Un currículum excelente, de aquellos que hacen saltar a las multinacionales (con o sin crisis). Triangulaciones continuas entre París, Nueva York y Londres. Departamento parisino, con una amplia vista a la Torre Eiffel. Las puertas de Wall Street que se abren de par en par. El mareo de estar maniobrando millones de dólares. Una seguridad que te viene de tu propia aptitud, construida con inteligencia y dedicación. Y la cuenta del banco que se eleva, junto a las brillantes promesas del futuro. Un edificio perfecto, construido ladrillo a ladrillo, por Henry Quinson. A los ojos de todos –amigos, parientes, colegas– el joven trader es la encarnación del hombre de éxito. Pero a pesar de haber entrado en la élite de unos de los institutos de crédito franceses más importantes, el banco Indosuez, Quinson –un franco-americano, nacido en 1961– no conoce la voracidad del “conquistador”. Su perfil no concuerda con ese particular característico de un manager (la reciente crisis que ha i...