Novena de la Inmaculada, Tercer día


Esclava del Señor

La Virgen nos enseña que para acertar en el cumplimiento de la voluntad divina (¡qué tristeza si nos hubiéramos empeñado por unos caminos u otros en hacer nuestro propio capricho!) es necesaria una disponibilidad completa. Sólo podemos cooperar con Dios cuando nos entregamos completamente a Él, dejándole actuar sobre nuestra vida con entera libertad. "Dios no puede comunicar su voluntad si, primeramente, no hay en el alma de la criatura esta presentación íntima, esta consagración profunda. Dios respeta siempre la libertad humana, no actúa directamente ni se impone sino en la medida en que nosotros le dejamos actuar".

También nos indica la vida de la Virgen que para oír al Señor en cada circunstancia debemos cuidar con esmero el trato con Él: ponderar, como Ella, las cosas en nuestro corazón, darles peso y contenido bajo la mirada de Jesús: aprender a relacionar, subir el punto de mira de nuestros ideales. Junto a la oración, la dirección espiritual puede ser una gran ayuda para entender lo que Dios quiere y va queriendo de nosotros. Y, siempre, el desprendimiento de gustos personales para adherirnos con firmeza a aquello que Dios nos pide, aunque alguna vez pueda parecernos difícil y arduo.

La respuesta de la Virgen es como un programa de lo que será después toda su vida: Ecce ancilla Domini... Ella no tendrá otro fin que cumplir la voluntad de Dios. Nosotros podemos darle hoy a la Virgen un sí para que lo presente a su Hijo, sin reservas y sin condiciones, aunque alguna vez nos pueda costar

Francisco Fernández Carvajal

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