Ir al contenido principal

Si tienes hijos, estudiantes o empleados a tu cargo, este consejo cambiará sus vidas para siempre

“¿Gané? ¿Perdí? Son las preguntas equivocadas. La pregunta correcta es: ¿me esforcé?”
—Carol Dweck, Mindset: The New Psychology of Success
Hace un par de años cayó en mis manos un artículo del blog Cooking Ideas que cambió mi vida y la de las personas con las que me relaciono: El efecto del esfuerzo. En él se resumen los resultados de las investigaciones sobre la motivación durante más de 30 años realizados por la Dra. Carol S. Dweck, profesora de psicología de la Universidad de Stanford, y publicados en su libro Mindset: The New Psychology of Success.



Hay dos tipos de mentalidad: fija o de crecimiento
Lee las siguientes cuatro frases, tomadas de Cambia el chip: Cómo afrontar cambios que parecen imposibles, y apunta si estás de acuerdo o en desacuerdo con cada una de ellas:
  1. Eres una cierta clase de persona y no hay mucho que puedas hacer para cambiarlo.
  2. No importa qué clase de persona seas, siempre puedes cambiar sustancialmente.
  3. Puedes hacer las cosas de manera diferente, pero no puedes cambiar quién eres en el fondo.
  4. Siempre puedes cambiar aspecto básicos de qué clase de persona eres en realidad.
Si estás de acuerdo con la 1 y la 3, tienes una mentalidad fija. Si estás de acuerdo con la 2 y la 4, tienes una mentalidad de crecimiento. Según Dweck, tu tipo de mentalidad determina el éxito que tendrás en la vida.
Las personas con mentalidad fija creen que sus capacidades son estáticas: tienden a evitar los retos, abandonan con facilidad, ven el esfuerzo como estéril o peor, ignoran el feedback negativo útil, se sienten amenazados por el éxito de los demás. Como consecuencia, se estancan antes, sin llegar a alcanzar su potencial pleno. Confirman así una visión determinista del mundo.
Las personas con mentalidad de crecimiento creen que sus capacidades son como los músculos, pueden crecer si se ejercitan: aceptan más desafíos, perseveran ante la adversidad, contemplan el esfuerzo como el camino hacia la maestría, aprenden de la crítica, encuentran lecciones e inspiración en los éxitos de los demás. Como resultado, alcanzan niveles cada vez más altos de realización. Se ven recompensados con un sentimiento creciente de libre albedrío.
Si quieres que una persona alcance todo su potencial, elógiala desde una mentalidad de crecimiento
Según Dweck, existen dos tipos de elogio: los que alaban a la persona y los que alaban el proceso de la persona. Cuando elogias a la persona, estás reforzando la mentalidad fija, la creencia de que el éxito se debe a rasgos fijos desde el nacimiento. Cuando estas personas fallan, lo achacan a que son inadecuadas.
Por el contrario, cuando elogias el proceso, refuerzas la mentalidad de crecimiento, la creencia de que las cualidades pueden desarrollarse con esfuerzo y tesón. Así fomentas la resiliencia y el amor por el aprendizaje, esenciales para el éxito futuro.
Alaba el hacer, nunca el ser
Cuando des feedback a una persona, ya sea un niño, un estudiante o un empleado, hazlo de manera que fomentes la mentalidad de crecimiento. Estructura tus comentarios en torno al esfuerzo en lugar de etiquetar a la persona:
  • No le digas a un niño cuando ha hecho un bonito dibujo: “Eres un artista”, sino “Cuánto te has esforzado”.
  • No le digas a un estudiante que ha aprobado un examen difícil: “Qué inteligentes eres”, sino “Cuánto has estudiado”.
  • No le digas a un empleado que ha completado una tarea larga y complicada: “Eres muy trabajador”, sino “Cuánto te has concentrado para terminarla a tiempo tan bien”.
Y así sucesivamente.
Elogia de la manera correcta y fomentarás la mentalidad de crecimiento
Siguiendo la filosofía de Dweck, Daniel Pink recomienda elogiar de la siguiente manera en su libro La sorprendente verdad sobre qué nos motiva:
  • Elogia el esfuerzo, no la inteligencia.
  • Elogia de forma específica y útil.
  • Elogia en privado.
  • Elogia sólo cuando existe una buena razón para hacerlo y con sinceridad.
Y no te preocupes por elogiar demasiado a las personas por su bondad intrínseca. Ahí no hay límite que valga.

http://www.elartedepresentar.com/2013/07/si-tienes-hijos-estudiantes-o-empleados-a-tu-cargo-este-consejo-cambiara-sus-vidas-para-siempre/

Comentarios

Entradas populares de este blog

Diez Mandamientos sobre la Amabilidad

1. Sonreír siempre, aun sin ganas y a solas para entrenarse. 2. No decir NO ni a un mandato ni a una súplica. 3. Evitar al prójimo todos los disgustos posibles. 4. Mostrarse contento y satisfecho aunque la procesión vaya por dentro. 5. Esforzarse por ser simpático y más aún a los que no son antipáticos. 6. Utilizar: gracias, por favor... 7. Si hay que reprender, saber dominar el genio y después reprender serenamente. 8. Hacer agradable el trato a las personas con las que se convive. 9. Usar formas amables con todo el mundo. 10. Si hay equivocaciones, reconocerlo abiertamente y disculparse

Novena de la Inmaculada, Cuarto día

Causa de Nuestra Alegría Quienes estuvieron cerca de Nuestra Señora participaron del inmenso gozo y de la paz inefable que llenaba su alma, pues en todo se reflejaba "la riqueza y hermosura con que Dios la ha engrandecido. Principalmente por estar salvada y preservada en Cristo y reinar en Ella la vida y el amor divino. A ello aluden otras advocaciones de nuestra letanía: Madre amable, Madre admirable, Virgen prudentísima, poderosa, fiel... Siempre una nueva alegría brota de Ella, cuando está ante nosotros y la miramos con respeto y amor. Y si entonces alguna migaja de esa hermosura viene y se adentra en nuestra alma y la hace también hermosa, ¡qué grande es nuestra alegría!". ¡Qué fácil nos resulta imaginar cómo todos los que tuvieron la dicha de conocerla desearían estar cerca de Ella! Los vecinos se acercarían con frecuencia a su casa, y los amigos, y los parientes... Ninguno oyó de sus labios quejas o acentos pesimistas o quejumbrosos, sino deseos de servir, de darse a lo...

La prueba final de amor

John X se levantó del banco, arreglando su uniforme, y estudió la multitud de gente que se abría paso hacia la Gran Estación Central. Buscó la chica cuyo corazón él conocía pero cuya cara nunca había visto, la chica de la rosa. Su interés en ella había comenzado 13 meses antes en una Biblioteca de Florida. Tomando un libro del estante, se encontró intrigado, no por las palabras del libro sino por las notas escritas en el margen. La escritura suave reflejaba un alma pensativa y una mente brillante. En la parte del frente del libro descubrió el nombre de la dueña anterior, la señorita Hollys Maynell. Con tiempo y esfuerzo localizó su dirección. Ella vivía en Nueva York. Él le escribió una carta para presentarse y para invitarla a corresponderle. Al día siguiente, John fue enviado por barco para servir en la Segunda Guerra Mundial. Durante un año y un mes, los dos se conocieron a través del correo, y un romance fue creciendo. John le pidió una fotografía, pero ella se negó. Ella sentía ...