El valor de las cosas pequeñas



Tendemos a no valorar las pequeñas cosas cotidianas que se nos presentan, y sólo les damos importancia cuando sentimos su ausencia. Quizás por cotidiano, jamás celebramos la salida del sol. Solo lo añoramos cuando, en nuestras vacaciones en la playa, no se hace presente por varios días.

Maldecimos la lluvia porque nos obliga al tedioso trabajo de cargar con el paraguas y desluce nuestros zapatos. Sólo le damos importancia cuando la sequía nos consume, o cuando, por unas pocas horas, falta el agua en nuestras canillas.

Esperando quizás el “gran espectáculo” nos perdemos de vivir los pequeños espectáculos que la naturaleza nos presenta día a día. Hay quienes piensan que cuanto más se sabe de fenómenos que ocurren a diario, menos se disfruta de ellos. Que el sabio disfruta menos que el neófito de los sucesos naturales. Pero no todo es así; todo lo contrario. Cuanto más se sabe, más sorprendente parece.

Cuanto más se sabe, más milagroso parece. Si no aprendemos a disfrutar de las pequeñas cosas cotidianas de la vida, que es lo que conocemos… ¿Podremos ser capaces de disfrutar plenamente cuando se nos presente algo diferente?…

Dejemos de esperar el “gran milagro”.

Gocemos a diario de los “pequeños milagros” que, día a día, se abren a nuestro paso. Después de todo… ¿No será que el gran milagro es la conjunción de todos esos más pequeños?. A lo mejor el gran milagro consiste en encontrar la felicidad en las pequeñas cosas de todos los días de nuestra vida.

…Y así en la búsqueda de nuevas oportunidades, llenos de insatisfacción muchas veces no nos damos cuenta del verdadero valor de las personas y de las cosas que pasaron por nuestro camino. Lo lamentable es que por no darnos cuenta a tiempo luego cuando las perdemos queremos volver atrás y ya es tarde muy tarde… La vida nos da todo lo necesario para que seamos felices, sólo que nos damos cuenta cuando ya no lo somos.

Es hora de darnos cuenta y de aprender a valorar en el presente todo lo que tenemos. De nada sirve llorar por lo que dejamos ir, por lo que no hicimos, por lo que no le dimos importancia: ya no está. La vida no puede rebobinarse, ni modificarse. Las escenas quedan grabadas y no hay forma de eliminar los trozos de la cinta que no nos gustan, ni podemos regrabarla, ni siquiera podemos detenerla en los buenos momentos, solo está en nosotros la posibilidad de continuar filmando y que a partir de hoy cada escena sea única e irrepetible y por encima de todo sea tan valiosa que no nos haga arrepentirnos nunca y ni siquiera sentir culpas por alguna escena del filme.

Es la película de tu vida, es tu historia y vos sos el protagonista, no la titules “Lo que el viento se llevó”, ni “Pide al tiempo que vuelva” sería lindo que tu película se llame “La historia sin fin”.

Graciela de Filippis

Lo que debes saber: Trabajo en Equipo


Las siguientes son sugerencias a tener en cuenta para evitar un mal funcionamiento del grupo de trabajo:

Los primeros pasos

Los grupos no son a menudo tan productivos como podrían ser, sobre todo cuando los miembros están empezando a conocerse y a comprobar su modo de trabajar. Elaborar una lista de las tareas que hay que realizar puede servir de ayuda. O también decir algo así como: "¿Qué necesitamos para empezar a trabajar?" o "Veamos si podemos llegar todos a una conclusión sobre sobre cuál es nuestro objetivo".

Irse por las ramas

Tal vez sorprendas a los miembros del grupo charlando sobre asuntos que no son fundamentales para el trabajo. Este tipo de charla es bueno porque ayuda a la toma de contacto inicial entre los miembros. Sin embargo, si es este tipo de conversación la que domina en el grupo, puede ser perjudicial para el proyecto. Puedes decir, por ejemplo: "¿Podemos volver a donde estábamos hace unos minutos y ver lo que estábamos haciendo?".

Adoptar una decisión demasiado rápido

A veces hay un miembro del grupo que es menos paciente y más orientado a la acción que otros. Seguramente esta persona tome las decisiones más rápido que los demás y les presione a avanzar antes de que sea aconsejable. Sería bueno que alguien dijese: "¿Estamos todos preparados para tomar una decisión sobre este asunto?". "¿Qué queda por hacer en este asunto antes de pasar a otra cosa?". "Veamos qué piensa cada uno de este tema".

No adoptar una decisión

El mejor modo de adoptar una decisión es por consenso con el apoyo de todos los miembros del equipo. En el debate de ideas, trata de estar abierto a lo que diga cada miembro. Recuerda que de lo que se trata es de llegar a la mejor solución para el grupo, no para un solo individuo.

Contienda entre miembros del grupo

Un conflicto –ya sea relacionado con un proyecto o con algo externo al grupo– puede irrumpir e impedir el progreso del grupo y, por lo general, hasta que se resuelva no se puede lograr nada. Si se trata de eso, las partes han de debatir el problema escuchándose entre sí.

Ignorar o burlarse de otros

En los grupos se pueden formar subgrupos o facciones de las que resulten excluidos uno o más miembros. A veces, las personas que están fuera del subgrupo de moda son objeto de crítica o de burla. Saber cómo trabajar con personas con las que no nos llevamos bien es una habilidad que te será de gran ayuda en el mundo laboral. Todos los miembros del grupo han de hacer todo lo posible para trabajar con los demás miembros del grupo.

El miembro del grupo que no cumple con su cometido

Es posible que un miembro del grupo no coopere con los demás, no acabe las tareas que se le asignan o no acuda a las reuniones. Conviene que hables directamente con esa persona para comunicarle el efecto que su actitud tiene en el grupo

Ignorar la realidad


«La chica mentía. Cada palabra que pronunciaba era una gran mentira. Y su madre conocía demasiado bien a su hija para no saber que todo lo que estaba diciendo eran puros embustes.

»Pero no intentó llevarle la contraria. Parecía como si quisiera ayudarla a que siguiera mintiendo: “Mejor no saber que saber demasiado”, solía decir. En el fondo, toda su vida había adoptado el sistema que estaba practicando en aquellos momentos. Cualquier cosa antes que provocar escándalos o fomentar malos humores. Lo esencial para ella siempre había consistido en aceptar, en fingir que comprendía: dejar que la incertidumbre o la ofensa de sentirse engañada se aplacara sola y seguir la trayectoria dialéctica que le marcaban los demás.

»De hecho, nunca había sido mujer aficionada a las discusiones ni a levantar la voz. Le importaba poco que lo que se produjera en torno a ella fuera producto de errores, o de torpezas, o de cualquier catástrofe de consecuencias graves: lo esencial para ella era por encima de todo mantener la calma, justificar incluso lo injustificable y procurar establecer armonías aunque únicamente condujeran a una concordia falsa y llena de lejanías.»

Algunas personas tienden, o tendemos, porque a todos nos pasa en algún momento o en algunos aspectos de nuestra vida, a eludir la realidad que nos cuesta aceptar. Y eso aunque a veces percibamos con bastante claridad nuestro error. A la protagonista de este relato de Mercedes Salisachs le sucedía de modo habitual. Seguía ese mal principio, y ese falso artificio, de obviar algunas cuestiones fundamentales que resultaban desagradables o comprometedoras.

Toda persona desea sentirse feliz, alegre, serena, equilibrada. Pero quizá se siente frustrada, abatida, furiosa o triste. ¿Qué hacer entonces? Quizá, en vez de encarar la realidad, de acometer en lo posible las causas reales de su malestar, prefiere enfrascarse en un entretenimiento, el que sea, que le distraiga. O se refugia en el trabajo, en el activismo. Disfruta un rato de algo más o menos gracioso o interesante, y ya no se encuentra en un estado de tanta frustración. Quizá recurre a comer o beber en exceso, o a estimulantes del tipo que sean. El problema es que todo eso se acaba, y pronto reaparece de nuevo la terca realidad, y vuelve el malestar interior. Mientras, ese exceso de comida o de bebida, o ese estimulante más o menos nocivo, o ese refugio engañoso en el trabajo o en la diversión, ya han producido su daño y toca pagar el precio de ese breve y fugaz engaño.

La gente no se droga porque le guste tomar pastillas o meterse agujas por las venas, sino porque no conocen otro modo mejor de eludir la realidad que les agobia. Dominar los sentimientos interiores, los estados de ánimo, lograr mantenerlos con un cierto aplomo, todo eso es una destreza fundamental para el buen resultado de una vida. Es verdad que muchas veces el mejor modo de combatir nuestra desazón es enfrascarnos en el trabajo o en una tarea que nos descanse, pero otras veces eso no sería otra cosa que engañarnos. Hay veces en que nos sentimos mal porque estamos obrando mal, o al menos equivocadamente. Y ese sentimiento es una advertencia que nos brinda una posibilidad de cambiar, de mejorar. El camino de la mejora personal está siempre en construcción. Es un proceso permanente, no una meta que un día se pueda considerar alcanzada. Y lo que hacemos en la vida está determinado por cómo nos comunicamos con nosotros mismos, cómo aprovechamos esos momentos de crisis para crecer interiormente.

Quizá miramos a la gente que nos parece que les va bien en su vida, y pensamos que son así gracias a un don especial. Pero es más probable que se deba a que han sabido perseverar en esa tarea de afrontar y sacar fruto de sus propias crisis interiores. Todo eso son riquezas esenciales que no se improvisan. Su conquista se alcanza después de un largo trayecto lleno de dificultades, pero una vez conquistadas perfuman con su aroma toda la existencia.

Alfonso Aguiló, Hacer Familia nº 187, 1.IX.09

"Bestias babeantes de flujos"


Una niña de trece años es concienzuda y sucesivamente violada en Baena por cinco menores (alguno de su misma edad), acaudillados por un joven de veintidós que al parecer había sido su novio; o, dicho con mayor propiedad, que había mantenido anteriormente relaciones sexuales con ella, y que, para evitar que la víctima ofreciese resistencia, la amenazó con mostrar a su madre grabaciones de sus coyundas. En el Mátrix progre, tales bestialidades sirven para que la pobre gente abducida se enzarce en debates estúpidos sobre la conveniencia de extender el castigo penal a los menores; porque es signo distintivo del Mátrix progre combatir las calamidades en sus consecuencias, después de haberlas alimentado en sus orígenes, en lugar de combatirlas en sus orígenes para evitar sus consecuencias. Todo freno legal, por severo y disuasorio que sea, se revela inútil si no lo precede un freno moral consistente: las sociedades sanas se dedican con esmero a fortalecer los frenos morales que inhiben tales conductas criminales; las sociedades enfermas rompen todos los frenos morales y, una vez que los demonios del crimen han sido liberados, se dedican infructuosamente a perseguirlos, como el gallo descabezado persigue su imposible salvación.

Veamos cuál es el clima moral en el que se perpetran crímenes tan aberrantes como este de Baena, propios de una sociedad que ha destruido los frenos morales que garantizan su supervivencia; empezando, por supuesto, por los frenos que velan por los menores. Esa niña violada mancomunadamente ha crecido -como los niños que la han violado- en un clima moral que banaliza los afectos e incita -también desde la propia escuela- a «vivir en plenitud la libertad sexual». Un clima moral que, desde instancias de poder, promueve la ruptura de los vínculos humanos y combate denodadamente la noción de autoridad familiar. Un clima moral azuzado desde la propaganda mediática, donde todo mensaje destinado al público infantil o adolescente escamotea las realidades más nobles de la condición humana y las sustituye por un batiburrillo de risueñas escabrosidades que incluyen, por supuesto, todo tipo de reclamos sexuales. Todo con un propósito evidente de envilecer y pisotear la inocencia de niños y adolescentes, de arrebatarles todo vestigio de pudor, de convertirlos en adultos precoces, en aquellas «tormentas de hormonas» a las que se refería cierto ministro cesante para describir a sus propias hijas; o, dicho más expeditivamente, en bestias babeantes de flujos. Huelga añadir que toda educación que trate de preservar la dignidad de niños y adolescentes, que trate de dignificar su sexualidad balbuciente, evitando su conversión en perros de Paulov que reaccionan al estímulo sexual, es inmediatamente tachada de retrógrada y escarnecida como reliquia de tiempos oscuros y represores; para que, si aún queda algún niño o adolescente que no ha sido desnaturalizado, sienta vergüenza de sí mismo y necesidad de corromperse.

Para formar los caracteres hay que crear primero un clima moral; y también para deformarlos. En un clima moral donde la sexualidad es tratada como cosa inocente, concediéndosele una igualdad con experiencias elementales como el comer o el dormir; donde se exhorta a una festiva promiscuidad; donde niños y adolescentes son educados en la satisfacción primaria del deseo, liberado de tabúes e inhibiciones; donde se preconiza que todo afecto y emoción admite una traducción en «conducta sexual»... es natural que surjan caracteres deformados como el de esos muchachos monstruosos de Baena. Bestias babeantes de flujos contra las que todo freno legal se revelará inútil; pero es signo distintivo del Mátrix progre combatir farisaicamente las calamidades en sus consecuencias, después de haberlas alimentado en sus orígenes.

Juan Manuel de Prada, ABC, 18.VII.09

REMEDIO CONTRA LA INDECISIÓN


Vinoba Bahve, el predilecto de los discípulos de Gandhi, tenía una virtud que era muy aprecia da por sus alumnos: la de ver las cosas con claridad y decidirlas aún con mayor rapidez y sin vacilaciones. Con frecuencia alguno iba a consultarle, y entonces el maestro dejaba caer la azada y tomaba la rueca para poder escuchar mejor. El alumno contaba ahora su problema con todo cúmulo de divagaciones y circunloquios y el maestro siempre acababa cortando:

-Vamos al grano. Resumo lo que usted me ha dicho.

Y el consultante veía, casi aterrado, cómo toda su historia se reducía a una forma precisa como una ecuación.

-¿Es exacto? -preguntaba el maestro.

-Sí, exacto contestaba el alumno con ojos inquietos y rostro desencajado. La solución -decía entonces el maestro- es sencilla.

-Sí -respondía el otro-, es sencilla -y explicaba cómo ya la había comprendido él-: Pero lo malo -añadía- es que es terriblemente difícil.

-No es culpa ni tuya ni mía que sea difícil -decía el maestro-. Ahora vete y obra según las conclusiones que tú mismo has sacado. Y no me hagas perder tiempo a mí pensando una misma cosa dos veces y no pierdas tú el tiempo pensando en si es difícil o no: hazla.

Y es que Vinoba, que tan rápidamente comprendía, emprendía y partía, renunciaba en un instante, sabía sobre todo liberar a la gente del peor de los males, que es oscilar entre propósitos opuestos. Sabía empujar a la más difícil de las tareas, que es la de empezar a hacer cualquier cosa enseguida.

Me parece que cualquiera que conozca un poquito la historia de las almas entenderá a la perfección este consejo de Vinoba: es siempre muchísimo mayor el tiempo que perdemos en tomar una decisión que en realizarla, y de cada cien cosas que dejamos de hacer, tal vez quince o veinte las abandonamos porque las creemos un error, mientras que las otras ochenta las dejamos por falta de coraje, aun estando seguros o casi seguros de que hubiéramos debido emprenderlas.

No estoy, lógicamente, apostando por la precipitación, pero sí advirtiendo del venenillo de la indecisión, de las esperas de príncipes azules en el amor y de ese maravilloso encuentro con Dios que se tendrá un día, mientras El llama todos los días muerto de frío a las puertas de nuestras casas.

JLMD

EL FARO DE KERDONIS


A principios del siglo XX el faro de Kerdonis, que iluminaba el único acceso practicable al golfo de Morbihan que se interna, debajo de la Bretaña, en el departamento del Noroeste de Francia, no era todavía más que una anticuada linterna movida por unas pesas, a las que accionaba un aparato de relojería.

Al frente de él estaba un torreto que vivía solitario con su esposa y tres hijos: dos niñas de catorce y tres años y un niño de trece.

El Martes Santo de 1911 el torrero llamado Matelot cayó enfermo de un ataque de apendicitis que fue para él mortal. Murió al anochecer, pero no sin haber advertido antes a su esposa que no se olvidara del funcionamiento del faro.

La esposa, a pesar del intenso dolor que sentía, pensó en la responsabilidad que como esposa del torrero tenía. Subió, pues, al faro y encendió la linterna; quiso poner en funcionamiento el aparato de relojería y no supo. En vista de ello decidió quedarse ella al cuidado de la niña menor y dedicarse a disponer lo necesario para el entierro del cadáver de su esposo, pero no se olvidó del encargo del difunto Matelot.

Mandó a la niña mayor y al niño que le seguía que se hicieran cargo del funcionamiento de la linterna a mano, sin parar un instante hasta la salida del sol, y ella misma inte­rrumpía sus cosas para subir de cuando en cuando al faro para que los niños no se dur­mieran o, cansados, dejaran de accionarlo durante la noche... Y el hecho fue que los adolescentes terminaron rendidos de fatiga y con las manos ensangrentadas; pero las ráfagas de la linterna de Kerdonis

se proyectaron aquella noche, en combinación con los otros faros de aquellas peligrosas costas, con sus acostumbradas intermitencias... Y al día siguiente la Administración fran­cesa recibió un comunicado que decía: «Matelot, del faro de Kerdonis, falleció a primera hora de la noche. El servicio no se interrumpió».

Ojalá que al presentarnos ante el Señor podamos decirle algo parecido:

«Con la ayuda de tu gracia; Señor, te serví a Ti y a mis hermanos sin interrupción en el puesto que me colocaste hasta la hora de mi muerte».

"Anoche me sucedió algo y pensé en mi futuro"



Así después de esperar tanto, un día como cualquier otro, decidí triunfar.....

Decidí, no esperar a las oportunidades, sino yo mismo buscarlas.

Decidí, ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución.

Decidí, ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis.

Decidí, ver cada noche como un misterio a resolver.

Decidí, ver cada día como una nueva oportunidad de ser feliz.

Anoche descubrí, que mi único rival no eran más que mis propias debilidades, y que en estas, está la única y mejor forma de superarnos.

Aquél día dejé de temer a perder, y empecé a temor a no ganar.

Descubrí, que no era yo el mejor, y que quizás nunca lo fui.

Me dejó de importar, quien ganara ó perdiera, ahora mismo me importa mucho más simplemente saberme mejor que ayer.

Aprendí, que lo difícil no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir.

Aprendí, que el mejor triunfo que puedo tener, es tener el derecho de llamar a alguien "Amigo".

Descubrí, que el amor es más que un simple estado de enamoramiento.

Anoche, dejé de ser un reflejo de mis escasos triunfos pasados, y empecé a ser mi propia tenue luz de este presente.

Aprendí, que de nada sirve ser luz, si no vas a iluminar el camino de los demás.

Anoche decidí, cambiar tantas cosas.....

Aprendí, que los sueños son solamente para hacerse realidad.

Desde anoche, ya no duermo para descansar..... ahora simplemente duermo para soñar.

¡EL AMOR ES UNA FILOSOFÍA DE VIDA!
Autor Desconocido.

Benedicto XVI ya no lleva escayolada su mano derecha


Ante la evolucion favorable de su fractura en la mano derecha, los medicos le retiran tras cinco semanas la escayola. Tras 35 dias escayolada, la mano derecha del Papa vuelve a la normalidad, una vez que los medicos le han quitado la escayola que le implantaron en Aosta el pasado 17de julio, tras una caida fortuita en su residencia veraniega. Los plazos se han cumplido y la evolucion de la muñeca de Benedicto XVI ha sido favorable. Los medicos le han quitado l a escayola en la mañana del viernes 21 de agosto. Desde el pasado 29 de julio Benedicto XVI se encuentra en la residencia estival de Castelgandolfo.

ECCLESIA DIGITAL

Operación pandemia

El valor de no tener valor


En esto de vivir siempre ha habido cobardes y valientes. Pero nunca ha sido fácil distinguir unos de otros, porque los cobardes nunca admiten que lo son, mientras que los valientes no se precian de serlo. Así que sólo la ida y las circunstancias permiten que cada cual se demuestre a sí mismo y a los demás cuál es su naturaleza.

El problema es que la imagen del valor casi siempre parte de un punto de vista parcial, heroico, de película en blanco y negro. Ser valiente no es enfrentarte a cinco tipos a la vez para rescatar a la chica, tiene más que ver con ser capaz de afrontar con buen ánimo lo que le vida te depara y ser capaz de ganarle la partida algunas veces, a costa de jugarte algo mucho más importante que la honra, la fama o incluso el físico: los sentimientos.

El cobarde se los guarda y se protege bien el pecho, para evitar el dolor que llega o que podría llegar. No arriesga, es conservador y mide el alcance de lo que siente o hace sentir. Le preocupa perder más de lo que le gustaría ganar, y por eso rara vez consigue otra cosa que reprocharse a sí mismo no haberlo intentado más o mejor.

Y el valiente se entrega a pecho descubierto, con pocas precauciones, sabiendo que el premio es enorme y que la derrota es el dolor pasajero convertido después en experiencia útil y provechosa. No especula con su sentimientos ni juega con los ajenos. Busca el camino más corto hacia el sueño de ser la mitad de una historia hermosa, transitoria en el tiempo y eterna en lo sentido. Llora a veces y ríe a menudo, siente mucho y con frecuencia algo increíble. Y tras cada fracaso se rehace pensando en lo bonito que fue antes que en lo maravilloso que pudo haber sido.

Porque lo cierto es que el miedo te ayuda a sobrevivir, pero rara vez te ayuda a vivir. Y mucho menos a amar.

http://dulcedesastre.wordpress.com/2009/07/24/el-valor-de-no-tener-valor/

Hay que tener valor...


...para conocerse a sí mismo, para despertar, para tener la conciencia limpia, para defender los valores en los que uno cree, para ser feliz, para creer en Dios, para enfrentar las injusticias, para vivir en paz, para seguir nuestros principios, para mirar directo a los ojos, para abrazar, para tomar la mano de un niño y guiarle hacia el mañana, para dar oportunidades a los jóvenes, para recorrer caminos propios, para hacerse a un lado y dejar paso a otras generaciones, para amar a quienes nos aman y a quienes no lo hacen, para expresar públicamente lo que se piensa... Hay que tener valor.

http://www.hayquetenervalor.blogspot.com/

Dame tus ojos, Madre,
para saber mirar
si miro con tus ojos, jamás podré pecar.
Dame tus labios, Madre,
para poder rezar,
si rezo con tus labios... Jesús me escuchará.
Dame tu lengua, Madre,
para ir a comulgar,
es tu lengua patena de gracia y santidad.
Dame tus manos, Madre,
que quiero trabajar,
entonces mi trabajo, valdrá una eternidad.
Dame tu manto, Madre,
que cubra mi maldad,
cubierta con tu manto al cielo he de llegar.
Dame tu cielo, oh Madre,
para poder gozar ,
si tú me das el cielo, ¿qué más puedo anhelar?
Dame a Jesús, oh Madre,
para poder amar,
ésta será mi dicha por una eternidad.
Amén.

¿Qué impide vivir de manera sosegada?


El estrés es la sensación de encontrarse ante una situación de peligro real, lo cual está bien, porque actúa como un mecanismo de defensa que nos prepara para huir o para afrontar un peligro en caso de que se haga real. Sin embargo, se convierte en un problema cuando la situación estresante es producto de la imaginación, bloquea y no deja "funcionar" a la persona que la experimenta. "Ninguna situación por sí sola estresa. Estresa lo que pensamos de ella", afirma la especialista.

Pero, además, el estrés se ha convertido en una forma de vivir típica de las sociedades occidentales y modernas, en una palabra que se refiere a significados muy distintos: desazón, angustia, desesperación, inquietud, una mala gestión del tiempo, hiperactividad, tener la sensación de no llegar a todo o las consecuencias de distintos tipos de presión, como la laboral o la familiar.

En contraposición a esta atropellada y acelerada forma de vivir, el sosiego es tranquilidad interior, paz, bienestar emocional y mental, un estado de quietud que nunca se alcanza sin esfuerzo, tanto en lo físico como en lo espiritual.

El desasosiego se manifiesta en la esfera mental y emocional, ya que la persona se muestra más irascible, inquieta e irritable
Pero, ¿qué aspectos de nuestra existencia nos impiden vivir de manera sosegada? Algunos enemigos del sosiego o "toxinas del alma" son la apatía vital, la indecisión, la envidia, los celos, el resentimiento (volver a sentir algo vivido en el pasado) y el sentimiento de culpabilidad. Todos ellos impiden experimentar la calma y, por ello, se deben combatir. "La envidia existencial es una enfermedad", ya que se desea ser como el otro, sin saber siquiera si se siente feliz en su fuero interno, y se niega el propio potencial y las propias capacidades. ¿Cómo es posible dejar atrás una vida dominada por el estrés y estos pensamientos obsesivos y aprender a vivir con sosiego?

Miguel-Ángel Martí García en el libro "El sosiego. Una filosofía de vida" nos aporta las claves para vivir con esta disposición.

Aprender a fracasar


El éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse, decía el conocido estadista e historiador británico Winston Churchill.

Nadie puede decir que no fracasa nunca, o que fracasa pocas veces. El fracaso es algo que va ligado a la limitación de la condición humana, y lo normal es que todos los hombres lo constaten con frecuencia cada día. Por eso, los que puede decirse que triunfan en la vida no es porque no fracasen nunca, o lo hagan muy pocas veces: si triunfan es porque han aprendido a superar esos pequeños y constantes fracasos que van surgiendo, se quiera o no, en la vida de todo hombre normal. Los que, por el contrario, fracasan en la vida son aquellos que con cada pequeño fracaso, en vez de sacar experiencia, se van hundiendo un poco más.

Triunfar es aprender a fracasar. El éxito en la vida viene de saber afrontar las inevitables faltas de éxito del vivir de cada día. De esta curiosa paradoja depende en mucho el acierto en el vivir. Cada frustración, cada descalabro, cada contrariedad, cada desilusión, lleva consigo el germen de una infinidad de capacidades humanas desconocidas, sobre las que los espíritus pacientes y decididos han sabido ir edificando lo mejor de sus vidas.

Las dificultades de la vida juegan, en cierta manera, a nuestro favor. El fracaso hace lucir ante uno mismo la propia limitación y, al tiempo, nos brinda la oportunidad de superarnos, de dar lo mejor de nosotros mismos. Es así, en medio de un entorno en el que no todo nos viene dado, como se como se va curtiendo el carácter, como va adquiriendo fuerza y autenticidad.

Sería una completa ingenuidad dejar que la vida se diluyera en una desesperada búsqueda de algo tan utópico como es el deseo de permanecer en un estado de euforia permanente, o de continuos sentimientos agradables. Quien pensara así, estaría casi siempre triste, se sentiría desgraciado, y los que le rodeen probablemente acabarían estándolo también.

Como decía G. von Le Fort, “hay una dicha clara y otra oscura, pero el hombre incapaz de saborear la oscura, tampoco es capaz de saborear la clara”. O como decía Quevedo, “el que quiere de esta vida todas las cosas a su gusto, tendrá muchos disgustos”.

Por eso, en la tarea de educar el propio carácter, o el de los hijos, es muy importante no caer en ninguna especie de neurosis perfeccionista.

Porque errores los cometemos todos. La diferencia es que unos sacan de ellos enseñanza para el futuro y humildad, mientras que otros sólo obtienen amargura y pesimismo. El éxito, volvemos a repetir, está en la capacidad de superar los tropiezos con deportividad.

Da pena ver a personas inteligentes venirse abajo y abandonar una carrera o una oposición al primer suspenso; a chicos o chicas jóvenes que fracasan en su primer noviazgo y maldicen contra toda la humanidad; a aquellos otros que no pueden soportar un pequeño batacazo en su brillante carrera triunfadora en la amistad, o en lo afectivo, o en lo profesional, y se hunden miserablemente: el mayor de los fracasos suele ser dejar de hacer las cosas por miedo a fracasar.

http://www.interrogantes.net/Sobreponerse-a-la-dificultad/menu-id-22.html

Capacidad de admiración


Como ha escrito Miguel Angel Martí en su ensayo titulado La admiración (Eunsa, 1997), todo hombre, por el mero hecho de serlo, se siente llamado a interpelarse y a interpelar la realidad que le rodea; y sin admiración, su vida se convierte en algo anodino, termina perdiendo sentido.

No es la vida quien enseña, lo que realmente enseña es la lectura que nosotros hagamos de ella. No es suficiente ver las cosas, es necesario mirarlas bien para descubrir ese algo de nuevo que siempre llevan consigo, y se necesita tener un alma joven y una sensibilidad bien cultivada para mantener el espíritu receptivo a esos guiños con que la realidad nos sorprende de continuo.

También es vital aprender a admirarnos de las personas. No se trata de confundir la admiración con la ingenuidad, ni de tener una visión bobalicona de la vida. Se trata de ver con buenos ojos a la gente. Si logramos fijarnos un poco más en los aspectos positivos de cada persona, tendremos oportunidad de admirarlos, y con ello, les haremos y nos haremos mucho bien.

Para no admirarse

¿Y qué obstáculos hemos de superar para admirar a una persona que conocemos? El primer obstáculo es el acostumbramiento, que incapacita —si uno no se resiste a él— para ver en la otra persona cualquier cosa que no sea lo ya sabido: se adivinan las contestaciones, se presupone determinada actitud, se dan por supuesto ciertos comportamientos, no se contempla la posibilidad de que el otro cambie y actúe de forma distinta a la prevista, no se da ninguna posibilidad de cambio. Otro obstáculo importante es la tendencia a infravalorar a las personas; o anteponer siempre sus hechos pasados a los presentes, y tener más en cuenta lo que era que lo que es; o fijarnos y recordar más los aspectos negativos que los positivos.

La rutina —sigo glosando a Miguel Angel Martí— es la gran arrasadora de nuestra vida. Sólo quien es joven de espíritu ganará la batalla al cansancio de la vida. El hombre ha de precaverse contra el desencanto, el acostumbramiento y la rutina, y en ese ejercicio se juega la ilusión por vivir. La vida en algunas ocasiones se nos manifiesta alegre y divertida, pero en otras muchas hemos de ser nosotros, con nuestros recursos interiores, quienes tenemos que dar un sentido positivo a lo que en un primer momento no lo tiene.

La continua novedad

Quien es capaz de iniciar cada día con una visión nueva, consigue hacer realidad el milagro de sorprenderse ante cosas que le son muy familiares, pero no por eso dejan de manifestarse como recién estrenadas. Nuestra vida puede compararse a quien lee un pasaje de una novela en la que se describe una calle; el lector queda admirado por su belleza, pero al poco tiempo se da cuenta de que aquella calle, que tanto le ha gustado, es muy parecida a la suya, que hasta entonces le pasaba inadvertida.

Con demasiada facilidad se dan por supuestas las cosas, y tendría que ser al revés: no dejar nunca de preguntarse por nuestro mundo cotidiano. La vida debe estar atravesada por unos ojos que sepan descubrir en lo que ya es conocido una novedad ilusionadora.

No irse lejos

Todas estas riqueza interiores no se improvisan, sino que su conquista se alcanza después de un largo trayecto lleno de dificultades, pero una vez conquistadas perfuman con su aroma toda la existencia humana.

La autoestima, tan olvidada por muchos y tan mal interpretada por otros, es otro aspecto importante para la admiración. Enorgullecerse no es el objetivo, claro está, de la autoestima. Pero ser agradecidos de la propia vida, eso sí. El que agradece, disfruta con la realidad agradecida. Quien sonríe a la vida, la vida termina sonriéndole. La felicidad no está en disfrutar de situaciones especiales, sino en la buena disposición de ánimo. Está en nuestro interior la clave de la felicidad. Esto es necesario repetirlo una y otra vez, porque obsesivamente tendemos a buscar la felicidad fuera de nosotros, y por muchos que sean los esfuerzos no la encontraremos, por el simple hecho de que no está ahí.

Matar al amor


“Érase una vez un castillo abandonado. En una parte recóndita de aquella fortificación prácticamente arruinada, estaba la habitación del príncipe. Y ahí estaba él, solo, mordisqueando sus furias y resentimientos. El soberano esperaba impaciente la llegada de su peor prisionero: el amor. Centenares de colaboradores habían intentado darle caza y no habían podido.

Todos los intentos habían sido vanos, hasta que llegó un nuevo mercenario de una región alejada. Cuando le vieron entrar a la corte del príncipe todos se burlaron de él. Su aspecto no tenía nada de temible. Parecía un campesino común y corriente. Pasaba desapercibido por donde merodeaba. El personaje dijo al príncipe “No tengo prisa. Puedo matar a tu enemigo cuando quiera.” Un día avisaron al príncipe que había capturado a su enemigo.

De pronto, se abrieron las puertas del recinto y los soldados arrojaron al centro una figura de deslumbrante belleza. De todas formas, no era esa belleza lo que enervaba al príncipe, era aquel poder que tenía de rejuvenecer a quien tocara, de llenar de esperanza el corazón que acariciaba. El soberano del castillo detestaba profundamente el brillo que el amor imprimía en aquellos a los que se acercaba.
El príncipe se puso de pie y se acercó al prisionero macilento. Sin tocarlo le habló muy cerca del oído. -Te has burlado de mí. Me has humillado, has hecho lo que has querido en lo que me pertenece. Has resistido todos mis ataques. El mal carácter, con su martillo te debilitó, pero seguiste en pie. La ambición con su belleza sensual te arrebató pero no te mató. Y lo mismo ocurrió con la enfermedad, la pobreza, y con todos mis aliados.

El príncipe sonrió empezó a caminar en círculos, paladeando el momento de su triunfo. Le dijo: “creíste que todo lo podías, amor, amor –repitió el príncipe diciendo aquel nombre casi con asco- ¿Quién te crees tú que eres? ¿De dónde has salido? Pero ha llegado tu fin. ¡Traigan al mercenario! Las órdenes fueron cumplidas de inmediato, y ahí apareció la ordinaria figura del interesado. Caminó hasta donde estaba el amor. Con rostro flemático le observó. El príncipe dijo entonces “¡Hazlo!”.
El guerrero de aspecto normal metió su mano enguantada en una bolsa y extrajo algo. Hizo el ademán necesario para arrojarlo cuando el príncipe interrumpió la ejecución. -¡Espera! Antes de que lo hagas... ¿Cuál es tu nombre? El combatiente ordinario sólo pronunció dos palabras. -La rutina."

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DE TODAS MANERAS


Las personas son irrazonables, ilógicas y centradas en si mismas,
AMALAS DE TODAS MANERAS

Si haces el bien, te acusarán de tener motivos egoístas,
HAZ EL BIEN DE TODAS MANERAS

Si tienes éxito ganarás falsos y verdaderos enemigos,
TEN EXITO DE TODAS MANERAS

El bien que hagas se olvidará mañana,
HAZ EL BIEN DE TODAS MANERAS

La honestidad y la franqueza te hacen vulnerable,
SE HONESTO Y FRANCO DE TODAS MANERAS

Lo que te tomó años en construir puede ser destruido en una noche,
CONSTRUYE DE TODAS MANERAS

La gente de verdad necesita ayuda pero te podrían atacar si lo haces,
AYUDALES DE TODAS MANERAS

Dale al mundo lo mejor que tienes y te patearán en los dientes,
DALE AL MUNDO LO MEJOR QUE TIENES DE TODAS MANERAS

Madre Teresa de Calcuta
De un letrero en la pared de Shishu Bhavan. La casa para niños en Calcutta.

Ser amable


El sonreír ayuda a ser amable.

«Una sonrisa cuesta muy poco, pero vale mucho.

»Una sonrisa enriquece al que la recibe y al que la da.

»Una sonrisa dura poco, pero su recuerdo puede durar toda una vida.

»No hay nadie tan rico que no la necesite ni tan pobre que no la pueda dar».

Amabilidad es la cualidad por la cual una persona es digna de ser amada. Consiste en considerar, respetar, aceptar a las personas como son y alegrarse con sus éxitos.

Amabilidad es atender a cada persona según lo que necesite en ese momento.

La amabilidad es sigo de madurez y grandeza de espíritu.

Procura ser una persona educada, respetuosa, agradecida, honrada, buena y servicial con todos.

Así serás una persona estimada por todo el mundo. Tú mismo te sentirás satisfecho de tu proceder; y, sobre todo, Dios te lo premiará.

La vida en común es una continua ocasión de ayudarse mutuamente.

Al principio quizás tengas que esforzarte para ser una persona atenta; pero después, esto será para ti una costumbre y no te costará trabajo alguno.

Los que te rodean se sentirán influidos por tu amabilidad y recurrirán a ti espontáneamente y con frecuencia.

Ten constancia y no te canses al verte importunado por unos y otros, que será mucho el bien que puedas hacerles.

El buen cristiano está siempre en actitud del máximo servicio al prójimo, según sus posibilidades.

Preocúpate muy vivamente de tus compañeros enfermos o heridos. Ve a visitarlos, si te es posible. ¡Quién sabe si se encuentran aplanados, tristes y abandonados! Si es así, el rasgo tuyo te ganará su amistad para siempre.

Evita todo lo que pueda molestar a tus compañeros y procura disimular lo que de ellos a ti te moleste, haciendo todo lo posible por mostrarte con afabilidad y servicial con ellos.

El ser caritativo, además de ser una virtud, es señal de buena educación.

Todos tenemos faltas y defectos que molestan a los demás, y debemos tener paciencia cuando los demás nos molestan con los suyos.

Buenos Modales


Los buenos modales son el toque distintivo de tu personalidad, con ellos irradiarás elegancia, naturalidad, sencillez y mostrarás tu buena educación. Debes tener en mente que mostrando buenos modales con los demás conseguirás unas mejores relaciones.


Recuerdo que en una ocasión estuvimos visitando con un grupo de amigas, uno de los restaurantes más solicitados de la ciudad en ese momento. Era famoso por la belleza en que se presentaban los platos y su atmósfera llena de lujo y luces. Cuando el momento de servir nuestra comida llegó, sin lugar a dudas la presentación de los platos era un deleite para nuestros ojos. Pero al momento de probar nuestra comida, ¡horror! El sabor no enriquecía ni cerraba con broche de oro, aquella magnífica presentación. Realmente nos sentimos muy decepcionadas y confundidas, pues aquel restaurante no era lo que esperábamos.

Esta pequeña anécdota puede ilustrar lo que significa ver a una mujer con ropa bonita, maquillaje perfecto y caminado agraciado, pero que a la hora de relacionarse con los demás, te confunde ante la ausencia de lo esencial; lo que te hace distinguirte y expresa al máximo tu feminidad son los buenos modales.

La dignidad

Cuando como mujer, desde muy pequeña se te enseña que cada otro ser humano, por el hecho de serlo, tiene una condición diferente a la del resto de la creación, estás más capacitada y más abierta a provocar encuentros enriquecedores con los demás y desarrollar la cultura de los Buenos modales en ti. Cada persona posee el sello de lo divino, de lo delicado, de lo tierno de su creación. ¿Qué tiene el recién nacido que nos hace inevitablemente volver la cabeza hasta poder contemplarlo? ¿Qué es "eso" que nos atrae poderosamente como un imán? Este recién nacido, viene al mundo desde lo más sagrado en una mujer, ha salido de la misma luz de lo divino, a la luz de lo terreno.

Ese Nuevo ser humano hombre o mujer, como en ninguna otra etapa de la vida y sin palabras, sólo con su sola presencia, nos enseña y nos hace comprender lo que es la dignidad (aquello que esta dotado de una categoría superior). Esa dignidad nos provoca tratarlo con delicadeza, especial cuidado, y transmitir a través de tus palabras lo mejor de tus sentimientos.

¿Qué son los Buenos Modales?

Los Buenos modales son la expresión de lo mejor que cada uno tiene en su corazón para dar a los otros. ¿Bondad o egoísmo? No es simple romanticismo o cursilería. Los buenos modales verdaderamente expresan el nivel de conciencia que tenemos hacia la dignidad de los demás.

Es por esto que es importante:

Aprender a sonreír, independientemente de tu temperamento.
Tener el hábito de saludar, independientemente de tu posición en la empresa.
Vigilar el tono de tus palabras para no ofender al otro.
Ser consciente del daño que hacen las malas palabras.
Ser conscientes de que los gritos deben evitarse al comunicarse con la pareja y los hijos.
Cuando hay necesidad de llamar la atención o discutir es necesario recordar que queremos integrar no desintegrar.
Ser consciente que las carcajadas en una mujer la hacen parecer vulgar. Se puede reír con muchas ganas sin necesidad de hacer escándalo.
Saber comportarse al tomar los alimentos.
Cuando una mujer decide desarrollar y perfeccionar la cultura de los buenos modales para enriquecer su personalidad y así enriquecer a los otros, está trabajando en todas las áreas de su vida.

Los Buenos Modales en la dimensión física
Aprender e ir en la búsqueda de un estilo personal tuyo, abarcará las piezas de tu guardarropa, maquillaje y peinado. Ese estilo tiene que expresar el verdadero tú, tus valores, así como tus ambiciones profesionales.

Los Buenos Modales en la dimensión humana
Cuando, por ejemplo, nos decidimos a tomar unas clases de etiqueta para aprender el uso y manejo de los cubiertos, estás aumentando la confianza en ti misma ya que ante el conocimiento de lo que es correcto y de lo que es incorrecto, te manejarás con mayor soltura. Aprender a poner una mesa, así como tener el conocimiento básico de los principales vinos y bebidas es importante independientemente de tu posición social.

Los Buenos Modales en la dimensión espiritual
No es lo mismo saludar con la alegría de saber que vas a un encuentro con otros, a saludar por que es una costumbre. La verdadera relación con los otros se construye desde las potencias espirituales y requiere de un esfuerzo interior para hacer de un saludo simple, aparentemente, una canción de bienvenida para los otros.

Esto requiere, que haya en efecto reservas, combustible, abono. Me refiero a que la vida interior, añade un velo especial al alma de una mujer. Te hace más sensible, más cálida, más humana. El corazón se vuelve frondoso, y ansioso por crear nuevas formas de relacionarse con los otros. La vida interior te va revelando a donde necesitas mejorar humanamente y te capacita para tener un espíritu abierto y generoso el cual es el terreno abonado donde pueden arraigar las buenas costumbres.
no pase por alto la cultura de los buenos modales. La mujer de nuestros días necesita ser de Nuevo protagonista en este aspecto. Como mujeres tenemos el deber de sembrar sentimientos delicados en los corazones de aquellos que son nuestros hijos. Hay que enseñarles el respeto hacia sus semejantes, hacia los niños de su misma edad y hacia los mayores. Como profesionales, tenemos el deber de convertirnos en mujeres ejemplares, delicadas pero seguras; firmes pero amables; dar órdenes sin humillar a nadie. Debes tener en mente siempre que las relaciones con los demás requieren espíritu de observación, de atención y "tacto", es decir valorar prudentemente todos los factores y la personalidad de cada uno.

Por último, un consejo que no estará de más. Los buenos modales se demuestran en gestos, igual que en palabras y hechos. Su distintivo es la sonrisa. El poeta Horacio lo decía: "Nada impide decir la verdad sonriendo". Piénsalo.