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IR A NUESTRO RITMO

Hace tiempo, a causa de una lipotimia que me ocurrió durante una excursión. acudí al cardiólogo para que me efectuara un reconocimiento. No encontró nada de particular, pero me dio un sabio consejo aplicable tanto al deporte como a la vida cotidiana: «Los corazones son diferentes como diferentes son las personas. Cuando camines por la montaña ve a tu ritmo. Si te cansas, te paras. Que sigan los demás. Por querer ir al rápido paso de otro te agotarás antes, si es que no te ocurre algo peor». Hoy en día se nos repite hasta la saciedad que el tiempo es oro, no podemos «perder, ni un minuto; todo tiene que ser rápido y eficaz, la sociedad tiende a uniformarnos, a que todos hagamos las cosas al mismo tiempo, marcándonos unos calendarios y unos horarios. Estos son importantes para el buen funcionamiento de la sociedad, pero a la vez deberían de ser flexibles. Una muchacha de mi barrio sufrió hace unos años un grave accidente de coche de resultas del cual quedó en silla de ruedas y con graves...

Aprende a ser eficaz en tu día a día

Ir a trabajar de buen humor y ser organizado pueden convertirte en un trabajador más productivo. Tener un buen trabajo y que te guste, es la situación laboral ideal. Sin embargo, no es bueno acomodarse porque las empresas tienden a esperar que la productividad de sus empleados aumente progresivamente a cambio de la confianza depositada en ellos. "Debes tener en mente que si tu compañía ha apostado por ti para largo plazo, debes corresponder siempre con esfuerzo y trabajo duro", aconseja Verónica Milo, directora de Márketing de Monster.es. ¡Levántate de vez en cuando! - Descansa para rendir más. Es absurdo y poco recomendable estar delante del ordenador durante todas las horas que dura la jornada laboral. Vas a trabajar para rendir, no para acabar viendo doble y con dolor de cabeza. - Para cada dos horas. Los expertos recomiendan que se descanse cada dos horas. Aprovecha para tomar un café, dar un corto paseo o simplemente desconectar la mente desde el escritorio. 1. Planifica...

NEFASTO ATRACTIVO DEL MAL

Pocas luchas tan salvajes y crueles como las de los gladiadores del circo romano, que entusiasmaban y enloquecían a los espectadores... El cristianismo Inculcó a sus seguidores una profunda aversión a aquellas salvajes luchas a muerte que los paganos denominaban con el eufemismo de «juegos...» Por eso, cuando en el siglo IV los cristianos fueron ya numerosos, las luchas giadiatorlas languidecieron hasta desaparecer totalmente en el siglo V. San Agustín refiere en el libro de las «Confesiones» el caso del cristiano Alipio, que fue a Roma desde su nativa África, educado como estaba en la doctrina y sentimientos cristianos y que por ello sentía «disgusto y odio» hacia los combates de gladiadores en los cuales tenían que matarse entre sí para divertir al pueblo. Hombre valeroso, capaz de hacer frente a senadores poderosísimos, Alipio no podía sucumbir a la tentación de un espectáculo tan degradante. Mas sucedió que en Roma unos amigos le propusieron asistir una vez, sólo una vez, al cruel ...

MONSTRUOS EDUCADOS

Hay en mi vida algo que difícilmente olvidaré. En 1948, siendo yo casi un chiquillo, tuve la fortuna-desgracia de visitar el campo de concentración de Dachau. Entonces apenas se hablaba de estos campos, que acababan de «descubrirse», recién finalizada la guerra mundial. Ahora todos los hemos visto en mil películas de cine y televisión. Pero en aquellos tiempos un descubrimiento de aquella categoría podía destrozar los nervios de un muchacho. Estuve, efectivamente, varios días sin poder dormir. Pero más que todos aquellos horrores me impresionó algo que por aquellos días leí, escrito por una antigua residente del campo, maestra de escuela. Comentaba que aquellas cámaras de gas habían sido construidas por ingenieros especialistas. Que las inyecciones letales las ponían médicos o enfermeros titulados. Que niños recién nacidos eran asfixiados por asistentes sanitarias competentísimas. Que mujeres y niños habían sido fusilados por gentes con estudios, por doctores y licenciados. Y concluía:...

¿QUIÉN HUYE DE QUIÉN?

El señor Raimundo es un hombre que da miedo; no es que sea un ogro o que lleve unas barbas, debajo de las cuales pueda hacer nido una golondrina. No. Es un hombre aparentemente normal, de nariz aguileña, ojos negros y cejas muy arqueadas; pero -ahí está el pero-, tiene un genio de mil demonios. Cualquier cosa le irrita y le pone furioso. Cuando uno tiene que decirle algo importante que le afecta a él, es necesario dar algunos rodeos y valerse de muchos circunloquios; y aun así, a veces estalla la tormenta y salen de su boca sapos y culebras. Una mañana, cuando el sol doraba ya la cumbre de las montañas, estaba yo sentado sobre la hierba mullida de un prado ameno y apacible, cuando acertó a pasar el señor Raimundo por la vereda. Llevaba en la mano una caña de pescar. -¡Eh, señor Raimundo! -exclamé-. ¿Cómo va usted a pescar tan de mañana? ¡Pero si aún estarán durmiendo las truchas! ¿No sabe usted que no abandonan el lecho hasta que el sol convierte el agua del río en un cristal? El seño...

ASÍ PAGA EL MUNDO

Se cuenta que entre los cortesanos y aduladores de Isabel de Inglaterra se contaba un renombrado bailarín cuyo nombre era Tomás Pondo. Su apellido Pondo ya denotaba su ascendencia italiana. Tanta era su fama como bailarín, tan bien ejecutaba todas las piezas que se le pedían, que al terminar cada una de ellas resonaban estruendosos aplausos y peticiones de que fuese bisado e! número que acababa de ejecutar. Pero llegó un día en que se hallaba tan rendido por las constantes repeticiones de los números, que las fuerzas no le sostenían para otra nueva repetición. -¡El bis, el bis! Repítelo. La enorme sala de baile estalló como una catarata hirviente de voces con las que se pedía que Pondo repitiese el número. El hizo un gesto como dando a entender a los allí reunidos que le faltaban las fuerzas para ello y que no podía en modo alguno repetir ni un número más. Entonces, la voz de la reina se sumó a la de los demás para ordenarle que el número había de ser repetido, por el cual Pondo no tuv...