, la decrepitud.

Una «vida humanamente digna», para la parroquia eutanásica, es aquella que puede disfrutarse en plenitud; la vida doliente, acechada por los padecimientos, se convierte de inmediato en vida indigna y prescindible. Para imponer esta concepción (contraria al impulso natural del hombre, que lo empuja a aferrarse a la vida) se recurre a calculadas campañas de «concienciación social», que básicamente consisten en pillar a enfermos atenazados por la desesperación, afianzarlos en su propósito suicida y exhibir carroñeramente su muerte en directo, convirtiéndolos en modelos de ejemplaridad pública.

Convertir a alguien en modelo de ejemplaridad pública significa decir: «Tú en su lugar harías lo mismo». Esto es: tú tampoco soportarías los padecimientos que esa persona soportaba; tú tampoco serías capaz de vivir postrado en una silla de ruedas, o conectado a una máquina. Y, una vez logrado esto, el deslizamiento moral que propone la parroquia eutanásica es el siguiente: «Y esos sufrimientos que no querrías para ti, ¿por qué permites que los sufran otros?». De donde se desprende que a los enfermos postrados en una silla de ruedas, o conectados a una máquina, hay que darles matarile por compasión.

Naturalmente, se trata de una compasión falsificada: pues lo que la verdadera compasión anhela es compartir el sufrimiento ajeno; lo otro es desapasionamiento e impiedad. Y detrás de la impiedad siempre hay un interés utilitario, que en este caso no es otro que librarse de las vidas que se han convertido en una carga gravosa.

Y el sarcasmo eutanásico se completa cuando a los que se resisten a comulgar con tanta impiedad se les tacha de impíos fundamentalistas, esclavos de una instancia divina. ¿Para qué hace falta una instancia divina, si nuestros progres se lo guisan y se lo comen todo, erigidos en jueces omnímodos

Juan Manuel de Prada

La muerte de Eluana Englaro no es la última palabra


Portavoz vaticano: Pide que sea motivo de reflexión sobre el valor de la vida humana

La muerte de Eluana Englaro, la mujer italiana de 38 años, en estado vegetativo desde hace 17, fallecida en la noche de este lunes no tiene la última palabra, asegura el portavoz vaticano.

El padre Federico Lombardi S.I., director de la Oficina de Información de la Santa Sede, ha comentado el desenlace terreno de esta frágil vida, que tuvo lugar, mientras en el Senado de Italia se debatía un proyecto de ley para prohibir la suspensión de la nutrición e hidratación que mantenía a la joven a con vida.

El sacerdote ha recordado a Eluana como "una persona a la que hemos querido mucho y que en los últimos meses se ha convertido en parte de nuestra vida''.

"Ahora, que Eluana está en la paz, esperamos que su caso, después de tantas discusiones, sea motivo para todos de una reflexión serena y de búsqueda responsable de los mejores caminos para acompañar a las personas más débiles, con amor y cuidadosa atención, con el debido respeto del derecho a la vida", afirma en una nota difundida a través de Radio Vaticano.

Citando las palabras que Benedicto XVI pronunció durante el Ángelus de este domingo, su portavoz mencionó especialmente a las personas que "no pueden valerse por sí mismas, sino que dependen totalmente de los demás".

"La muerte de Eluana nos deja necesariamente una sombra de tristeza por las circunstancias en las que ha tenido lugar", reconoce el padre Lombardi.

"Pero la muerte física no es nunca para el cristiano la última palabra. Por tanto, en nombre de Eluana, seguiremos buscando los caminos más eficaces para servir a la vida", concluye.

La muerte de Eluana tuvo lugar cuando cumplía el tercer día sin alimentos ni hidratación en la clínica "La Quiete" de la ciudad de Údine.

Los obispos italianos habían pedido repetidas veces que se le mantuviera en vida, pues no dependía de máquinas para vivir, sino únicamente del suministro de alimentación e hidratación.

Al hacerse pública la noticia de su muerte, la Conferencia Episcopal Italiana publicaba un comunicado para manifestar su "grandísimo dolor" y expresar la esperanza de que su muerte una "a quienes creen en la dignidad de la persona y el valor inviolable de la vida, sobre todo cuando es indefensa".

"Dirigimos un llamamiento a todos para que no desfallezca esta pasión por la vida humana, desde su concepción hasta su ocaso natural", concluyen los prelados italianos.

Rafa Nadal un ídolo a imitar



Rafa Nadal no decepciona. ¿Se imaginan que Rafa fuera economista o constructor? Quizá si tuviéramos su espíritu de trabajo, de esfuerzo, de pelear hasta el último suspiro, de no dar nada por perdido, de querer superarse a si mismo… otro gallo nos cantaría. ¡Nadal!

¿Por qué no aprovechas uno de esos micrófonos que te ponen y explicas que tú te cansas, que cada bola te agota, que dedicas muchas horas al entreno, que has prescindido de muchos caprichos por hacer muy requetebién tu trabajo?

Hablaremos muchos días del héroe de Manacor, presumiremos de cómo está el deporte español, pero probablemente cada uno seguirá en lo suyo, con sus costumbres.

Nos cuesta tomar ejemplo de las personas nobles, rectas, sacrificadas y trabajadoras. Nos gusta demasiado la vida fácil y nos hemos acostumbrado a que alguien resolverá las cosas y de que tenemos derecho al subsidio de paro. (evidentemente esto no es aplicable a todos los ciudadanos)

http://blocs.tinet.cat/blog/una-gota-en-el-mar.-por-pilar-crespo-alvarez

EL OPTIMISMO ANTE LA VIDA


El optimismo es un asunto muy importante en la vida. Que hay que ser optimista, que duda cabe. La persona pesimista lo pasa muy mal y, en la medida de lo posible, se trata de pasarlo bien. El pesimista se lo hace pasar mal a los demás, por lo tanto no tiene sentido de solidaridad.

Es un deber hacer que los demás lo pasen bien. El pesimista es un hombre que recorta su actuación y que, por consiguiente, no hace nada útil, tiene pocos estímulos, es más bien una persona acobardada a la que todo le cuesta mucho trabajo. La persona que ve el mundo con tinta negra, evidentemente, tiene mucho menos estímulos para actuar.

El pesimismo es una visión negra de la vida. El pesimista suele tener una visión peyorativa de las cosas. El optimismo lleva consigo una apreciación positiva de la vida, del mundo entorno, de esa realidad con la que cada uno tiene que tratar. El optimismo se contagia, y el pesimismo también.

Se trata de hacer una opción, pero las opciones deben ser razonables, no se trata de ser optimista sencillamente porque sí, o yendo contra la realidad, o contra lo que es evidente. La persona optimista no es una persona ingenua, ni el optimismo es una simple actitud ante la vida para hacerla más fácil; tampoco el optimismo es algo innato que nace con algunas personas, ni es una cualidad más del carácter.

Hay personas que son entusiastas y que con facilidad se entusiasman por las cosas, pero no son constantes. No cabe duda, es mucho mejor ser optimista que pesimista. Hay un autor, Hegel, sobre el cual he escrito un libro, publicado por la Universidad de Piura, que dice que hay dos maneras distintas de ser entusiasta, es decir, que existen dos tipos de pasión: La pasión cálida y la pasión fría. Afirma que es mejor ser fríamente apasionado porque la persona cuando ha enfriado la pasión demuestra un interés mayor por las cosas.

Después de estas precisiones iniciales, podremos abordar un poco la cuestión. Me parece interesante comentar una sentencia que dice así: "El optimista es el que sostiene que vivimos en el mejor de los mundos posibles y el pesimista es el que se lo cree". Según la sentencia hay dos tipos de optimistas. El primero admite que éste es el mejor de los mundos posibles; podríamos decir que es un optimista cándido. El segundo sería el que sostiene la tesis contraria, no estamos en el mejor de los mundos posibles, por tanto, podemos mejorarlo. Este sería el optimista realista.

Si estuviéramos en el mejor de los mundos posibles, la verdad es que las cosas serían muy aburridas, pues no tendríamos nada que hacer. El hecho cierto de que no sea el mejor de los mundos posibles es una verdad estimulante.

Efectivamente, no estamos en el mejor de los mundos posibles, por el contrario, estamos en un mundo, en donde, por muchos motivos, las cosas no están bien, pero precisamente por eso, debemos empeñarnos en arreglarlas, en lograr que las situaciones mejoren.

Esta diferencia entre optimistas, el optimista cándido y el otro optimista, que de ninguna manera es el verdadero optimista, se explica, si se tienen en cuenta dos cosas: en primer lugar que el mejor de los mundos posibles es incompatible con el ser humano, ya que en el mejor de los mundos posibles el hombre no tendría nada que hacer al estar todo perfecto acabado

El hombre ha sido creado para trabajar; el ser humano es activo por naturaleza y una característica de las ideas del hombre es poder añadir alguna perfección a las cosas que existen. También es característico del hombre poder mejorarse a sí mismo.

Se podría definir al hombre como el perfeccionador que perfecciona. El ser que aporta algo nuevo a la realidad con su acción, con su trabajo, logrando al mismo tiempo su mejora personal. Por consiguiente, es absolutamente imposible, sería una contradicción, que el hombre existiera en el mejor de los mundos posibles. Precisamente por eso, el primer optimista es indefiniblemente un pesimista.

Dios ha sido tan condescendiente con nosotros que ha hecho un mundo en donde el hombre sea capaz de añadir algo. Dios podía haber hecho un mundo mucho mejor que el que ha creado; si no lo ha dejado todo terminado, cosa que también podía haber hecho, es precisamente porque ha encomendado una tarea al hombre.

El hombre puede colaborar con Dios. Para poder colaborar con Dios necesita que, en cierto modo, el mundo no esté terminado. Cuando Dios crea el mundo no lo termina para que el hombre pueda contribuir a la creación.

Evidentemente, ésta es una de las manifestaciones más claras donde se nota hasta qué punto Dios ama al hombre, haciendo de él un colaborador. Es optimista aquél que sostiene que no estamos en el mejor de los mundos posibles, pero que podemos mejorarlo y, al tratar de perfeccionarlo también nosotros mejoramos. En cambio, es contradictorio, y por tanto, una forma de pesimismo, admitir que estamos en el mejor de los mundos, porque en ese caso, el hombre, insisto, no tendría nada que mejorar y por consiguiente tampoco podría tener ningún proyecto.

He de añadir que hay una variante en el primer tipo de optimista, es decir, en el optimista cándido cuando dice: No estamos aún en el mejor de los mundos posibles, por lo tanto, hay cosas mejorables; y si afrontamos en serio la tarea, mejoraremos, pero no podemos empeorar, porque el hombre es un ser llamado a mejorar.

Bien, pues este pensamiento, aunque parezca raro, también es pesimista, es progresista. El progresista, en el fondo, se confunde con el que acepta la tesis del optimista cándido. Tanto el mundo como el hombre son mejorables, pero también es verdad que una característica del ser humano es que puede mejorar o que puede empeorar.

El hombre puede mejorar, pero ese perfeccionamiento no es necesario. Puede ir hacia un mundo mejor, pero también hacia un mundo peor. Aceptar esta última tesis es propio del optimista auténtico que nos brinda la posibilidad de mejorar; en cambio admitir que la mejora es inevitable o necesaria es una postura determinista que desconoce la auténtica unidad del hombre qué se cifra, justamente, en que es un ser libre.

Sin libertad, el hombre no puede ser autor de sus actos. Un ser libre es un ser que aporta su acción, que puede ser efusivo y que también puede retraerse, puede negarse a añadir algo. Precisamente porque es libre, el hombre es un sistema abierto. Esto significa que su dinamismo oscila entre un culminar y un decaer.

Es verdaderamente optimista el que acepta estas dos cosas: Que el hombre definitivamente no vive en el mejor de los mundos posibles y que tampoco es todo lo bueno que puede llegar a ser él mismo. Ya esto se añade que siendo posible mejorar, también es posible empeorar. ¿Por qué?. Porque tanto el mejorar como el empeorar son obras de la libertad, no son procesos necesarios. Es mucho mejor que sea obra de la libertad porque es señal de que el hombre es libre.

Si al hombre se le amputa la libertad caemos en el pesimismo. Es tan profunda la vocación del hombre a ser libre, es tan profunda su necesidad de vivir en libertad, es una exigencia humana tan fuerte, que si al hombre se le quita la libertad, se le quita también la ilusión. Un hombre que no es libre se entrega al destino, se entrega a la fatalidad, abdica de ser el protagonista, resulta un ser humano esclavo.

Miren ustedes lo que ha ocurrido en la Unión Soviética. Los soviéticos creían que poseían el mejor sistema planificado, predeterminado por una especie de sujetos omnipotentes que colocaban a cada uno en su sitio. De este modo, mataron todo tipo de iniciativa humana y, como consecuencia de ello, se ha llegado a la situación actual que todos conocemos. En cuanto han abierto un resquicio la puerta de la libertad, se ha desbordado el afán humano en busca de la libertad, y el sistema se ha desmoronado. Como han estado tantos años bajo este régimen, en estos momentos, el pueblo ruso se encuentra en una situación de falta de iniciativa y es preciso que aprendan a vivir en libertad.

Es evidente que han mejorado porque han estado sometidos a un régimen que va contra la dignidad humana viviendo como en una cárcel y verdaderamente una cárcel no es el mejor lugar para vivir. Pero esto no quiere decir que hayan resuelto todos sus problemas. Al revés, ahora tienen un problema mayor como es el de aprender a vivir en un régimen diferente. Pienso que les puede costar años conseguirlo.

Con la libertad el hombre puede asumir tareas. Asumir tareas es cargarse de responsabilidades. La libertad no es como el adorno de un pastel, que se coloca encima, es algo que va por dentro del ser humano. La libertad no es "yo hago lo que quiero". No, usted no hace lo que quiere, sino lo que tiene que hacer, que no es lo mismo. Precisamente porque usted es libre sabe qué es lo que tiene que hacer y no lo que le sugiere su capricho.

No se trata de hacer un juicio de valores, pero me parece que puede haber un exceso de proteccionismo por parte del Estado. La gente se ha acostumbrado a pedir. Yo llamo a esa actitud "petitoria". La ayuda, en muchas ocasiones, es conveniente, pero con tal de que, en algún momento, no haya necesidad de seguir ayudando. La ayuda debe ser dada con la condición de que llegue el momento que ya no haga falta. Más aún, habría que plantear como objetivo último de la ayuda, la. reciprocidad: "Ahora te ayudo a ti, tú me ayudarás después a mí".

No se puede tener a una gran parte de la humanidad en la condición de no saberse valer por sí misma. Es optimista quien sabe que libremente puede ir a más, pero también sabe que, libremente, si emplea mal la libertad, puede ir a menos.

Hay que recordar también que hubo un desgraciado episodio en el que a alguien se le ocurrió comerse una manzana, ustedes saben a quien me refiero. Fue una señora llamada Eva y luego un pobre hombre llamado Adán, que la hizo caso; entre los dos estropearon el asunto. De manera que, tenemos una larga historia de defectos.

Existe mucha gente que no quiere ser libre porque tienen miedo a la libertad. No crean ustedes que solamente los pobres soviéticos tienen que aprender a vivir en libertad. Hay muchas personas que preferirían que todo estuviera predeterminado para no tener que correr ningún riego, porque en el fondo, el miedo a la libertad no es más que eso, miedo al riesgo, temor al fracaso.

Voy a decir algo sin que sea imprudente decirlo; no toda verdad se debe decir si es imprudente decirla. Pero me parece que es el lugar apropiado para comentarlo. En las actitudes antinatalistas no hay un simple egoísmo. Todas las campañas antinatalistas además de egoístas son pesimistas al pensar que la vida es un mal negocio.

Yo diría a los padres que tener hijos, evidentemente, es correr un riesgo, pero un riesgo que vale la pena. A los hijos hay que ayudarles, precisamente porque se espera que den fruto. La ayuda crónica, por así decirlo, a un país, no es una situación buena porque genera una actitud negativa por parte del que recibe la ayuda, en cambio cuando se trata de los hijos, los padres sí tienen que ayudarles a mejorar.

El auténtico optimista es el que sabe que mejorar, cuando se trata de un niño y en el fondo también cuando se trata de un ser humano adulto, es crecer: Crecer en humanidad, formarse, ir actualizando las potencialidades, ir reforzando la naturaleza humana, ir haciéndose cada vez más humanos.

Pues bien, durante toda la vida, pero principalmente en la infancia, el hombre todo eso lo puede conseguir si es educado. La educación consiste estrictamente en ayudar a crecer. No en hacer crecer. Crecer corre a cargo de cada uno. Uno no puede crecer por otro. El sujeto de crecimiento es cada ser humano. Luego, la función de los padres, no es hacer crecer, sino ayudar a crecer y esa es la esencia de la educación, cuya primera fase corresponde a los padres en exclusiva, y las otras sucesivas a los padres en colaboración con instituciones que se dedican a eso, a formar, a enseñar.

Un niño es un ser humano, en etapa de crecimiento. Poco a poco va saliendo de las situaciones que, prácticamente no sirven para nada. Cuando un niño está en la cuna no sabe hablar, balbucea, mueve los brazos y las piernas sin saber lo que hace.

Había un viejo general español, con grandes bigotes, muy valiente y muy enérgico. Tenía un nieto y le hizo un discurso, que luego publicó. Con su nieto, este general, que era tan duro y tan serio, se enternecía y le decía en forma de arenga militar: - "Cuando contemplo embelesado las mil y mil formas que con tus manitas infantiles describes en insospechadas direcciones...".

Aristóteles decía una cosa muy parecida: "lo característico de los niños es que no pueden estar quietos un momento. Los niños son esos seres que están siempre en movimiento". Y señalaba, con la agudeza del filósofo, el mérito del inventor del "sonajero", ese instrumento que mantiene al niño estático, por unos minutos.

Efectivamente, los niños se dedican a crecer. Su destino es lograr el desarrollo integral. Nuestra obligación es ayudarles a crecer, ya que si no se les ayuda, no crecerán.

El aborto es algo espantoso, es la interrupción de un crecimiento. El niño en el vientre de su madre se está formando como ser humano, está creciendo. El deber de los padres es tener hijos y educarlos, ayudándoles a crecer. El niño se hace apto para poder cumplir una multitud de funciones cuando crece.

"Ayudar a crecer ", este es el título de un libro escrito por un pedagogo español, un viejo profesor, que se llama Tomás Alvira y que a los 80 años ha publicado un libro en donde define así la educación: ¿Qué es educar?: Ayudar a crecer.

Entonces, un padre y un profesor tienen que saber que cumplen con su deber cuando ayudan a crecer, cuando enseñan a utilizar la libertad. Pero hay que saber que el hijo o el educando es un ser libre y que, por tanto también pueden fracasar.

Los padres pueden poner un enorme esfuerzo, los profesores también y sin embargo algunos lujos salen mal. No está asegurado el éxito. Pero que no esté asegurado el éxito es, insisto, uno de los motivos más grandes para el optimismo realista. Si todos los niños salieran bien, si todos los niños tuvieran buenas notas, si supieran aprovechar el tiempo y fueran agradecidos, no serían seres humanos.

Por eso los padres no deben entristecerse por el hecho de que, a veces, la acción educativa fracase. Hay que contar con el riesgo. Hay que saber educar en la libertad y para la libertad.

La capacidad que tienen los padres para ayudar es innata, no necesitan ir a una escuela para aprender. El optimismo tiene como última culminación, como la gran prueba de justificación de sí mismo, la alegría. Podríamos intentar describir lo que es la alegría.

La alegría es la coronación de un proceso de mejora; es lo más que el hombre puede sacar de las cosas. Podría decirse también que lo mejor que las cosas puedan dar es la alegría.

La alegría no es el placer; el placer tiene un orden funcional, lo mismo que el dolor. La alegría es una culminación. La vida del hombre termina en la alegría. Por eso el optimista sabe que puede perder la alegría, pero la busca y se dirige hacia ella.

Por el contrario el pesimista es tristón, produce pesimismo a su alrededor, se queja y se lamenta de todo. Ahora bien, no todas las cosas proporcionan la misma alegría, porque no todas las cosas dan de sí lo mismo Lo que más alegría proporciona al hombre es el hombre, por ser el hombre el ser que se relaciona con el hombre.

El gozo de la vida es lograr sacar puramente la esencia de una cosa. Caminamos por la vida desaprovechando alegrías. Por eso, a veces, nos ronda el pesimismo y decimos: -"Esta vida es triste "; pero la verdad es que esta vida no tiene nada de triste, lo que hay que saber es que hay alegrías de muy pocos quilates.

La mayor alegría la produce el prójimo. De ahí la gran sabiduría que encierra la Ley de Dios: -“Amarás al prójimo como a ti mismo”. Es más, si no amas al prójimo como a ti mismo, te privas de la alegría.

Lo que más alegra al hombre, es el hombre, y esto un matrimonio lo tiene que saber: Lo que más alegra al esposo, es la esposa, y si no es un pesimista; y lo que más alegra a la esposa, es el esposo.

El hombre ha sido creado para colaborar con Dios, para mejorar la realidad y para mejorarse a sí mismo y éste debe ser el ideal humano. Lo más asombroso del asunto es que el hombre es la alegría de Dios. Así lo dice la Escritura Santa en el libro de los Proverbios: "Mis delicias son estar con los hijos de los hombres".

Los hombres estamos llamados a tratar las cosas importantes y del trato con ellas se desprende la alegría. El optimista nunca está triste. Puede estar preocupado dando vueltas a los temas que debe resolver, viendo cómo saca adelante a una persona o a una empresa, o pensando cómo puede mejorar las cosas que tiene entre manos. El hombre tiene derecho a la alegría. Ante la alegría el hombre se queda extasiado. La alegría tiene una forma espléndida.

Bien, pues hemos llegado al final. Este es el resumen de lo que les quería decir, que la Providencia Divina, a la que nadie se escapa, ha previsto las cosas de tal manera que quiere que sus hijos sean protagonistas de una historia bien hecha. La alegría es la pura esencia que se escancia en la realidad. La fuente de la alegría es el crecimiento de la persona

Leonardo Polo