El Papa en Nochebuena anima a dejar lugar a Dios en nuestro pensar y sentir

 
 
"¿Tiene Dios realmente un lugar en nuestro pensamiento?”, se preguntó Benedicto XVI en su homilía de la Misa de Nochebuena que celebró en la Basílica de San Pedro.

El Papa dijo que la metodología del pensar de mucha gente “está planteada de tal manera que, en el fondo, Él no debe existir”.

Añadió que aunque parece llamar a la puerta de nuestro pensamiento, “debe ser rechazado con algún razonamiento”. Porque para que se sea considerado serio (en nuestra sociedad secularizada y alejada de Dios), “el pensamiento debe estar configurado de manera que la ‘hipótesis Dios’ sea superflua”, denunció el Pontífice.

“No hay sitio para Él. Tampoco hay lugar para él en nuestros sentimientos y deseos. Nosotros –prosiguió el Sucesor de Pedro– nos queremos a nosotros mismos, queremos las cosas tangibles, la felicidad que se pueda experimentar, el éxito de nuestros proyectos personales y de nuestras intenciones. Estamos completamente ‘llenos’ de nosotros mismos, de modo que ya no queda espacio alguno para Dios. Y, por eso, tampoco queda espacio para los otros, para los niños, los pobres, los extranjeros”.

En su amplia homilía el Santo Padre abogó para que las “espadas se forjen arados” (Cfr. Is 2, 4); para que “en lugar de armamento para la guerra lleguen ayudas para los que sufren”.

Y pidió a Dios que ilumine a la personas “que se creen en el deber aplicar la violencia” en su nombre, para que “aprendan a comprender lo absurdo de la violencia y a reconocer tu verdadero rostro”.

“Ayúdanos a ser hombres –imploró el Papa– ‘en los que te complaces’, hombres conformes a tu imagen y, así, hombres de paz”.

Texto completo de la homilía de Benedicto XVI de la Santa Misa de Nochebuena de la Solemnidad de la Navidad:


Queridos hermanos y hermanas:

Una vez más, como siempre, la belleza de este Evangelio nos llega al corazón: una belleza que es esplendor de la verdad. Nuevamente nos conmueve que Dios se haya hecho niño, para que podamos amarlo, para que nos atrevamos a amarlo, y, como niño, se pone confiadamente en nuestras manos. Dice algo así: Sé que mi esplendor te asusta, que ante mi grandeza tratas de afianzarte tú mismo. Pues bien, vengo por tanto a ti como niño, para que puedas acogerme y amarme.

Nuevamente me llega al corazón esa palabra del evangelista, dicha casi de pasada, de que no había lugar para ellos en la posada. Surge inevitablemente la pregunta sobre qué pasaría si María y José llamaran a mi puerta. ¿Habría lugar para ellos? Y después nos percatamos de que esta noticia aparentemente casual de la falta de sitio en la posada, que lleva a la Sagrada Familia al establo, es profundizada en su esencia por el evangelista Juan cuando escribe: «Vino a su casa, y los suyos no la recibieron» (Jn 1,11).

Así que la gran cuestión moral de lo que sucede entre nosotros a propósito de los prófugos, los refugiados, los emigrantes, alcanza un sentido más fundamental aún: ¿Tenemos un puesto para Dios cuando él trata de entrar en nosotros? ¿Tenemos tiempo y espacio para él? ¿No es precisamente a Dios mismo al que rechazamos? Y así se comienza porque no tenemos tiempo para él. Cuanto más rápidamente nos movemos, cuanto más eficaces son los medios que nos permiten ahorrar tiempo, menos tiempo nos queda disponible.

¿Y Dios? Lo que se refiere a él, nunca parece urgente. Nuestro tiempo ya está completamente ocupado. Pero la cuestión va todavía más a fondo. ¿Tiene Dios realmente un lugar en nuestro pensamiento? La metodología de nuestro pensar está planteada de tal manera que, en el fondo, él no debe existir. Aunque parece llamar a la puerta de nuestro pensamiento, debe ser rechazado con algún razonamiento. Para que se sea considerado serio, el pensamiento debe estar configurado de manera que la «hipótesis Dios» sea superflua. No hay sitio para él.

Tampoco hay lugar para él en nuestros sentimientos y deseos. Nosotros nos queremos a nosotros mismos, queremos las cosas tangibles, la felicidad que se pueda experimentar, el éxito de nuestros proyectos personales y de nuestras intenciones. Estamos completamente «llenos» de nosotros mismos, de modo que ya no queda espacio alguno para Dios. Y, por eso, tampoco queda espacio para los otros, para los niños, los pobres, los extranjeros.

A partir de la sencilla palabra sobre la falta de sitio en la posada, podemos darnos cuenta de lo necesaria que es la exhortación de san Pablo: «Transformaos por la renovación de la mente» (Rm 12,2). Pablo habla de renovación, de abrir nuestro intelecto (nous); habla, en general, del modo en que vemos el mundo y nos vemos a nosotros mismos. La conversión que necesitamos debe llegar verdaderamente hasta las profundidades de nuestra relación con la realidad.

Roguemos al Señor para que estemos vigilantes ante su presencia, para que oigamos cómo él llama, de manera callada pero insistente, a la puerta de nuestro ser y de nuestro querer. Oremos para que se cree en nuestro interior un espacio para él. Y para que, de este modo, podamos reconocerlo también en aquellos a través de los cuales se dirige a nosotros: en los niños, en los que sufren, en los abandonados, los marginados y los pobres de este mundo.

En el relato de la Navidad hay también una segunda palabra sobre la que quisiera reflexionar con vosotros: el himno de alabanza que los ángeles entonan después del mensaje sobre el Salvador recién nacido: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace».

Dios es glorioso. Dios es luz pura, esplendor de la verdad y del amor. Él es bueno. Es el verdadero bien, el bien por excelencia. Los ángeles que lo rodean transmiten en primer lugar simplemente la alegría de percibir la gloria de Dios. Su canto es una irradiación de la alegría que los inunda. En sus palabras oímos, por decirlo así, algo de los sonidos melodiosos del cielo.

En ellas no se supone ninguna pregunta sobre el porqué, aparece simplemente el hecho de estar llenos de la felicidad que proviene de advertir el puro esplendor de la verdad y del amor de Dios. Queremos dejarnos embargar de esta alegría: existe la verdad. Existe la pura bondad. Existe la luz pura. Dios es bueno y él es el poder supremo por encima de todos los poderes. En esta noche, deberíamos simplemente alegrarnos de este hecho, junto con los ángeles y los pastores.

Con la gloria de Dios en las alturas, se relaciona la paz en la tierra a los hombres. Donde no se da gloria a Dios, donde se le olvida o incluso se le niega, tampoco hay paz. Hoy, sin embargo, corrientes de pensamiento muy difundidas sostienen lo contrario: la religión, en particular el monoteísmo, sería la causa de la violencia y de las guerras en el mundo; sería preciso liberar antes a la humanidad de la religión para que se estableciera después la paz; el monoteísmo, la fe en el único Dios, sería prepotencia, motivo de intolerancia, puesto que por su naturaleza quisiera imponerse a todos con la pretensión de la única verdad. Es cierto que el monoteísmo ha servido en la historia como pretexto para la intolerancia y la violencia.

Es verdad que una religión puede enfermar y llegar así a oponerse a su naturaleza más profunda, cuando el hombre piensa que debe tomar en sus manos la causa de Dios, haciendo así de Dios su propiedad privada. Debemos estar atentos contra esta distorsión de lo sagrado.

Si es incontestable un cierto uso indebido de la religión en la historia, no es verdad, sin embargo, que el «no» a Dios restablecería la paz. Si la luz de Dios se apaga, se extingue también la dignidad divina del hombre. Entonces, ya no es la imagen de Dios, que debemos honrar en cada uno, en el débil, el extranjero, el pobre. Entonces ya no somos todos hermanos y hermanas, hijos del único Padre que, a partir del Padre, están relacionados mutuamente. Qué géneros de violencia arrogante aparecen entonces, y cómo el hombre desprecia y aplasta al hombre, lo hemos visto en toda su crueldad el siglo pasado.

Sólo cuando la luz de Dios brilla sobre el hombre y en el hombre, sólo cuando cada hombre es querido, conocido y amado por Dios, sólo entonces, por miserable que sea su situación, su dignidad es inviolable.

En la Noche Santa, Dios mismo se ha hecho hombre, como había anunciado el profeta Isaías: el niño nacido aquí es «Emmanuel», Dios con nosotros (cf. Is 7,14). Y, en el transcurso de todos estos siglos, no se han dado ciertamente sólo casos de uso indebido de la religión, sino que la fe en ese Dios que se ha hecho hombre ha provocado siempre de nuevo fuerzas de reconciliación y de bondad. En la oscuridad del pecado y de la violencia, esta fe ha insertado un rayo luminoso de paz y de bondad que sigue brillando.

Así pues, Cristo es nuestra paz, y ha anunciado la paz a los de lejos y a los de cerca (cf. Ef 2,14.17). Cómo dejar de implorarlo en esta hora: Sí, Señor, anúncianos también hoy la paz, a los de cerca y a los de lejos. Haz que, también hoy, de las espadas se forjen arados (cf. Is 2,4), que en lugar de armamento para la guerra lleguen ayudas para los que sufren. Ilumina la personas que se creen en el deber aplicar la violencia en tu nombre, para que aprendan a comprender lo absurdo de la violencia y a reconocer tu verdadero rostro. Ayúdanos a ser hombres «en los que te complaces», hombres conformes a tu imagen y, así, hombres de paz.

Apenas se alejaron los ángeles, los pastores se decían unos a otros: Vamos, pasemos allá, a Belén, y veamos esta palabra que se ha cumplido por nosotros (cf. Lc 2,15). Los pastores se apresuraron en su camino hacia Belén, nos dice el evangelista (cf. 2,16). Una santa curiosidad los impulsaba a ver en un pesebre a este niño, que el ángel había dicho que era el Salvador, el Cristo, el Señor. La gran alegría, a la que también el ángel se había referido, había entrado en su corazón y les daba alas.

Vayamos allá, a Belén, dice hoy la liturgia de la Iglesia. Trans-eamus traduce la Biblia latina: «atravesar», ir al otro lado, atreverse a dar el paso que va más allá, la «travesía» con la que salimos de nuestros hábitos de pensamiento y de vida, y sobrepasamos el mundo puramente material para llegar a lo esencial, al más allá, hacia el Dios que, por su parte, ha venido acá, hacia nosotros. Pidamos al Señor que nos dé la capacidad de superar nuestros límites, nuestro mundo; que nos ayude a encontrarlo, especialmente en el momento en el que él mismo, en la Sagrada Eucaristía, se pone en nuestras manos y en nuestro corazón.

Vayamos allá, a Belén. Con estas palabras que nos decimos unos a otros, al igual que los pastores, no debemos pensar sólo en la gran travesía hacia el Dios vivo, sino también en la ciudad concreta de Belén, en todos los lugares donde el Señor vivió, trabajó y sufrió. Pidamos en esta hora por quienes hoy viven y sufren allí. Oremos para que allí reine la paz. Oremos para que israelíes y palestinos puedan llevar una vida en la paz del único Dios y en libertad. Pidamos también por los países circunstantes, por el Líbano, Siria, Irak, y así sucesivamente, de modo que en ellos se asiente la paz. Que los cristianos en aquellos países donde ha tenido origen nuestra fe puedan conservar su morada; que cristianos y musulmanes construyan juntos sus países en la paz de Dios.

Los pastores se apresuraron. Les movía una santa curiosidad y una santa alegría. Tal vez es muy raro entre nosotros que nos apresuremos por las cosas de Dios. Hoy, Dios no forma parte de las realidades urgentes. Las cosas de Dios, así decimos y pensamos, pueden esperar. Y, sin embargo, él es la realidad más importante, el Único que, en definitiva, importa realmente.

¿Por qué no deberíamos también nosotros dejarnos llevar por la curiosidad de ver más de cerca y conocer lo que Dios nos ha dicho? Pidámosle que la santa curiosidad y la santa alegría de los pastores nos inciten también hoy a nosotros, y vayamos pues con alegría allá, a Belén; hacia el Señor que también hoy viene de nuevo entre nosotros. Amén.

Felicitaciones de Navidad



Recordarán las tres o cuatro lectoras que todavía me soportan que, hace relativamente poco, se llegó a considerar la celebración de «bautismos civiles» en los Ayuntamientos. La suplantación del sacramento religioso por la bufonada municipal ya cuenta, sin embargo, con algunos precedentes: según me asegura un alguacil amigo, cada vez son más las parejas contrayentes por el rito civil que, nostálgicas o envidiosas del empaque y el ringorrango de las celebraciones religiosas, solicitan al alcalde o concejal que oficia el casamiento que no se limite a leer los artículos preceptivos del Código Civil, sino que los aderece de juramentos plagiados de la liturgia católica y fragmentos del Cantar de los Cantares, y hasta que improvise una suerte de homilía laica y alquile un organista, para que la ceremonia no quede desangelada y pobretona. Diríase que la religión, al perder ascendiente sobre el hombre, hubiese dejado desguarnecidos territorios que necesitan amueblarse con burdos sucedáneos. Diríase también que, entre algunos negadores epilépticos de la religión, existiese un fondo de nostalgia u orfandad que los impulsa a imitar grotescamente aquello que aborrecen.

Pero allá cada cual con sus complejitos. Más exasperante se me antoja esa moda que se ha instaurado de felicitar la Navidad con tarjetas postales que rehuyen el motivo iconográfico religioso y lo sustituyen por garabatos de índole más o menos laica. Yo comprendo que haya gente que reniegue de la esencia religiosa de la Navidad; incluso puedo llegar a admitir que existan por ahí pobres diablos que, para no herir susceptibilidades, se abstengan de repartir entre sus amistades tarjetas que incorporen la Adoración de los Magos o la Huida a Egipto. Lo natural sería que estos negadores de la esencia religiosa de la Navidad se abstuviesen de enviar felicitaciones en estas fechas que muchos vinculamos a los misterios de una fe que nos sustenta. Pero no, señor. Los tíos necesitan meter el cazo en plato ajeno y bombardearnos con felicitaciones horterísimas que eluden el asunto religioso o lo falsifican. Este año he recibido, entre otros mamarrachos ínfimos, una felicitación que ostenta en su carátula la consabida palomita picassiana; a mí las palomitas picassianas (que son al arte lo que la fabricación de churros a la alta repostería) me la refanfinflan muchísimo, casi tanto como las latas Campbells que perpetraba el pintamonas de Warhol. De inmediato, he devuelto al memo que me la envió su palomita picassiana, con la siguiente inscripción: «Cómetela en pepitoria, y ojalá revientes».

Esta moda de las felicitaciones navideñas laicas se ha extendido como una gangrena, incluso entre instituciones de inspiración cristiana, que se avergüenzan de la iconografía que nutrió su formación. De una de ellas me han remitido una birria aderezada de garabatos, en cuyo interior figura una cita bastante mostrenca de Arthur Miller; yo no es que tenga nada contra este conspicuo señor, pero, en fin, el evangelista Lucas me sigue pareciendo un escritor mucho más vigente y universal. A las tres o cuatro lectoras que todavía me soportan les ruego encarecidamente que no me apedreen con estos bodrios de felicitaciones laicas; si de verdad desean alegrarme la Navidad, abríguenme espiritualmente con tarjetones que reproduzcan cuadros de Van Eyck o Tintoretto, Murillo o El Greco, donde figuren nítidamente la Virgen y San José, los Magos de Oriente, el Niño Dios y los pastores que lo adoran, y dejen esa morralla de pintarrajos para los acomplejados y los necios, los esnobs y los cagones.

Mi hija Jimena -nueve mesecitos clarividentes- arranca a llorar como una descosida cada vez que le muestro una paloma picassiana.

http://www.interrogantes.net/Juan-Manuel-de-Prada-Felicitaciones-de-Navidad-laicas-ABC-210XII002/menu-id-29.html

Belenes

 
 
EL personal anda muy desconcertado con lo del buey y la mula, porque han oído que el Papa niega que hubiera tales animales en el Portal, y no saben si, en consecuencia, deberían quitarlos de los nacimientos. No he leído aún el libro de Benedicto XVI sobre la infancia de Jesús, que ha editado en España mi amiga Carmina Salgado, pero supongo que nada está más lejos de las intenciones del Papa que eliminar a dicha pareja de los pesebres navideños.
 
A don Julio Caro Baroja, que era agnóstico, los belenes le hicieron etnógrafo desde niño, cuando lo llevaban a la Plaza Mayor a comprar figuras de pescadores de caña, molinos de corcho y musgo abundante. A mí también me entusiasmaba montar el de mi familia, que tenía hasta un castillo de Herodes. Eso sí que era una incongruencia, porque Herodes vivía en Jerusalén. Y qué. ¿Desde cuándo le importaron al pueblo, cuando todavía había pueblo, las incongruencias geográficas o zoológicas? Lo de la mula y el buey ha creado alarma social, y no entiendo por qué. Parece como si todo el mundo pusiera todavía belenes en sus casas. No es así. Las pocas familias que lo siguen haciendo no se plantearán siquiera mover un solo elemento de su sitio acostumbrado. Los que arman el lío con el libro del Papa ni lo han leído ni echan en falta el belén.
 
Obviamente, no pongo belén en mi casa, donde, en cambio, encendemos la janukía, el candelabro judío de nueve lamparillas. Pero recuerdo con simpatía el nacimiento doméstico de mi infancia, hecho con figuras descabaladas y desiguales. Algunas, heredadas de mis bisabuelos, muy hermosas, grandes y excelentemente moldeadas, de estilo napolitano. Junto a ellas, los pastorcillos que comprábamos en la Plaza Nueva de Bilbao parecían liliputienses. Lo mismo que las vacas, ovejas y gallinas de adquisición reciente, que daban dimensión de megaterios a la mula y al buey originales.
 
Los belenes tenían su parte siniestra, pero en el nuestro no había caganers. Se supone erróneamente que la figura del caganer es una aportación catalana. Nada de eso. Era habitual en los pesebres napolitanos. He comprado algunos en Nápoles, en las tiendas del Largo de San Gregorio Armenio, además de otras figuras tomadas de la Comedia del Arte (por cierto, el Polichinela de los belenes napolitanos modernos tiene los rasgos de Totó). En cuanto al caganer, me parece evidente que se trata, en su origen, de un detalle antijudío del pesebre primitivo. Otra incongruencia: se representaba con esta figura a los judíos, a los que el nacimiento del Mesías (cristiano) habría sorprendido en plena deposición (y sin papel). Pero todos los habitantes de Belén en tiempos de Jesús eran judíos, incluidos los transeúntes que estaban allí por el padrón ordenado por Augusto y, por supuesto, los pastores que acudieron al Portal. Hay todavía una interpretación más radical: el caganer sería la expresión plástica de la más convencional de las blasfemias. Una traslación algo alambicada al plano religioso del personaje de los proverbios europeos que defeca al pie de la horca, burlándose así de la muerte. Este personaje comenzó a aparecer en la pintura flamenca del siglo XVI (como en el cuadro de Bruegel el Viejo), y de ahí lo tomaron, probablemente, los artesanos de Italia.
La imaginación popular ha sido siempre anacrónica. Ni el tiempo ni la exactitud histórica le han importado lo más mínimo. Disfrutaba de una libertad que la imaginación moderna ha perdido, y por eso los pedantes andan ahora intentando cargarse, con el pretexto del libro del Papa, lo que queda de una tradición que permitía al pueblo cristiano vivir a su modo la gran experiencia artística del Año Litúrgico.
 
JON JUARISTI

10 claves para educar a tu hijo

1. Un ejemplo vale más que mil sermones

  • Desde muy pequeños los niños tienden a imitar todas nuestras conductas, buenas y malas.
  • Podemos aprovechar las costumbres cotidianas -como saludar, comportarnos en la mesa, respetar las normas al conducir- para que adquieran hábitos correctos y, poco a poco, tomen responsabilidades.
  • De nada sirve sermonearle siempre con la misma historia si sus padres no hacen lo que le piden.

2. Comunicación, diálogo, comprensión…

  • Las palabras, los gestos, las miradas y las expresiones que utilizamos nos sirven para conocernos mejor y expresar todo aquello que sentimos. Por eso, incluso durante el embarazo, hay que hablar al bebé.
  • Debemos continuar siempre con la comunicación. Hablarle mucho, sin prisas, contarle cuentos y también dejar que él sea quien nos los cuente.
  • ¿Has probado a hacerle una pregunta que empiece con «Qué piensas tú sobre...»? Así le demostramos que nos interesa su opinión y él se sentirá querido y escuchado.

3. Límites y disciplina, sin amenazas

  • Hay que enseñarle a separar los sentimientos de la acción. Las normas deben ser claras y coherentes e ir acompañadas de explicaciones lógicas.
  • Tienen que saber lo que ocurre si no hace lo que le pedimos. Por ejemplo, debemos dejarle claro que después de jugar tiene que recoger sus juguetes.
  • Es importante que el niño -y también nosotros- comprenda que sus sentimientos no son el problema, pero sí las malas conductas. Y ante ellas siempre hay que fijar límites, porque hay zonas negociables y otras que no lo son. Si se niega a ir al colegio, tenemos que reconocerle lo molesto que es a veces madrugar y decirle que nosotros también lo hacemos.

4. Dejarle experimentar aunque se equivoque

  • La mejor manera para que los niños exploren el mundo es permitirles que ellos mismos experimenten las cosas. Y si se equivocan, nosotros tenemos que estar ahí para cuidar de ellos física y emocionalmente, pero con límites.
  • La sobreprotección a veces nos protege a los padres de ciertos miedos, pero no a nuestro hijo. Si cada vez que se cae o se da un golpe, por pequeño que sea, corremos alarmados a auxiliarle, estaremos animándole a la queja y acostumbrándole al consuelo continuo. Tenemos que dejarles correr riesgos.

5. No comparar ni descalificar

  • Hay que eliminar frases como «aprende de tu hermano», «¿Cuándo vas a llegar a ser tan responsable como tu prima?» o «eres tan quejica como ese niño del parque».
  • No conviene generalizar y debemos prescindir de expresiones como «siempre estás pegando a tu hermana» o «nunca haces caso».
  • Seguro que hace muchas cosas bien, aunque últimamente se esté comportando como un verdadero «trasto». Cada niño es único, no todos actúan al mismo ritmo y de la misma manera.
  • Frases como «tú puedes nadar igual de bien que tu hermano, inténtalo. Ya lo verás» transforman su malestar en una sonrisa y le animan a conseguir sus metas.

6. Compartir nuestras experiencias con otros padres

  • Puede sernos muy útil. Así, vivir una etapa de rebeldía de nuestro hijo, algo muy frecuente a determinadas edades, puede dejar de ser una fuente de angustia tremenda y convertirse, simplemente, en una fase dura pero pasajera. Frases como «no te preocupes, a mi hijo le ocurría lo mismo», pueden ayudarnos a relativizar los «problemas» y, por tanto, conseguir que nos sintamos mejor y actuemos más tranquilos.
  • Si estamos desorientados, preocupados o no sabemos cómo actuar, siempre podemos consultarlo con un profesional. No tenemos nada que perder.

7. Hay que reconocer nuestras equivocaciones

  • Tenemos derecho a equivocarnos y eso no significa que seamos malos padres. Lo importante es reconocer los errores y utilizarlos como fuente de aprendizaje.
  • Una frase sencilla como «perdona cariño, refuerza su buen comportamiento y nos ayuda a sentirnos bien.

8. Reforzar las cosas buenas

  • Está comprobado que los refuerzos positivos gestos de cariño, estímulos, recompensas resultan más eficaces a la hora de educar que los castigos. Por eso siempre debemos darle apoyo afectivo y dejar que sea él el que, según su capacidad, resuelva los problemas.
  • Los niños son muy sensibles y los calificativos como «tonto» o «malo» les hacen mucho daño y pueden afectar de modo negativo a la valoración que tienen de ellos mismos.
  • Debemos ser generosos con todo aquello que les hace sentirse valiosos y queridos. Si le premiamos con caricias, abrazos o palabras como «guapo» o «listo», estamos construyendo una buena autoestima.
  • Tan importante como rectificar sus malas conductas es reconocer y reforzar las buenas.

9. No hay que pretender ser sus amigos

  • Aunque siempre conviene fomentar un clima de cercanía y confianza, eso no significa que debamos ser sus mejores amigos.
  • Mientras que entre los niños el trato es de igual a igual, nosotros, como padres y educadores, estamos situados en un escalón superior. Desde allí les ofrecemos nuestros cuidados, experiencia, protección… pero también nuestras normas.
  • Buscar su aprobación continua para todo puede ser un arma de doble filo, ya que la amistad también es admiración y confianza y le resultará muy difícil confiar en nosotros si no sabemos imponernos.
  • Un buen padre no es aquel que cede de modo continuo y no enseña.

10. Ellos también tienen emociones

  • A veces pensamos que solo nosotros nos sentimos contrariados y que los niños tienen que estar todo el día felices. Pero también tienen preocupaciones.
  • Su mundo emocional es igual o más complejo que el nuestro, por eso conviene dar importancia a sus emociones y ser conscientes de ellas. Debemos ayudar a nuestro hijo a poner nombre y apellido a lo que experimenta y siente.
Autora: Nuria Corredor.
Asesor: Raúl Gómez, psicólogo.

http://www.serpadres.es/familia/vida-en-familia/educar-hijo-familia.html

«He encontrado mi meta, estoy llena de alegría»: la carta póstuma de Camille a sus padres





¿Cómo afrontar la muerte y la enfermedad, especialmente cuando se es joven? “De la
muerte brota la Vida y de la cruz la Resurrección”. Con esta frase y con su ejemplo de
vida respondió con creces a esta pregunta Camille Homolle, una chica de tan sólo 25
años que el pasado mes de julio pasó de este mundo al Padre tras padecer cáncer
durante años.

Sin embargo, lejos de entristecerse, esta joven francesa aprovechó la enfermedad para

prepararse para el Cielo y para evangelizar ya incluso muerta a su familia y amigos. El
padre Christian Mahéas acompañó durante todo este tiempo a Camille en su camino
espiritual. Ahora confiesa que quedó maravillado porque “en medio de esta desgracia
terrible se vio la Gracia de Dios”. Este sacerdote quedó impresionado de que los
jóvenes “viven su enfermedad y la proximidad de la muerte como una forma real de
vida que es una gracia que llega a sus familias”.

“Supe que estaba lista”
En las pasadas Navidades esta joven parisina supo que la medicina no podría hacer

nada por ella y que más tarde o más temprano moriría. Cuenta el padre Mahéas que
“se fue de peregrinación con su familia. Vi volver a Camille con un rostro luminoso
y pacificado. No había recibido la gracia de la curación física, sino la de la fe
profunda que deseaba tan ardientemente. Supe que estaba lista”.

Camille afrontó su muerte con naturalidad y con la vista puesta en la vida eterna.

Por ello, el 15 de marzo le entregó a su sacerdote una larga carta que debía
entregar a sus padres el día de su muerte. A continuación juntos prepararon
la misa funeral.

Eligió las lecturas y cantos de su funeral
Ella misma quiso elegir las lecturas. La primera era del libro de la Sabiduría cuando

habla de que “Dios creo al hombre para la incorruptibilidad, le hizo imagen de su misma
naturaleza”. El salmo escogido fue el 86 que pide a Dios: “guarda mi alma, porque yo te
amo, salva a tu siervo que confía en ti”. Por último esta joven eligió un Evangelio de San
Juan, un precioso pasaje en el que Jesús dice a sus discípulos que “no se turbe vuestro
corazón. Creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas
mansiones, si no, os lo habría dicho”.

Tampoco las canciones fueron al azar. Para la entrada quiso que fuera uno titulado “Más

cerca de mi Dios yo quiero descansar”. Para la comunión quiso que sus seres queridos
cantasen “No tengo otro deseo que pertenecerte” y para el final dejó el canto de Simeón,
Ahora ya puedes dejar que me vaya en paz”.

La carta entregada a sus padres
En el funeral, el sacerdote entregó la carta que Camille había escrito en marzo. Ahora

era el momento. “He vivido una vida maravillosa”, afirmaba. “Hago hincapié en este
punto porque incluso estos dos años han estado llenos de felicidad. Aunque agotadores
me han permitido descubrir dónde está la verdadera alegría: la alegría de la fe.
¡Qué hermosas situaciones parecen terribles a primera vista!”.

En su carta Camille agradece que “este amor que continuamente recibí me dio la fuerza

para no perderme en el abatimiento y buscar la meta de mi vida, mi viaje. La he
encontrado y estoy llena de alegría”.

De este modo, dirigiéndose a sus seres queridos y amigos añade que “el duelo es un

tiempo de sufrimiento y soledad, un vacío terrestre terrible. Pero cuando te
entregas al amor de Dios, nos damos cuenta de que los muertos están siempre
ahí y nos guían. Son pequeños ángeles que nos llevan, nos sostienen, nos quieren
y es importante dejarles un lugar en nuestros corazones. Estos pequeños ángeles
son felices, afortunados”.

“Somos felices y estamos ahí”
Era ella misma la que en su propio funeral estaba consolando a la gente que tanto

quería. “Este duelo es un aprendizaje que se hace poco a poco, otro tipo de relación
con los que se fueron, relación más bella y constructiva”. La clave está en que este
vacío “puede ser llenado por el amor infinito de Dios y de los difuntos del Cielo.
La tristeza en este tiempo es comprensible pero Camille exhorta a su familia a que
“esta fase no dure demasiado tiempo para evitar endurecer nuestros corazones”.
Somos felices y estamos siempre ahí”, asegura esta joven en la carta.

Por ello, invita a mirar más allá. Asegura que “la vida terrena no durará mucho

tiempo y tenemos que prepararnos para la vida eterna. Por medio de nuestras
oraciones y acciones nos preparamos para este paso feliz” Y es que aunque
algunos se van antes que otros, estos pocos años no son nada en comparación
con la eternidad del amor que nos espera”.

“Entrégate a los brazos de María”
Incluso recomienda las cosas que a ella le han ayudado a hacer el paso de este

mundo al Padre. “No dudéis en pedir ayuda a los sacerdotes, en acudir a los
Sacramentos y a las personas guiadas por la fe e impregnadas del Espíritu Santo”.

Para acabar la carta hace esta exhortación: “No te encierres en tu dolor y déjate

alimentar por los lazos del amor, amistad y la familia que te rodea. Estos lazos
sacarán la fuerza para superar el dolor. Ten confianza y entrégate totalmente
en los brazos de María para entrar en la esperanza de la salvación”. “Mis
oraciones están con vosotros y os acompañarán siempre”, concluye.

Es por esto por lo que el sacerdote que tanto vivió con ella llegara a esta c

onclusión tras su muerte, tal y como contó a Famille Chrétienne: "
Camille me dio a entender que un santo no era alguien perfecto. Es alguien que
con cuya vida refleja el corazón del Evangelio: de la muerte brota la Vida, y
de la cruz la Resurrección”.

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=25707
 

¿Quien habla en nombre de las mujeres?


 
En la convención republicana celebrada en Tampa (Florida), Ann Romney se dirigió a las madres, a las esposas, a las abuelas, a las hermanas y a las hijas con un tono de complicidad. Habló de “ese momento final del día en que las mujeres suspiran un poco más que los hombres” porque han tenido “que trabajar algo más duro para hacerlo todo bien”.
Para hacer frente a la ofensiva republicana, los demócratas han puesto en primera fila de su campaña a mujeres “pro-choice” “Vosotras sois las que tenéis que hacer un poco más y sabéis lo que es tener que ganar un poco más; ganar el respeto que os merecéis en el trabajo y después llegar a casa y ayudar a que los deberes se hagan”. Después vinieron algunas anécdotas familiares: los años de recién casada con sus dietas de pasta y atún; el buen humor de su marido Mitt; las tardes de lluvia con cinco niños gritando a la vez en casa; su sufrimiento con la esclerosis, el cáncer de mama y un aborto espontáneo que tuvo hace un par de décadas...Ann concluyó su discurso con la afirmación de que se siente “la mujer más afortunada del mundo” y pidió el voto para su marido. Entonces Mitt apareció en escena. Se besaron. De fondo, la música de My Girl... Todo muy republicano. Eso sí, ningún atisbo de lo que a los demócratas les ha dado por llamar la “guerra contra las mujeres”.
 
Refuerzo “pro-choice” entre los demócratas

En la versión demócrata, esta guerra consiste en la oposición que muchos republicanos –mujeres y hombres– están llevando a cabo frente a la ampliación por parte del gobierno de Obama de los llamados derechos reproductivos de las mujeres. Esta acción de los republicanos se concreta principalmente en tres frentes: el impulso de medidas restrictivas al aborto en diversos estados; la retirada de algunos beneficios fiscales concedidos a organizaciones abortistas como Planned Parenthood; y la oposición a la norma del Ministerio de Sanidad que impone –también a instituciones de inspiración religiosa– la obligación de financiar anticonceptivos, la píldora del día siguiente y la esterilización en el seguro sanitario. Para hacer frente a la ofensiva republicana, los demócratas han puesto en primera fila de su campaña a mujeres “pro-choice”. Así, en agosto presentaron diez nuevos rostros femeninos que aspiran a llevar aire fresco a la convención demócrata, iniciada el 4 de septiembre en Charlotte (Carolina del Norte). La más conocida es la activista Sandra Fluke, para quien “las políticas del Partido Republicano representan un peligro para las mujeres”.
La decisión de fichar a Fluke y compañía ha sido muy celebrada por la vieja guardia feminista. Dice Jodi Jacobson, editora de una web sobre salud reproductiva, que Fluke “habla en nombre de una nueva generación de mujeres jóvenes”. Y Nancy Keenan, presidenta de NARAL Pro-Choice America, no oculta su alegría al ver que el partido del burro sigue contando con ella: “Estoy orgullosa de que el Partido Demócrata vuelva a reafirmar su compromiso de proteger los derechos reproductivos de las mujeres a través de esta plataforma, y de que elija a tantas portavoces ‘pro-choice’ para su convención”.

Mujeres que hablan por sí mismas

Hablar en nombre de un colectivo tiene sus riesgos. Sobre todo, si ese colectivo no te ha elegido como su portavoz. Cuando Fluke dice que las medidas antiabortistas de los republicanos son peligrosas para las mujeres, ¿en nombre de qué mujeres habla?

“Aquellas que pretenden representar nuestros intereses nunca han venido a pedirnos autorización para representarnos”, escribe Sheila Liaugminas en MercartorNet. “No nos conocen, no nos entienden, no se preocupan realmente por nosotras. Igual que fuimos utilizadas una vez sin nuestro consentimiento para satisfacer los deseos sexuales de otros, continuamos siendo utilizadas sin nuestro permiso para satisfacer los objetivos políticos de otros”.

Mientras algunas aspiran a convertir “en nombre de las mujeres” el aborto o la anticoncepción en dogmas incuestionables, otras prefieren hablar por sí mismas y defender sus propios valores. Es lo que hacen las más de 33.000 mujeres que comparten los principios de “Women Speak For Themselves”.

La historia de esta iniciativa la cuentan en National Review Online sus autoras, Helen M. Alvaré y Kim Daniels, profesora de Derecho en la George Mason University School of Law, la primera, y exabogada del Thomas More Law Center, la segunda.

Cuando el pasado enero el Ministerio de Sanidad de EE.UU. anunció que obligaría también a las instituciones de inspiración religiosa a financiar anticonceptivos, la píldora del día siguiente y la esterilización en los seguros de sus empleados, los obispos estadounidenses denunciaron lo que consideraban una violación de la libertad religiosa (cfr. Aceprensa, 27-01-2012).

Rápidamente, el gobierno de Obama se apresuró a llevar la polémica al terreno de los derechos reproductivos. Mientras los obispos invocaban el respeto a la conciencia y a la libertad religiosa, el gobierno hacía lo propio con la “salud de las mujeres”. Una vez planteado el debate en estos términos, Nancy Pelosi y otras demócratas se propusieron desautorizar la oposición de los obispos al mandato de Obama con la siguiente pregunta: “¿Dónde están las mujeres?”.

Carta abierta

Aquello le pareció demagógico a Alvaré y Daniels. Invocar la salud de las mujeres para callar la boca a todo aquel que discrepara con quienes pretendían atentar contra sus creencias más hondas era muy poco honrado. De modo que las dos juristas escribieron una carta abierta dirigida a Obama para decirle que nadie puede atribuirse el monopolio para hablar en cuestiones de salud.

“No es razonable –explica Alvaré– que unos pocos grupos hablen en nombre de todas las mujeres en temas como la vida, la familia, la sexualidad o la religión. Las más de 31.000 mujeres [ahora son más de 33.000] que han firmado la carta abierta ya no se van a quedar sentadas en silencio mientras unos pocos políticos y sus aliados insisten en que la libertad religiosa tiene que doblegarse ante la teoría –la ideología, más bien– de que el núcleo de la libertad de las mujeres es la expresión sexual sin compromiso”.

Al principio, hicieron circular la carta entre varias docenas de amigas. A ella se fueron adhiriendo mujeres de muy diversas profesiones. En 72 horas habían conseguido cerca de 750 firmas, también de fuera de EE.UU. Al ver el éxito cosechado, se decidieron a lanzar una web.

En la carta, Alvaré y Daniels brindan su apoyo a la Iglesia católica para que siga ofreciendo en un clima de libertad sus enseñanzas sobre la sexualidad, el matrimonio y la familia. La carta está abierta a creyentes y no creyentes, como también lo está a demócratas, republicanos e independientes.
Carol, una de las firmantes, escribe: “Soy una mujer ‘pro-choice’ que respeta los derechos de las demás mujeres a sostener otros puntos de vista. En concreto, espero que el gobierno –en conformidad con la Constitución– proteja a cualquier persona para que no se vea forzada a actuar en contra de su conciencia. El mandato del Ministerio de Sanidad es una violación fundamental de nuestros derechos a la libertad de expresión y de religión”.

Carol ha dado una lección al gobierno de Obama. Aunque ella es “pro-choice”, no le importa ponerse al lado de las provida en esta ocasión para defender la conciencia de quienes deciden pensar y vivir de forma diferente.

Annie Lobert, ex-prostituta, rescata chicas en Las Vegas con una oración contra el demonio




Fue abusada de niña y despreciada de adolescente. Empezó como acompañante de lujo y
bailarina, y luego fue prostituta cara en Las Vegas. Su chulo le pegaba y pese a todo ella
le necesitaba. Buscó llenar su vida con drogas y espiritualidades. Sólo en la puerta de la
muerte encontró a Jesús. Y decidió ayudar a otras mujeres.

"Eres preciosa y Jesús te quiere". Con estas palabras, Annie Lobert se acerca a las
prostitutas de Las Vegas. Ella es ex-prostituta, y junto a otras ex-prostitutas recorre la
noche para rescatar a las mujeres del tráfico sexual.

"Les digo eso nada más verlas porque necesitan saber que son valiosas, que son bellas y

que hay alguien que las ama incondicionalmente", explica.

Su experiencia la impulsó en 2005 a crear Hookers for Jesus, una organización cristiana

que lucha contra la explotación sexual, la pornografía y la industria del sexo. Fue
"trabajadora del sexo" durante 16 años: primero en Minneapolis, Minnesota, Hawaii
y los once últimos, y más traumáticos, en Las Vegas.

Ahora su misión, tal y como ella describe, "es salvar el alma de las mujeres que venden

su cuerpo" en la oportunamente llamada Sin City (Ciudad del Pecado).

Abusada y nunca amadaLa historia de autodestrucción de Annie se inicia en su

infancia. Fue víctima de abusos sexuales con 8 años. Ella misma reconoce además
que nunca se sintió amada y que esa circunstancia mermó su autoestima: “Sólo pensaba
en qué Dios estaría enfadado conmigo. Le imaginaba con un enorme martillo
esperando el momento de aplastarme con él si hacía algo mal”.

A los 18 años perdió la virginidad con un chico que le rompió el corazón.

Entonces despertó su lado rebelde y se lanzó a los brazos de una vida de promiscuidad
y a la “experimentación”. Durante unas vacaciones con una amiga en Hawaii vendió por
primera vez su cuerpo por dinero.

Soñando con Pretty WomanAl regresar a su ciudad, abandonó su trabajo y se

introdujo en el mundo de la prostitución de lujo. Primero se consideraba
"bailarina exótica" y "acompañante de lujo". Después tuvo que aceptar encargos más
y más exigentes. La seducción del dinero le hizo irse hasta Las Vegas, donde pensó
que ganaría más: “Eran miles de dólares cada noche; noches incluso de más de 10.000.
En Las Vegas viví la ilusión del glamour, las fiestas y el dinero. No podía resistirme
a la luz de los casinos y entrar para ver si encontraba a algún cliente muy rico
que me rescatara. Todas soñamos con ser Julia Roberts en Pretty Woman”.

Durante los once años que ejerció como prostituta en Las Vegas llenó su vida con

fiestas, gente famosa, viajes, hombres y caros objetos materiales pero, como dice
Annie, “al final pierdes tu alma en todo este proceso. Vivir en el mundo de Las
Vegas me hizo hacer cosas que no hubiera hecho en cualquier otra
circunstancia”.

Violencia y drogas y vacío interiorLa primera vez que invocó a Jesucristo

fue cuando estuvo a punto de ser asesinada por su “chulo”. Al enterarse de
que Annie quería dejar la prostitución, la encerró en el maletero de su coche
y la amenazó con quemarla en el desierto. Su chulo la liberó pero unos meses
después la secuestró y le propinó una paliza en el desierto.

Ese no fue el peor día para Annie: al poco tiempo fue diagnosticada de linfoma.

Sin embargo, no abandonó la prostitución porque tenía facturas médicas que
pagar. Sumida en una gran depresión por la muerte de varios familiares
próximos, su enfermedad y el creciente deseo de abandonar esa vida sin poder
hacerlo, Annie entró en el infierno de las drogas: “Es increíble, pero después de
curarme, comencé a consumir drogas. Tenía el corazón roto, ninguna voluntad
de seguir luchando y sufría por el continuo abuso verbal, físico y sexual que
sufría siendo una prostituta de lujo”.

Xanax, valium, cocaína, alcohol y ludopatía... Nada llenaba su vacío interior

y entonces probó con diferentes formas de “religiosidad”: wicca, vampirismo,
masonería, budismo, new age... todo ello le provocó un desorden por estrés
postraumático.

Además, como muchas otras prostitutas, desarrolló una adicción o dependencia

hacia el mismo chulo que le pegaba. Estaba perdidamente enamorada, enganchada,
hacia la misma persona que la apalizaba y vendía.

Los estudios que maneja su asociación dice que casi 7 de cada 10 mujeres que

trabajan en la industria del sexo sufren este estrés postraumático: enfermedad, ansiedad, depresión, insomnios, pesadillas, pérdidas de memoria, anorexia, bulimia, depresión
clínica...todos estos eran los síntomas de Annie tras once años trabajando en la industria
del sexo en Las Vegas.

Sobrevivir a la sobredosisUna noche de 2003 casi murió por sobredosis: “Sentía un

dolor horrible en mi pecho. Estaba esperando ver las llamas del infierno y le pedí a
Jesús que, si me salvaba, le hablaría al mundo entero de Él. Y Jesús vino a
rescatarme”.

Y así lo hizo cuando se recuperó. Annie comenzó a usar su dolorosa experiencia en

ayudar a personas explotadas sexualmente en Las Vegas.

“Mi pasión es ayudar a prostitutas, proxenetas, strippers y a cualquiera que se haya

visto en las redes de la explotación sexual. Quiero ayudarles a ver que hay una vida
real esperándoles fuera de la industria del sexo. Si necesitan ayuda para escapar de este
estilo de vida, aquí estoy yo para ayudar, no para juzgar”.

Verdades clarasAl mundo y a los clientes les recuerda lo que no quieren pensar:

"Las mujeres no son robots, no disfrutan de los actos sexuales, ni de la esclavitud
de vender su cuerpo. Tenemos sentimientos y no los podemos eliminar mientras somos
prostitutas o strippers. Nos duele, sangramos, lloramos, somos hermanas, madres, hijas,
primas, sobrinas, niñas pequeñas".

A las mujeres atrapadas en el negocio les propone un cambio radical, y para eso

necesitan a Jesús. Les dice: "Dios te ama a ti, sí, a ti, a esa persona que vive derrotada",
les dice. "No dejes que el demonio te robe la alegría más tiempo. Pide a Jesús que
entre en tu corazón y observa cómo puede cambiar tu vida radicalmente. ¿Sabías que
Jesús murió para que fueses libre? ¿Quieres salir de la celda de tu mente? Reza esta
oración".

La oración busca romper el círculo de esclavitud en el que vive la mujer:

"Jesús, creo que eres el Hijo de Dios. Ven a vivir a mi corazón vacío. Manda tu

Espíritu Santo a llenarme con tu paz, pasión y amor. Cámbiame completamente,
de dentro afuera. Que pueda caminar en el destino perfecto que tienes para mí.
Enseñame a vivir mi nueva vida. Abre mis ojos a tu verdad. Rompe
las mentiras que el demonio ha puesto en mi mente. En ti confío, oh Señor.
Gracias, Jesús. Amén."

El poder del perdón¿Y después? Después viene el reto de perdonarse una misma

y perdonar a los enemigos. Annie lo explica: "Si Jesús podía perdonarme, ¿no podía
perdonarme yo misma también? Y me perdoné por todas las cosas horribles que había
hecho y el yugo de la atadura y la culpa se quitó de mi espalda".

También perdonó a su chulo, "y a todos los demás que me ofendieron. Rezo por

mi chulo cada día y sé que Dios tiene un plan grande para él. ¡Perdona
y serás libre!"

Diálogo entre 2 bebés dentro del vientre materno




En el vientre de una mujer embarazada estaban dos hermanitos conversando cuando una le preguntó al otro:

- ¿Crees en la vida después del nacimiento?

La respuesta fue inmediata:

- Claro que sí. Algo tiene que haber después del nacimiento. Tal vez estemos aquí porque precisamos prepararnos para lo que seremos más tarde.

- Bobadas, ¡no hay vida después del nacimiento! ¿Cómo sería esa vida?

- No lo sé exactamente, pero ciertamente habrá más luz que aquí. Tal vez caminemos con nuestros propios pies y comamos con la boca...

- ¡Eso es un absurdo! Caminar es imposible. ¿Y comer con la boca? Es totalmente ridículo! El cordón umbilical es lo que nos alimenta. La vida después del nacimiento es una hipótesis excluida, el cordón umbilical es muy corto.

- En verdad, creo que ciertamente habrá algo. Tal vez sea bastante diferente a lo que estamos habituados a tener aquí.

- Pero nadie vino de allá, nadie volvió después del nacimiento. El parto termina con la vida. Vida que es nada más que esta absoluta oscuridad.

- Bueno, yo no sé exactamente cómo será después del nacimiento, pero, con certeza, veremos a mamá y ella cuidará de nosotros.

-¿Mamá?... ¿Tú crees en mamá?... ¿Y dónde supuestamente estaría ella?

- ¿Dónde?... ¡En todo alrededor nuestro! … a través de ella vivimos. Sin ella todo esto no existiría.

- ¡Yo no creo! nunca vi ninguna mamá, lo que comprueba que mamá no existe.

- Bueno… es cierto que no la hemos visto nunca; pero, a veces, cuando estamos en silencio, puedes oírla cantando, o sientes cómo ella acaricia nuestro mundo. ¿Sabes qué? Pienso que la vida real es la que nos espera y que ahora, estamos preparándonos para ella..

http://paracambiarelmundo.blogspot.com.es/

Asumir la responsabilidad

 
 
“The buck stops here!”, que puede traducirse como “asumo la responsabilidad”, es una frase hecha que popularizó el Presidente Harry Truman, con un gesto muy típico suyo y que en su tiempo fue muy comentado. Sobre su mesa, en la famosa Sala Oval de la Casa Blanca, presidiendo su trabajo diario, había un letrero que estaba ante sus ojos y que se lo recordaba constantemente.

Esa vieja frase, "The buck stops here!" venía a recordarle que cuando hay una decisión que tomar, esa decisión ya no podía ir más allá de su mesa. No había ya ninguna otra persona que estuviera por encima y pudiera cargar con esa responsabilidad. Era él quien tenía que decidir y asumir las consecuencias.

“El balón se detiene aquí”, sería una traducción más literal. No se lo puedo endosar a otro. No puedo pasarlo a otra persona, al siguiente escalón más arriba, ni al de abajo. No puedo echar balones fuera. Aquella frase era una forma de poner un límite a esa tendencia natural que muchas veces sentimos y que nos empuja a quitarnos de en medio, o a alargar inútilmente los debates, o a prolongar el recuento de ventajas e inconvenientes de una opción o de la otra cuando, en el fondo, sabemos que el problema principal es que nos da miedo afrontar la realidad y asumir las consecuencias de una resolución difícil. Truman repetía que estaba allí para eso, para tomar decisiones y, con ellas, correr el riesgo de acertar o de equivocarse.

Muchas personas tienen demasiado miedo a decidir, y con ello acaban transfiriendo a otros una buena parte del control de su vida. Quien tiene que decidir y no decide, enseguida se ve sometido a los dictados del entorno que le rodea, o al azar. Sus indecisiones y sus miedos, su tendencia a prolongar los dilemas que les inquietan, les hacen ir cediendo cada vez más espacios de libertad y ser arrastrados por la corriente de la vida sin apenas usar el timón, ni los remos, ni siquiera bracear un poco. Además, muchas veces comprueban que las decisiones que no debían retrasar y retrasaron, les han traído luego problemas mayores y que han exigido decisiones aún más difíciles y dolorosas.

Es verdad que nunca tenemos el control total de nuestra vida, incluso ni siquiera de la mayor parte de ella. Y es verdad también que a veces vemos que no haber alcanzado nuestros deseos ha sido una suerte, porque las cosas han salido de modo diferente a lo que pensábamos y eso nos ha llevado finalmente una solución mejor. Eso sucede porque nuestro conocimiento propio y nuestro conocimiento de la realidad que nos rodea son siempre bastante limitados, y por eso debemos tener la humildad de relativizar un poco nuestras opiniones, o las composiciones de lugar que nos hacemos. Pero todo eso no quita que, cuando tenemos que decidir, no podemos echarnos atrás por miedo o por falta de madurez. Podemos pedir consejo, y será bueno hacerlo con frecuencia, pero las decisiones nuestras debemos tomarlas nosotros, sin pasar la pelota a nadie.

Es verdad también que a veces lo más sensato es no precipitar una decisión, porque necesitamos madurar más las cosas, o porque es prudente pedir consejo o hacer alguna consulta. Pero, si somos honestos, observaremos que hay otras ocasiones en que rastreamos nuestra mente para encontrar motivos que eviten una decisión, y aunque esos motivos aparezcan enseguida, más o menos reales, y más o menos bien estructurados, sabemos que son excusas y justificaciones impuestas por nuestra comodidad o por nuestra cobardía. Por eso es importante chequear nuestras verdaderas motivaciones interiores, para reconocer si provienen del deseo de tomar una decisión mejor o si responden más bien a nuestro deseo de evitarnos un mal trago.

http://www.interrogantes.net/Alfonso-Aguilo-Asumir-la-responsabilidad-Hacer-Familia-n0-220-10VI012/menu-id-29.html

Los 7 errores más frecuentes sobre Vatileaks



Cada día surgen nuevos elementos sobre la complicada filtración de documentos reservados del Papa. Y cada vez hay más errores. Para que usted no se pierda, ahí van los siete errores más repetidos sobre Vatileaks.

PRIMER ERROR: “Los documentos filtrados son escandalosos”.
No. Se trata de un centenar de “documentos reservados”. Incluyen contenidos incómodos, pero no escandalosos, ya que sus autores explican fríamente al Papa problemas reales de la Iglesia, como decisiones de gobierno que consideran equivocadas.  También hay peticiones de encuentros con el Papa, informes reservados y propuestas dirigidas a Benedicto XVI. Los documentos van al grano y no siguen grandes protocolos porque piensan que sólo el Papa los leería.
SEGUNDO ERROR. “Los documentos atacan la imagen del Papa”.
No. La imagen que dan del Papa es positiva. De las filtraciones se deduce que reflexiona y pide opinión a muchos colaboradores antes de tomar cada decisión.
Los documentos sí dañan al Papa en el sentido de que constituyen una violación de su privacidad.
TERCER ERROR. “El Vaticano es un campo de batalla entre dos facciones”.
No. No hay unidad entre los documentos: se refieren a una gran variedad de temas y a muchos departamentos. Uno de los objetivos de la filtración es desestabilizar al secretario de Estado, el cardenal Tarcisio Bertone y al secretario del Papa, monseñor Georg Gaenswein.
Como en otras burocracias, también en el Vaticano hay “muchas” corrientes de opinión. Pero no deben confundirse las diferencias de opiniones con la hostilidad.
CUARTO ERROR. “Los cardenales no pueden ser juzgados”
Los cardenales pueden ser juzgados por el Tribunal Supremo del Vaticano. Se trata de un tribunal formado por los cardenales Raymond Burke, Jean-Louis Tauran y Paolo Sardi.
QUINTO ERROR. “El mayordomo será juzgado por un tribunal de la Iglesia”.
No. El mayordomo y otros posibles implicados serán juzgados por un tribunal civil del Estado de la Ciudad del Vaticano. Sus jueces no son sacerdotes sino laicos, profesores de universidades italianas.
No hay que confundir la Santa Sede, que se encarga del gobierno de la Iglesia católica; y el Estado Ciudad del Vaticano, un territorio en el que reside el Papa.
SEXTO ERROR. “El mayordomo será juzgado con un proceso secreto”.
No. El juez ha decretado el secreto de sumario para la fase instructoria. Si decide enviarlo a juicio, será juzgado con un proceso público. En todas las fases el mayordomo está asistido por sus dos abogados.
SÉPTIMO ERROR. “El Papa concederá el indulto al mayordomo”.
Más que un error, es sólo una hipótesis. Obviamente, si Juan Pablo II indultó a Ali Agca, es muy probable que Benedicto XVI indulte a Paolo Gabriele. Pero es sólo una posibilidad.
En cualquier caso, no es verosímil que lo haga hasta que se haya resuelto el caso.

http://www.romereports.com/palio/los-7-errores-mas-frecuentes-sobre-vatileaks-spanish-7018.html

Vagancia. ¿Existe alguna vacuna?



En su cuarto, está. Y parece que estudia. Pero si no es tonto y suspende seis, algo pasa. La vagancia se puede disimular muy bien. Por lo menos algunas de sus formas. Esto quiere ser un prontuario, una cura de urgencia.

 Vagancia es el nombre familiar de algo que ataca a cualquier ser humano hasta alcanzar la "categoría" de pecado capital: la pereza. Ese gran escritor contemporáneo que es Samuel Beckett escribió que "no hay pasión más poderosa que la pereza". Pasión: algo que se padece. Con un poder extraño: el de conseguir que no se haga nada. El poder de lo negativo.
La vagancia se suele dar mucho entre gente adolescente o joven, casi siempre a partir de los 13 años. Ésa es la edad del inicio de un desarrollo de la potencia, del vigor. La inteligencia llega a su mayor punta en torno a los dieciséis años. Lo que se aprende a fondo entonces dura toda la vida. Y lo que no se hace, una oportunidad perdida.

CLASES DE VAGANCIA
Se han descrito muchos tipos de vagancias. Éstas son las más frecuentes:

ALBERTO, EL VAGO SELECTIVO. Alberto repite curso y va camino del doblete. Sus padres no se explican cómo un niño tan activo en la consola, tocando la guitarra y haciendo deporte sea incapaz de aprobar un examen.
Diagnóstico y terapia. Es probable que el futuro de Alberto no esté en los estudios, sino en un oficio. No hay que desalentar sus aficiones, sino convencerlo poco a poco de que también tiene que estudiar.

MARTA, VAGANCIA SENTIMENTAL. Marta es muy sensible, con un gran corazón, dispuesta de palabra a ayudar a todo el mundo de fuera de su casa, aunque luego no haga nada… En casa, pasividad total, pero buenas palabras.
Diagnóstico y terapia. Se trata de una mezcla de vagancia y de hipocresía. Uno de los remedios posibles: cuando necesite urgentemente algo que requiera la ayuda de otros, hacer que ella empiece haciendo lo que pueda.

ALICIA, VAGANCIA TÍMIDA. Los padres de Alicia no se explican por qué una chica tan lista, según todos los profesores, no destaca lo suficiente. Aprueba por los pelos. Lo pasa muy mal en los exámenes, se angustia con los deberes.
Diagnóstico y terapia. La clave es que Alicia es tímida. Su vagancia es, más bien, un no atreverse con lo que le parece difícil. El mejor remedio es que reciba pruebas, incluso exageradas, de confianza en ella.

MIGUEL, VAGANCIA FURIOSA. Miguel no sólo no hace nada de nada, sino que se enfrenta con violencia a quienes se lo dicen. Según él, tiene muchos problemas que nadie entiende. Problemas de los que no habla, porque dice que sería inútil.
Diagnóstico y terapia. Se trata de un caso fuerte de egoísmo agudo, de ver la vida sólo dentro de sus intereses, prescindiendo por completo de los demás. No hay que descartar que exista un problema más de fondo, y consultar a un especialista.

PENSAMIENTO DE FONDO
Lo contrario a la pereza se llama diligencia. La palabra diligencia viene del verbo latino diligere, que quiere decir "amar". Por eso quien ama no es nunca un vago: es activo, todo lo intenta, lucha por todo.
¿No será que la vagancia es una consecuencia de la ausencia de amor? Cuando la persona no responde ni a un "hazlo por mí" que le pide una persona a la que dice querer, estamos ante un caso grave al que hay que prestar atención.
Pero a quien no ama y por eso es vago, hay que seguir amándole, en la espera de que responda algún día al amor con amor.

REMEDIOS

1. Despertar al joven la curiosidad por algo útil y a la vez de interés: desde un puzzle hasta un juego de rol. Tratar de que se interese por algo, siempre que no sea en perjuicio propio o de los demás.
2. Proponerse metas cortas y fáciles de cumplir. Por ejemplo, quien no estudia nada, estudiar media hora al día; diez minutos más al día siguiente y así sucesivamente.
3. Aprender a hacer cosas acompañado de alguien: estudiar con otro, ayudar en la casa, en tareas comunes.
4. Ponerle por delante ejemplos cercanos de las consecuencias de la vagancia y rechazo de los demás. También ponerle ejemplos de lo contrario, de la diligencia.
5. Hablarle de las ventajas de ser diligente: La satisfacción por algo bien hecho y sentirse bien además de lograr el respeto de los demás.

RAFAEL GÓMEZ PÉREZ

¿Qué es educar?

 
 
Educar es lo mismo
que poner un motor a una barca...
Hay que medir, pensar, equilibrar...,
y poner todo en marcha.
Pero para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino...,
un poco de pirata...,
un poco de poeta...,
y un kilo y medio de paciencia concentrada.
Pero es consolador soñar,
mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño,
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes, hacia islas lejanas.
Soñar que, cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá
nuestra bandera enarbolada.

Gabriel Celaya

La vida de Jesús para la red social Facebook




La empresa Lightside Games creó el primer juego sobre la vida de Jesús para la red social Facebook, denominado "El viaje de Jesús: El Llamado", que permitirá a los usuarios "superar obstáculos, cumplir misiones y participar en milagros".

En declaraciones a ACI Prensa, Brent Dusing, fundador y CEO de Lightside Games, señaló que "hay historias que necesitan ser contadas en juegos, y no hay muchos juegos donde puedas hacer realmente cosas buenas y positivas desde un punto de vista cristiano".

La empresa tuvo gran éxito con su primer juego en Facebook, que abordó la vida de Moisés y contó con más de 2 millones de jugadores.

Dusing dijo a ACI Prensa que la respuesta por parte de los usuarios de la red social "ha sido realmente fenomenal. Creo que hay una gran cantidad de personas que están realmente hambrientos por esto, que es lo que nuestros jugadores nos dicen".

El líder de Lightside Games guarda la esperanza de que el nuevo juego sobre la vida de Jesús llevará el Evangelio a quienes, de otra forma, no lo conocerían. "Para muchos de nuestros jugadores, esta es la única oportunidad que tendrán para escuchar este mensaje. Sabemos por algunos de ellos que será la única ocasión que tendrán para ver esta historia".

El juego sigue la vida de Cristo durante su ministerio público, desde el punto de vista de un personaje cuyo nombre es obtenido del perfil del usuario de Facebook. El jugador recolecta ítems y los intercambia con sus amigos de Facebook para avanzar a través de la misión de Cristo.
Mientras que su juego original permitía al usuario jugar como Moisés, en "El viaje de Jesús", los jugadores podrán "conectarse con elementos de emociones humanas reales", al jugar e interactuar como ellos mismos con Jesús.

A pesar de que el juego está destinado a ser entretenido, Dusing dijo que él preparó la historia desde la Biblia, para asegurare de que el mensaje sea correcto. Al completar una serie de tareas y desafíos, mientras interactúa con los apóstoles y otros jugadores, así como con Cristo, el usuario puede atestiguar el ministerio público de Jesús y participar en su misión.

"El viaje de Jesús" se puede jugar gratuitamente, pero hay una opción para comprar materiales para completar el juego más rápidamente. Los fondos de algunos ítems especialmente diseñados serán donados a Compasión Internacional, un grupo cristiano sin fines de lucro dedicado a proveer ayuda para los niños desfavorecidos en todo el mundo.

Cabe esperar que el nuevo juego se vuelva tan popular como el original sobre Moisés, que ha llegado a todos los continentes, y está disponible en inglés, español, francés, alemán y portugués.

Para acceder buscar en facebook: Journey of Jesus: The Calling

Reconocer los sentimientos de los demás



El corazón humano es un instrumento de muchas cuerdas; el perfecto conocedor de los hombres las sabe hacer vibrar todas, como un buen músico.
Charles Dickens

Sensibilidad ante los sentimientos ajenos
Hay personas que sufren de una especial falta de intuición ante los sentimientos de los demás.

Pueden, por ejemplo, hablar animadamente durante tiempo y tiempo, sin darse cuenta de que están resultando pesados, o que su interlocutor tiene prisa y lleva diez minutos haciendo ademán de querer concluir la conversación, o dando a entender discretamente que el tema no le interesa en absoluto.

A lo mejor intentan dirigir unas palabras que les parecen de amigable y cordial crítica constructiva –a su cónyuge, a un hijo, a un amigo–, y no se dan cuenta de que, por la situación de su interlocutor en ese momento concreto, sólo están logrando herirle.

O irrumpen sin consideración en las conversaciones de los demás, cambian de tema sin pensar en el interés de los otros, hacen bromas inoportunas, o se toman confianzas que molestan o causan desconcierto.

O quizá intentan animar a una persona que se encuentra abatida después de un disgusto o un enfado, y le dirigen unas palabras que quieren ser de acercamiento pero, por lo que dicen o por el tono que emplean, su intento resulta contraproducente.

O hablan en un tono imperioso y dominante, pensando que así quedan como personas decididas y enérgicas, y no se dan cuenta de que cada vez que con su actitud cierran a uno la boca suelen hacer que cierre también su corazón.

—¿Y por qué crees que esas personas son así? ¿Por qué parecen entrar en la vida de los demás como un caballo en una cacharrería?

No suele ser por mala voluntad. Lo más habitual es que, como decíamos, les falte sensibilidad ante los sentimientos ajenos.

Como ha señalado Daniel Goleman, las personas no expresamos verbalmente la mayoría de nuestros sentimientos, sino que emitimos continuos mensajes emocionales no verbales, mediante gestos, expresiones de la cara o de las manos, el tono de voz, la postura corporal, o incluso los silencios, tantas veces tan elocuentes. Cada persona es un continuo emisor de mensajes afectivos del más diverso género (de aprecio, desagrado, cordialidad, hostilidad, etc.) y, al tiempo, cada persona es también un continuo receptor de los mensajes que irradian los demás.

Esas personas de las que hablábamos, tan inoportunas, son así porque apenas han desarrollado su capacidad de captar esos mensajes de los demás: se han quedado –por decirlo así– un poco sordas ante esas emisiones no verbales que todos irradiamos de modo continuo.

Es un fenómeno que notamos también en nosotros mismos cuando quizá a posteriori advertimos que nos ha faltado intuición al tratar con determinada persona; o que no nos hemos percatado de que estaba queriendo darnos a entender algo; o caemos después en la cuenta de que, sin querer, la hemos ofendido, o hemos sido poco considerados ante sus sentimientos.

Es entonces cuando advertimos nuestra falta de empatía, nuestra sordera ante las notas y acordes emocionales que todas las personas emiten, unas veces de modo más directo, y otras más sutilmente, más entre líneas.

—Pero caer en la cuenta de que hemos cometido esos errores es ya un avance.

Sin duda, pues nos proporciona una posibilidad de mejorar. A medida que aumente nuestro nivel de discernimiento ante esos mensajes no verbales que emiten los demás, seremos personas más sociables, de mayor facilidad para la amistad, emocionalmente más estables, etc.

Se trata de una capacidad que resulta decisiva para la vida de cualquier persona, pues afecta a un espectro muy amplio de necesidades vitales del hombre: es fundamental para la buena marcha de un matrimonio, para la educación de los hijos, para hacer equipo en cualquier tarea profesional, para ejercer la autoridad, para tener amigos..., en fin, para casi todo.

Desde la primera infancia
La capacidad de reconocer los sentimientos ajenos, ese discernimiento que tanto facilita establecer una buena comunicación con los demás, tiene unas raíces que se retrotraen hasta la primera infancia. Ya en los primeros años, algunos niños se muestran agudamente conscientes de los sentimientos de los demás, y otros, por el contrario, parecen ignorarlos por completo. Y esas diferencias se deben, en gran parte, a la educación.

—¿Y cómo se aprende?

Es importante, por ejemplo, que al niño se le haga tomar conciencia de lo que su conducta supone para otras personas.

Hacerle caer en la cuenta de las repercusiones que sus palabras o sus hechos tienen en los sentimientos de los demás.

Para lograrlo, hay que prestar atención a la reacción del niño ante el sufrimiento o la satisfacción ajena, y hacérselo notar, con la correspondiente enseñanza, en tono cordial y sereno. Por ejemplo (y aunque también podría aplicarse, mutatis mutandis, a adolescentes o adultos), en vez de referirse simplemente a que ha hecho una travesura o una cosa buena, será mejor decirle: «Has hecho mal, y mira que triste has puesto a tu hermana»; o bien: «Papá está muy contento de lo bien que te has portado». De ese modo se fijará en los sentimientos que los demás tendrán en ese momento como consecuencia de lo que él ha hecho.

—¿Y por qué a veces son tan distintos los sentimientos de dos hermanos que han sido educados casi igual?

Además de la educación hay en juego muchos otros factores, y por esa razón hay que dejar siempre un amplio margen a causas relacionadas con el temperamento con que se nace, decisiones personales que cada persona toma a lo largo de su vida, etc. De todas formas, la educación es un factor de gran peso, y por eso lo más frecuente (sobre todo durante los primeros años) es que los hermanos se parezcan bastante en cuanto a su educación sentimental.

Además, aunque la educación no sea el único factor, es sobre el que los padres más pueden actuar.

La fuerza del ejemplo
En el aprendizaje emocional tienen un gran protagonismo los procesos de imitación, que pueden llegar a ser muy sutiles en la vida cotidiana.

Basta pensar, por ejemplo, en la facilidad con que se producen transferencias de estado de ánimo entre las personas (tanto la alegría como la tristeza, el buen o mal humor, la apacibilidad o el enfado, son estados de ánimo notablemente contagiosos). O en cómo se transmite de padres a hijos la capacidad de reconocer el dolor ajeno y de brindar ayuda a quien lo necesita. Son estilos emocionales que todos vamos aprendiendo de modo natural, casi por impregnación.

No hay que olvidar que la mayoría de las veces las personas captamos los mensajes emocionales de una forma casi inconsciente, y los registramos en nuestra memoria sin saber bien qué son, y respondemos a ellos sin apenas reflexión. Por ejemplo, ante determinada actitud de otra persona, reaccionamos con afecto y simpatía, o, por el contrario, con recelo o desconfianza, y todo ello de modo casi automático, sin que sepamos explicar bien por qué. Todos estamos muy influidos por hábitos emocionales, que en bastantes casos hemos ido aprendiendo sin apenas darnos cuenta, observando a quienes nos rodean.

—Decías que esa capacidad se transmite en la familia, pero luego resulta que hay niños muy egoístas e insensibles con padres de gran corazón.

Ciertamente es así, y el motivo es claro. El modelo es importante, pero no lo es todo.

Además de presentarles un modelo (por ejemplo, de padres atentos a las necesidades de los demás), es preciso sensibilizarles frente a esos valores (hacerles descubrir esas necesidades en los demás, y señalarles el atractivo de un estilo de vida basado en la generosidad).

Pero después –y esto es decisivo– hay que educar en un clima de exigencia personal.

Si no hay autoexigencia, la pereza y el egoísmo ahogan fácilmente cualquier proceso de maduración emocional.

El cariño potencia el aprendizaje, pero no puede sustituirlo.

Y sin un poco de disciplina, difícilmente se pueden aprender la mayoría de las cosas que consideramos importantes en la vida. Como ha escrito Susanna Tamaro, la disciplina y la autoridad son decisivas para educar, pues generan respeto y ganas de mejorar.

También es esencial la sintonía del niño con los padres y demás educadores:

 que haya un clima distendido, de buena comunicación;
 que en la familia sea fácil crear momentos de más intimidad, en los que puedan aflorar con confianza los sentimientos de cada uno y así ser compartidos y educados;
 que no haya un excesivo pudor a la hora de manifestar los propios sentimientos (se han hecho, por ejemplo, numerosos estudios sobre el efecto positivo de manifestar el afecto a los niños mediante la mirada, un beso, una palmada, un abrazo, etc.);
 que haya facilidad para expresar a los demás con lealtad y cariño lo que de ellos nos ha disgustado; etc.
 Cuando falta esa sintonía frente a algún tipo de sentimientos (de misericordia ante el sufrimiento ajeno, de deseo de superarse ante una contrariedad, de alegría ante el éxito de otros, etc.), en la medida en que en un ambiente –familia, colegio, amigos, etc.– esos sentimientos no se fomentan, o incluso se dificultan o se desprestigian, cada uno tiende a no manifestarlos y, poco a poco, los sentirá cada vez menos: se van desdibujando y desaparecen poco a poco de su repertorio emocional.

Sano y cordial inconformismo
La falta de capacidad para reconocer los sentimientos de los demás conduce a la ineptitud y la torpeza en las relaciones humanas. Por eso, tantas veces, hasta las personas intelectualmente más brillantes pueden llegar a fracasar estrepitosamente en su relación con los demás, y resultar arrogantes, insensibles, o incluso odiosas.

Hay toda una serie de habilidades sociales que nos permiten relacionarnos con los demás, motivarles, inspirarles simpatía, transmitirles una idea, manifestarles cariño, tranquilizarles, etc. A su vez, la carencia de esas habilidades puede llevarnos con facilidad a inspirarles antipatía, desalentarles, despertar en ellos una actitud defensiva, ponerles en contra de lo que hacemos o decimos, inquietarles, enfadarles, etc.

Se trata de un aprendizaje emocional que, como hemos dicho, comienza desde una edad muy temprana. Puede consistir en que el niño aprenda a:

 contener las emociones (por ejemplo, para dominar su desilusión ante un regalo bienintencionado, pero que ha defraudado sus expectativas),
 o bien a estimularlas (por ejemplo, procurando poner y manifestar interés en una cortés conversación de compromiso que de por sí no le resulta interesante).
 —Pero, en cierta manera, eso es esconder los verdaderos sentimientos y sustituirlos por otros que no se tienen, y que por tanto son falsos, o al menos artificiales.

No se trata de eso. Lo que debe buscarse no es el falseamiento de los sentimientos, sino el automodelado del propio estilo emocional.

Si una persona advierte, por ejemplo, que está siendo dominada por sentimientos de envidia, o de egoísmo, o de resentimiento, lo que debe hacer es procurar contener esos sentimientos negativos, al tiempo que procura estimular los sentimientos positivos correspondientes. De esa manera, con el tiempo logrará que éstos acaben imponiéndose sobre aquéllos, y así irá transformando positivamente su propia vida emocional.

—Pero muchos sentimientos no son ni buenos ni malos en sí mismos, sino adecuados o inadecuados a la situación en que estamos.

Sí, y por esa razón en muchas ocasiones es preciso esforzarse en compartimentar las emociones, es decir, procurar no seguir bajo su influencia cuando las circunstancias han cambiado y exigen en nosotros otra actitud.

Por ejemplo, podemos tener una situación en el trabajo que nos lleva a emplear nuestra autoridad de una manera que probablemente luego no es nada adecuada al llegar a casa. O quizá hemos tenido una conversación algo tensa, o una reunión difícil, y salimos algo alterados, con o sin razón, pero... quizá esa actitud, o ese tono de voz, o esa cara, son rigurosamente inoportunos e inadecuados para la reunión o la conversación siguientes.

Por eso, la dificultad de trato de muchas personas no está en que les falte afabilidad o cordialidad, sino en que no saben compartimentar. Al permitir que sus frustraciones contaminen otras situaciones distintas de la causante originaria, hacen pagar por ellas a quienes no tienen nada que ver con el origen de sus males. Ese tipo de personas sufre con facilidad muchas decepciones, porque se ven arrastradas por sus estados de desánimo, crispación o euforia. Son un poco simples, se lee en ellos como en un libro abierto, y son por eso muy vulnerables: el que sepa captar sus cambios de humor jugará con ellos como con una marioneta, con sólo saber tocar los puntos oportunos en el momento oportuno.

—Es cierto que muchas veces experimentamos sentimientos que no nos parecen adecuados..., pero estar todo el día pendientes de corregirlos, produce una tensión interior..., ¿eso es bueno?

Es que no debe ser una tensión crispada, ni agobiante. Debe ser un empeño cordial y amable, como un sano ejercicio, practicado con deportividad, que no nos agota ni nos angustia sino que nos hace estar en buena forma, nos enriquece y nos permite disfrutar de verdad de la vida.

—¿Y cuándo puede uno sentirse ya satisfecho de cómo es su estilo sentimental? Porque esto es una historia sin fin...

Soy partidario de un sano, cordial y prudente inconformismo, pues quienes son demasiado conformistas con lo que ya son, hipotecan mucho su felicidad.

http://www.interrogantes.net/Reconocer-los-sentimientos-de-los-demas/menu-id-1.html