El Papa llenó de fervor a su grey


Fervor y confianza plena en la Iglesia de Pedro, y sus enseñanzas de renovación espiritual permanente, fue lo que se vivió la pasada semana en el Santuario de la Virgen de Fátima, en Portugal, donde quinientos mil feligreses, procedentes de todo el mundo, se unieron en oración y aclamación del Papa Benedicto XVI, quien visitó el santo lugar.

La misión de Benedicto en la tierra, como pastor de Cristo, ha sido especialmente sagrada. Fue él, en el año 2000, en su condición de prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el encargado de explicar el tercer secreto que la Santísima Virgen de Fátima hizo a los tres pastorcitos en 1917.

En 2000, el cardenal Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI, con un comentario teológico explicó al mundo aquel secreto tan religiosamente guardado. Dijo que un obispo vestido de blanco caería al suelo a causa de unos disparos. Revelación que fue interpretada como el atentado que sufrió Juan Pablo II, el 13 de mayo de 1981, en la Plaza de San Pedro a manos del turco Ali Agca.

"Quien había esperado impresionantes revelaciones apocalípticas sobre el fin del mundo o sobre el curso futuro de la historia, debe quedar desilusionado. Fátima no nos ofrece este tipo de satisfacción de nuestra curiosidad", escribió.

Para el Pontífice, el "tercer secreto" era ante todo un llamamiento a la conversión, a la oración y la penitencia.

Este mismo mensaje quedó grabado en la comunidad cristiana que lo acompañó en su nueva visita al santuario de la madre de su devoción, la Santísima Virgen.

En la explanada donde la Virgen se apareció a los pastorcitos, el Papa afirmó que las profecías de Fátima no han terminado, y denunció que "la humanidad ha logrado desencadenar un ciclo de muerte y terror, pero ha fracasado en interrumpirlo".

En una misa solemne, en coincidencia con la fiesta de la Virgen de Fátima y el décimo aniversario de la beatificación de los pastorcitos Jacinta y Francisco, el Papa explicó que el sentido de sus visiones proféticas no sólo tenían que ver con las guerras mundiales, las persecuciones del comunismo y el atentado a Juan Pablo II, sino también con los sufrimientos actuales de la Iglesia por el escándalo de pedofilia y con el ciclo de muerte y terror que hay en el mundo".

Benedicto no ha dudado en rechazar tales conductas e incluso sancionar, de manera ejemplar, a los comprometidos en las mismas. Los enemigos de la Iglesia están dentro de la propia Iglesia, dijo al pedir perdón a Dios y al mundo.

También en el mismo lugar que eligió la Virgen para hablarle al hombre moderno, Benedicto XVI criticó la legalización del aborto, del divorcio exprés y los matrimonios entre personas del mismo sexo.

En su visita al santuario la multitud lo ovacionó con gritos de ¡viva el Papa!, ¡viva el Papa!

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