Verano: Lograr que todos descansen


Cuando se acercan las vacaciones, todos soñamos con la llegada, ¡por fin!, del descanso, la paz y la tranquilidad. Pero, muchas veces, nos metemos en un torbellino de actividades, trasnochadas, peleas y desorganización. Y volvemos (...) más cansados que cuando partimos. Organizar unas buenas vacaciones que compatibilicen los intereses de cada miembro de la familia y que nos ayuden a tomar fuerzas para el nuevo año que comienza, es una tarea que hay que hacer con tiempo.

El papá: Quiere relajarse, olvidarse del estrés del año y descansar. Tomar desayuno en la cama leyendo el diario, hacer algún deporte, estar con los amigos y leer un buen libro. Lo único que no quiere es más preocupaciones y problemas.

La mamá: Quiere descansar. No más ajetreos de compras, turnos, doctores, tareas. Y, sobre todo, dormir bien y que la casa funcione de la manera más fácil y dinámica posible.

Hijo adolescente: Quiere el máximo carrete en la noche y el máximo de sueño en el día. Por supuesto que quiere estar todo el día con los amigos, tomar sol y hacer lo menos posible. Aunque, en el fondo de su corazón, le gustaría conocer a alguien que le interese de verdad y, por qué no, quizás tener algún romance.

Hijos chicos: Quieren pasarlo bien. No más obligaciones. Tener a los papás las 24 horas a su servicio. En realidad, jugar y jugar.

Hijos casados: Si también está en la familia alguno casado y, más encima con guagua, ellos quieren relajarse, olvidarse del ser "dueños de casa" y volver a ser hijos. Buscan que la guagua moleste lo menos posible (y para eso se le deben respetar los horarios) y que todo sea perfecto.(...)

¿Cómo compatibilizar todos estos deseos y que lo pasemos bien juntos?

Parece una tarea titánica y que sería mejor cortar por lo sano y que cada uno haga su vida. Total, son vacaciones.

Los papás nos dedicaremos a descansar, salir con los amigos, leer, hacer lo que nos gusta y nunca podemos, mientras los hijos adolescentes saldrán con sus amigos y carretearán por su cuenta. A los chicos los podremos sacar a pasear de vez en cuando y se entretendrán con la televisión. Y qué rico aprovechar a nuestros hijos grandes para conversar y regalonear a su guagua que, mal que mal, no es tarea nuestra educarla.

Pero… ¿son esas unas verdaderas vacaciones familiares? La respuesta va más bien por ser un tiempo para estar con los hijos, conversar con ellos, conocerlos y que nos conozcan mejor, crecer un poquito y unirnos más como matrimonio y como familia…

Entonces ¿Por dónde empezar? Aunque parezca imposible, tenemos que partir ahora, conversando el tema en familia. ¿Ahora? ¡Pero si falta tanto! Sí, ahora mismo, porque si no, nos agarra la máquina del fin de año, la Navidad, las compras necesarias y partimos apurados y nos vemos enfrentados a un montón de decisiones que nunca hemos pensado ni conversado.

¿Conversar en familia? ¿Con el de 16 y la de 14 que sólo contestan monosílabos? ¿Y con los de 8 y 6 que sólo quieren hacer algo choro? ¿Y con la hija casada que tiene tantas preocupaciones? Conversar, aunque puede resultar difícil en un comienzo, es fundamental para saber qué piensa cada uno y cómo, entre todos, nos organizaremos para pasarlo bien. Pero no nos tenemos que poner graves y citar a una especie de "reunión cumbre". El humor, la alegría y la forma de presentarlo como algo entretenido, lograrán más que mil palabras.

Norte o Sur, playa o campo

Lo primero es lo primero: elegir el lugar. El estilo de la familia y las posibilidades reales que se nos presentan, son las que deciden. Una familia muy deportista o aventurera, irá a los lagos del sur o a la Carretera Austral; los fanáticos del mar o del relajo que éste produce, irán a la playa; los que prefieren estar más solos en familia, irán al campo y a los que les prestaron la casa, irán a donde ella esté.

Lo importante es saber qué implica el lugar al que iremos. Si es un balneario de moda, ya sea en la playa o en algún lago, tenemos que estar conscientes que los adolescentes irán a discotheques, se acostarán después de las tres o cuatro de la mañana, dormirán hasta tarde y los veremos menos porque estarán con sus amigos.

Si se va a un lago en el sur, hay que llevar todos los implementos para hacer los consabidos deportes náuticos. Si vamos al campo, ir preparados con una batería de ideas para entretener a todos y hacer paseos.

Así, no nos podemos quejar después que lo pasamos pésimo y fue agotador porque nos acostamos tardísimo todos los días, fuimos a buscar niños a la discotheque, que no les vimos ni el polvo o que estaban todos con cara de lata encerrados en el campo.

Tampoco se saca nada con prohibirles salir en la noche en la playa porque ésa no es la idea.

No queda más que asumir los costos de lo que se decidió y tratar de sacar las ventajas de la situación para que todos lo pasen bien.

El acuerdo previo

Entre todos también es importante ver cuándo se va a ir. Es un tema que hay que arreglar con bastante anticipación para que el papá y la mamá lo puedan hablar en sus oficinas. Se trata de que esté toda la familia junta por lo que no puede coincidir con los días en que los hijos van a ir a campamentos, tienen algún viaje de scout, están convidados a la casa de los amigos, etc.

Cuando se fija la fecha, es inamovible por lo que los demás planes tendrán que quedar para otra vez.

Una vez establecido dónde se va a ir y cuándo, nos podemos sentar a conversar con los hijos para establecer acuerdos de convivencia. Ahí se hablará, por ejemplo, de las salidas nocturnas (cuántas veces a la semana se va a la discotheque) y de los horarios (de llegada, de levantarse, de las comidas, etc.).

No se trata de llenarnos de reglas, pero unas pocas y claras son necesarias. Los adolescentes tienen que entender que los papás también quieren descansar, que muchas veces se acuestan tarde por ellos y se tienen que levantar temprano por los chicos; que éstos tienen que poder jugar y meter bulla en la mañana; que la nana no puede estar haciendo la cama a las dos de la tarde cuando tiene que servir el almuerzo a las dos y media…

Lo que sí sería intransable es que a las horas de comida todos tienen que estar en la mesa. Esos serán los momentos para estar en familia y pasarlo bien. Hay que darles la oportunidad para que todos cuenten sus cosas, opinen, se comente lo que está pasando en el país o en el mundo y haya mucho espacio para la risa.

Algunas pequeñas transacciones, como: se levantan tarde, pero hacen la cama; los vamos a buscar a las tres de la mañana, pero dos tardes van a la playa con los chicos para que podamos dormir siesta; pueden hacernos a todos las cosas más fáciles.

Es bueno que ellos sepan, por ejemplo, que el papá y la mamá también se cansan y quieren pasarlo bien por lo que sería muy bueno de su parte, ayudar un poquito en las cosas de la casa. Podrían turnarse un día para disponer, dejar las toallas colgadas en el baño, poner la música un pelito más baja si el papá está leyendo… ¿Sería mucho pedir?

Algunas explicaciones necesarias

Además de los acuerdos prácticos, hay otras cosas sobre las que se puede pensar y conversar entre los papás y con los hijos, como forma de prepararnos para las vacaciones. No se trata de dar una charla, pero hay algunos aspectos del descanso que muchas veces se nos olvidan:

En las vacaciones se trata de descansar para restaurar fuerzas para el nuevo año. No es tan claro que acostarse todos los días a las cinco de la mañana, lo que muchas veces va acompañado de una buena cantidad de trago, realmente le sirva al cuerpo para descansar.

Cuántas veces hemos oído decir que el descansar no implica no hacer nada. Ni a los con estrés el psiquiatra los deja sin hacer nada. Para descansar hay que cambiar de actividad: deportes, lecturas, tejer, bordar, pintar, etc.

En ese mismo sentido, tenemos que ver las vacaciones como un tiempo también para crecer, para tratar de conocer y hacer cosas que, muchas veces, no alcanzamos a hacer por la cantidad de obligaciones. Más tiempo para Dios, buenos libros, alguna actividad cultural, como conocer un lugar interesante que esté cerca, etc. Pero también se puede hacer algo para ayudar a los demás: catecismo a los niños del lugar, visita a algún asilo de ancianos, enseñarles alguna manualidad a las señoras, formar un buen coro para las misas… Aquí es fundamental el incentivo de los papás y, si pueden, hacerlo juntos.

Las horas de horas que nos pasamos de "guata al sol" son un momento propicio para el pelambre general. Mostrarles que también existen otras "entretenciones", como hablar de las cosas buenas de los demás, conversar para conocer más a los otros, preguntarle por sus gustos, aficiones, etc. o comentar cosas que pasan en el mundo. E incluso, se puede jugar, como a describir personas, adivinar personajes, etc. Y, si ningún intento cambia el ánimo pelador, es mejor irse a bañar y despejarse un rato.

Veranear no es una ganga. La comida, las invitaciones y las salidas cuestan plata y mucha. Por supuesto que hay que comprar lo necesario. Pero no tiene por qué ser la lancha, los esquís, el láser, la moto… Con algunas cosas basta porque, al final, no se usa todo. Además, los hijos pueden trabajar en diciembre - de junior del papá, envolviendo regalos en una tienda o haciéndole pequeños trabajos a la mamá- para tener su propia plata. Así la cuidarán más.

La televisión es una compañera no muy favorable para las vacaciones. Tratemos de reducirla al mínimo porque quita tiempo para estar en familia. Se pueden tener alternativas, como paseos, libros, deportes, etc.

Descansar no es aburrirse. Es bueno estar con uno mismo, conocerse, pensar… Cosas que parecen extrañas en el ajetreo diario en que vivimos, pero que son lo que nos hace crecer.

Pensar en los demás siempre cuesta, más si estamos de vacaciones y nos sentimos con el derecho a pasarlo bien en todo momento. Los niños tienen que saber que para los papás, lo mejor es estar con ellos, que les cuenten sus cosas, que sean cariñosos. Que sepan que las cosas no están porque sí, sino que la mamá se preocupa y la nana trabaja para que la casa funcione. Ellos tendrán que ayudarlas porque ellas también quieren descansar y disfrutar.

Antes de partir

El día de partida llega de golpe y siempre nos pilla como locos tratando de alcanzar a terminar la lista interminable de "pendientes". Por eso es bueno organizarse desde ahora para poder pasar unas buenas vacaciones.

Así como los papás se preocupan de llevar libros, raqueta, bordado y todo lo que van a necesitar, deben ayudar a los niños a que también elijan el libro y la actividad que van a hacer. No olvidarse que no son paquetes que se trasladan así no más.

Pensar también desde antes los panoramas, paseos a los alrededores, deportes, etc. Desde chicos, los niños pueden aprender a gozar del paisaje, de las cosas lindas del lugar ayudándolos a juntar conchitas, hojas de árboles, a que hagan dibujos de lo que ven, etc.

Luego vendrá el tema de los amigos que quieren convidar: quiénes, cuántos, cuándo, con quién se vienen y se van… Se requiere de una verdadera oficina de planificación familiar.

Para más, si existe esa hija casada que va a "descansar" con el marido y la guagua, también sería útil que supieran qué es lo que van a encontrar: la guagua no podrá seguir con sus horarios habituales, se tendrá que adaptar. Pretender que una casa en la playa, con hijos adolescentes, esté en silencio a las ocho de la noche porque la guagua duerme, es de locos. Y estos mismos adolescentes tampoco podrán ponerse furiosos si la guagua se le ocurre llorar a las ocho de la mañana o sus juegos son un poco "ruidosos" a las once.

Un poco de comprensión se requiere para dejar contentos a todos. Y nadie va a quedar más sorprendido que los propios hermanos. Se descubrirán entre ellos facetas de su personalidad insospechadas y un montón de cosas buenas en el que, durante el año, siempre fue "un perno".

¿De vacaciones?

Ya instalados en el lugar escogido, lo más importante para pasarlo bien es el ánimo. Atrás quedaron las peleas y el ambiente tenso. Los papás tenemos que esforzarnos por hacer de las vacaciones un tiempo alegre, simpático y entretenido para que todos estemos contentos.

A esas casas alegres, con un refrigerador lleno de cosas ricas, si se puede, y donde nadie se complica, a todos les gusta ir. Y puede ser una buena alternativa a las noches de discotheque. Eso no significa que el papá esté furioso por la música fuerte, que la mamá esté aterrada de que ensucien los muebles ni que todos los hermanos estén saltándoles arriba de la cabeza.

Por supuesto que los amigos tienen que seguir también las reglas de la casa. No se trata de que puedan hacer cualquier cosa y a cualquier hora. Pero los jóvenes necesitan su espacio, su música y su cuento. Otro día o a otra hora le tocará a los chicos o al papá.

Esto es importante también si se va a lugares apartados. Ahí, los amigos y los paseos adquieren un papel fundamental, especialmente para los adolescentes.

"Nos despertamos a las ocho y media porque Diego (5 años) quería ir a andar a caballo. Carolina (8 años) quería subir el cerro. Así que, a penas nos vestimos, partimos con José (10 años) y los dos chicos. Cuando volvimos, cerca de las dos de la tarde, Isidora (14 años) y Rafael (16 años) venían levantándose. Almorzamos y fuimos a la playa con los chicos. Después de ir a buscar cientos de baldes de agua, comenzaron los acarreos a casas de amigos. A los grandes no les vimos ni el polvo hasta las nueve de la noche, cuando la casa se llenó de amigos y amigas. Se estaba armando el panorama. Después de comida partieron, cada uno a la casa de un amigo y, de ahí, se irían a bailar. Nosotros, después de dormitar un rato, nos levantamos para irlos a buscar a las cuatro de la mañana…"

Claro está que si se va a un lugar taquillero, para el papá y la mamá el descanso no será mucho. Tienen que ser firmes para hacer cumplir los acuerdos previos, saber dónde están, cómo se van, irlos a buscar, hacer turnos… ¿Suena conocido? Es que los hijos son de uno y si uno no los cuida ¿quién?

Si éste es el caso, consuélese con pensar que entre tanto carrete es mejor que estén con su familia y no en casa ajena. Y sería bueno dejarse unos días de verdadero "descanso" e irse al campo o a recorrer la Carretera Austral para estar en verdad con la familia. En la taquilla, sólo queda tomárselo con humor…

Un verano con personalidad

Padres e hijos tenemos que recordar que el tener personalidad no es hacer lo que todo el mundo hace. Es atreverse a ser distinto. Muy luego, nos daremos cuenta que no somos tan distintos y que hay muchos en la misma "parada".

Para los papás:

Hay muchas familias que están tratando de hacer lo mismo que nosotros: poner horarios, que vayan a las casas, etc.

Juntarse con otros para poner reglas comunes

Atreverse a ser distintos, a armar otro tipo de panoramas y convidar a los amigos y sus familias.

Para los hijos:

Invitar amigos a la casa, hacer cosas distintas.

Ser la misma persona en la casa, en la playa, en la discotheque

Preocuparse de la familia, de ayudar, ser cariñosos, conversar con los hermanos y papás

Ocuparse de otra gente que los necesita dentro del mismo lugar de vacaciones

Proponer panoramas, conversaciones y juegos entretenidos con los amigos.

de Hacerfamilia.net

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