Tu perfecto desorden





Te tropiezas con un balón de espuma y encuentras un muñeco bajo el sofá. Giras el grifo del lavabo y descubres que anida un pato de goma. Abres la sandwichera y ahí están, achicharrados, tres cromos del Osasuna.

A veces maldigo este caos de casa tumultuosa con niños. Pero sé que algún día maldeciré todo el orden a solas que vendrá después.

Vuestros libros ordenados, pero sin ser abiertos. Vuestras camas hechas, pero frías. Los platos pulcramente recogidos en la alacena, pero sin nadie con quien comer.

Tener hijos y salir a la calle es como llegar a la ceremonia de los Oscar de sobrado con dos estatuillas bajo el brazo, una hora antes de que empiece la entrega de premios: sabes que te los has ganado seguro.

Tener hijos es pisar la acera a las ocho y media con toda la gimnasia hecha: los abdominales del estrés, las flexiones del 'no se puede', el pilates del 'haz lo que debes', el yoga del 'aprovecha el tiempo', los lumbares de la desobediencia y de la sinrazón. En tan solo media hora, mientras te aseas. Así que cuando sales al mundo adulto ya no te acojona nada y todo te preocupa lo justo.

Para convención popular, la que montas un domingo lluvioso en casa con los amigos de tus hijos.

Para dimisión irrevocable, la que te presentan cada día que les pones verduras.

Para exclusiva, la de que el pequeño tiene otra novia y no hace declaraciones.

Para 'share', la audiencia que os da mamá durante le cena, siempre con un cuento delante.

Para traición, la mía, que nunca estoy; la vuestra, que habéis preferido la Play a las chapas.

Para problemas laborales, los que me da esa ortografía en huelga y sin servicios mínimos.

Para inflación, la de los besos de Martín, que cada vez los vende más caros.

Para crisis, la que acontece cuando se acaba el verano.

Me lo enseñó una tarde mi abuela, que lo llevaba escrito en un marcapáginas y leía una novela de Capote, eso de que los legados más importantes que los padres y las madres pueden dejarles a sus hijos son dos: uno son las raíces; el otro, las alas.

Algún día regresaré a casa tarde a causa del trabajo (o de la falta del mismo). Abriré la puerta del salón y todo estará en orden. Será que habéis volado, vaya. Entonces echaré en falta la felicidad que era este perfecto desorden

http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/asimplevista/2014/02/04/tu-perfecto-desorden.html

“Somos la Generación Matrimonio”



Son jóvenes, defienden el matrimonio y casi todos están casados. Hace unos meses lanzaron Marriage Generation, una plataforma que aspira a cambiar la visión del matrimonio que está detrás de algunos debates actuales sobre la familia. Su idea es que el impulso a favor de la cultura del matrimonio debe prestar más atención a las aspiraciones y preguntas que se hacen los jóvenes.
En 2013, varias encuestas registraron un cambio en la opinión pública estadounidense hacia la legalización de las bodas gais. En la del Pew Research Center, el 44% se opone y el 49% está a favor. El mayor respaldo viene precisamente de los nacidos después de 1980: 7 de cada 10 defienden la legalización.
Pero la supuesta nueva mayoría depende de cómo se formulen las preguntas. Cuando se plantea si los homosexuales tienen derecho a casarse, más norteamericanos están a favor. En cambio, en al menos siete encuestas nacionales realizadas entre 2011 y 2013, la mayoría se opone a cambiar la definición del matrimonio.
Peter Sprigg recoge dos ejemplos en First Things. En una encuesta de abril de 2013 se preguntó: “¿Está a favor o en contra de una medida que defina el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer?”. El 60% contestó a favor y el 32% en contra. En otra de junio de 2013 se planteó: “¿Está a favor o en contra de cambiar la definición de la palabra matrimonio para incluir también a las parejas del mismo sexo?”. El 39% respondió a favor y el 56% en contra.
La conclusión de Sprigg es que el debate sobre las bodas gais no tiene que ver con los derechos ni con la igualdad, sino con la realidad del matrimonio. Es el enfoque que adopta el libro What is Marriage?, escrito por los estadounidenses Robert P. George, Sherif Gergis y Ryan T. Anderson. En él, proponen repensar dos preguntas clave: qué es el matrimonio y por qué le interesa al Estado (cfr. Aceprensa, 15-05-2013).
El equipo de Marriage Generation se dirige a jóvenes que sigue queriendo casarse y tener hijos, pero que a menudo retrasan ambas decisiones

Cambiar la visión del matrimonio
Ahora, los jóvenes de Marriage Generation creen que hace falta completar estas preguntas con otra: por qué casarse. Las que plantean George y compañía son necesarias para el debate jurídico-político. La de aquellos trata de interpelar a una generación de jóvenes que sigue queriendo casarse y tener hijos, pero que a menudo retrasa ambas decisiones debido a la falta de confianza en su capacidad para establecer relaciones duraderas y al miedo al divorcio (cfr. Aceprensa, 9-02-2012).
Para Josh Bishop, de Marriage Generation, el reto es hablar con convicción tanto del “qué” como del “por qué”. De lo contrario, existe el riesgo de no conectar con una generación que tiende a pensar y hablar sobre el matrimonio en función de sus necesidades personales antes que de principios objetivos.
En el fondo, ambos enfoques están relacionados. Si el Derecho –y, en concreto, la definición legal del matrimonio– no respeta los rasgos esenciales de esta institución (cfr. Aceprensa, 7-12-2012), es más fácil que la gente siga pensando que el matrimonio no es más que una relación afectiva o una comunidad de apoyo mutuo, desvinculada de la paternidad y el sexo.
De ahí que Chris Marlink, uno de los impulsores de Marriage Generation, afirme que la legalización de las bodas gais es la consecuencia lógica de un proceso anterior. “En el imaginario colectivo, el matrimonio ya había sido redefinido; es decir, ya se le había separado de su verdadero y más pleno significado”.
Como afirma el grupo en su declaración de intenciones, “el matrimonio en EE.UU. se ha ido asociando cada vez más a la satisfacción del deseo sexual y a la realización personal de los adultos más que al desarrollo de una vida comprometida y al bienestar de los niños”.
Esta concepción ha llevado a exigir el reconocimiento como matrimonio de realidades tan distintas como las uniones gais, la poligamia o “el contrato matrimonial por un período de tiempo definido”. Esto último lo propuso hace unos meses Paul Rampell en el Washington Post: “Dos personas se comprometen a casarse por un período de años: uno, cinco, diez… o lo que les convenga. El contrato matrimonial podría renovarse al término de cada plazo y las veces que la pareja quiera”.
La aceptación de las bodas gais es una consecuencia de la concepción del matrimonio que ha ido calando en la sociedad

Desde la perspectiva de los jóvenes
Frente a esta visión, los jóvenes de Marriage Generation afirman que el matrimonio es “una unión plena, exclusiva y permanente entre un hombre y una mujer”. “La única relación humana donde las diferencias corporales, emocionales y espirituales convergen para formar algo nuevo, que a menudo conduce a la creación de la vida”.
La pregunta “por qué casarse” da pie al equipo de Marriage Generation para hablar sobre el matrimonio desde perspectivas que interesan a los jóvenes del milenio. Anna Shafer, escritora recién casada, recurre a letras de canciones, comedias románticas o novelas para reflexionar sobre la cohabitación o las consecuencias de las decisiones.
Carrie Russell, fotógrafa y productora de vídeo, escribe sobre “la búsqueda de lo real en un mundo de plástico” para plantear preguntas en torno a la autenticidad en las relaciones amorosas. Jason Isaacs, profesor y bloguero, explica cómo superó sus incertidumbres ante la decisión de casarse…
“Ninguna sentencia, elecciones o presión cultural nos va a disuadir”, concluye la declaración de Marriage Generation. “Nuestra pasión es restablecer la cultura del matrimonio, e influir en el modo en que nuestra generación piensa y habla sobre el matrimonio”.

http://www.aceprensa.com/articles/somos-la-generacion-matrimonio/

“La crisis ha revalorizado el concepto de familia”






Xosé Manuel Domínguez es doctor en Filosofía y profesor de Secundaria. Su ponencia sobre Antropología de la Familia abrirá este sábado el Curso de Formación en Matrimonio y Familia, que reunirá en Silleda a unas 260 personas. Organizado por las diócesis gallegas, contará con jornadas a lo largo de este año y del próximo.

Difícil de resumir en unos minutos la evolución que ha experimentado el concepto de familia en los últimos tiempos...Mi ponencia del primer día es el fundamento del contenido de todo el curso. Voy a demostrar cómo independientemente de las diversas formas en las que se muestra la familia hay una estructura antropológica común. Voy a describir qué es ser persona y sobre el concepto de persona voy a mostrar lo que podemos considerar concepto antropológico de familia. No voy a entrar en la tipología de familias, sino en cuál es su estructura antropológica.

¿Cómo la describe?Primero, es una comunidad, y no una mera asociación. Segundo, comparte un sentido existencial que es triple: Por un lado es el amor, entendido como donación; por otro, la propia comunidad familiar es un sentido en sí mismo; y además está la promoción de sus miembros. El tercer elemento común a todas las familias es que son una comunidad que crece hacia su plenitud ¿Cómo? A través de la educación. La familia es una comunidad abierta a sus miembros, pero también a otras personas de fuera. Esto se puede definir como fecundidad, pero no solo referida a que tiene hijos, sino que es capaz de ser hospitalaria, es enriquecedora para otros y es un lugar de apertura a las grandes experiencias, sobre todo a la experiencia del amor, de los valores, y a la experiencia religiosa. De modo que si el afecto, lo ético y lo religioso no se tiene en familia, ese defecto la persona lo arrastra a lo largo de su vida.

¿Se está perdiendo el concepto de familia?En absoluto. No solo no se pierde sino que para los jóvenes europeos, y especialmente gallegos, es la institución más valorada. Todo el mundo, hace por la familia lo que sea. Es más, tengo la sospecha de que en este momento de crisis se revalorizó al máximo. La familia está siendo el soporte económico, afectivo y ético. De no gozar de buena salud la familia española, ya hace tiempo que habría habido estallidos gravísimos en el país. Pero esto no quiere decir que no esté en transformación el propio grupo familiar.

¿Es la cara buena de la crisis?Al final lo que pasó en España es que los jóvenes en paro vuelven a casa de los padres. Ese apoyo económico y material a los hermanos, a los sobrinos desempleados... al final la familia responde. Está habiendo una revalorización de la familia y se está haciendo más fuerte a la gente joven que, la verdad, estaba muy sobreprotegida.

http://thefamilywatch.org/cos/cos-1415-es.php