“Los niños pueden llevar una vida paralela en las redes sociales sin saberlo sus padres”




María Jesús Álava Reyes obtuvo un rotundo éxito con uno de sus primeros libros, “La inutilidad del sufrimiento”, en el que enseñaba a no regodearse en el dolor y dar impulso a la vida. Vendió trescientos mil ejemplares y sigue reeditándose.

Tras él vinieron colaboraciones en medios de comunicación y nuevos libros, sobre el trabajo, el amor y los hijos. “La buena educación”, el último, desarrolla algunas de las cuestiones que planteará el miércoles en el auditorio Príncipe Felipe, en la última conferencia del ciclo organizado por el Teléfono de la Esperanza.

¿Cómo son los niños de hoy?Menos libres que hace diez o quince años, más manipulables y vulnerables. Se sienten perdidos ante sus miedos y solos.

Pues algo está mal.No hemos sabido hacer de ellos personas libres y reflexivas y están muy indefensos ante las críticas, por eso el acoso escolar es enorme y tenemos casos de chicas de 18 años que llegan a prostituirse por satisfacer a sus parejas.

Eso resulta increíble.Pues ya está ocurriendo. Cada vez vemos en la consulta a más adolescentes rotos, con 12 o 13 años, porque el chaval que le gustaba no le hace caso o porque están siendo vejados por otros.

¿El entorno tan tecnificado y las redes sociales complican el trabajo de las familias?Los niños, los padres y los educadores lo tienen más difícil porque nunca el medio ha sido tan agresivo. Hay niños de 5 años enganchados al móvil, recibiendo una información que no saben depurar. Los niños pueden llevar una vida en paralelo en las redes sociales sin que los padres lo sepan.

¿La desestructuración familiar tiene algo que ver con todo esto?El problema es que muchos padres actúan con poca madurez y generosidad, no les importa utilizar a los niños para sus intereses, pero desde luego que es mejor vivir con unos padres separados, centrados y felices que en un entorno lleno de agresividad.

¿Hay un repunte machista entre los adolescentes?Nos estamos saltando etapas y los niños viven situaciones para las que no están preparados. Las relaciones sexuales se han adelantado y, como no tienen madurez, las niñas asumen situaciones de absoluta humillación, haciendo permanentemente méritos para que los chicos las acepten. Más del cuarenta por ciento de las adolescentes interpretan como normales conductas vejatorias, que los chicos les griten y les peguen.

¿Y qué hacer?El discurso no sirve y los padres tienen que asumir papeles incómodos; no hay otro remedio. Uno de los grandes dramas contemporáneos es el poco apoyo a los profesores, cuando tenían que ser los principales aliados de las familias. El otro es no saber decir que “no” a los hijos: que no van a salir, que no van a hablar por el móvil, tener respeto a los mayores, ser capaces de no hacer aquello que quieren. No estamos trabajando el autocontrol. La impulsividad es normal, lo que está mal es no enseñarlos a controlarla. Nunca como ahora los padres se habían preocupado tanto por la educación de sus hijos y nunca se han sentido tan perdidos y los niños tan desorientados.

¿Realmente está aumentando el acoso escolar?El paso de niños de 12 años al instituto, con chicos de 18, es una de las mayores barbaridades de estos últimos años. En los colegios pequeños, donde los profesores conocen a los niños, es más difícil que se den situaciones de acoso. En mi consulta hemos visto este año unos mil casos de acoso escolar, hace cinco años eran unos cuatrocientos.

http://thefamilywatch.org/cos/cos-1377-es.php

Si tienes hijos, estudiantes o empleados a tu cargo, este consejo cambiará sus vidas para siempre

“¿Gané? ¿Perdí? Son las preguntas equivocadas. La pregunta correcta es: ¿me esforcé?”
—Carol Dweck, Mindset: The New Psychology of Success
Hace un par de años cayó en mis manos un artículo del blog Cooking Ideas que cambió mi vida y la de las personas con las que me relaciono: El efecto del esfuerzo. En él se resumen los resultados de las investigaciones sobre la motivación durante más de 30 años realizados por la Dra. Carol S. Dweck, profesora de psicología de la Universidad de Stanford, y publicados en su libro Mindset: The New Psychology of Success.



Hay dos tipos de mentalidad: fija o de crecimiento
Lee las siguientes cuatro frases, tomadas de Cambia el chip: Cómo afrontar cambios que parecen imposibles, y apunta si estás de acuerdo o en desacuerdo con cada una de ellas:
  1. Eres una cierta clase de persona y no hay mucho que puedas hacer para cambiarlo.
  2. No importa qué clase de persona seas, siempre puedes cambiar sustancialmente.
  3. Puedes hacer las cosas de manera diferente, pero no puedes cambiar quién eres en el fondo.
  4. Siempre puedes cambiar aspecto básicos de qué clase de persona eres en realidad.
Si estás de acuerdo con la 1 y la 3, tienes una mentalidad fija. Si estás de acuerdo con la 2 y la 4, tienes una mentalidad de crecimiento. Según Dweck, tu tipo de mentalidad determina el éxito que tendrás en la vida.
Las personas con mentalidad fija creen que sus capacidades son estáticas: tienden a evitar los retos, abandonan con facilidad, ven el esfuerzo como estéril o peor, ignoran el feedback negativo útil, se sienten amenazados por el éxito de los demás. Como consecuencia, se estancan antes, sin llegar a alcanzar su potencial pleno. Confirman así una visión determinista del mundo.
Las personas con mentalidad de crecimiento creen que sus capacidades son como los músculos, pueden crecer si se ejercitan: aceptan más desafíos, perseveran ante la adversidad, contemplan el esfuerzo como el camino hacia la maestría, aprenden de la crítica, encuentran lecciones e inspiración en los éxitos de los demás. Como resultado, alcanzan niveles cada vez más altos de realización. Se ven recompensados con un sentimiento creciente de libre albedrío.
Si quieres que una persona alcance todo su potencial, elógiala desde una mentalidad de crecimiento
Según Dweck, existen dos tipos de elogio: los que alaban a la persona y los que alaban el proceso de la persona. Cuando elogias a la persona, estás reforzando la mentalidad fija, la creencia de que el éxito se debe a rasgos fijos desde el nacimiento. Cuando estas personas fallan, lo achacan a que son inadecuadas.
Por el contrario, cuando elogias el proceso, refuerzas la mentalidad de crecimiento, la creencia de que las cualidades pueden desarrollarse con esfuerzo y tesón. Así fomentas la resiliencia y el amor por el aprendizaje, esenciales para el éxito futuro.
Alaba el hacer, nunca el ser
Cuando des feedback a una persona, ya sea un niño, un estudiante o un empleado, hazlo de manera que fomentes la mentalidad de crecimiento. Estructura tus comentarios en torno al esfuerzo en lugar de etiquetar a la persona:
  • No le digas a un niño cuando ha hecho un bonito dibujo: “Eres un artista”, sino “Cuánto te has esforzado”.
  • No le digas a un estudiante que ha aprobado un examen difícil: “Qué inteligentes eres”, sino “Cuánto has estudiado”.
  • No le digas a un empleado que ha completado una tarea larga y complicada: “Eres muy trabajador”, sino “Cuánto te has concentrado para terminarla a tiempo tan bien”.
Y así sucesivamente.
Elogia de la manera correcta y fomentarás la mentalidad de crecimiento
Siguiendo la filosofía de Dweck, Daniel Pink recomienda elogiar de la siguiente manera en su libro La sorprendente verdad sobre qué nos motiva:
  • Elogia el esfuerzo, no la inteligencia.
  • Elogia de forma específica y útil.
  • Elogia en privado.
  • Elogia sólo cuando existe una buena razón para hacerlo y con sinceridad.
Y no te preocupes por elogiar demasiado a las personas por su bondad intrínseca. Ahí no hay límite que valga.

http://www.elartedepresentar.com/2013/07/si-tienes-hijos-estudiantes-o-empleados-a-tu-cargo-este-consejo-cambiara-sus-vidas-para-siempre/

Querida Beatriz



Querida Beatriz o cualquiera que sea tu nombre:
Hace unos días todos los medios hablaban de ti y hoy son pocos los que te recuerdan. Has sido realmente mediática y me gustaría que volvieras a serlo. Me quiero meter en tu piel y supongo tus dudas, tus miedos... antes de dar a luz, con tanta gente opinando de ti en el mundo entero. ¿Tendrán razón? ¿estará en peligro mi vida si sigo hasta el final? ¿Será cierto que es un bebé lo que espero? ¿Morirá pronto o nacerá muerto, informe...?

Leo hoy: "la ministra relató que fue "muy impresionante" el momento en que "Beatriz" y su madre, por insistencia de esta última, vieron a la bebé, pese a que la joven dijo desde un principio que no quería hacerlo". Seguramente te sentías madre y quisiste ver a ese hijo, que viviría sólo cinco horas. Su intensa vida, concentrada en 300 minutos, mereció ser vivida por ambos. Podrás recordar su mirada y sus gestos, y estoy segura, habrás sentido la pena de su partida.

Si el bebé pudiese hablarte Beatriz te daría las gracias por haber protegido su dignidad. He podido morir como un humano, lo que mi propia enfermedad me ha dejado. No he sufrido, mi muerte ha sido serena. Y tu Beatriz ahora podrás llorar mi ausencia. Tendrás un duelo, pero sin dudas. Mi presencia te las ha resuelto.

http://artelibrehoy.blogspot.com.es/2013/06/bebe.html

Monster High: ¿aptas para 6 a 12 años?

 
 
Nacieron como muñecas en 2010, fabricadas por Mattel, la misma marca que Barbie, y desde entonces las Monster High han ido ganando terreno en el ámbito de la juguetería y de la industria del entretenimiento audiovisual: serie de televisión de dibujos animados, videojuego y, en 2013, la película Scaris, city of frights [Horroris, ciudad de sustos, en traducción libre]. Todo ello unido, como en estos casos es norma comercial, a un poderoso merchandising de pegatinas, carpetas, cuadernos, etc.

La colección de alumnas del Instituto de Monstruos recrea personajes clásicos del cine de terror, desde Drácula (Draculaura) a Frankenstein (Frankie Stein) pasando por el Hombre Lobo (Clawdeen Wolf) o la Momia (Cleo de Nile), hasta más de una docena de caracteres. Hasta ahí, no deja de ser una línea de producto más con pretensión de originalidad introduciendo el mundo del horror en el ámbito de las muñecas infantiles.

En ese sentido, todos los complementos de las jóvenes y sus respectivas personalidades están marcados por lo macabro y lo morboso: ataúdes, sangre, cadáveres, al igual que las letras de las canciones que acompañan la serie.

Pero más allá de eso, que puede entenderse en un contexto desenfadado, lo que más han cuestionado algunos críticos es el modelo que se ofrece a un cliente destinatario que son las niñas entre 6 y 12 años: "Estas muñecas preparan a las niñas a avergonzarse de sus cuerpos, a obsesionarse con ser sexualmente atractivas desde una edad preadolescente", declaró a Fox News el experto en comportamiento e imagen corporal Patrick Wanis.

En efecto,
añade Theresa A. Thomas (escritora y madre de nueve hijos) desde Catholic Lane, "son un cruce entre muñecas Bratz y vampiresas góticas sexy, con extraños piercings y minifaldas ultra cortas con mallas negras y tacones de estilismo".

Ese estilo de vestir es uno de los aspectos más censurados por los reticentes a las Monster High. El citado Wanis apunta a que "sexualiza a las niñas" y "las anima a vertirse como una stripper y a creer que están obligadas a atraer sexualmente a todo el que las rodea".

Lo cierto es que la misma presentación oficial de la personalidad de cada muñeca transmite modelos de comportamiento: "Tengo la figura perfecta para la moda... Me gusta experimentarlo todo antes de elegir",
se presenta Franki Stein, quien figura tener 15 años; o "Soy una orgullosa fashionista y muy atractiva... Mi actividad favorita es comprar y ligar con los chicos", confiesa Clawdeen Wolf.

"Monster, monster high / vamos, no seas tímida / Monster High / la fiesta nunca muere",
reitera su canción oficial. Todo un festival zombi.

El amor en familia: conocer, confiar y exigir



Formar a nuestros hijos en la afectividad es ayudarlos a desarrollar su capacidad de amar. El amor se transmite principalmente en la familia.
LA FAMILIA

“La familia es una íntima comunidad de vida y amor” cuya misión es “custodiar, revelar y comunicar el amor” con cuatro cometidos generales (Familiaris Consortio).

*Formación de una comunidad de personas
*Servicio a la vida
*Participación en el desarrollo de la sociedad
*Participación en la vida y misión de la iglesia


Aprender a Amar

La capacidad de amar es resultado del desarrollo afectivo del ser humano durante los primeros años de su vida. El desarrollo afectivo es un proceso continuo y secuencial, desde la infancia hasta la edad adulta.

La madurez afectiva es un largo proceso por el que el ser humano se prepara para la comunicación íntima y personal con sus semejantes como un Yo único e irrepetible; y que debe desencadenarse al primer contacto del niño con el adulto perpetuándose a lo largo de su existencia.

A pesar de que el hombre fue creado por Dios con una capacidad innata para amar, el crecimiento y la vivencia del amor se realiza a través de la experiencia que el hombre va adquiriendo a lo largo de toda su vida. En el contexto individual de cada persona, esta experiencia se ubica en su familia.

En la familia es donde se hace posible el amor, el amor sin condiciones; los padres que inician la familia con una promesa de amor quieren a sus hijos porque son sus hijos, no en razón de sus cualidades. “La familia es un centro de intimidad y apertura”. Es en el seno familiar donde cultivamos lo humano del hombre, que es el enseñarlo a pensar, a profundizar, a reflexionar. Es en el ámbito de la familia donde el hombre aprende el cultivo de las virtudes, el respeto que es el guardián del amor, la honradez, la generosidad, la responsabilidad, el amor al trabajo, la gratitud, etc. La familia nos invita a ser creativos en el cultivo de la inteligencia, la voluntad y el corazón, para poder contribuir y abrirnos a la sociedad preparados e íntegros. El amor de la familia debe trasmitirse a la sociedad.

La familia es el primer ambiente vital que encuentra el hombre al venir a este mundo y su experiencia es decisiva para siempre.
La familia, dice Juan Pablo II, es la primera y más importante escuela de amor. “La grandeza y la responsabilidad de la familia están en ser la primera comunidad de vida y amor, el primer ambiente en donde el hombre puede aprender a amar y a sentirse amado, no sólo por otras personas, sino también y ante todo por Dios”.


Todo se relaciona con el misterio del Padre que nos ha creado por amor y para que amemos. Nos ha hecho a su imagen y semejanza, todos somos hijos suyos iguales en dignidad. Para revelarnos su paternidad de amor “nos hace nacer del amor” de un hombre y de una mujer e instituye la familia; ella es el lugar del amor y de la vida, o dicho de una mejor manera: “el lugar donde el amor engendra la vida”.

Amor conyugal, modelo de amor para los hijos

“La familia es la primera y fundamental escuela de sociabilidad, como comunidad de amor encuentra en el don de sí misma la ley que le rige y le hace crecer. El don de sí que inspira el amor mutuo de los esposos, se pone como modelo y norma del don de sí que debe haber en las relaciones entre hermanos y hermanas y entre las diversas generaciones que conviven en la familia. La comunión y la participación vivida cotidianamente en la casa, en los momentos de alegría y de dificultad representan la pedagogía más concreta y eficaz para la inserción activa, responsable y fecunda de los hijos en el horizonte más amplio de la sociedad”(Familiaris Consortio)

Alguien dijo que “se puede procrear fuera de la familia, pero sólo en familia se puede educar”, y educar para amar sólo se puede en el ámbito de la familia: amando. El ejemplo es el mejor método para educar; hay una frase que dice “Lo que eres habla tan fuerte, que no oigo lo que me dices”. Qué nos ganamos con decir, o pretender demostrar, amor a nuestros hijos, lo que importa es lo que ellos ven en la forma como tratamos a nuestro cónyuge.

Tenemos que entender claramente que no hay nada que eduque más y mejor a los hijos que el ejemplo de amor que ven en sus padres como pareja. Para realmente poder amar a nuestros hijos tenemos primero que amar a nuestro cónyuge.

El amor, factor de desarrollo de los hijos

El otro aspecto fundamental de la influencia del amor, dentro de la familia lo encontramos en el desarrollo de la persona, más particularmente, de los hijos.
Cada familia, aun sin pretenderlo crea un ambiente (de amor o de despego y egoísmo, de rigidez o de ternura, de orden o de anarquía, de trabajo o de pereza, de ostentación o de sencillez, etc.) que influye en todos sus miembros, pero especialmente en los niños y en los más jóvenes.


CONOCER

Amar es buscar el bien integral del otro. El que ama y sólo el que ama, conoce bien a la persona amada, porque la conoce no sólo como aparece sino como es por dentro, y más aún conoce “su posible”, aquello que puede y “debe” llegar a ser. Como dice Paul Valéry “lo que es más verdadero de un individuo, lo más de él mismo, es su posible, lo que puede llegar a ser”.

Partiendo del hecho de que el hombre “es un ser en proceso” pensemos que es en la familia donde más va a avanzar dentro de este proceso. Así podremos valorar la trascendencia de nuestro amor a los hijos. Nuestro amor será responsable de que ellos alcancen la estatura que deben llegar a tener, en todos los aspectos de su persona.

El que ama no sólo conoce lo que la persona amada puede llegar a ser, sino que “le ayuda a ello”, le ayuda a que desarrolle todas las potencialidades que tiene y que muchas veces ignora, le ayuda a que sea lo que puede llegar a ser.

CONFIAR

La psicología afirma que el afecto estimula el aprendizaje y desarrolla la inteligencia gracias a la sensación de seguridad y confianza que otorga y que se desarrolla lentamente a través de la infancia, la niñez y la adolescencia.

La persona humana que está siempre en proceso de irse haciendo, es un ser con cierta dosis de inseguridad. El que se siente amado experimenta dentro de sí una fuerza que incrementa su seguridad.

Sentir la confianza de las personas queridas es, no sólo de gran ayuda, sino en muchas ocasiones “vital”.

Confiar no significa hacerse de la vista gorda, consentir, ceder. Confiar significa creer en la persona a pesar de que los hechos estén en su contra.

Confiar en alguien implica ser paciente, saber esperar.

¿Cómo podemos infundir confianza en nuestros hijos?. Ayudándoles a que descubran sus cualidades, limitaciones y defectos. Ayudándoles a que desarrollen cualidades, animándoles y aplaudiendo sus logros por pequeños que sean, ayudándoles a que descubran a dónde pueden llevarles sus inclinaciones si no las dominan y sobre todo, haciéndoles sentir nuestro cariño. Para esto necesitamos no sólo paciencia, sino también tiempo.

Lo contrario de la confianza es descargar sobre nuestros hijos nuestro coraje e impaciencia, echar en cara sus torpezas, fallas y malas acciones, sin transmitirles la seguridad que tenemos de que pueden cambiar. El decirles “eres malo” en lugar de “lo que hiciste” es una acción mala.

EXIGIR

Exigir es un ingrediente esencial del amor.
Sólo quién en nombre del amor sabe ser exigente consigo mismo puede exigir por amor a los demás; porque el amor es exigente. Lo es en cada situación humana.


El amor, al que San Pablo dedicó un himno en la Carta a los Corintios, es ciertamente exigente “amor paciente, servicial, comprensivo...”.

Amar a los hijos no significa evitarles todo sufrimiento. Amar es buscar el bien para el ser amado en última instancia y no la complacencia momentánea. Es posible que algunas veces por amor a un hijo le generemos una frustración momentánea que en realidad lo prepara para un bien más grande.
El amor necesita disciplina.


Citamos a Ignace Lepp, en su libro Psicoanálisis del amor nos dice
“El amor auténtico es el más eficaz creador y promotor de la existencia. Si tantas personas - bien o mejor dotadas - siguen siendo tan mediocres, se debe a menudo, a que nunca han sido amadas con un amor tierno y exigente”


Trascendencia del amor

El amor auténtico vivido en la familia debe alcanzar a la sociedad, la familia debe salir de sí misma y compartir esta vivencia profunda del amor entre ellos que es un reflejo del amor de Dios Padre.

Los Apóstoles comprendieron que el matrimonio y la familia es una verdadera vocación que proviene de Dios, un apostolado, el apostolado de los laicos. Estos ayudan a la transformación de la tierra y a la renovación del mundo, de la creación y de toda la humanidad.

A este respecto el Papa Juan Pablo II en la Carta a las Familias nos dice: “Queridas Familias: vosotras debéis ser también valientes, dispuestas siempre a ser testimonio de la esperanza que tenéis por que ha sido depositada en vuestro corazón por el Buen Pastor mediante el Evangelio. Debéis estar dispuestas a seguir a Cristo hacia aquellos pastos que dan la vida y que Él mismo ha preparado con el misterio pascual de su muerte y resurrección.”

El amor en la familia tiene dos cometidos fundamentales:

1. Enseñar el amor, aprender a amar. Revelar, custodiar y comunicar el amor, y proyectarlo a la sociedad.

2. Ayudar a cada uno de sus miembros, especialmente a los hijos, a que desarrollen todas sus potencialidades, que lleguen lo más cerca posible, a lo que deben llegar a ser, que alcancen la vocación a la que han sido llamados por su Creador.

http://www.fluvium.org/textos/familia/fam893.htm

Juan Manuel de Prada y la fe




Ha ganado el Premio Planeta, el Primavera de Novela y el Nacional de Narrativa, y ahora, el Mariano de Cavia. Todo eso en los 36 años que hace que nació en Baracaldo. En una exclusiva para ALBA, cuenta cómo redescubrió su fe heredada, a partir de los ataques recibidos por la Iglesia.
"No soy un converso. Lo mío ha sido un largo proceso, una evolución", aclara Juan Manuel de Prada, quien desde pequeño ha sido educado en la fe católica, "lo que pasa -explica- es que esa fe cultural ha sido probada, porque sin prueba, lo más seguro es que se convierta en una rutina".

Juan Manuel de Prada es uno de los escritores mas leídos en España, y fue en los primeros años de adolescencia, "al empezar a leer", cuando su fe comenzó a ser probada por "las dudas que levantaba mi lectura sobre lo que me habían contado".

Un largo proceso

Esas dudas que comenzaron a tambalear la primera fe cultural tenían que ver con "una visión demasiado humana de Jesús; tanto, que llega un momento en que nos olvidamos de que es Dios".

Aunque en este proceso "nunca llegué a dejar de ser católico -dice-, mi fe se acomodó". Pero una circunstancia inesperada iba a llevarle de nuevo a vivir la fe católica: "Cuando empiezo a escribir, descubro que la Iglesia es constantemente ridiculizada, escarnecida y denigrada; algo que, al principio, me hace cierta gracia, llega después a molestarme", y es que, apunta De Prada, "una de las cosas que no soporto es el gregarismo y las actitudes unánimes, y empiezo a descubrir en el mundo intelectual español esa unanimidad de las ovejas".

Es al ver los ataques que surgen contra la Iglesia desde el mundo cultural cuando se ve impulsado a defenderla: "En nuestra sociedad se están imponiendo posturas uniformes sobre la Iglesia", ya que "hay una ramplonería brutal que hace que, en ámbitos intelectuales, el denigrarla sea una especie de DNI progre".

Y cuando comienza a defender a la Iglesia, "también comienzo a profundizar en ella", y es entonces cuando "descubres una belleza que al principio está escondida entre tantas noticias absurdas, que mezclan la política con la religión, con la banalidad de la información perecedera. Y cuando empiezas a taladrar esa capa de banalidad, te encuentras con la belleza de la Iglesia, que es la belleza de Cristo". Para De Prada, esa belleza te atrae más y más a medida que la vas "desenterrando del ruido", y cita a san Agustín para definir la experiencia: "Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva".

"Cuando ocurre esto, yo me doy cuenta del corazón del mensaje cristiano, que es Dios hecho hombre, y me doy cuenta del vértigo de esa propuesta". En esta ocasión es Chesterton el citado para explicar la experiencia: "‘La mano del Dios que había moldeado las estrellas de repente se convierte en la manecita de un niño que gimotea en una cuna’. Ese momento vertiginoso es algo único del cristianismo, y su gran belleza".

El descubrimiento

De Prada asegura que a partir de ahí, "lo ves todo de otra manera. Se te cae una venda de los ojos y el mundo tiene poco que ver con lo que era. Es una especie de despertar, como si lo que hubiese vivido hasta entonces hubiese sido una vida cautiva, vivida sólo en blanco y negro, y de repente todo tiene color". Para él, descubrir que Cristo es Dios hecho hombre "es un descubrimiento fundamental", pero que es algo a lo que no todos los católicos llegan, razón a la que achaca que muchos de ellos se queden simplemente en vivir "una fe acomodada y protocolaria, totalmente rutinaria".

Sobre el panorama actual para el católico en España, asegura encararlo "con esperanza, porque aunque existe una evidente intención por parte de sectores de poder recluir a los católicos en un gueto, presentándonos como a seres anacrónicos, como caspa que hay que retirar, esto a la larga va a ser beneficioso, porque va a crear una mayor vocación de testimonio, y ha sido en las circunstancias difíciles cuando los cristianos han logrado levantar la cabeza".

Pero advierte que los católicos españoles tenemos que hacer un gran esfuerzo para que nuestra misión y nuestro testimonio "no se confundan con una misión política, ya que nuestra misión es oponernos a toda aquella práctica que sea contraria a los principios de nuestra fe, algo que me preocupa seriamente y que se está dando en nuestra sociedad".

Jesús G. Sánchez-Colomer



http://www.interrogantes.net/Entrevista-a-Juan-Manuel-de-Prada-Revista-Epoca-220X006/menu-id-29.html

¡Siempre renuncias, Benedicto!

La verdadera causa de la renuncia del Papa.

Tengo 23 años y aún no entiendo muchas cosas. Y hay muchas cosas que no se pueden entender a las 8:00am cuando te hablan para decirte escuetamente: “Daniel, el papa dimitió.” Yo apresuradamente contesté: “¿Dimitió?”. La respuesta era más que obvia, “Osea renunció, ¡Daniel, el papa renunció!”

El Papa renunció. Así amanecerán sin fin de periódicos mañanas, así amaneció el día para la mayoría, así de rápido perdieron la fe unos cuantos y otros muchos la reforzaron. Y que renunciara, es de esas cosas, que no se entienden.

Yo soy católico. Uno de tantos. De esos que durante su infancia fue llevado a misa, luego creció y le agarró apatía. En algún punto me llevé de la calle todas mis creencias y a la Iglesia de paso, pero la Iglesia no está para ser llevada ni por mí, ni por nadie (ni por el Papa). En algún punto de mi vida, le volví a agarrar cariño a mi parte espiritual (muy de la mano con lo que conlleva enamorarse de la chavita que va a misa, y dos extraordinarios guías llamados padres), y así de banal, y así de sencillo, recontinué un camino en el que hoy digo: Yo soy católico. Uno de muchos, si, pero católico al fin. Pero así sea un doctor en teología, o un analfabeta de las escrituras (de esos que hay millones), lo que todo mundo sabe es que el Papa es el Papa. Odiado, amado, objeto de burlas y oraciones, el Papa es el Papa, y el Papa se muere siendo Papa. 

Por eso hoy cuando amanecí con la noticia, yo, al igual que millones de seres humanos..nos preguntamos ¿porqué?. ¿Porqué renuncia señor Ratzinger?. ¿Le entró el miedo?. ¿Se lo comió la edad?. ¿Perdió la fe?. ¿La ganó?. Y hoy, después de 12 horas, creo que encontré la respuesta: El señor Ratzinger, ha renunciado toda su vida.

Así de sencillo.

El Papa renunció a una vida normal. Renunció a tener una esposa. Renunció a tener hijos. Renunció a ganar un sueldo. Renunció a la mediocridad. Renunció a las horas de sueño, por las horas de estudio. Renunció a ser un cura más, pero también renunció a ser un cura especial. Renunció a llenar su cabeza de Mozart, para llenarla de teología. Renunció a llorar en los brazos de sus padres. Renunció a teniendo 85 años, estar jubilado, disfrutando a sus nietos en la comodidad de su hogar y el calor de una fogata. Renunció a disfrutar su país. Renunció a tomarse días libres. Renunció a su vanidad. Renunció a defenderse contra los que lo atacaban. Vaya, me queda claro, que el Papa fue un tipo apegado a la renuncia.

Y hoy, me lo vuelve a demostrar. Un Papa que renuncia a su pontificado cuando sabe que la Iglesia no está en sus manos, sino en la de algo o alguien mayor, me parece un Papa sabio. Nadie es más grande que la Iglesia. Ni el Papa, ni sus sacerdotes, ni sus laicos, ni los casos de pederastia, ni los casos de misericordia. Nadie es más que ella. Pero ser Papa a estas alturas del mundo, es un acto de heroísmo (de esos que se hacen a diario en mi país y nadie nota). Recuerdo sin duda, las historias del primer Papa. Un tal..Pedro. ¿Cómo murió? Si, en una cruz, crucificado igual que a su maestro, pero de cabeza. 

Hoy en día, Ratzinger se despide igual. Crucificado por los medios de comunicación, crucificado por la opinión pública y crucificado por sus mismos hermanos católicos. Crucificado a la sombra de alguien más carismático. Crucificado en la humildad, esa que duele tanto entender. Es un mártir contemporáneo, de esos a los que se les pueden inventar historias, a esos de los que se les puede calumniar, a esos de los que se les puede acusar, y no responde. Y cuando responde, lo único que hace es pedir perdón. ‘Pido perdón por mis defectos’. Ni más, ni menos. Que pantalones, que clase de ser humano. Podría yo ser mormón, ateo, homosexual y abortista, pero ver a un tipo, del que se dicen tantas cosas, del que se burla tanta gente, y que responda así..ese tipo de personas, ya no se ven en nuestro mundo.

Vivo en un mundo donde es chistoso burlarse del Papa, pero pecado mortal burlarse de un homosexual (y además ser tachado de paso como mocho, intolerante, fascista, derechista y nazi). Vivo en un mundo donde la hipocresía alimenta las almas de todos nosotros. Donde podemos juzgar a un tipo de 85 años que quiere lo mejor para la Institución que representa, pero le damos con todo porque “¿con qué derecho renuncia?”. Claro, porque en el mundo NADIE renuncia a nada. A nadie le da flojera ir a la escuela. A nadie le da flojera ir a trabajar. Vivo en un mundo donde todos los señores de 85 años están activos y trabajando (sin ganar dinero) y ayudan a las masas. Si, claro.

Pues ahora sé Señor Ratzinger, que vivo en un mundo que lo va a extrañar. En un mundo que no leyó sus libros, ni sus encíclicas, pero que en 50 años recordará cómo, con un simple gesto de humildad, un hombre fue Papa, y cuando vio que había algo mejor en el horizonte, decidió apartarse por amor a su Iglesia. Va a morir tranquilo señor Ratzinger. Sin homenajes pomposos, sin un cuerpo exhibido en San Pedro, sin miles llorándole aguardando a que la luz de su cuarto sea apagada. Va a morir, como vivió aún siendo Papa: humilde.

Benedicto XVI, muchas gracias por renunciar.


Sólo quiero pedir mi más humilde y sincera disculpa, si alguien se sintió ofendido o insultado con mi artículo. Considero a cada uno (mormones, homosexuales, ateos y abortistas) como un hermano mío, ni más, ni menos. Sonrían, que vale la pena ser feliz.

Benedicto XVI se prepara para una vida monacal en el Vaticano


Libro Luz del Mundo: Lo que dijo el Papa sobre la posibilidad de renunciar




Si bien la decisión del Papa Benedicto XVI de renunciar al pontificado ha sorprendido a muchos en todo el mundo, el Santo Padre ya se había expresado a favor de esta posibilidad en el libro-entrevista “Luz del Mundo” escrito por el periodista alemán Peter Seewald.

El libro que fue publicado en el año 2010, cuando Benedicto XVI tenía 83 años, es un diálogo extenso, honesto y abierto sobre una serie de temas como el ecumenismo, el levantamiento de la excomunión a los obispos lefebvristas, el destino de la Iglesia, los escándalos de los abusos sexuales, entre muchos otros.

En una de las primeras páginas del texto en el que también se consigna algunos extractos de discursos y los principales episodios del pontificado de Benedicto XVI, se trata esta temática.

Luego de haberle hecho algunas preguntas sobre la respuesta de la Iglesia a los escándalos de abusos sexuales –en los que en opinión de diversos analistas, nadie ha hecho tanto como el Papa Benedicto XVI–, el periodista alemán hace dos preguntas al Pontífice sobre la posibilidad de la renuncia.

Esta renuncia, como han indicado varios expertos, es una facultad del Papa establecida en el Código de Derecho Canónico, la norma que rige a toda la Iglesia Católica, y no requiere que sea aceptada por nadie, como define el canon 332, numeral 2.

Seewald interroga habiendo hablado sobre los abusos sexuales cometidos por algunos miembros del clero: “La mayoría de estos incidentes sucedió hace décadas. No obstante, representan una carga especialmente para su pontificado. ¿Ha pensado usted en renunciar?”.

A lo que Benedicto XVI responde: “si el peligro es grande no se debe huir de él. Por eso, ciertamente no es el momento de renunciar. Justamente en un momento como este hay que permanecer firme y arrostrar la situación difícil. Esa es mi concepción. Se puede renunciar en un momento sereno, o cuando ya no se puede más. Pero no se debe huir en el peligro y decir: que lo haga otro”.

La segunda pregunta del periodista sobre este asunto es: “Por tanto, ¿puede pensarse en una situación en la que usted considere apropiada una renuncia del papa?”.

La respuesta de benedicto XVI: “Sí. Si el papa llega a reconocer con claridad que física, psíquica y mentalmente no puede ya con el encargo de su oficio, tiene el derecho y, en ciertas circunstancias, también el deber de renunciar”.

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Benedicto XVI: renuncio al ministerio de Obispo de Roma


Sobrevivir para contarlo

 
Ruanda es un pequeño país muy densamente poblado de la región de los Grandes Lagos de África. Es conocido por su fauna salvaje, por sus ciudades típicas y por los preciosos parajes naturales que ofrece su terreno fértil y montañoso. Pero sobre todo es conocido y recordado por la sangrienta guerra civil que se desató en 1994, tras una larga historia de diferencias raciales y de discriminación entre las dos principales etnias del país. La etnia dominante en aquel momento, los hutus, se dejó arrastrar por el odio acumulado desde muchas generaciones atrás y desencadenó uno de los genocidios más intensos y sangrientos de la historia, con más de 800.000 tutsis asesinados en un espacio de apenas tres meses.

Immaculée Ilibagiza tenía entonces 22 años. Era una estudiante universitaria de raza tutsi. Cuando estalló el conflicto, en el mes de abril de 1994, ella se refugió junto con otras siete mujeres en un pequeño cuarto de baño en la casa de un pastor hutu que se atrevió a esconderlas allí. El baño apenas tenía dos metros cuadrados, pero estaba bien oculto detrás de un gran armario que desplazaron para tapar la puerta de entrada. Desde su escondite escuchaba a sus vecinos, que hasta entonces creía amigos, y les oía gritar llenos de ira que iban a matar a todos los tutsis. Escuchaba también cómo en la radio se jaleaba a la población para tomar sus machetes y terminar con “esas indeseables cucarachas” que eran los tutsis. Los hutus se comportaron durante semanas como demonios, con ojos desorbitados, insaciables de sangre y de muerte. Mientras los cadáveres mutilados se descomponían por millares en los campos, la propaganda les enardecía aún más y salían enfurecidos buscando tutsis que pudieran estar escondidos. Eran personas con las que habían compartido escuela, juegos y hasta la mesa desde su niñez, pero ahora eran seres enloquecidos que buscaban con denuedo a cualquiera que pudiera estar escapando de la matanza.

Immaculée, durante su infancia, no sabía si era hutu o tutsi, porque sus padres nunca se lo habían dicho: para ellos todos eran ruandeses. Ahora, su condición de tutsi le convierte de pronto en objetivo implacable de aquel terrible odio tribal. Ya no puede confiar ni en sus mejores amigos, no está segura en ningún lugar. Los dirigentes políticos azuzaban los sentimientos de odio de los de su raza para lograr un exterminio total de los otros. Les decían que si mataban a los tutsis, podían tomar sus propiedades, sus mujeres y su tierra. Y les insistían: “No los dejéis con vida, porque volverán y os quitarán las tierras y seréis pobres y estaréis sometidos a ellos. Matadlos a todos, incluso a los niños, porque si no crecerán y se vengarán.” Por eso el genocidio fue más intenso con los varones y, al acabar, el 70% de la población de Ruanda eran mujeres.

La historia es sobradamente conocida, pero el testimonio de Immaculée en su libro “Sobrevivir para contarlo” tiene una gran aportación, que es el relato de una lucha quizá aún más feroz, la lucha que había dentro de ella. En su interior pugnaba por un lado el odio y el deseo de venganza, y por otro, el principio cristiano del perdón. Aunque estuviera encerrada, veía que su alma encontraba un espacio de libertad cuando rezaba y pedía fuerzas para perdonar. Fue una lucha encarnizada. Sentía que el odio se apoderaba de ella y le conducía a una cárcel de desesperación, quizá la misma que llevaba a miles de hutus, llenos de alcohol y de drogas, a buscar "cucarachas" que matar.

Inmmaculée estuvo 91 días encerrada en aquel minúsculo cuarto de baño, en unas condiciones inhumanas por el calor, las fiebres y la mala alimentación. Cuando salió de allí, pesaba solo 29 kilos. Lo asombroso no es solo que sobreviviera, sino sobre todo que sobreviviera al odio, la amargura y el dolor que supone saber que su madre, su padre y sus dos hermanos han sido asesinados de manera cruel por personas que ella conocía. Comprendió que la única manera de detener el ciclo del horror y la violencia es no buscar venganza y procurar frenar así la espiral del odio. Empieza a pensar que las personas que han matado a su familia se han hecho aún más daño a sí mismas, y merecen su piedad. Sabe que no puede dejarse arrastrar por el resentimiento hacia los verdugos de su tribu y su familia, que necesita del alivio que trae consigo perdonar de corazón. Inmmaculée sobrevivió por la bondad de personas que, como ella, fueron más fuertes que el odio y le hicieron descubrir que la única forma de que todos puedan seguir viviendo es construir entre todos una nueva vida cimentada en la concordia y el perdón. Es algo que sucede en cierta medida con todas las vidas y en todos los lugares y épocas, pero quizá en Ruanda ha sido y es hoy una verdad aún más evidente.

Feliz sobriedad



«Una solidaridad de sobriedad produciría una solidaridad de felicidad.» Ésta es la afirmación que hace un tiempo escuché de Maximiliano Herraiz, profesor conciso y directo en sus enseñanzas; ocupado en clarificar, sin alharacas, cuestiones que pudieran tacharse de etéreas y que él enmarca con naturalidad y solvencia en la experiencia cotidiana.

Hay expresiones cuya belleza produce una rotunda impresión de veracidad. Difícil saber si es su belleza o su verdad desnuda de argumentación, lo que constituye la fuerza atrayente que te devuelve a ella una y otra vez. El deseo de compartir su impactante sentido con otros motiva a intentar convertir en reflexión argumentativa lo que intuitivamente has percibido en su hermosura.
La sobriedad remite a la templanza y la moderación, a la carencia de adornos superfluos. No es contraria al disfrute, sino al exceso. Se aviene con la mesura y, en el fondo, eso favorece el buen paladar.

Para qué decir a estas alturas que son tiempos difíciles... Prácticamente imposible sustraerse al entorno que la crisis, los recortes, el paro, las subidas van diseñando. Aún y resistiéndonos a ello, tomamos consciencia que ésta es una situación complicada, de difícil gestión y delicadas implicaciones para gran parte de la población. Posicionarse tampoco es sencillo: ¿redundar en lo malo acentuando la falta de esperanza vestida de inevitabilidad?, ¿obviar la realidad pretendiendo que pase como un mal sueño que todos olvidaremos pronto?, ¿o, como muchos intentamos, asumir lo que está siendo pero conscientes que la capacidad de respuesta del ser humano, más allá de la lógica del mercado que necio confunde valor y precio, es mucho más imprevisible —tanto en positivo como en negativo, claro está— de lo que algunos quieren admitir?

En este contexto, recuperar la afirmación de Herraiz da mucho que pensar: «Una solidaridad de sobriedad produciría una solidaridad de felicidad». Hablar de sobriedad, de austeridad en este momento no tiene que ver con resignarse a la pobreza que comienza a entrar en hogares de los que parecía haberse alejado décadas atrás. Como afirma A. Gabilondo, «la pobreza es un mal. La austeridad, no.» Por eso a la pobreza hay que combatirla, mientras que «...no se trata de ser austero sólo en épocas de dificultad. No es una simple estrategia ni un mero instrumento. Es un modo de ser y de vivir que se hace singularmente elocuente cuando es posible no serlo.»

Haber dejado atrás cierta austeridad para abandonarse a la pendiente del consumismo es parte de lo que ha contribuido a llevarnos a la situación en la que nos encontramos. La sobriedad no renuncia a consumir lo necesario, incluso algo más en el margen de gusto y hasta capricho que también forma parte de la vida humana. Pero tiene un modo de relacionarse respetuoso con las cosas y los servicios: saber usar sin abusar, gastar sin derrochar, consumir sin desperdiciar. Hay que salir de la trampa demagógica que lleva a creer que el consumidor lo es en el ejercicio de su libertad, y que el mercado lo que hace es responder a sus necesidades y deseos. Como denuncia esa mente lúcida que es José Luis Sampedro, «el mercado es el gran corruptor. De cosas y de valores.» Al menos, este mercado que ha llevado a excluir cada vez a más miembros de la sociedad.

Seguramente, una economía de mercado no tiene por qué ser intrínsecamente mala ni buena. Lo será según los principios y valores que lo guíen y ésos se dan en encarnadura humana, como no puede ser de otro modo. Los principios liberales de respeto a la libertad del individuo no tienen por qué vincularse en exclusiva a la economía capitalista que ha derivado en esa entelequia que es la economía financiera. Que las personas concretas queden sin hogar, sin comida y sin cobertura sanitaria por culpa de un mercado financiero que es el imperio de la abstracción, es incomprensible para quienes no entendemos nada de esa economía. Sonará simplista, lo sé. Pero a veces pienso que nos iría mucho mejor si la economía recuperara su sentido etimológico inicial y volviera a funcionar como la gestión de los recursos que existen en bien de las personas que habitan el hogar del que se cuida.

No sé qué medidas concretas hay que tomar para enfrentar solventemente esta crisis; desearía que quienes sí tienen los conocimientos técnicos adecuados tuvieran además la altura humana para hacer lo conveniente. Pero sí sé que en el «sálvese quien pueda» que se inhibe de la situación de sus congéneres, habrá demasiadas víctimas. Hace mucho, demasiado, que hay víctimas. Sólo que hasta ahora nos quedaban lejos. Lástima no haber escuchado los clamores que llegaban de las tierras olvidadas del mundo y que nos avisaban que algo en este sistema estaba mal, muy mal colocado. Un sistema que se sostiene sobre millones de desheredados en otros continentes tiene en sí el germen del no respeto por la dignidad humana. Y eso termina salpicando a todos.
Queremos salvaguardar la libertad. Pero, de nuevo con Sampedro, «la libertad no es un bien que pueda gozar el hombre, sino los hombres. La libertad del hombre es también un producto social; cuando no la tienen todos no la tiene nadie». Y queremos salvaguardar un nivel de vida. No hay que parar las máquinas del consumo, de acuerdo. Pero hay que hacerlo razonable, sobrio y solidario. En bien de una solidaridad de felicidad.

http://www.ambitmariacorral.org/castella/?q=node/1039