
El hombre tiende a la felicidad y la alegría. Por eso, la vida misma es un generador constante de alegría.
Cualquier bien puede ser fuente de alegría
Enseñemos a ser felices
Los hombres no nacemos felices o infelices, sino que aprendemos a ser lo uno o lo otro. Cada uno nace con una cierta disposición a la alegría, con distinto humor.
Junto a este hecho, para llegar a la alegría es preciso luchar por alcanzarla e incorporarla a nuestra personalidad... sobre todo, cuando aparezcan las preocupaciones.
La tarea de "aprender a ser feliz" ha de ser un objetivo constante en todas las familias. Con la alegría no se topa nadie a la vuelta de una esquina, sino que hay que fomentarla día a día.
Sólo con que todos los miembros de la familia intentaran sonreír siempre, y que no hubiera nunca caras largas en casa, se habría conseguido mucho.
¿Cuál es la actitud necesaria para aprender a ser feliz?
1.- Disfrutar de las cosas sencillas y cotidianas...
...Que están presentes en nuestra vida: la conversación, el descanso, el trabajo, la naturaleza, la amistad... Siendo consciente de que la búsqueda ansiosa y descontrolada de satisfacciones (por lo general materiales) conduce a la pérdida del equilibrio interior.
2.- Mostrar un sentido positivo ante las personas y los acontecimientos.
Es lo opuesto a los derrotismos y a las actitudes deprimentes y desesperanzadas, a la visión negativa de la vida, que conduce a la inquietud y el desasosiego.
Encontraremos alegría cuando nos esforzamos por descubrir lo positivo que siempre (y en mayor medida que lo negativo) hay en las personas y situaciones en las que nos encontramos. Aprovechar los errores para aprender.
Esforzarse por descubrir lo positivo en mayor medida que lo negativo
y este es el primer paso para "educar en positivo".
3.- Aceptar las propias posibilidades y limitaciones.
Vivir con alegría lo que tenemos, sin renunciar a mejorar, pero sin tener nuestra atención centrada casi exclusivamente en lo que nos falta.
No perder el tiempo en lamentaciones o quejas inútiles sobre lo que ya ha ocurrido o es irremediable. Aceptar a cada hijo como es y por lo que es.
4.- Hacer de nuestras ocupaciones habituales una fuente de alegría.
Nuestro trabajo, sea el que sea, es la expresión de nuestra capacidad y nuestra aportación a la sociedad en que vivimos.
Es uno de los ámbitos, junto con el juego y el amor, principales de la vida humana y, por lo tanto, una de las fuentes de satisfacción y alegría más importantes.
5.- Pasarlo bien en familia.
Reír en familia con frecuencia y contagiar la alegría. Crear oportunidades de "pasarlo bien" todos juntos: comidas especiales, fiestas, excursiones.
No se trata de hacer cosas muy especiales, sino de hacer "especial" el estar juntos, por ejemplo, viendo un vídeo en casa con palomitas de maíz y refrescos.
Los hijos deben sentirse necesarios dentro de la familia.
Por: José Antonio Alcázar y Fernando Corominas
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