“QUIERO UN MILLÓN”


La fiebre de la prisa por vivir, Gerardo Castillo
Revista Nro.64 " Hacer Familia" Por Josefina Lecaros S.Bibliografía referencial

Contagiados por una fiebre que viene de Estados Unidos, cada vez es más frecuente ver jóvenes dedicados casi de lleno a ganar dinero. ¡Mucha dinero! Si bien “Dinero bien trabajado es dinero bien ganado”, existen el peligro de verse atrapados por el materialismo, el hedonismo y el utilitarismo que tan fuertemente golpea nuestra cultura. También los negocios. También a los jóvenes.

¿Quién quiere ser millonario? es uno de los programas más populares de la televisión norteamericana, país donde entre los libros más vendidos aparecen títulos como "La mente millonaria" o "El millonario al otro lado de la calle". Tienen además la revista "Millionaire" a 75 dólares el ejemplar (poco más de 40 mil pesos) y el sitio en Internet Millionaire.com es visitado por miles de estadounidenses contagiados con esta nueva fiebre del oro. Pero así como sus antepasados corrieron tras el oro de las minas, hoy lo buscan en sitios punto com, en negocios ligados a la tecnología y a la industria del ocio y la diversión.

Sólo en California, 64 personas se convierten en millonarias (de dólares, por supuesto) cada día. En una sociedad en que las historias de veinteañeros con veinte millones de dólares son tan comunes como las acciones que duplican su valor de un día para otro, el sueño de tener un millón es algo que no parece inalcanzable. "Tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro" se resume hoy en "quiero tener un millón".

En Chile: Yo también quiero mi millón



En un mundo globalizado, las fiebres son contagiosas. Los ejemplos de tío Sam se propagan por América latina con una fuerza asombrosa. Jóvenes —algunos aún en el colegio- se desviven por ganar dinero. Algunos ejemplos:

+ Se juntan tres amigos, arriendan una discoteque y arman una fiesta. Cobran a sus amigos, conocidos y "los que lleguen" tres mil pesos. -"En una noche nos podemos ganar un millón cada uno", dicen. (No cuentan los días que ocuparon en "armar el cuento").

+ Un "ingenioso" alumno de economía patentó varios nombres "punto com" y luego (eso dice él) los vendió como marca, haciendo una utilidad sustanciosa.

+ Dos amigos y socios "bajan" música de Internet y ofrecen copiar la música que quieran a sus "clientes". (No encuentran que eso sea "piratear").

+ Un alumno de primer año de ingeniería arma computadores según los requerimientos del comprador y los vende a precios inferiores a los del mercado. Aunque al principio sólo vendía entre parientes y amigos, hoy dedica cada vez más tiempo a su negocio, pues quiere "profesionalizarse".

Si bien en algunos casos habría que cuestionar la licitud del negocio, en muchos otros más bien habría que premiar la iniciativa, el esfuerzo, la capacidad, el ingenio. Al fin y al cabo, "dinero bien trabajado es dinero bien ganado", opinan muchos; a lo que Joaquín García Huidobro, filósofo y académico, agrega: "y ojalá que sea bien gastado".

"Prefiero gente que sepa ganar un millón a la que no", dice Joaquín García Huidobro. Y explica: "Hubo generaciones que no hacían nada, se justificaban con sus sueños revolucionarios y, además, se creían héroes. Yo prefiero esta generación que trabaja, que hace bien las cosas, que son prácticos. Por ejemplo, antes los jóvenes hablaban de la pobreza; hoy se preocupan concretamente de los pobres; hay iniciativas reales en materia de solidaridad". Pero es importante, señala García Huidobro, que el joven "invierta" bien lo que gane: pagándose sus estudios, destinando un porcentaje a solidaridad o a ayudar en la casa, en viajes que le aporten, que sepan ahorrar, etc.

Aunque no es posible generalizar, cada vez es más frecuente ver cómo hay jóvenes que se las ingenian para ganar dinero, ojalá "mucho, rápido y fácil". Hay que advertir, sin embargo, de algunas ideas falsas que pueden acometer a estos prematuros negociantes y de los peligros de verse envueltos por el materialismo, el hedonismo y el utilitarismo.

El dinero abre todas las puertas.



La mentalidad utilitarista -aquel "lo que vale es lo que me reporta utilidad" — lleva a dar un valor desmedido al dinero y al éxito.

"Con la billetera llena puedo salir a donde quiero y con quien quiero", dice Inés, de 23 años. "De verdad que la plata abre muchas puertas", dice Víctor H., un joven de 20 años. "Es más útil tener dinero que muchos títulos y cartones", señala una joven licenciada en tecnología médica, desilusionada con lo poco que gana. "Con dinero, resume otro joven, uno puede comprar ropa, moto, panoramas que dan "estatus". Con dinero también, se logra una cierta independencia de los padres: "Yo tengo mi dinero y hago un poco lo que quiero", dice una joven estudiante de arte.

Hay que aclarar que no todas las respuestas de los jóvenes van por este camino "utilitarista". Y que son muchos los que saben dar al dinero el valor que tiene. Pero no es menos cierto que hay que corregir este creer que el dinero es la llave que abre todas las puertas.

En efecto, hay jóvenes que ven en el dinero un medio para lograr su independencia porque están "demasiado" sujetos a sus padres en este tema (porque no les dan dinero o les dan muy poco). Otros ven que sus amigos que tienen acceso a mucho dinero (sea porque sus padres lo dan en exceso o porque lo han ganado con sus negocios) "lo pasan mucho mejor" y relacionan felicidad y dinero. Y tantos otros ven en el estudio un mero medio para triunfar y ganar dinero, más que valorarlo por el deseo de saber.

Como los valores de los padres suelen ser los valores de sus hijos, no hay que quejarse cuando se les ha educado cara al éxito y dando una importancia desmedida al dinero, los bienes, el éxito y el bienestar. En este sentido, son los padres los que han de educar en el valor del esfuerzo y el sacrificio para obtener grandes cosas, en la sobriedad y en la generosidad. Los que deben señalar a sus jóvenes hijos que primero hay que cimentar —principalmente con el trabajo y esfuerzo en sus estudios- y que luego vendrá, con la madurez y conocimientos requeridos, el momento de ganar dinero. Plata que no será "para ser feliz", sino para vivir y para dar.

Quiero todo, aquí, ahora y ¡ya!



El doctor en educación Gerardo Castillo, señala que muchos jóvenes están saltándose etapas, no saben o no quieren esperar. "Se está hoy ante una precocidad en el modo de vida que no va acompañada de la madurez personal correspondiente", explica en su libro "La fiebre de la prisa por vivir". Las personas, dice Castillo, quieren vivir la edad que todavía no tienen: hay niños con costumbres de adolescentes, adolescentes con costumbres de adultos. Esto es una gran fuente de problemas: porque si es difícil vivir cada etapa, más aún es hacerlo antes de tiempo.

En ese marco, los jóvenes ansían vivir cuanto antes como adultos —con las ventajas y satisfacciones de esa etapa- y olvidan que la vida de adulto no se improvisa, que requiere una larga preparación. De ahí su afán desmedido de dinero, de cosas, de independencia. De ahí esa prisa por tenerlo todo, aquí y ahora (¡y con carácter de exigencia!) en vez de esperar, pacientemente, el progreso de cada edad de la vida. No saben esperar el momento para...

Los padres han de mostrar a los jóvenes que no se deben quemar etapas en la vida de las personas. Que hay que vivir sin prisas la infancia, la adolescencia, la edad juvenil. Que para ser un adulto maduro hay que haber sido previamente niño, adolescente y joven.

Que es posible esperar y que compensa esperar. Que más vale estudiar con esfuerzo que buscar el millón fácil; que en el trabajo más vale empezar de a poco que pretender negocios millonarios; que no vaya a suceder que, después, se deseche un buen trabajo porque las pretensiones son absurdamente altas.

Lo que vale es ganar



Si a la prisa por vivir etapas que no corresponden se une la influencia de un ambiente consumista, en el que se considera que la felicidad consiste en tener más y más cosas, es fácil explicar el ansia de ganar mucha plata en forma rápida y fácil. A todo ello, la publicidad añade también su ingrediente: al plantear la satisfacción inmediata de todas las necesidades, lleva a creer que se puede obtener todo fácil, sin esfuerzos, sin esperar.

Cada vez es más frecuente oir en bocas juveniles el que "dedicarse a algo no productivo es sencillamente idiota" , "lo que vale es ganar, y ganar harto" o que "en esta sociedad, si tienes mucha cultura y poco dinero, no eres nada".

Sin duda que no se puede meter en un mismo saco a todos los jóvenes. "No se puede hablar de juventud; sería como hablar de viejetud. Existe Pedro, Juan y Diego", aclara el filósofo Joaquín García Huidobro. "Entre los jóvenes hay ejemplo para todo: unos están reventados, otros llenos de espíritu y fuerzas; algunos pueden estar sólo abocados a lo material y otros están trabajando en excelentes proyectos. No sé quiénes son más. La cuestión es que sean cada vez más los segundos", señala García Huidobro.

Los padres son los que deben advertir de los peligros del materialismo y ser ejemplo en el modo de trabajar, de gastar, de vivir, de pensar. "Quizás todos estamos contribuyendo, de algún modo, a forjar esa juventud: con nuestros silencios, con nuestros hábitos consumistas; con la educación permisiva disfrazada de educación "liberal"; con familias sin vida familiar, con nuestro culto al dinero..", señala Gerardo Castillo, refiriéndose a aquellos jóvenes que idolatran el dinero, por ser éste fuente de poder, de placer, de estatus. Y agrega que muchas veces los adultos estamos transmitiendo a los jóvenes más la pasión por tener que por saber, por ser una persona culta, por realizar una vocación profesional.

"Vivir a tope ahora que soy joven"



El psiquiatra Aquilino Polaino habla que muchos jóvenes están afectados por el "instantaneísmo hedonista", por el cual conceden importancia sólo al instante presente; instante que vale la pena vivir sólo en la medida que nos proporciona placer. Así, como el futuro no vale, carece de sentido esperar: los jóvenes tienen una prisa exagerada por probarlo todo, por tener todo tipo de experiencias, por satisfacer sus caprichos inmediatamente. Y sus padres se encogen de hombros: "que aprovechen esta edad, que disfruten a tope", dicen justificando y justificándose.

Cuando el hombre cree que la felicidad está en el bienestar, en tener muchas cosas para vivir cómodamente, es fácil explicar que se deslumbre con el dinero y los bienes y que desee más y más cosas. "La sed de bienestar, señala G. Castillo, es insaciable. Cuantas más cosas se tienen, más cosas se desea tener. Es una sed que mueve al hombre a la búsqueda acelerada de satisfacciones sucesivas, de placeres inmediatos. Es una sed que exige ser saciada ya; no acepta esperar".

Nuevamente son los padres los que han de señalar a los jóvenes que la felicidad no es sinónimo de placer ni de bienestar. El filósofo Julián Marías en "La felicidad humana" señala que "la felicidad no consiste simplemente en estar bien, sino en estar haciendo algo que llene la vida".

Los padres tienen que entusiasmar (¡y permitir!) a los jóvenes "llenar la vida": a través del estudio, del servicio, de la amistad bien vivida, del amor. No simplemente a través del dinero y el placer. Los jóvenes deben cuestionar la vida fácil y aparentemente feliz de quienes tienen mucho, pero están vacíos. Y buscar ese millón no por tenerlo, por estatus o por independencia, sino como medio para grandes cosas.

OJO

Hedonismo y utilitarismo

Tanto se habla de las influencias de un ambiente hedonista y utilitarista. ¿Es el "ambiente" o es aquello que se respira en el colegio y en la casa?

Mentalidad utilitarista: Es anteponer las satisfacciones materiales —dinero, cosas- a lo inmaterial. Por ejemplo, descartar una vocación "no rentable".

Padres que educan con criterios utilitaristas: aquéllos que sólo quieren que "triunfen" en la vida.

Mentalidad hedonista: Quien cifra la felicidad en el placer sensible (en el caso al que nos hemos referido en el artículo, el dinero y las cosas).

Padres que educan con criterios hedonistas: son los que quieren que sus hijos vivan para "disfrutar".

El presente placentero



La juventud ha sido considerada como la edad de oro por ser ésta una etapa de grandes ideales —justicia, amistad, verdad...- y de proyectos personales de vida, relacionados con la cultura, el amor y el trabajo. La gran energía de esta edad siempre se canalizó en la pasión por vivir estos ideales y por realizar dichos proyectos de desarrollo personal. El educador español Gerardo Castillo en el prólogo de su libro "La fiebre de la prisa por vivir" señala que estaban tan ocupados en prepararse para ser en el futuro hombres y mujeres de provecho, que no había tiempo para otras metas inmediatas como, por ejemplo, ganar mucho dinero de forma fácil y rápida.

A juicio de este educador, doctor en pedagogía y autor de numerosas obras sobre los jóvenes, "los problemas de la juventud comienzan cuando se olvidan de su misión y dejan de pensar en el futuro para reducirse al presente. Y un presente placentero". Agrega que muchos jóvenes "han sustituido los ideales por los intereses y gustos del momento; los proyectos de vida a largo plazo, por la diversión de cada fin de semana".

Así, el dinero pasa a ser el medio para divertirse y vivir "a tope" el presente. De ahí la verdadera urgencia de muchos jóvenes por ganar dinero, por tener "ya" lo que se tiene en años de esfuerzo.

OJO

Para qué

De la fiebre de riqueza de norteamérica hay que copiar lo bueno. En este caso, la creatividad para hacer un negocio, el olfato para ganar buen dinero, el trabajo y el esfuerzo. Pero hay que poner bien el acento. Aprovechando de vivir virtudes como la perseverancia o la honestidad. Pero principalmente buscando invertir bien lo ganado.

Distinto es oir a jóvenes que quieren dinero para:

Comprarme un equipo de música top y buena ropa.

Tener para los fines de semana; divertirse cuesta mucho dinero.

Viajar en el verano: queremos ir con unos amigos a hacer surf a Ecuador.

Que saber de jóvenes que con lo ganado se pagan sus estudios, quieren aliviar la carga de los papás y no pedirles dinero, están ahorrando para casarse, dan generosamente en iniciativas sociales y, más aún, crean las propias.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Enhorabuena por la incorporación de este gran artículo. Creo que es necesario releerlo muy despacio y luego examinarnos, valorar cómo educamos a nuestros hijos, saber si nuestros hijos son presa de todos estos aspectos materiales y materialistas, qué culpa tenemos, que hacemos. ¿QUÉ PODEMOS HACER Y A QUÉ ESTAMOS DISPUESTOS?

Un santo decía que es bueno tener cortos de dinero a nuestros hijos. Un pensamiento que en mi caso funciona y tengo la seguridad que funcionará.

Gracias por esta gran aportación.