Vagancia. ¿Existe alguna vacuna?



En su cuarto, está. Y parece que estudia. Pero si no es tonto y suspende seis, algo pasa. La vagancia se puede disimular muy bien. Por lo menos algunas de sus formas. Esto quiere ser un prontuario, una cura de urgencia.

 Vagancia es el nombre familiar de algo que ataca a cualquier ser humano hasta alcanzar la "categoría" de pecado capital: la pereza. Ese gran escritor contemporáneo que es Samuel Beckett escribió que "no hay pasión más poderosa que la pereza". Pasión: algo que se padece. Con un poder extraño: el de conseguir que no se haga nada. El poder de lo negativo.
La vagancia se suele dar mucho entre gente adolescente o joven, casi siempre a partir de los 13 años. Ésa es la edad del inicio de un desarrollo de la potencia, del vigor. La inteligencia llega a su mayor punta en torno a los dieciséis años. Lo que se aprende a fondo entonces dura toda la vida. Y lo que no se hace, una oportunidad perdida.

CLASES DE VAGANCIA
Se han descrito muchos tipos de vagancias. Éstas son las más frecuentes:

ALBERTO, EL VAGO SELECTIVO. Alberto repite curso y va camino del doblete. Sus padres no se explican cómo un niño tan activo en la consola, tocando la guitarra y haciendo deporte sea incapaz de aprobar un examen.
Diagnóstico y terapia. Es probable que el futuro de Alberto no esté en los estudios, sino en un oficio. No hay que desalentar sus aficiones, sino convencerlo poco a poco de que también tiene que estudiar.

MARTA, VAGANCIA SENTIMENTAL. Marta es muy sensible, con un gran corazón, dispuesta de palabra a ayudar a todo el mundo de fuera de su casa, aunque luego no haga nada… En casa, pasividad total, pero buenas palabras.
Diagnóstico y terapia. Se trata de una mezcla de vagancia y de hipocresía. Uno de los remedios posibles: cuando necesite urgentemente algo que requiera la ayuda de otros, hacer que ella empiece haciendo lo que pueda.

ALICIA, VAGANCIA TÍMIDA. Los padres de Alicia no se explican por qué una chica tan lista, según todos los profesores, no destaca lo suficiente. Aprueba por los pelos. Lo pasa muy mal en los exámenes, se angustia con los deberes.
Diagnóstico y terapia. La clave es que Alicia es tímida. Su vagancia es, más bien, un no atreverse con lo que le parece difícil. El mejor remedio es que reciba pruebas, incluso exageradas, de confianza en ella.

MIGUEL, VAGANCIA FURIOSA. Miguel no sólo no hace nada de nada, sino que se enfrenta con violencia a quienes se lo dicen. Según él, tiene muchos problemas que nadie entiende. Problemas de los que no habla, porque dice que sería inútil.
Diagnóstico y terapia. Se trata de un caso fuerte de egoísmo agudo, de ver la vida sólo dentro de sus intereses, prescindiendo por completo de los demás. No hay que descartar que exista un problema más de fondo, y consultar a un especialista.

PENSAMIENTO DE FONDO
Lo contrario a la pereza se llama diligencia. La palabra diligencia viene del verbo latino diligere, que quiere decir "amar". Por eso quien ama no es nunca un vago: es activo, todo lo intenta, lucha por todo.
¿No será que la vagancia es una consecuencia de la ausencia de amor? Cuando la persona no responde ni a un "hazlo por mí" que le pide una persona a la que dice querer, estamos ante un caso grave al que hay que prestar atención.
Pero a quien no ama y por eso es vago, hay que seguir amándole, en la espera de que responda algún día al amor con amor.

REMEDIOS

1. Despertar al joven la curiosidad por algo útil y a la vez de interés: desde un puzzle hasta un juego de rol. Tratar de que se interese por algo, siempre que no sea en perjuicio propio o de los demás.
2. Proponerse metas cortas y fáciles de cumplir. Por ejemplo, quien no estudia nada, estudiar media hora al día; diez minutos más al día siguiente y así sucesivamente.
3. Aprender a hacer cosas acompañado de alguien: estudiar con otro, ayudar en la casa, en tareas comunes.
4. Ponerle por delante ejemplos cercanos de las consecuencias de la vagancia y rechazo de los demás. También ponerle ejemplos de lo contrario, de la diligencia.
5. Hablarle de las ventajas de ser diligente: La satisfacción por algo bien hecho y sentirse bien además de lograr el respeto de los demás.

RAFAEL GÓMEZ PÉREZ

¿Qué es educar?

 
 
Educar es lo mismo
que poner un motor a una barca...
Hay que medir, pensar, equilibrar...,
y poner todo en marcha.
Pero para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino...,
un poco de pirata...,
un poco de poeta...,
y un kilo y medio de paciencia concentrada.
Pero es consolador soñar,
mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño,
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes, hacia islas lejanas.
Soñar que, cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá
nuestra bandera enarbolada.

Gabriel Celaya

La vida de Jesús para la red social Facebook




La empresa Lightside Games creó el primer juego sobre la vida de Jesús para la red social Facebook, denominado "El viaje de Jesús: El Llamado", que permitirá a los usuarios "superar obstáculos, cumplir misiones y participar en milagros".

En declaraciones a ACI Prensa, Brent Dusing, fundador y CEO de Lightside Games, señaló que "hay historias que necesitan ser contadas en juegos, y no hay muchos juegos donde puedas hacer realmente cosas buenas y positivas desde un punto de vista cristiano".

La empresa tuvo gran éxito con su primer juego en Facebook, que abordó la vida de Moisés y contó con más de 2 millones de jugadores.

Dusing dijo a ACI Prensa que la respuesta por parte de los usuarios de la red social "ha sido realmente fenomenal. Creo que hay una gran cantidad de personas que están realmente hambrientos por esto, que es lo que nuestros jugadores nos dicen".

El líder de Lightside Games guarda la esperanza de que el nuevo juego sobre la vida de Jesús llevará el Evangelio a quienes, de otra forma, no lo conocerían. "Para muchos de nuestros jugadores, esta es la única oportunidad que tendrán para escuchar este mensaje. Sabemos por algunos de ellos que será la única ocasión que tendrán para ver esta historia".

El juego sigue la vida de Cristo durante su ministerio público, desde el punto de vista de un personaje cuyo nombre es obtenido del perfil del usuario de Facebook. El jugador recolecta ítems y los intercambia con sus amigos de Facebook para avanzar a través de la misión de Cristo.
Mientras que su juego original permitía al usuario jugar como Moisés, en "El viaje de Jesús", los jugadores podrán "conectarse con elementos de emociones humanas reales", al jugar e interactuar como ellos mismos con Jesús.

A pesar de que el juego está destinado a ser entretenido, Dusing dijo que él preparó la historia desde la Biblia, para asegurare de que el mensaje sea correcto. Al completar una serie de tareas y desafíos, mientras interactúa con los apóstoles y otros jugadores, así como con Cristo, el usuario puede atestiguar el ministerio público de Jesús y participar en su misión.

"El viaje de Jesús" se puede jugar gratuitamente, pero hay una opción para comprar materiales para completar el juego más rápidamente. Los fondos de algunos ítems especialmente diseñados serán donados a Compasión Internacional, un grupo cristiano sin fines de lucro dedicado a proveer ayuda para los niños desfavorecidos en todo el mundo.

Cabe esperar que el nuevo juego se vuelva tan popular como el original sobre Moisés, que ha llegado a todos los continentes, y está disponible en inglés, español, francés, alemán y portugués.

Para acceder buscar en facebook: Journey of Jesus: The Calling

Reconocer los sentimientos de los demás



El corazón humano es un instrumento de muchas cuerdas; el perfecto conocedor de los hombres las sabe hacer vibrar todas, como un buen músico.
Charles Dickens

Sensibilidad ante los sentimientos ajenos
Hay personas que sufren de una especial falta de intuición ante los sentimientos de los demás.

Pueden, por ejemplo, hablar animadamente durante tiempo y tiempo, sin darse cuenta de que están resultando pesados, o que su interlocutor tiene prisa y lleva diez minutos haciendo ademán de querer concluir la conversación, o dando a entender discretamente que el tema no le interesa en absoluto.

A lo mejor intentan dirigir unas palabras que les parecen de amigable y cordial crítica constructiva –a su cónyuge, a un hijo, a un amigo–, y no se dan cuenta de que, por la situación de su interlocutor en ese momento concreto, sólo están logrando herirle.

O irrumpen sin consideración en las conversaciones de los demás, cambian de tema sin pensar en el interés de los otros, hacen bromas inoportunas, o se toman confianzas que molestan o causan desconcierto.

O quizá intentan animar a una persona que se encuentra abatida después de un disgusto o un enfado, y le dirigen unas palabras que quieren ser de acercamiento pero, por lo que dicen o por el tono que emplean, su intento resulta contraproducente.

O hablan en un tono imperioso y dominante, pensando que así quedan como personas decididas y enérgicas, y no se dan cuenta de que cada vez que con su actitud cierran a uno la boca suelen hacer que cierre también su corazón.

—¿Y por qué crees que esas personas son así? ¿Por qué parecen entrar en la vida de los demás como un caballo en una cacharrería?

No suele ser por mala voluntad. Lo más habitual es que, como decíamos, les falte sensibilidad ante los sentimientos ajenos.

Como ha señalado Daniel Goleman, las personas no expresamos verbalmente la mayoría de nuestros sentimientos, sino que emitimos continuos mensajes emocionales no verbales, mediante gestos, expresiones de la cara o de las manos, el tono de voz, la postura corporal, o incluso los silencios, tantas veces tan elocuentes. Cada persona es un continuo emisor de mensajes afectivos del más diverso género (de aprecio, desagrado, cordialidad, hostilidad, etc.) y, al tiempo, cada persona es también un continuo receptor de los mensajes que irradian los demás.

Esas personas de las que hablábamos, tan inoportunas, son así porque apenas han desarrollado su capacidad de captar esos mensajes de los demás: se han quedado –por decirlo así– un poco sordas ante esas emisiones no verbales que todos irradiamos de modo continuo.

Es un fenómeno que notamos también en nosotros mismos cuando quizá a posteriori advertimos que nos ha faltado intuición al tratar con determinada persona; o que no nos hemos percatado de que estaba queriendo darnos a entender algo; o caemos después en la cuenta de que, sin querer, la hemos ofendido, o hemos sido poco considerados ante sus sentimientos.

Es entonces cuando advertimos nuestra falta de empatía, nuestra sordera ante las notas y acordes emocionales que todas las personas emiten, unas veces de modo más directo, y otras más sutilmente, más entre líneas.

—Pero caer en la cuenta de que hemos cometido esos errores es ya un avance.

Sin duda, pues nos proporciona una posibilidad de mejorar. A medida que aumente nuestro nivel de discernimiento ante esos mensajes no verbales que emiten los demás, seremos personas más sociables, de mayor facilidad para la amistad, emocionalmente más estables, etc.

Se trata de una capacidad que resulta decisiva para la vida de cualquier persona, pues afecta a un espectro muy amplio de necesidades vitales del hombre: es fundamental para la buena marcha de un matrimonio, para la educación de los hijos, para hacer equipo en cualquier tarea profesional, para ejercer la autoridad, para tener amigos..., en fin, para casi todo.

Desde la primera infancia
La capacidad de reconocer los sentimientos ajenos, ese discernimiento que tanto facilita establecer una buena comunicación con los demás, tiene unas raíces que se retrotraen hasta la primera infancia. Ya en los primeros años, algunos niños se muestran agudamente conscientes de los sentimientos de los demás, y otros, por el contrario, parecen ignorarlos por completo. Y esas diferencias se deben, en gran parte, a la educación.

—¿Y cómo se aprende?

Es importante, por ejemplo, que al niño se le haga tomar conciencia de lo que su conducta supone para otras personas.

Hacerle caer en la cuenta de las repercusiones que sus palabras o sus hechos tienen en los sentimientos de los demás.

Para lograrlo, hay que prestar atención a la reacción del niño ante el sufrimiento o la satisfacción ajena, y hacérselo notar, con la correspondiente enseñanza, en tono cordial y sereno. Por ejemplo (y aunque también podría aplicarse, mutatis mutandis, a adolescentes o adultos), en vez de referirse simplemente a que ha hecho una travesura o una cosa buena, será mejor decirle: «Has hecho mal, y mira que triste has puesto a tu hermana»; o bien: «Papá está muy contento de lo bien que te has portado». De ese modo se fijará en los sentimientos que los demás tendrán en ese momento como consecuencia de lo que él ha hecho.

—¿Y por qué a veces son tan distintos los sentimientos de dos hermanos que han sido educados casi igual?

Además de la educación hay en juego muchos otros factores, y por esa razón hay que dejar siempre un amplio margen a causas relacionadas con el temperamento con que se nace, decisiones personales que cada persona toma a lo largo de su vida, etc. De todas formas, la educación es un factor de gran peso, y por eso lo más frecuente (sobre todo durante los primeros años) es que los hermanos se parezcan bastante en cuanto a su educación sentimental.

Además, aunque la educación no sea el único factor, es sobre el que los padres más pueden actuar.

La fuerza del ejemplo
En el aprendizaje emocional tienen un gran protagonismo los procesos de imitación, que pueden llegar a ser muy sutiles en la vida cotidiana.

Basta pensar, por ejemplo, en la facilidad con que se producen transferencias de estado de ánimo entre las personas (tanto la alegría como la tristeza, el buen o mal humor, la apacibilidad o el enfado, son estados de ánimo notablemente contagiosos). O en cómo se transmite de padres a hijos la capacidad de reconocer el dolor ajeno y de brindar ayuda a quien lo necesita. Son estilos emocionales que todos vamos aprendiendo de modo natural, casi por impregnación.

No hay que olvidar que la mayoría de las veces las personas captamos los mensajes emocionales de una forma casi inconsciente, y los registramos en nuestra memoria sin saber bien qué son, y respondemos a ellos sin apenas reflexión. Por ejemplo, ante determinada actitud de otra persona, reaccionamos con afecto y simpatía, o, por el contrario, con recelo o desconfianza, y todo ello de modo casi automático, sin que sepamos explicar bien por qué. Todos estamos muy influidos por hábitos emocionales, que en bastantes casos hemos ido aprendiendo sin apenas darnos cuenta, observando a quienes nos rodean.

—Decías que esa capacidad se transmite en la familia, pero luego resulta que hay niños muy egoístas e insensibles con padres de gran corazón.

Ciertamente es así, y el motivo es claro. El modelo es importante, pero no lo es todo.

Además de presentarles un modelo (por ejemplo, de padres atentos a las necesidades de los demás), es preciso sensibilizarles frente a esos valores (hacerles descubrir esas necesidades en los demás, y señalarles el atractivo de un estilo de vida basado en la generosidad).

Pero después –y esto es decisivo– hay que educar en un clima de exigencia personal.

Si no hay autoexigencia, la pereza y el egoísmo ahogan fácilmente cualquier proceso de maduración emocional.

El cariño potencia el aprendizaje, pero no puede sustituirlo.

Y sin un poco de disciplina, difícilmente se pueden aprender la mayoría de las cosas que consideramos importantes en la vida. Como ha escrito Susanna Tamaro, la disciplina y la autoridad son decisivas para educar, pues generan respeto y ganas de mejorar.

También es esencial la sintonía del niño con los padres y demás educadores:

 que haya un clima distendido, de buena comunicación;
 que en la familia sea fácil crear momentos de más intimidad, en los que puedan aflorar con confianza los sentimientos de cada uno y así ser compartidos y educados;
 que no haya un excesivo pudor a la hora de manifestar los propios sentimientos (se han hecho, por ejemplo, numerosos estudios sobre el efecto positivo de manifestar el afecto a los niños mediante la mirada, un beso, una palmada, un abrazo, etc.);
 que haya facilidad para expresar a los demás con lealtad y cariño lo que de ellos nos ha disgustado; etc.
 Cuando falta esa sintonía frente a algún tipo de sentimientos (de misericordia ante el sufrimiento ajeno, de deseo de superarse ante una contrariedad, de alegría ante el éxito de otros, etc.), en la medida en que en un ambiente –familia, colegio, amigos, etc.– esos sentimientos no se fomentan, o incluso se dificultan o se desprestigian, cada uno tiende a no manifestarlos y, poco a poco, los sentirá cada vez menos: se van desdibujando y desaparecen poco a poco de su repertorio emocional.

Sano y cordial inconformismo
La falta de capacidad para reconocer los sentimientos de los demás conduce a la ineptitud y la torpeza en las relaciones humanas. Por eso, tantas veces, hasta las personas intelectualmente más brillantes pueden llegar a fracasar estrepitosamente en su relación con los demás, y resultar arrogantes, insensibles, o incluso odiosas.

Hay toda una serie de habilidades sociales que nos permiten relacionarnos con los demás, motivarles, inspirarles simpatía, transmitirles una idea, manifestarles cariño, tranquilizarles, etc. A su vez, la carencia de esas habilidades puede llevarnos con facilidad a inspirarles antipatía, desalentarles, despertar en ellos una actitud defensiva, ponerles en contra de lo que hacemos o decimos, inquietarles, enfadarles, etc.

Se trata de un aprendizaje emocional que, como hemos dicho, comienza desde una edad muy temprana. Puede consistir en que el niño aprenda a:

 contener las emociones (por ejemplo, para dominar su desilusión ante un regalo bienintencionado, pero que ha defraudado sus expectativas),
 o bien a estimularlas (por ejemplo, procurando poner y manifestar interés en una cortés conversación de compromiso que de por sí no le resulta interesante).
 —Pero, en cierta manera, eso es esconder los verdaderos sentimientos y sustituirlos por otros que no se tienen, y que por tanto son falsos, o al menos artificiales.

No se trata de eso. Lo que debe buscarse no es el falseamiento de los sentimientos, sino el automodelado del propio estilo emocional.

Si una persona advierte, por ejemplo, que está siendo dominada por sentimientos de envidia, o de egoísmo, o de resentimiento, lo que debe hacer es procurar contener esos sentimientos negativos, al tiempo que procura estimular los sentimientos positivos correspondientes. De esa manera, con el tiempo logrará que éstos acaben imponiéndose sobre aquéllos, y así irá transformando positivamente su propia vida emocional.

—Pero muchos sentimientos no son ni buenos ni malos en sí mismos, sino adecuados o inadecuados a la situación en que estamos.

Sí, y por esa razón en muchas ocasiones es preciso esforzarse en compartimentar las emociones, es decir, procurar no seguir bajo su influencia cuando las circunstancias han cambiado y exigen en nosotros otra actitud.

Por ejemplo, podemos tener una situación en el trabajo que nos lleva a emplear nuestra autoridad de una manera que probablemente luego no es nada adecuada al llegar a casa. O quizá hemos tenido una conversación algo tensa, o una reunión difícil, y salimos algo alterados, con o sin razón, pero... quizá esa actitud, o ese tono de voz, o esa cara, son rigurosamente inoportunos e inadecuados para la reunión o la conversación siguientes.

Por eso, la dificultad de trato de muchas personas no está en que les falte afabilidad o cordialidad, sino en que no saben compartimentar. Al permitir que sus frustraciones contaminen otras situaciones distintas de la causante originaria, hacen pagar por ellas a quienes no tienen nada que ver con el origen de sus males. Ese tipo de personas sufre con facilidad muchas decepciones, porque se ven arrastradas por sus estados de desánimo, crispación o euforia. Son un poco simples, se lee en ellos como en un libro abierto, y son por eso muy vulnerables: el que sepa captar sus cambios de humor jugará con ellos como con una marioneta, con sólo saber tocar los puntos oportunos en el momento oportuno.

—Es cierto que muchas veces experimentamos sentimientos que no nos parecen adecuados..., pero estar todo el día pendientes de corregirlos, produce una tensión interior..., ¿eso es bueno?

Es que no debe ser una tensión crispada, ni agobiante. Debe ser un empeño cordial y amable, como un sano ejercicio, practicado con deportividad, que no nos agota ni nos angustia sino que nos hace estar en buena forma, nos enriquece y nos permite disfrutar de verdad de la vida.

—¿Y cuándo puede uno sentirse ya satisfecho de cómo es su estilo sentimental? Porque esto es una historia sin fin...

Soy partidario de un sano, cordial y prudente inconformismo, pues quienes son demasiado conformistas con lo que ya son, hipotecan mucho su felicidad.

http://www.interrogantes.net/Reconocer-los-sentimientos-de-los-demas/menu-id-1.html

10 CLAVES PARA LA EDUCACIÓN DE TUS HIJOS


1 Los padres deben educar la voluntad de los hijos y sus sentimientos. Preparar a un hijo para la vida no es satisfacer todas sus voluntades y todos sus caprichos.
Enseña a tu hijo a renunciar y a oír "no".

No impongas la renuncia, pero llévalo a aceptarla libremente.

Señala la razón del renunciar, su valor y necesidad para la vida.

Si no aprende ahora a decir no a lo permitido, luego no sabrá decir no a lo prohibido.

El exceso de mimos echa a perder a los niños; los hijos muy mimados sufren mucho en la vida. Vivirán siempre alterados e inseguros.

El exceso de mimos y de censuras, críticas y castigos es la principal causa de inseguridad en los jóvenes. Los grandes hombres de la historia soportaron pruebas y privaciones en la vida. Poco se puede esperar de los hombres que nunca supieron lo que son privaciones, renuncias y sacrificios.

Los que reciben todo en la infancia no sabrán dar nada como adultos.

2 La cólera es nociva para la educación de los hijos. La ira nos lleva a decir palabras sin pensar y a actuar irreflexivamente.

El hablar sin pensar y el actuar sin reflexionar pueden lastimar, herir, ofender y llevar a cometer injusticias.

Habla con tu hijo con calma y ten actitudes ponderadas.

La cólera, la ira, la falta de dominio pueden hacer que se cometan desatinos.

Muchos padres, llevados por la ira del momento, hieren el corazón de los hijos con palabras semejantes a éstas:

"Tú no sirves para nada." "Maldita la hora en que te engendré." "Tú eres la vergüenza de la familia." "Tú no vales nada." "¡Tú eres un hijo indigno! "

Después, cuando estás en calma, reflexionas y te arrepientes. Pero será demasiado tarde. Las palabras ya fueron dichas y el corazón de tu hijo ya fue herido.

Piensa antes de hablar y reflexiona antes de actuar.

A un corazón herido siempre le queda una cicatriz.

No hables sin pensar y sin medir el alcance de tus palabras.

No hagas un gesto sin medir las consecuenclas.

Tu hijo es un tesoro que merece todo el amor, respeto y cariño; es un tesoro de la vida entregado en las manos de los padres.

3 El secreto que un hijo confía al padre o a la madre debe ser como una piedra lanzada al mar. Se esconde en el fondo, nadie la ve, descubre, conoce.

Sé siempre discreto, guarda en lo profundo del corazón el secreto de tu hijo. La confianza, una vez. perdida, difícilmente se recupera.

Un joven comienza a desorientarse desde el momento en que pierde la confianza en sus padres. Mientras los hijos confíen en los padres, tendrán siempre una luz que los ilumine, una guía que los conduzca y, una brújula que los oriente.

4 La mejor escuela de la vida es el ejemplo de los padres. Los hijos precisan más los ejemplos que las enseñanzas.

Los padres no les pueden exigir virtudes y cualidades que ellos no tienen. Vigilando sus propias obras, los padres estarán construyendo la moral de sus hijos. ¿Qué ejemplos les das? ¿A ti te gustaría que tus hijos hicieran lo que tú haces?

5 La misión de los padres es orientar, esclarecer, amar, comprender, incentivar. Actuar así es darle la oportunidad a tu hijo para que se afirme en la vida. El amor que los hijos reciben de los padres y la confianza que éstos depositan en ellos es para los jóvenes un seguro amparo de vida.

6 El desahogarse es una necesidad psicológica de toda persona. Tu hijo muchas veces está psicológicarnente agobiado y siente la necesidad de desahogarse. Precisa decir lo que siente.

Escucha con paciencia y benevolencia su desafío, aunque hable en forma agresiva e irritada.

Aprende a escuchar con paciencia y atención el desahogo de tu hijo y evitarás muchas discusiones, desavenencias y contrariedades.

Deja que tu hijo diga todo lo que siente y, cuando esté en calma, estará en condiciones de razonar y reconocer el error.

Comparte las dudas, angustias y problemas de tu hijo y él será tu amigo.

7 Saber escuchar en silencio es una virtud que los padres también deben tener. Antes de contradecír a tu hijo, escucha, analiza y trata de comprender lo que él quiere decir. Y después habla, pero con amor.

Cuando los padres se precipitan en responder o en contradecir al hijo, pueden cometer una injusticia o interpretar de modo incorrecto, y esto suscita la rebeldía del hijo.

Deja que tu hijo hable y oiga pacientemente, y sólo después habla, analiza, medita y dialoga con él.

Una persona irritada no está en condiciones de oír y comprender.

8 Deja que tu hija hable, sólo escucha. Después dialoga calma y serenamente con ella. Tal vez ella diga muchas cosas equivocadas, pero analizándolo bien encontraremos muchas verdades entre los errores.

Apreciar y valorizar lo bueno da mejores resultados que señalar y condenar de inmediato lo equivocado. A nadie le gusta ser refutado y censurado al instante.

Muchos padres no defienden la verdad, pero si sus puntos de vista para que prevalezcan sobre los puntos de vista de sus hijos.

El hijo no es un adversario a combatir, sino un amigo a conquistar. Y para conquistar nada mejor que saber oír.

9 Tu hijo precisa consejos y recomendaciones, pero deben ser bien dosificados, dados con amor y bondad. Una andanada de consejos y recomendaciones irrita y satura. El exceso, en lugar de producir efectos positivos, trae resultados negativos. Da a tu hijo los consejos más útiles y prácticos, no los más agradables. Dale un consejo como una sugerencia y no como una imposición.

10 ¡Cuántos jóvenes aún no descubrieron el verdadero sentido de la vida! Viven y no saben por qué. Estamos en este mundo para amar y hacer el bien, el amor nos une unos a otros y todos unidos amaremos a Dios. El amor siempre trae unidad y conlleva a hacer obras de bien. Una vida sin amor es una vida vacía y sin sentido.

La vida nos es dada para crecer siempre más en el amor y para engrandecernos a través de la práctica del bien.


Educar no es sólo combatir el mal, señalar y censurar los errores; educar es sobre todo íncentivar el bien, impartir buenas costumbres, valorizar las buenas obras y estimular.

El exceso de críticas y de censuras elimina el incentivo y el deseo del bien. Pero apreciar y valorízar las cosas buenas estimula y anima a proseguir el camino del bien y a mejorar. El exceso de críticas y censuras lo vuelve inseguro, angustiado y alterado.

Señala con amor los errores de tu hijo, aprecia sus virtudes, incentiva el bien y valoriza sus buenas acciones.

Que la crítica, la censura y la reprensión sean siempre constructivas y no destructivas. Que sean siempre positivas y no negativas.

* Recordar errores pasados y ya perdonados, desestimula y desanima. No es agradable oír siempre la misma queja, oír siempre la misma melodía de las personas que persisten en tocar la misma tecla.

* Olvida los errores cometidos por tu hijo en el pasado, e incentiva el bien en el presente, valorizando sus buenas acciones, por pequeñas que sean.

* Y así, si él fuera malo, tratará de ser bueno, y si fuera bueno se esforzará para ser mejor.

Características y rasgos de las personas de éxito


Las investigaciones que a lo largo de las décadas han tratado de rastrear los talentos de los trabajadores "estrella" nos indican que existen dos habilidades que se han vuelto cruciales: la formación de equipos y la capacidad de adaptarse a cambios.

Existen un conjunto completamente nuevo de capacidades que están comenzando a perfilarse como rasgos distintivos de los trabajadores estrella, entre las que cabe destacar la capacidad de servir de catalizador del cambio y el aprovechamiento de la diversidad.

Descubrimos que existen algunas competencias que diferenciaban a los trabajadores estrella de los otros. A saber: empatía, autodisciplina, iniciativa.

Para afrontar adecuadamente las situaciones emocionales en sumo grado hace falta ser un buen mediador, es decir, hay que ser capaz de despertar la confianza de los demás y de establecer un adecuado rapport con ellos, es decir, saber escuchar, ser capaz de persuadir y saber aconsejar. En palabras de este mismo directivo: "para poder alentar la confianza de los demás usted debe ser consciente de sí mismo, asumir el punto de vista de los demás y ser también capaz de estar plenamente presente".

La única habilidad cognitiva que diferencia a los directivos "estrella" de los mediocres es la capacidad de reconocer pautas, es decir la capacidad de extraer la información necesaria para comprender las tendencias más relevantes y forjarse una "visión global" que permita planificar estrategias de acción para el futuro.

Los mejores siempre están dispuestos, por ejemplo, a quedarse un tiempo extra para ayudar a sus compañeros a concluir un proyecto y no se guardan para sí los pequeños descubrimientos que pueden facilitar el trabajo sino que los comparten abiertamente. Son personas que no compiten, sino colaboran.

Las competencias emocionales más relevantes para el éxito caen dentro de los tres grupos siguientes:
  • Iniciativa, motivación de logro y adaptabilidad
  • Influencia, capacidad para liderar equipos y conciencia política
  • Empatía, confianza en uno mismo y capacidad de alentar el desarrollo de los demás.
En un mundo tan cambiante encontramos que la flexibilidad, la posibilidad de adaptarse al cambio es más importante que la experiencia.

Sólo cuando una persona muestra un amplio ramillete del espectro total de las competencias emocionales existe la posibilidad de que alcance el "punto crítico", una condición que permite descollar como un trabajador "estrella" y desempeñar una función semejante a la de los catalizadores en ciertas reacciones químicas

http://www.monografias.com/trabajos15/valores-humanos/valores-humanos.shtml

Inteligencia Emocional




"Las normas que gobiernan el mundo laboral están cambiando. En la actualidad no sólo se nos juzga por lo más o menos inteligentes que podamos ser ni por nuestra formación o experiencia, sino también por el modo en que nos relacionamos con nosotros mismos o con los demás."
Según la gran cruzada de Goleman: que desde todos los ámbitos posibles se comience a considerar la inteligencia emocional y sus competencias como claves para el éxito personal y profesional. He aquí alguna colección de frases más que ilustran sus planteamientos:
  • Los argumentos más convincentes y poderosos se dirigen tanto a la cabeza como al corazón. Y esta estrecha orquestación entre el pensamiento y el sentimiento es posible gracias a algo que podíamos calificar como una especie de autopista cerebral, un conjunto de neuronas que conectan los lóbulos prefrontales el centro ejecutivo cerebral, situado inmediatamente detrás de la frente y que se ocupa de la toma de decisiones-con la región profunda del cerebro que alberga nuestras emociones.
  • De este modo, resulta ciertamente paradójico que las habilidades "blandas" tengan una importancia decisiva en el éxito profesional en los dominios más duros.
  • La excelencia depende más de las competencias emocionales que de las capacidades cognitivas.
  • Incluso en las profesiones técnicas y científicas, el pensamiento analítico ocupa un tercer lugar, después de la capacidad de influir sobre los demás y de la motivación de logro.
  • A la hora de tomar una decisión, "el primer paso es siempre muy consciente, deliberado y analítico, pero no debemos desdeñar el aspecto emocional porque ambos son igualmente importantes. Es lo que se denomina corazonada, intuición.
  • La capacidad de percibir este tipo de sensaciones subjetivas tiene un origen evolutivo. Las regiones cerebrales implicadas en las sensaciones viscerales son mucho más antiguas que las del centro del pensamiento racional.
  • Los circuitos nerviosos ligados a los centros emocionales (la amígdala) nos proporcionan una respuesta somática- una sensación visceral- de la decisión que debemos tomar.
  • La expresión clásicamente utilizada para referirse a este tipo de sensibilidad que nos orienta es la de sabiduría.
  • Nuestra mente no está organizada como un ordenador que pueda brindarnos una pulcra copia impresa de los argumentos racionales a favor y en contra de una determinada decisión, basándose en todas las ocasiones anteriores en que hayamos tenido que afrontar una situación similar. En lugar de ello, la mente hace algo mucho más elegante, calibrar el poso emocional que han dejado las experiencias previas y darnos una respuesta en forma de presentimiento o sensación visceral.
http://www.monografias.com/trabajos15/valores-humanos/valores-humanos.shtml

SIEMPRE QUISE SER UN BUEN PADRE...



Cómo puedo ser un buen padre o madre? No existe una sóla forma correcta de criar niños. Y tampoco existe el padre o el hijo perfecto. Pero aquí hay algunas pautas para ayudar a que sus niños crezcan sanos y felices.

  • Demuéstrales tu amor.
  • Cada día di a tus niños: "Te quiero. Eres especial para mí".
  • Dales muchos abrazos y besos.
  • Escucha cuando tus niños hablan. Escuchar a los niños les demuestra que piensas que ellos son importantes y que estás interesado en lo que ellos tienen para decir.
  • Haz que tus niños se sientan seguros. Consuélalos cuando están asustados. Demuéstrales que has dado pasos para protegerlos.
  • Proporciona orden en sus vidas. Mantén un horario regular para comidas, siestas y para la hora de dormir. Si tiene que cambiar el horario, diles con anterioridad que va a haber cambios.
  • Elogia a tus niños. Cuando tus niños aprenden algo nuevo o se comportan bien, diles que estás orgulloso u orgullosa de ellos.
  • Critica el comportamiento no el niño. Cuando tu niño cometa un error no le digas "eres malo". En cambio, explíca al niño lo que hizo mal. Por ejemplo dile: "Cruzar la calle corriendo y sin mirar no es seguro". Luego dile al niño lo que debe hacer en vez de eso: "Primero mira a ambos lados para ver si vienen coches".
  • Sé consistente. Tus reglas no tienen que ser iguales a las que otros padres tienen, pero tienen que ser claras y consistentes. Consistentes quiere decir que las reglas son iguales todo el tiempo. Si dos padres están criando a un niño ambos necesitan usar las mismas reglas. Además, asegúrate de que las niñeras y los parientes conocen y siguen las reglas de su familia.
  • Pasa tiempo con tus niños. Haced cosas juntos tales como leer, caminar, jugar y limpiar la casa.
  • Lo que los niños más desean es tu atención. El mal comportamiento con frecuencia es su manera de llamar la atención.


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La fiebre del oro



El 24 de enero de 1848, el capataz James Marshall y sus hombres están construyendo un molino de harina en el rancho del general John Sutter. Aquel día encuentran fortuitamente unas pepitas de oro en las cercanías del Río Americano. Sutter intenta mantener en secreto el hallazgo, pero la noticia se extiende de inmediato, y salta primero a la prensa local de California y luego a todo el mundo.

En pocos meses, la “tierra dorada de California” se ve invadida por oleadas de buscadores de oro provenientes de los lugares más lejanos y dispares. No hay un modo fácil de llegar hasta allí. Al principio viajan en barco desde la costa Este y tardan entre cinco y ocho meses en rodear el continente por la ruta de Cabo de Hornos. Otros van por el Istmo de Panamá con mulas y canoas para seguir luego en barco por el Pacífico. Nada más llegar, las tripulaciones de los barcos desertan para ir a los campos de oro, de modo que los muelles del puerto se transforman en junglas de mástiles de los cientos de barcos abandonados. Otros viajeros cruzan a través de México, o atraviesan Estados Unidos en largos y penosos viajes en caravana.

Los efectos de esta migración repentina son espectaculares. La población crece vertiginosamente. San Francisco, que era una pequeña población, pasa en cuestión de meses a ser una gran ciudad. Se construyen nuevos poblados, caminos, escuelas, e incluso una línea de ferrocarril. Surge un sistema legal y de gobierno que en 1850 lleva a California a ser el 31º Estado de la Unión.

La mayor parte del oro de fácil acceso se acaba enseguida, por lo que la atención se dirige a lugares más difíciles y crece el rechazo a los extranjeros. Pronto surgen conflictos y problemas, pero la seducción del oro no disminuye. Los buscadores se lanzan en sucesivas y febriles avalanchas por toda Norteamérica. Las más espectaculares llegan a Pike’s Peak (Colorado) en 1859, a Deadwood (Dakota del Sur) en 1876 y a Klondike (en el territorio canadiense de Yukón) en 1897. Donde surge la fiebre del oro, brotan de la noche a la mañana pueblos prósperos y broncos. Al decaer la fiebre, quedan abandonados y convertidos en poblados fantasma en cuestión de semanas.

La realidad es que solo una exigua minoría de esos intrépidos cazafortunas encontró el dorado anhelo de sus sueños. La mayoría de ellos se arruinaron y apenas tuvieron para comer. Con todo, no debe hacerse una valoración demasiado negativa de todo aquello, pues también despertó enormes energías y fue germen del famoso “sueño americano” que hizo posibles tantos progresos.

Hay sucesos de nuestra vida diaria que guardan cierto parecido con este fenómeno de la fiebre del oro. Nos sentimos con frecuencia arrastrados por un sentimiento general que nos envuelve y nos presenta un horizonte concreto como algo muy atractivo y prometedor. Son reclamos que mueven grandes masas y que suelen tener aspectos positivos junto con otros que tienen bastante de psicosis colectiva o de manipulación mediática. Aprender a distinguir una cosa de la otra es importante, puesto que los hombres hemos de estar insertados en nuestro mundo pero tenemos también que aprender a verlo con cierta perspectiva y a ser suficientemente críticos con él.

Podemos y debemos pulsar los sentimientos colectivos, e incluso compartirlos y vibrar con ellos. Pero, al tiempo, debemos aprender a sustraernos de las fiebres que los contagian, los oscurecen o los confunden. Cada época tiene sus claridades y sus ofuscaciones, y tenemos que elevar nuestra visión para examinar con ojos críticos todos sus señuelos: la fascinación de los avances tecnológicos y de comunicación, la sugestión de los progresos económicos, el hechizo de las figuras o los pensamientos de moda, o los encumbramientos y los linchamientos mediáticos, que muchas veces son auténticas obcecaciones. Cuando observamos todo eso unos años después, enseguida distinguimos las terquedades y obstinaciones propias del momento, que el tiempo se ha encargado de poner en su lugar. Quienes entonces tuvieron el suficiente sentido crítico para situar las cosas dentro de una perspectiva más amplia, son los que lograron atravesar su tiempo sin dejarse deslumbrar por él.
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