España verá al Papa responder preguntas de fieles por televisión


Televisión Española emitirá este Sábado Santo "El Papa responde", una edición especial del programa italiano "A su imagen" que se emitirá el Viernes Santo en la Rai, en el que Benedicto XVI responderá a cuestiones planteadas por los ciudadanos sobre diversos aspectos de la fe católica.

Además, TVE ofrecerá en directo a través de La 2 los actos litúrgicos más destacados de la Semana Santa, desde la Basílica de San Pedro, en Roma.

Concretamente, "El Papa responde" se emitirá en La 1, el sábado a las 10:00 a.m. La entrevista de Benedicto XVI, la primera vez que un Papa responde a las preguntas directas de los fieles, arrancará con la pregunta de una niña japonesa que, a través de un monitor, preguntará al Santo Padre sobre "el sentido del dolor, en base a la vida y a las enseñanzas de Jesús", después del terremoto y tsunami que han asolado el país nipón, según ha informado la cadena de televisión italiana.

El Papa responderá a las preguntas en una entrevista que será grabada tres días antes del 22 de abril, día de Viernes Santo y se registrará en su biblioteca. La televisión italiana ha informado que la entrevista al Pontífice será retransmitida a las 2:10 p.m.

No obstante, los seleccionados podrán realizar su pregunta al Pontífice a través de un video-mensaje que se retransmitirá en un monitor instalado en su biblioteca del Palacio Apostólico, desde donde se realizará la grabación de la entrevista, tres días antes de su difusión el próximo viernes.

La segunda pregunta será realizada por una madre italiana, que desde hace dos años cuida de su hijo en coma, que preguntará al Papa dónde está ahora "el alma de su hijo", según ha informado la redacción del programa.

La tercera pregunta será realizada por una mujer musulmana proveniente de Costa de Marfil que preguntará al Papa sobre Jesús como "maestro de paz", mientras que la cuarta la realizará un grupo de siete jóvenes cristianos de Irak, una región que ha sufrido varios ataques a cristianos en los últimos meses, según ha informado la redacción del programa.

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¿Sabes cuál es el valor de una Misa?


Hace muchos años, en la ciudad de Luxemburgo, un capitán de la guardia forestal se entretenía en una animada conversación con un carnicero cuando una señora ya mayor entró a la carnicería. Ella le explicó al carnicero que necesitaba un pedazo de carne, pero que no tenía el dinero para pagarlo.

Mientras tanto, el capitán encontró la conversación entre los dos muy entretenida, "un pedazo de carne, pero cuánto me va a pagar por eso?" preguntó el carnicero. La señora le respondió, "perdóneme, no tengo nada de dinero, pero iré a Misa por usted y rezaré por sus intenciones". El carnicero y el capitán eran buenos hombres pero indiferentes a la religión y se empezaron a burlar de la respuesta de la mujer.

"Está bien" dijo el carnicero, "entonces usted va a ir a Misa por mí, y cuando regrese le daré tanta carne como pese la Misa". La mujer se fue a Misa y regresó. Cuando el carnicero la vio viniendo cogió un pedazo de papel y anotó la frase "ella fue a Misa por ti", y lo puso en unos de los platos de la balanza, y en el otro plato colocó un pequeño hueso. Nada sucedió e inmediatamente cambió el hueso por un pedazo de carne. El pedazo de papel pesó más.

Los dos hombres comenzaron a avergonzarse de lo sucedido, pero continuaron. Colocaron un gran pedazo de carne en unos de los platos de la balanza, pero el papel siguió pesando más.

Entrando en desesperación, el carnicero revisó la balanza, pero todo estaba en perfecto estado. "¿Qué es lo que quiere buena mujer, es necesario que le de una pierna entera de cerdo?", preguntó. Mientras hablaba, colocó una pierna entera de carne de cerdo en la balanza pero el papel seguía pesando más. Luego un pedazo más grande fue puesto en el plato, pero el papel siguió pesando más.

Fue tal la impresión que se llevó el carnicero que se convirtió en ese mismo instante y le prometió a la mujer que todos los días le daría carne sin costo alguno. El capitán dejó la carnicería completamente transformado y se convirtió en un fiel asistente de Misas todos los días. Dos de sus hijos se convertirían más tarde en sacerdotes, uno de ellos jesuitas y el otro del Sagrado Corazón. El capitán los educó de acuerdo a su propia experiencia de fe. Luego advirtió a sus dos hijos que "deberán celebrar Misa todos los días correctamente y que nunca deberán dejar el sacrificio de la Misa por algo personal".

El Padre Stanislao, quien fue el que me contó todos los hechos, acabó diciéndome: "Yo soy el sacerdote del Sagrado Corazón, y el capitán era mi padre".

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Santuarios marianos rezarán Rosario por beatificación de Juan Pablo II


Respondiendo a la invitación del Vicariato de Roma (Italia), cinco santuarios marianos de diversas partes del mundo se unirán en vigilia este 30 de abril, para rezar el Santo Rosario en espera de la beatificación del Siervo de Dios Juan Pablo II el 1 de mayo en el Vaticano.

Los santuarios que respondieron a la invitación son el de Nuestra Señora de Fátima (Portugal), Guadalupe (México), Kawekamo (Tanzania), Cracovia (Polonia) y de Nuestra Señora del Líbano.

La vigilia se realizará bajo el lema "Totus Tuus - Vigilia de Oración en preparación de la beatificación de Juan Pablo II" y será televisado por el Centro Televisivo del Vaticano. Según se explicó, desde cada santuario se rezará un misterio del Rosario.

El evento será presidido desde el Circo Massimo por el Vicario del Papa para la Diócesis de Roma, Cardenal Agostino Vallini.

Con mucha alegría

Por su parte, el Santuario de Fátima informó "que acogió con mucha alegría la invitación para esta oración", porque será una oportunidad para homenajear a Juan Pablo II.

En este lugar, el rezo será presidido por el Obispo Emérito de Portalegre Castelo Branco, Mons. Augusto César, y acompañado por los fieles que podrán seguir el evento por pantallas gigantes.

Las fuentes del santuario destacaron la importancia de esta iniciativa, en la que se rezará por el que "peregrinó entre los peregrinos" y para "agradecer por el don de Juan Pablo II para la Iglesia y la humanidad".

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Protagonista: Japón


¡Arigatou!

Paco lleva casi treinta años en Japón. Es profesor universitario y nos ha escrito porque quiere agradecer a todos las oraciones por su país, además de contarnos algunas historias de estas semanas.

06 de abril de 2011
Me ha escrito una persona, muy querida, ella y sus dos hijos enfermos rezan muchos por nosotros, diciéndome que le había impresionado la figura del emperador, arrodillado en el suelo, hablando con las víctimas del terremoto, en el palacio de deportes de Tokio o “budoukan” (literalmente “palacio de las artes marciales”).

Esto me ha traído a la memoria una escena que Inazo Nitobe relata en su libro “Bushido”. Un anciano, quitándose el sombrero, se para a saludar a una misionera que estaba trabajando en la huerta. “Pero hombre no sea tan “cortés” que estamos en medio del campo”, dijo ella, a lo que el campesino replicó: “ya que no puedo compartir el sombrero, pues no da para los dos, al menos quiero compartir con usted el rigor del sol”.


Esta actitud solidaria, humilde, es muy típica del pueblo japonés. Gente que, por lo general, sabe escuchar, ponerse en el lugar del otro. Virtud digna de admirar, al menos para mí, pues uno de mis defectos dominantes es que “hablo por los codos”. Nunca, en 28 años que llevo aquí he notado la más mínima impaciencia en mi “interlocutor”, que me escucha con una sonrisa asintiendo con la cabeza. Ni que decir tiene que mi defecto va en aumento.

Y, acompañando a la cortesía, el agradecimiento. “Sumimasen” (lo siento) y “arigatou” (gracias) son las dos palabras más frecuentes en la vida diaria, no digamos nada cuando se trata de situaciones extremas como la que estamos viviendo estos días. Ayer, me conmoví con la imagen televisiva de una octogenaria que salió del refugio para agradecer a los soldados americanos por las botellas de agua que les habían traído. Tomando las manos del oficial, con lágrimas en los ojos, reverencia tras reverencia, repetía incansablemente “arigatou”, arigatou”, arigatou”...


Aprendida la lección quiero aprovechar esta segunda misiva para agradecer a todos tantos mensajes de apoyo y, sobre todo, tantas oraciones, que obrarán y están obrando, otros tantos pequeños y grandes milagros. Quizás la mayoría pasarán inadvertidos, por pertenecer a la esfera del corazón, o a lo más íntimo del alma pero, a la vista está, por ejemplo, el milagro de una solidaridad sin precedentes, que tendrá, sin duda, consecuencias muy positivas en las relaciones entre los pueblos.

En la central nuclear de Fukushima tenemos desde un equipo de China, provisto de un camión con una alargadera de 62 metros, capaz de inyectar toneladas de agua, a larga distancia, en los reactores para refrigerarlos, hasta los americanos, con robots utilizados en las guerras de Irak y Afganistán (aquí con un objetivo muy diferente), pasando por el asesoramiento de expertos franceses, coreanos, alemanes, etc. Los israelíes han enviado un “hospital” completo, que cuenta hasta con una sala de operaciones, acompañado de un equipo de médicos y enfermeras, elegidos entre los mejores del país... Y así podríamos seguir añadiendo a esta lista un sin fin de países (más de 130 han ofrecido su ayuda), grupos y personas que se están volcando, que os estáis, volcando para ayudarnos. ¡A todos, gracias!


Otro pequeño milagro es el de Yuko y su hijo Kento. Viajaban en su coche, buscando refugio, cuando les alcanzó el tsunami. El coche fue arrastrado quinientos metros, flotando a la altura de unos dos pisos, hasta quedar encallado en un árbol. A medida que descendieron las aguas el vehículo se posó, finalmente, en el suelo. Se salvaron sus ocupantes. Algo así como una pequeña “Arca de Noé”.

Norie, 86 años, se encontraba en la cocina de una residencia de ancianos, cuando la ola inundó la casa. Lo último que recuerda fue que, al verse cubierta por el agua, se tapó la boca con la bufanda. Cuando recuperó el conocimiento se encontraba en su silla de ruedas encima de la mesa del comedor, junto con otros dos ancianos. El resto, cincuenta personas, habían fallecido. “Ahora tengo que vivir con intensidad lo que me resta de vida, también por aquellos compañeros que se nos han ido”, comentó agradecida.


El periódico, nos trae la historia de Manami, una niña de cuatro años que ha perdido a su familia, acompañada de dos fotografías. En la primera está dormida sobre una carta que estaba escribiendo a su madre: “Querida mami. Espero que estés viva ¿Te encuentras bien?” En la segunda foto se encuentra sentada en un banco mirando al mar. El pie de página nos dice que, todos los días, se sienta ahí esperando su regreso. Yo rezo para que Manami y muchos otros japoneses lleguen a descubrir que cuentan con otra Madre, María “umi no hoshi”, la Estrella del Mar.

Japón es un pueblo con muchas y grandes virtudes pienso, entre otras muchas razones, porque está familiarizado con el sufrimiento. Bastaría con repasar las catástrofes acaecidas solamente en el siglo pasado, el terremoto de Tokio con 145.000 mil muertos (1923); una segunda guerra mundial, incluida las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, con cerca de dos millones de víctimas; el tifón de Ise wan, con 5.000 muertos (1950), el seísmo que asoló a Kobe con 6.000 muertos en 1995..., entre otros muchos temblores y tifones que se vienen sucediendo a lo largo de los años con más o menos secuelas. Y de todas ha resurgido, Japón gracias a la solidaridad y tenacidad de sus gentes.


De aquí se explica también el que Antonio Gaudí sea tan popular entre los japoneses, pues intimó con Dios admirando la naturaleza, obligado por una enfermedad en su infancia, quedando plasmado su espíritu de fe en esa obra de maravilla, Evangelio esculpido en piedra, que es la Sagrada Familia, con quien empatizan perfectamente los japoneses.

Pero no podemos ver todas estas cosas solamente con los ojos de la carne, sino también con los de la fe y con los del corazón, moviéndonos a compasión, que quiere decir “padecer con”, rezando, ofreciendo nuestro trabajo bien hecho y algún pequeño sacrificio pensando en los que se han quedado sin nada.

Termino con una frase de la Madre Teresa, tan querida en este país (de hecho ahora hay una exposición sobre ella en una galería de arte a cien metros de mi casa, conmemorando el centenario de su nacimiento). Una gran “sufridora”, que supo compadecerse (“sufrir con”) de los más pobres de los pobres. Sus monjitas fueron de las primeras que se ofrecieron en Japón para cuidar a los enfermos de sida, en una época en que ésta enfermedad se consideraba tabú por miedo al contagio, algo así como “los leprosos” del siglo XX: “La revolución del amor comienza con una sonrisa. Sonríe cinco veces a quién, en realidad, no quisieras sonreír. Debes hacerlo por la paz.”.

De nuevo, ¡ARIGATOU!

Paco, en japonés “pa”, significa “ola” pues me encanta el mar y, “co”, “llamada”, aludiendo a mi vocación, el tesoro más grande que me ha concedido el Señor. Estos caracteres o “kanji” los eligió para mí un amigo al que le debo mucho, Yoshihiko Takayama, al que quiero mencionar aquí para hacer honor a nuestra amistad.

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El poder del perdón



La pregunta que más me han hecho en las últimas dos semanas es qué me motivó a hacer la película Encontrarás Dragones, y cuál es mi visión de la Guerra Civil española.

Escribí Encontrarás Dragones porque no me resigno a vivir en un mundo como el que me ha tocado vivir. Diría que, a mi edad, es una señal de salud mental pensar como el Padre Gabriel- protagonistas de mi película de los 80 La Misión-, que “si la fuerza es lo que vale no hay lugar para el amor en el mundo”. Por eso he vuelto a España, a una historia que me fascina desde hace tiempo y que ejemplifica como pocas la espiral de violencia omnipresente en la humanidad. Una lucha fratricida, la guerra civil española, que cinco años antes nadie podía adivinar, y que se prolongó en el tiempo, como se ha podido ver por las reacciones de unos y de otros hacia la película, arrastrando sus ecos hasta el debate de la historia, sus ecos que siguen resonando fuerte, tanto que a veces parecen reproducir las voces de la aquella época, y desde fuera a veces producen miedo. Aunque lo más cómodo sería seguir viviendo en la tranquilidad intelectual de aposentarse entre el rumor y el mito, en una división entre buenos y malos que exonera de mayores esfuerzos, he querido profundizar en lo que sucedió en España durante la guerra civil. Sin espíritu revanchista.

Lo que sucedió en España fue una herida que realmente desgarró a familias de la manera más dolorosa y atroz. Hermanos lucharon contra hermanos, ¿pero esto significa que ya no eran hermanos? Si estamos dispuestos a matar a nuestros hermanos a causa de aquello en lo que creemos, entonces, ¿qué dice eso de nosotros, de nuestros valores?

Y es aquí dónde las historias de los hombres y mujeres que vivieron la guerra civil apelan a cualquier persona, en cualquier lugar del mundo.

Los procesos históricos no son más que el conjunto de opciones personales de cada uno, que determinan las opciones personales de otros muchos. Esas opciones personales, son los “dragones” que todos tenemos dentro y que se agrandan en tiempos de guerra. Cómo respondemos al odio y al rechazo, o al deseo de venganza y justicia. Estos dilemas son, en cierto sentido, los "dragones" de mi nueva película, momentos de inflexión en nuestras vidas en los que afrontamos opciones decisivas. Opciones que afectarán a nuestro futuro y al de muchísimas personas. Encontrarás Dragones habla de las diferentes opciones que asume la gente en esos momentos de inflexión --tentaciones, si usted quiere-- y de lo difícil que es --y necesario-- huir de los ciclos de odio, resentimiento y violencia. Al final, todos nos encontramos ante estas opciones. Todos tenemos que elegir entre el amor y el odio. Optar entre dejarnos vencer por nuestros resentimientos o encontrar la manera de conquistarlos. Ver la vida como una serie de injusticias, de rechazos y heridas, o como una serie de oportunidades, de ocasiones, para vencer a esos dragones a través del poderoso deseo de sustituir el odio por el amor.

En ese Madrid convertido en infierno en 1936. Josemaría -como había hecho el ficticio Padre Gabriel en la selva amazónica de 1756-, escogió “hablar sólo de Dios” y así lo recogen sus diarios íntimos a los que he tenido acceso. Elegir el amor, él diría el Amor (con mayúsculas) que es comprender que el odio es una prisión, optar por la libertad, por ser libres, por el camino de la libertad. Nadie que odia puede ser libre.

Han pasado algunos años de todo eso y las cosas no han cambiado mucho, los conflictos violentos siguen estando presentes en todo el mundo: Israel-Palestina, Coreas, Libia, Uganda. Rene Girard lo expone de forma clara en su teoría mimética. Imitamos los deseos de otros –deseos de poder y riquezas- y eso convierte a los otros en nuestros rivales, en nuestros enemigos. Esa competitividad que reina en nuestra sociedad genera una espiral de violencia omnipresente en la que Ulrich Beck denomina la “sociedad del riesgo”, donde el peligro viene sobre todo de los otros, que desean lo mismo que nosotros deseamos.

Elegir el amor no es la opción más fácil, no puede serlo. A veces, incluso, puede parecer inhumano pero al final todo se reduce a una pregunta: ¿Este amor es más grande que mi amor propio? Esta es una pregunta importante, a ella se dedicó buena parte de la política de los inicios del siglo XX, a la que no se puede responder con una actitud de superioridad ni de superficialidad, sino que sólo es posible dar respuesta desde la humildad y la humanidad.

Junto a esta se plantea otra cuestión de una gran complejidad. Si este amor apasionado se basa en un ideal, o en una idealización, si consiste en la aceptación de un solo modelo de comportamiento humano, ¿cómo puede evitar caer en el fanatismo o la demonización? Desde tiempos de la Ilustración, esta ha sido una cuestión fundamental. En nombre del amor de un bien más grande, ¿cuántos actos inhumanos se han cometido? Me parece que sólo si se comprende la trágica falibilidad de todos los seres humanos y de todos los comportamientos humanos podemos encontrar la senda del entendimiento y de esa profunda empatía, ese sentido de identificación con el otro, que libera de la demonización y de las espirales de violencia sin esperanza. Por eso, la escena crucial en Encontrarás Dragones es la que sigue a un asesinato atroz. Al instar a sus seguidores a cambiar su ira y su dolor por el amor a cualquier ser humano, Josemaría les permite salir del ciclo de venganza al que el resto de España está encadenado.

La capacidad de perdonar de los demás perdona a uno mismo. Su belleza es poderosa. El perdón deshiela lo que ha quedado congelado. Toca lo humano en el interior de quien pide perdón y de quién perdona. La fortaleza de ser perdonado. El perdón tiene siempre dos caras, quien no ha aprendido a pedir perdón nunca sabrá perdonar. El que renuncia a pedir perdón se convierte en un hombre que huye, que se esconde del mundo, un cobarde. A ellos, a los que pensaron alguna vez como Diego Mendoza –en La Misión- que “no hay redención posible”, a los que piensan que no hay nada en el mundo capaz de perdonar sus atrocidades les diría, con el Padre Gabriel, que “hay vida, hay una salida”. Existe siempre un momento clave donde el perdón es posible. Sí, hay espacio a la esperanza, incluso en las circunstancias más dolorosas, trágicas y terribles, donde la esperanza parece imposible.

Con Encontrarás Dragones no he querido dar lecciones de moral ni de historia, sólo recordar, como ya hice una vez, que frente a los que se escudan bajo el “No teníais elección…Tenemos que trabajar en el mundo y el mundo es así”. Sigo respondiendo que “No, nosotros lo hemos hecho así, yo lo he hecho así”. Basta con no perder de vista que podemos ser protagonistas del mundo en el que nos toca vivir pero sólo cuando seamos conscientes de que también podemos ser responsables de su camino de destrucción. Y que podemos revertir ese ciclo de destrucción y construir la paz, practicando el poderoso y bello arte del perdón.

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Olga Kurylenko y el mensaje de San Josemaría


Me gusta el mensaje de Josemaría Escrivá: encontrar a Dios en medio del mundo –no sólo cuando vas a la iglesia-, darse a los demás y trabajar bien. He podido conocer gente maravillosa que pertenece al Opus Dei.
(Telva, 01/03/2011)

No hay santidad que no pase por luchas y sufrimiento. El santo no es una persona que está sentada en su silla y no hace nada, salvo tener grandes ideas. La santidad tiene más que ver con alguien que se levanta y va y hace algo, y, a pesar del odio evidente que recibe a cambio, sigue creyendo que un mundo mejor es posible; y sigue haciendo el bien. Eso es algo fácil de decir pero nada fácil de hacer.

Pero hay gente así, y Josemaría, por ejemplo, fue una de esas personas. Cuando la gente le escupía y le tiraba piedras, él seguía dirigiéndose a ellos con una sonrisa y amando a los que obraban así con él. No he conocido a Josemaría, pero sí a gente que es así, en nuestros días. Existen personas así. Son los que siguen el camino difícil en lugar del fácil, y eso es lo que hace la vida más interesante, más que la de los que eligen la vía fácil, pienso yo. Y esa actitud tiene sentido y da sentido a la vida.

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