
El famoso marxista S. Bulgakov narra en sus “Apuntes biográficos” los primeros toques de su conversión al cristianismo con motivo de la contemplación de un cuadro de la Virgen. Relata que se encontraba en Dresde en 1898 y quiso observar de cerca la Madonna Sixtina de Rafael. La experiencia constituyó para él un tremendo impacto que iba a trastornar todos sus esquemas ideológicos, originando la llamada de la fe y poniendo en marcha el proceso de su acercamiento a la fe cristiana.
Relata así su desconcertante impresión: “Allí, los ojos de la Reina de los cielos, que sube al paraíso con su divino Hijo, me estaban mirando. Había en aquellos ojos una fuerza infinita de pureza subyugadora y de inmolación voluntaria. Perdí los sentidos, me giraba la cabeza. Y de mis ojos brotaban lágrimas dulces y amargas al mismo tiempo, que hicieron derretirse el hielo de mi corazón. Era como si de pronto se me desatara un nudo vital. No se trataba de una turbación estética. No, era un encuentro, un nuevo conocimiento, un verdadero milagro. Esta contemplación de aquel cuadro fue para mí una conmovedora plegaria que jamás olvidaré”.
Más tarde, en 1923, al contacto con los bellísimos y profundos iconos de su tierra natal descubrirá mejor la dignidad y belleza de la Madre de Dios que le ofrecía, en síntesis y tan de cerca, todo el misterio cristiano.
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