AMBIGÜEDAD Y COMPASIÓN EN LA CULTURA CONTEMPORÁNEA




Una conferencia de Paola Binetti
Tuvo lugar en Valladolid, 24 de octubre de 2009

Continúo lo que comencé a contarles ayer, acerca del acto conmemorativo del 70º aniversario del comienzo de la labor del Opus Dei en Valladolid, ciudad en la que ahora me encuentro. La comenzó el mismo fundador, san Josemaría Escrivá, en torno a estas fechas del año 1939. Pablo Pérez, catedrático de Historia, nos sorprendió con un montón de pormenores sobre los antecedentes y primeros pasos de aquel evento. Pero este tema lo dejo para que se lo cuenten mejor que yo pudiera hacerlo, desde la Oficina de información del Opus Dei. Por mi parte, con mi cámara doméstica he grabado las ponencias y me ha parecido oportuno tratar en este sitio algo de lo dicho por la doctora Paola Binetti. Sorpresa. Encontré su currículum en Wilkipedia. Pueden encontrar ahí, en italiano naturalmente, algunos documentos de prensa, entrevistas, etc., que muestran su perfil. Ahí se entera uno de que es, como les dije, de un partido de «izquierdas», según ella se expresa. En lenguaje italiano, de «centro-izquierda». No hay, me parece, correspondencia de la política italiana con la española. En España gobierna la izquierda más anticatólica de Europa, según fuentes generalmente bien informadas. Por otra parte, cabe distinguir entre el gobierno, el partido, la ideología oficial, el votante de a pié, cosas todas ellas que forman un complejo que no es de mi incumbencia analizar. Lo cierto es que están muy equivocados los que piensan que para ser cristiano hay que ser de derechas y que «derechas» equivale a ser franquistas (Franco murió en 1975) o del PP. La izquierda oficial española así lo presenta. Igualmente equivocados si piensan que defender la dignidad de la vida humana es cosa exclusiva de católicos, talibanes o trogloditas.

Como solemos hacer más caso de las personas que salen en la prensa que al tendero de la esquina, con la idea de subrayar lo obvio, que la gente del Opus Dei no somos ovejas que van en rebaño por las praderas de la opinión, destaco la presencia entre nosotros de la numeraria del Opus Dei Paola Binetti. El Opus Dei no tiene otra finalidad que difundir por todo el mundo la llamada universal a la santidad, dondequiera que nos encontremos, cualquiera que sea nuestra situación en el mundo, cualquiera que sea nuestro trabajo o tarea - médico, barrendero, político, ama de casa, etc.- y cualesquiera que sean nuestra opiniones en las cuestiones temporales que sirvan al bien común de la humanidad. Innumerables ejemplos tenemos en nuestro país de la diversidad de opciones políticas que los fieles de la Prelatura han adoptado desde la fundación. Ahora he subrayado la de Paola Binetti solo porque, si no me equivoco, a la idiosincrasia hispánica, en general, suele entrarle más por los ojos lo que viene del extranjero. Por otra parte, me ha interesado mucho su conferencia y les traslado una parte de ella. Transcribirla, no ha sido fácil. Su castellano es fluido y se le entiende todo, pero como es natural, no le faltan italianismos a su discurso. Así, que no todo va ser rigurosamente literal y alguna cuña habrá que introducir. Tengamos en cuenta que a los italianos les gusta mucho hablar de «desafíos». Es, si no me equivoco, lo que en castellano llamamos «retos».

En su intervención la doctora Paola Binetti se ha referido al bien conocido cambio de paradigmas que se está imponiendo en nuestras sociedades. No ya en asuntos que ciertamente han de evolucionar, también en aquellos en los que nos jugamos nada menos que la dignidad de la persona, el valor de la vida humana y de la familia. Cuestiones, en suma, de vida o muerte. Paola ha aludido a la gran manifestación a favor de la vida humana que tuvo lugar en Madrid el pasado 17-O, de la cual se ha hecho eco la prensa de muchos países. «Las familias – dijo la doctora- mostraron con hechos que están presentes para defender la vida y de esta manera condicionar a quienes toman decisiones. Esto pasa también en Italia. Hace dos años hubo una manifestación similar. Lo hicimos para defender la familia. Los cristianos estamos intentando demostrar en todo el mundo que a pesar de nuestras divisiones y diferencias hay algo muy fuerte que consideramos de un valor no negociable.»

Sigamos ahora su argumento sobre «lo no negociable»:

El tema de los valores no negociables es un tema que puede irritar profundamente a los que entienden la afirmación de la verdad como fundamentalismo. Recordó lo que se lee en un punto de Camino. Dos más dos son cuatro. ¿No cederías siquiera por amistad en una cosa así? ¿No podrías convenir en que son tres y medio o cinco? ¿Cabría llamarte fundamentalista por eso? Pues bien, Hablar de valor no negociable significa que nunca, nunca, se puede hacer ninguna concesión en ese punto. Cuando hablo de «no negociable», hablo de que en esto no he de conceder nada. Porque cada concesión sería como si quitaras una pieza esencial de un edificio sin darte cuenta en ese momento del daño que estás haciendo. Todo el edificio acabaría viniéndose abajo. No podemos permitirlo. ¿Por qué digo esto? Porque siempre habrá una tentación, o si se quiere, una manera sutil de venir a nuestro encuentro para convencernos utilizando la categoría extraordinaria de la caridad: 'tú no puedes decir que no a esto'. Apelando al espíritu de servicio, de colaboración, a aquella capacidad que tenemos por cristianos, como decía san Pablo, de hacernos todo para todos para salvar a todos. Hacerse todo para todos tiene límites muy fuertes. Es necesario poner con claridad estos límites, estas barreras, lo cual conlleva cargar sobre ti unas consecuencias. ¿Cuál es el verdadero reto en este punto? Cada uno podríamos evitarnos la dificultad de encontrarse solo contra todos. Puede pasar en todos los ambientes. Puede pasar en el Parlamento, puede pasar en una planta de medicina. La verdadera pregunta que hoy mismo el católico, no solo el que hace política, también el que tiene que preguntarse si la pertenencia política puede oscurecer la propia identidad católica. Esta es una pregunta que hoy cualquiera que haga una labor profesional donde se van a tomar decisiones de alguna envergadura, sin duda se tendrá que poner, antes o después. Sin duda. Y la respuesta va a corresponder a lo que para cada uno vale su vida, su propia vocación cristiana. ¿Hasta qué punto yo puedo llegar?. Y esta: ¿verdaderamente estoy convencido de que ese valor no se puede negociar? Porque no es que no quiera, es que no puedo negociar lo inngegociable. Hacer esto y hacer este planteamiento formativo es importante para los jóvenes. Quiero decir, hay que trabajar sobre aspectos muy importantes, como es la claridad de las ideas.

La cultura contemporánea y la ambigüedad

Un aspecto típico de la democracia y de las relaciones internacionales es la ambigüedad del lenguaje. Hay que entender exactamente lo que significan las palabras e intentar aplicarlo a aquella parte evangélica que dice «sea tu sí, sí; tu no, no». Porque yo creo que hay una narración en la Sagrada Escritura muy extraordinaria en el libro de los Macabeos. El viejo Eleazar. Sus amigos, sus compañeros, le suplican que tome la carne dedicada, consagrada a los ídolos. Que la tome o por lo menos haga como si la tomase. Le indican tú no la tienes que tomar de verdad. Tienes solo que aparentar que la tomas. Y él contesta. ¿Y luego qué contaré yo?... Habría renunciado a sus valores, ¿para qué? Para vivir, cuánto más, ¿un año, cinco años…? ¿Y qué dejaré yo a las nuevas generaciones? Esta es la responsabilidad que cada uno ha de asumir cuando miramos a las nuevas generaciones a las que vemos a veces como desorientadas, en el sentido más amplio.

Claridad de las ideas. Valentía. Carácter. A veces las cosas se deciden por votos. Un solo voto solo cuenta unido a otros. Pero otras veces, una soledad tiene valor de testimonio. Y de todas formas hay que pensar. Ayer mismo hubo en Italia un congreso de farmacéuticos sobre el derecho a la objeción de conciencia para no dispensar en su misma farmacia la píldora del día después. El argumento es muy sencillo, la píldora no cura ninguna enfermedad, con lo cual yo farmacéutico, ¿por qué tengo que vender esto? Se puede decir que en las farmacias ahora se venden muchas cosas, también zapatos… Pero en el sentido propio… También por el derecho a la libertad. El artículo 13 de la Constitución italiana dice que todos los hombres son iguales. Entonces, si el médico puede hacer objeción de conciencia, ¿por qué el farmacéutico no puede hacerla? Prescindiendo de la cuestión, ¿por qué el médico puede decir que no a lo que parece un aborto quirúrgico y el farmacéutico no puede decir que no a lo que parece un aborto químico? Hay que reconocer que necesitan valentía.

¿Dónde está el máximo de valentía que la gente ahora ha de tener? No tanto porque le pondrán en la cárcel. Nadie le pondrá en la cárcel. Esto es seguro, al menos en Italia. Pero le pondrán en la mediática persecución. Porque tendrán que enfrentarse todos los días a su imagen en los periódicos con el calificativo debajo de, que sé yo, de fundamentalista, enemigo de todo el mundo, de las clases más débiles, de las jóvenes… Por eso digo –dice la doctora con amable ironía- peor que los políticos, solo los periodistas. [Esta frase fue seguida de divertidos aplausos y motivo de bromas al terminar su conferencia en diálogo con el periodista que la había presentado] porque de hecho es ahí donde hoy día, de hecho, es donde se (destruye, quizá) la identidad de las personas.

Atención al cambio de paradigma en algunos valores. Me refiero en este momento al máximo valor de este momento, la compasión. En sentido propio, «compasión» significa sufrir juntos. En este momento se quiere introducir un cambio. Siempre en el punto de partida de esos cambios está la compasión. Tienen que crear un caso. Un caso alrededor del cual se va construyendo un sentido común de compasión. Luego el sentido común (el sentimiento compartido) de compasión va progresivamente hacia una situación en la que “si sufre tanto ¿para qué hacerle sufrir y no dejarle morir?". Así que la compasión hacia la persona va rápidamente tomando el aspecto de una declaración de muerte. “No debe sufrir tanto Es mejor que se muera”. ¿Quién es el más capaz de auténtica compasión, el que habla del valor de la vida o el que se sienta al lado y le ayuda a morir? En Italia ha habido un caso alucinante. Las monjas que durante diecisiete años han asistido a la famosa chica cuya historia todo el mundo conoce, esas monjas han parecido culpables de la “crueldad” de mantener en vida a la chica. Y la enfermera que intervino directamente para aplicar el (método para acabar con su vida) pareció hasta cierto punto como salvadora de la humanidad. Es impresionante que la opinión pública pase por una sensación de este tipo. Se le ha dado la vuelta total al sentido de la compasión. Compasión no es ya «sufrir-con» (con-padecer, padecer-con)). No es ya que tú no sufras, es que yo te ayudo a desaparecer. Es increíble en nuestra cultura. Al fin y al cabo, todas las obras de misericordia , dar de comer a los que tiene hambre, dar de beber a los que tienen sed… toda esa capacidad extraordinaria pertenece a la cultura y a la tradición de un pueblo de raíces cristianas. Es eso lo que hace la caridad auténtica. Es eso lo que da una respuesta concreta también a la crisis que estamos viviendo hoy. Son las atenciones que van a encontrar los enfermos en los hospitales, etc., cosas prevalentemente, noventa y nueve por ciento de inspiración cristiana. Hay una tradición de solidaridad, de verdadera compasión. Todo esto va a ser borrado, va a parecer en la opinión pública, como una posición de gente que atenta a la libertad individual. Lo que siempre ha sido deber del médico, cuidar hasta el final de la vida, poniendo en juego su competencia profesional, poniendo en juego su conciencia, desde lo que llamamos ética médica, ahora el médico va a ser una persona que va a tratar con el enfermo como si el enfermo fuera su cliente, que me pide lo que quiere y yo le doy lo que él pide y no lo que él necesite y lo que de alguna manera le haga bien.

Estamos haciendo de la libertad, que es un valor extraordinario, y de la compasión, el paradigma absoluto de una libertad de autodeterminación que decide cuándo y cómo se ha de nacer, cómo y cuándo se ha morir, cuándo quiere morir, cómo quiere morir… . Estamos cambiando totalmente el sentido de la libertad y estamos acusando al que se pone a nuestro lado para dar a nuestra vida la dimensión de humanidad. [Estamos acusando] a la cultura cristiana que tiene la dimensión profunda, la capacidad de vivir no solo para ti sino también para los demás, la caridad.

Todo esto nos habla de la responsabilidad que ahora toca a los laicos. Responsabilidad, porque la fe llama con gran fuerza a la inteligencia. Le obliga a encontrar solución también a problemas inéditos. No podemos decir que sea fácil. A nadie en ningún lugar le será fácil. Tenemos que volver a decir que hoy hace falta ser muy valiente. Esto lo decía muchas veces san Josemaría, que los verdaderos rebeldes son los que aman a Dios y los que van contracorriente. Esto puede ser una responsabilidad que como persona que ha sido médico, profesora universitaria, ahora político… Primero nosotros debemos (ser conscientes de nuestra responsabilidad) y luego hacer una intensa labor de formación. Estamos en un mundo que probablemente es peor que el que hemos recibido. Tenemos responsabilidad probablemente de no habernos dado cuenta de que el mundo nos estaba cambiando en las manos. No nos hemos parado con suficiente energía, con suficiente convicción, con suficiente responsabilidad, pero ahora tenemos que dedicar todo lo posible para decir a los jóvenes que la labor que a ellos les compete es una labor difícil pero apasionante.

Si el tiempo – cronológico – no lo impide, continuará.

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Puede consultarse, para información sobre el Opus Dei: www.opusdei.org

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