De Wall Street a monje de periferia



Un currículum excelente, de aquellos que hacen saltar a las multinacionales (con o sin crisis). Triangulaciones continuas entre París, Nueva York y Londres. Departamento parisino, con una amplia vista a la Torre Eiffel. Las puertas de Wall Street que se abren de par en par. El mareo de estar maniobrando millones de dólares. Una seguridad que te viene de tu propia aptitud, construida con inteligencia y dedicación. Y la cuenta del banco que se eleva, junto a las brillantes promesas del futuro. Un edificio perfecto, construido ladrillo a ladrillo, por Henry Quinson.


A los ojos de todos –amigos, parientes, colegas– el joven trader es la encarnación del hombre de éxito. Pero a pesar de haber entrado en la élite de unos de los institutos de crédito franceses más importantes, el banco Indosuez, Quinson –un franco-americano, nacido en 1961– no conoce la voracidad del “conquistador”. Su perfil no concuerda con ese particular característico de un manager (la reciente crisis que ha infectado las economías de medio mundo ha desvelado a muchos de ésos), dispuesto a ocultar las cartas bajo la manga. Años después, cuando su vida sea puesta a prueba, Henry Quinson pondrá a fuego su “enfermedad”, esa polilla que corroía su vida aparentemente perfecta, esa inquietud que le impedía gozar plenamente sus éxitos.

Con candor, lo llama un “hándicap espiritual”. La sed de riqueza se desmenuza, el ansia de poder explota como una burbuja ante una invasión que Quinson experimenta como «una paz indecible»: la fuerza de la oración. Pero al ex manager no le basta ser un religioso, quiere ser un «enamorado». «Es –escribe en su diario-testimonio, Del champán a los salmos. La aventura de un banquero de Wall Street convertido en un monje de la periferia– una cosa absolutamente loca: debo abandonar todo por Él».

Ahora en la periferia Del hombre que, en 1989 cosechaba éxitos en ese mundo de la finanza, competitivo hasta el canibalismo, hoy no queda casi ni una señal. El agente de Wall Street desapareció. En su lugar ha quedado el monje: monje de “periferia”, como se define. ¿Una fulguración? Más bien, una escalada. Fatigosa. A veces incierta. Acompañada de un trabajo intelectual, de una búsqueda que lo lleva a experimentar, a entrar en el monasterio de Tarnié, a hospedarse en la comunidad de Bosse, a preguntarse continuamente cuál será su camino.

Quinson se siente suspendido entre la decisión monástica y el tormento por un mundo que lo clava y, al mismo tiempo, lo asusta. Una búsqueda que, finalmente, encuentra su meta. Marsella. Las periferias llenas de la llegada de inmigrantes, magrebíes en su mayoría. Zonas de confines en los que el Islam se vuelve cada día más agresivo. Esa “línea sísmica” a través de la cual el Norte y el Sur del mundo se olfatean, se encuentran, se complementan.

Degradación. Desocupación. Pobreza. Son los males que se anidan detrás de esas casas prefabricadas, todas iguales, sin ningún brillo estético, nacidas como una solución arquitectónica provisional, pero que se han convertido en “nido” de las sucesivas olas migratorias.

El análisis del monje-banquero es lúcido: las periferias son el lugar en el que se encuentran las «lógicas tribales», que la mayoría de las veces traen los inmigrantes, y «la cultura individualista del Occidente», una cultura que reduce todo a beneficio.

Fundar una fraternidad ¿Cómo obrar? ¿Cómo transformar los errores en fuente de riquezas? La respuesta es neta: meterse a la par con quien vive y lucha en las periferias. Nada de superioridad, nada de distancias por encima del techo. Más bien experimentar, día a día, la cercanía. Éste es el camino que el monje siente como suyo, que le pertenece íntimamente: fundar una fraternidad, que tenga como primera regla acoger. Quinson sabe que sólo el conocimiento mutuo puede anular esa visión del otro, detrás de la cual muchas veces nos enraizamos: una visión muchas veces «de caricatura, ideológica».

¿Objetivo número uno? Los jóvenes. Recuperarlos, poniendo el peso en la enseñanza. La lengua es la primera barrera que hay que tumbar: un muro separa no sólo a los alumnos y a los profesores en los bancos del colegio, sino, al interno de las mismas familias, a hijos y a padres.

El otro punto de fuerza: la comunión. De la soledad, del no conocimiento, nace la difidencia, el odio. La receta está en mezclar los mundos, favorecer los encuentros. Éste es, pues, el programa que el monje de las periferias se traza como regla de vida: «Comunión en las pruebas difíciles y en el recíproco perdón, comunión en la oración fraterna y en la acogida del prójimo».

Wall Street no habita ya más por estas partes…

Traducción al español de un artículo de Luca Miele, en el diario italiano Avvenire

¡Feliz Navidad!

La Universidad de Navarra se niega a enseñar las técnicas abortivas


Con motivo de la nueva ley del aborto en España, la Universidad de Navarra ha hecho pública este martes una declaración titulada "Universidad y vida", en la que reafirma su "compromiso solidario con el débil" y expresa su negativa "a incorporar las técnicas abortivas a los contenidos de la educación", tal como establece la ley cuyo proyecto se aprobará mañana en el Congreso de los Diputados.

El documento está firmado por los decanos de las facultades de Medicina, Enfermería, Ciencias y Farmacia, y el director general de la Clínica Universidad de Navarra.
Los firmantes declaran que "con motivo de la nueva ley del aborto en España", "queremos proponer y compartir una reflexión serena sobre una realidad compleja que trasciende los límites de nuestro país y el presente que nos toca vivir".

En primer lugar, celebran que la humanidad ha avanzado tanto a lo largo de la Historia, entre otras razones, "porque nos hemos equivocado mucho -afirman--. Todos. Todos tenemos alguna responsabilidad ante la historia y 2009 puede marcar el comienzo de un hito, como en su momento fue la abolición de la esclavitud y como ojalá pronto sea la derrota del hambre y la pobreza".

Aseguran comprender "el sufrimiento de muchas mujeres ante un embarazo imprevisto". Estas mujeres, afirman, "necesitan un apoyo que sólo personas con corazón pueden prestar... y hay muchas personas así. La defensa de esas mujeres clama a nuestra conciencia y una mirada compasiva nos recuerda que otro ser humano comparte esa tragedia en una posición de mayor debilidad todavía".

Ante el avance científico que nos brinda hoy datos clave desconocidos en buena parte del siglo XX, los firmantes se preguntan "qué coraje social mostramos con esa evidencia desde los ámbitos universitarios, políticos, económicos...".
Declaran negarse "a solucionar la tragedia de un embarazo indeseado con la tragedia superior del aborto. Nos negamos a incorporar las técnicas abortivas a los contenidos de la educación. Nos comprometemos a formar profesionales para curar, investigar y ayudar".

Con la expresión "nuestra ilusión es", introducen un serie de esperanzas en:

--"que la educación y la información lleguen a todas las mujeres. Saber es un derecho";
--"que una mujer embarazada nunca se encuentre sola, sino que el padre y el hijo también cuenten. La vida que comienza es asunto de tres";
--"que la pugna política y la legislación compitan por la defensa de los más débiles, el hijo y la madre. Una sociedad que protege al débil es fuerte;
--"facilitar que padres incapaces de hacerse cargo de un niño encuentren a otros que pueden y lo desean. Una solución para dos problemas";
--"que pronto se estudie como histórico el triunfo de una humanidad valiente que superó el aborto como superó la esclavitud. El orgullo de ser humano".
--"que los hombres y las mujeres tomemos decisiones hoy que nuestros hijos aplaudan mañana. Podemos transmitir más de lo que heredamos".
--"que la medicina, la enfermería, la biología, la farmacia y la universidad en general sean aliados por la vida".

La declaración concluye afirmando que "la historia juzgará nuestra pasividad cómplice o nuestro compromiso solidario con el débil. No hay mejora sin cambio. Hoy es el día de cambiar en España, en Europa y en el mundo".

Navidad en el asilo de ancianos


Esta historia sucedió en una capital centroamericana, donde mi esposo trabajaba como diplomático. Faltaba una semana para la Navidad y la Asociación de esposas de los diplomáticos había proyectado una fiesta de Navidad en el asilo de ancianos. En mi calidad de secretaria, tuve que telefonear a todas las asociadas para pedirles que prepararan algún plato y fueran a atender personalmente a los ancianos. La mayoría contestaba que encantada prepararía un pastel, pero que no tenían tiempo para asistir a la fiesta.

Me molestó constatar que tan solo ocho de treinta y cinco asociadas dijeron que vendrían a ayudar ¡y tenemos que servir a casi doscientos ancianos!

El día de la fiesta llegué al asilo a tiempo y Gladys la presidenta de la asociación ya se encontraba tras la larga mesa en la que cada una iba dejando su torta. La esposa del embajador americano estaba preparando el ponche y cortando pasteles. Las pocas señoras que se habían comprometido a ayudar colocaban los adornos de Navidad, organizaban las sillas y realizaban los diversos trabajitos necesarios para poner en marcha la fiesta.

-Qué lástima. Habría deseado que más señoras hubieran querido ayudar. ¿Por dónde quieres que empiece?

La cálida sonrisa de Gladys casi borró mi resentimiento. Me pidió que les llevara la merienda a los ancianos que no podían salir de su cuarto.

-Cómo no, dije, agarrando una bandeja. ¡Será mejor que comience pronto, pues voy a tardar un siglo en servirles a todos!

Empezó la música y no sé quién se puso a cantar villancicos con los ancianos, que estaban todos reunidos en el inmenso patio del establecimiento. Yo no tenía tiempo de escuchar ni disfrutar las canciones.

Me pasé la tarde corriendo de un lado a otro, llevando pasteles y ponche, sin mirar casi ni de reojo a los pacientes que servía. A cada uno le daba además una bolsa de caramelos y un regalo. Recorrí todas las alas del edificio, me dolían las piernas de subir las escaleras. Una de las tantas veces que subí, una viejita que llevaba un vestido estampado, rasgado y desteñido me tocó el brazo y me dijo tímidamente:

-Perdone, señorita. ¿Tendría la bondad de cambiarme el regalo?

Me volví hacia ella irritada y repliqué:

-¿Cambiarle el regalo? ¿Por qué? ¿Es que le tocó uno de hombre?

-No, no... dijo vacilante. Es que me tocaron perlas. Las perlas representan lágrimas y yo ya no quiero más lágrimas.

Pensé: ¡Qué superstición más tonta! ¡Hay que ver cómo está el mundo! ¡Deberían agradecer cualquier cosa que les dieran!

-Lo siento. Ahora estoy muy atareada. A lo mejor después se lo puedo cambiar.

Me fui corriendo para llenar otra vez la bandeja y me olvidé al instante de la señora.

Con la bandeja llena de tortas llegué corriendo a la sección de mujeres, en la planta baja. Abrí la puerta del cuarto A-14 apoyándome de espaldas y una vez dentro, di la vuelta; cuando ví lo que había allí, me estremecí de tal modo que la bandeja me empezó a temblar en mis manos. ¡En aquel cuarto feo y deslucido, acostada en un camastro de sábanas grises y con un camisón raído, estaba mi madre! ¿Mamá? ¡No puede ser! ¡Mamá está muerta! y de estar viva, no se encontraría en un lugar así. Se trataba de un asilo para ancianos sin familia, gente pobre y enferma que no tenía donde estar ni quien la cuidara.

No podía ser; los ojos me estaban haciendo una jugarreta. Cuando volví a abrirlos pude ver mejor a la mujer demacrada que ocupaba el cuarto. No era mi madre, sino una viejita de cabello gris y ojos azules, que ni se parecía mucho a ella. ¿Qué me habría pasado que pensé que esa pobre mujer era mi madre? Sería la madre de otro, no la mía. Entonces, ¿por qué no me sentí aliviada? Todo lo contrario, me embargó un dolor inmenso y se me hizo un nudo en la garganta.

Sin pronunciar palabra, volví a salir justo a tiempo para que no me viera llorar. Por el oscuro pasillo retorné a la mesa en la que se encontraba Gladys trabajando, muy animada. Se me debía notar lo mal que me sentía, porque su expresión cambió en cuanto me vio y me dijo:

-¿Qué te pasa, Betty? me preguntó, rodeándome con el brazo.

-Es que vi a mi madre... dije sollozando. ¡Acabo de ver a mi madre allí en un cuarto! No puedo seguir.

-Lo que te pasa es que estás agotada. Tómate un descanso.

Varias personas que se encontraban por allí cerca empezaron a mirarme. Agarré una servilleta y me fui corriendo para que no me vieran llorar.

Me dirigí a un descansillo de la escalera del ala masculina, donde no había luz y me senté en el rincón, sollozando. Señor recé, ¿qué me pasa? ¿Me estoy volviendo loca?, y casi al instante oí Su respuesta, que no me llegó con palabras audibles sino en mis pensamientos: «Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres... y no tengo amor, de nada me sirve.» (1Cor.13:3)

Caí en la cuenta de que esas palabras iban sin duda alguna dirigidas a mí. Ese día yo había preparado tortas, caminado kilómetros, llevado comida a muchas personas, pero, ¿para qué? ¿A quién había estado sirviendo? ¿A quién había tratado con cariño? ¡Ni siquiera me había molestado en mirar a nadie! Los ancianos no significaban nada para mí, ni veía sus rostros... hasta que vi en alguien que sufría el rostro amado de mi madre. Entonces cobraron vida para mí los ancianos.

-Perdóname, Señor dije en voz baja. Lo he hecho todo al revés. Tengo que volver a empezar.

Respiré profundamente, me enjugué las lágrimas y volví a la mesa de los pasteles. Gladys me miró desde donde estaba ocupada y me dijo:

-Ya has hecho bastante por hoy, Betty. ¿Por qué no te vas a casa a descansar? A partir de ahora nos las podremos arreglar con las que estamos.

-No me pidas que me vaya le respondí. En realidad recién voy a empezar como debe ser.

Cuando estaba a punto de irme cargando otra bandeja, de pronto me acordé:

-Gladys, ¿tienes otro regalo para señoras? Tengo que cambiar uno.

Ella me pasó una cajita que contenía un broche de piedras rojas con forma de corazón.

-Gracias, es ideal le dije, agarrándola y alejándome deprisa hacia el patio.

Haz que encuentre a esa mujer, oré para mis adentros. Ni me había molestado en mirarle la cara. Había estado demasiado ocupada para prestarle alguna atención y pasé de largo, como hicieron el levita y el sacerdote en la historia del buen samaritano. Busqué entre todos los ancianos, de fila en fila. A todos se les veía contentos, cantando villancicos mientras resonaba la música. Por primera vez en todo el día me empecé a sentir feliz.

Entonces vi el andrajoso vestido estampado. La señora estaba sentada contra la pared, sola, teniendo en su regazo los caramelos sin desenvolver y las perlas. Se veía muy triste y desdichada. Me acerqué corriendo.

La busqué por todas partes. Tome, le traje un regalo diferente.

Alzó la vista sorprendida y luego, casi como quien pide perdón, agarró la caja y la abrió. Los ojos se le iluminaron como un árbol de Navidad y sonrió de oreja a oreja encantada.

-Muchas gracias señorita, exclamó, es muy bonito.

De nuevo se me hizo un nudo en la garganta, pero esta vez no me importó.

Deje que se lo coloque le dije. Y deme esas perlas, que ninguna falta nos hacen las lágrimas en Navidad.

Cuando me fui, la dejé cantando en el patio con los demás y me dio la impresión de que se me quitaba un peso tremendo de encima.

Sólo me quedaba una cosa por hacer antes del fin de la fiesta: volver al cuarto A-14. De alguna forma tenía que darle las gracias a aquella paciente, pero no sabía cómo. Cuando empujé la puerta, me encontré a la señora sentada en la cama, comiéndose la torta y cuando entré sonrió.

-Feliz Navidad mamita, le dije.

Qué bueno que haya vuelto me contestó. Quería darles las gracias a todas las señoras por venir y hacernos la fiesta. Me gustaría hacerle un regalo, pero no tengo nada que le pueda dar. ¿Le puedo cantar una canción?

Ya no me podía contener más y asentí con la cabeza. Me senté en la cama mientras ella me interpretó, con voz chillona, tres estrofas de una canción de lo más triste y de lo menos navideña que he oído en la vida. Pero el resplandor de sus ojos pudo más que la letra y dejó bien claro el mensaje de la Navidad: ¡dichosa tierra!

La Navidad no es cuento


Alguien me acercó un cuento de Navidad que leyó en alguna parte. Lo contaré a continuación porque realiza un hermoso viaje al corazón de Jesús niño.

Se dice que, cuando los pastores se alejaron y la quietud volvió, el niño del pesebre levantó la cabeza y miró la puerta entreabierta. Un muchacho joven, tímido, estaba allí, temblando y temeroso.

-Acércate -le dijo Jesús- ¿Por qué tienes miedo?

-No me atrevo… no tengo nada para darte.

-Me gustaría que me des un regalo -dijo el recién nacido.

El pequeño intruso enrojeció de vergüenza y balbuceó:

-De verdad no tengo nada… nada es mío; si tuviera algo, algo mío, te lo daría… mira.

Y buscando en los bolsillos de su pantalón andrajoso, sacó una hoja de cuchillo herrumbrada que había encontrado.

-Es todo lo que tengo, si la quieres, te la doy…

-No -contestó Jesús- guárdala. Querría que me dieras otra cosa. Me gustaría que me hicieras tres regalos.

-Con gusto -dijo el muchacho- pero ¿qué?

-Ofréceme el último de tus dibujos.

El chico, cohibido, enrojeció. Se acercó al pesebre y, para impedir que María y José lo oyeran, murmuró algo al oído del Niño Jesús:

-No puedo… mi dibujo es «remalo»… ¡nadie quiere mirarlo…!

-Justamente, por eso yo lo quiero… siempre tienes que ofrecerme lo que los demás rechazan y lo que no les gusta de ti. Además quisiera que me dieras tu plato.

-Pero… ¡lo rompí esta mañana! - tartamudeó el chico.

-Por eso lo quiero… Debes ofrecerme siempre lo que está quebrado en tu vida, yo quiero arreglarlo… Y ahora - insistió Jesús- repíteme la respuesta que le diste a tus padres cuando te preguntaron cómo habías roto el plato.

El rostro del muchacho se ensombreció; bajó la cabeza avergonzado y, tristemente, murmuró:

-Les mentí… Dije que el plato se me cayó de las manos, pero no era cierto… ¡Estaba enojado y lo tiré con rabia!

-Eso es lo que quería oírte decir -dijo Jesús- Dame siempre lo que hay de malo en tu vida, tus mentiras, tus calumnias, tus cobardías y tus crueldades. Yo voy a descargarte de ellas… No tienes necesidad de guardarlas… Quiero que seas feliz y siempre voy a perdonarte tus faltas. A partir de hoy me gustaría que vinieras todos los días a mi casa.

Ariel David Busso

Carta de Jesús para ti en esta Navidad


Como bien sabes, amigo mío, yo pedía muy pocas cosas en mi vida.

Pedí una posada, antes de nacer, pensando sobre todo en mi madre. Pedí a Zaqueo que me alojara en su casa, y a otro buen amigo el salón para celebrar la Pascua. Pedí un par de veces agua para beber.

¡Ah!, y también pedí un burrito para hacer mi entrada triunfal en Jerusalén, y así no dejar mal al profeta Zacarías.

No me interesaban las cosas. Me interesaban las personas. Me interesaba, sobre todo, la amistad. No me cansaba de pedir amigos: amigos que me siguieran, que se unieran a mi causa, que estuvieran conmigo, que continuaran mi tarea.

Mi tarea de hoy va en la misma línea. No os voy a pedir ayuda material, aunque también la necesito para mis pobres. Tampoco os voy a pedir que dejéis a vuestra familia y vuestros estudios, aunque a alguno se lo seguiré pidiendo.

Mi petición va dirigida a todos y está al alcance de todos.

Mirad, tengo unas ganas tremendas de seguir "haciendo el bien", pues veo a tanta gente triste y necesitada.

Me muero de pena al ver que muchos niños no sonríen y mueren prematuramente.

No puedo soportar la imagen del joven que camina a la deriva, que quema su vida con cualquier tipo de droga y se hunde en el infierno del vacío y de la desesperación.

Me entristece la estampa del viejo, al que nadie quiere y parece estorbar en todas las partes.

Cada matrimonio que se rompe es una cuchillada a mi corazón. No digamos otro tipo de violencias y de guerras.

Me indigna el que unos se aprovechen de los otros, que siga habiendo personas y pueblos sin libertad y sin dignidad.

En fin, no voy a repetir aquí lo que bien sabéis vosotros.

Y lo que os pido, lo que te pido, es que me prestes tus manos para que con ellas yo pueda seguir curando, bendiciendo y acariciando.

Te pido que me prestes tus pies para que pueda seguir acudiendo a las llamadas de tantos desvalidos y para correr detrás de los que se descarrían.

Te pido tus labios, para besar a tantos niños y a tantos hambrientos de amor.

Te pido tu lengua, para seguir dando buenas noticias a los pobres y denunciar a los hipócritas y opresores.

Te pido tus ojos, para mirar con ternura y cariño a toda la gente.

Te pido tu rostro, para sonreír a cada uno, para sonreír a pesar de todo, para iluminar todas las situaciones con mirada de gracia, de paz y de alegría.

Estáis tan nerviosos y preocupados, que lo llenáis todo de angustia. Te pido en fin, tu corazón, para que yo pueda seguir amando a mi manera.

Si me los prestas, no hace falta que te desprendas de ellos. Es muy sencillo: utilizados tú como si fuesen míos, como si ahora te los prestara yo. Haz tú con ellos lo que estoy deseando hacer yo.

Sonríe, pues, aunque no tengas ganas de hacerlo, pero sabiendo que yo lo quiero.

Comparte, aunque te cueste, pero piensa que yo lo haría.

Te infundiré mi Espíritu, para actuar yo desde tú mismo. Te enseñaré el modo y la manera, te daré la fuerza y la capacidad. Yo me prolongaré en ti. Tú serás mi instrumento. Tú y yo seremos, te lo aseguro, un Dios para el hermano.

Te lo pido por el amor del Padre, por el dolor de los inocentes, por todo lo que más quieras. En espera de tu respuesta positiva, te mando un abrazo.

Jesús


Autor desconocido

"Benedicto XVI es el Papa de las sorpresas tranquilas"



Se lee en Religión digital, junto a este video:

"La Iglesia tiene que acostumbrarse a ser criticada"


Rafael Navarro Valls es un peso pesado de la opinión en España. Es catedrático de derecho de la Complutense, académico de la Real Academia de Jurisprudencia y, sobre todo, columnista de opinión en el diario El Mundo y en otras muchas publicaciones. Y es, quizá, el hombre que más sabe en España de las dos potencias mundiales en este momento (la militar-económica y la moral): EE.UU. y el Vaticano.

[Algunas de las cuestiones tratadas:]

P-¿Qué le parece el Papa Ratzinger?

Benedicto XVI es el Papa de las " sorpresas tranquilas". Es consciente de que le queda mucho menos tiempo que el que dispuso Juan Pablo II. Conviene no olvidar que Benedicto XVI llega con 20 años más de edad. Por qué hablo de "sorpresas tranquilas" Porque, de pronto, establece un cauce muy interesante - los ordinariatos personales- para acoger a los anglicanos. También inesperadamente "desconecta" el cisma de Lefevre , poniéndolo en vías de satisfactoria aclaración. Es el Papa que afirma que" ser antisemita es ser anticristiano", o que entiende que la liturgia no puede quedar reducida a la inventiva de cada cura.

P- Pero es el Papa, también, de los escándalos. El Papa de Ratisvona... ¿Qué le está fallando, mediáticamente, a Benedicto XVI? ¿Se nota la falta de su hermano?

R- Cada experto, cuando deja un cargo, deja desde luego un hueco. El anterior portavoz lo hizo muy bien. Espero que el actual también lo haga correctamente. La tarea, sin embargo, no debe ser nada fácil. Recuerdo que en una entrevista con Juan Pablo II, coincidimos Joaquin y yo. El Secretario del Papa, D. Estanislao - que es muy bromista- a mitad de entrevista dijo : : "Santidad, lo que podemos hacer es que Joaquín se vaya a explicar Derecho a la Complutense, y Rafael se venga aquí a hacer de portavoz". Siguiendo la broma me negué en redondo diciendo: " No Santidad, que ese trabajo-el de portavoz- debe ser terrible".

P. Insisto : ¿ cuál es el problema mediático de este pontificado"?
R.-No creo que haya un especial problema. En lo que se me alcanza, Lombardi lo está haciendo bien. El único problema es que pueda haber malas interpretaciones.

Pensemos en Ratisbona. Después de ver las reacciones al discurso recuerdo que escribí un artículo que titulé "El Islam no está contra el Papa". La realidad es que los que organizaron el alboroto fueron más bien políticos musulmanes con problemas en sus países : el rey de Marruecos o Erdogan en Turquía, que aprovecharon el tema de Ratisbona para crear un conflicto y atraerse a los más extremistas de sus países. Pero la gente sólida como algunas autoridades religiosas que asistieron en Kazajstán, a un congreso inter.-religioso, después de estudiar el tema, entendieron que no hubo un verdadero problema. Respecto al tema del lefevbrista Williamson , efectivamente, hubo poca información acerca de sus desenfocadas opiniones sobre el Holocausto, pero fue un hecho aislado.

P . Aunque usted excusa, la verdad es que el propio Papa hizo pública una carta amarga quejándose de las interpretaciones sesgadas. en torno a sus actuaciones

R-Sí, fue algo bastante inédito. Pero su queja se refería a hechos injustos de algunos medios y de algunos focos católicos que se habían quedado en la superficie de los acontecimientos, no yendo al fondo.

P- ¿Es culpa, entonces, de los medios, que interpretan mal? ¿O es que están a la caza de la Iglesia?

R- La Iglesia siempre es noticia, y las noticias mueven a los medios. Yo me acuerdo de un director de periódico que me decía en una ocasión: "Mira, que 100 obispos sean fieles al Papa no es noticia. Sin embargo, que un obispo se salga de la ortodoxia, sí que lo es". Esas son las reglas del juego, nos gusten o no. Todos debemos acostumbrarnos a ellas . En nuestro trabajo profesional diario, los laicos que estamos en habitual relación con los medios, aceptamos esas reglas y encajamos las críticas y el debate. También los medios eclesiásticos han de acostumbrarse a encajar con deportividad las críticas y a poner al mal tiempo, buena cara.

P- Su hermano acaba de estar en España para dar una "clase" a los obispos, que lo acogieron muy bien. ¿la Iglesia española, también, en ese sentido, tendría que afinar sus mecanismos de comunicación con la sociedad?

R- Bueno, los mecanismos de comunicación son necesarios en todos los centros de influencia de un país ( sindicatos, poder político, partidos etc).), y todos necesitamos afinarlos. Sobre todo, adaptarnos a la tremenda velocidad con que nacen y se transforman las noticias. Es natural que la Iglesia también haga ese esfuerzo de adaptación. A mí me parece que lo está haciendo cada vez mejor, pero hay que pensar que el deber de la Iglesia no es tanto que el mundo la admire, cuanto, a veces, ser su voz crítica. Muchas veces, esa crítica a algunos les parece no políticamente correcta.

P- Una adaptación a la sociedad y a los medios que, sin embargo, la Obra a la que usted pertenece, el Opus Dei, realiza a las mil maravillas. Incluso con recientes polémicas (el Código Da Vinci...).

R- En la Obra hay periodistas profesionales acostumbrados al debate y la crítica. Pero las cosas no son fáciles para ninguna institución. Tampoco para la Obra. La idea es que hay que " hacer, del limón, limonada". Es decir, que cuando se levantan vientos contrarios, hay que procurar sacar del huracán su parte positiva. La realidad es que si aguantas, con buen humor y sentido profesional, nada se hunde. La Iglesia tiene siglos de experiencia y pervivencia, mientras que la anécdota política o crítica es un tema de un día o dos, y se acabó. Hay que pensar que "el hombre ( y la noticia ) del día, es el hombre (y la noticia) de un día"

P- ¿El Vaticano y EEUU están condenados a entenderse?

R- Condenados, no sé, obligados, desde luego. Tras la entrevista de Benedicto XVI con Obama, se ha notado cómo, por ejemplo, la política pro-aborto de Obama, o el tema del matrimonio, ha sufrido una variación. Yo he seguido de cerca los planteamientos de la delegación de la Administración Obama en la ONU y las últimas medidas en relación con la Ley Sanitaria de Obama, y se ve cómo ha frenado. Una vez que tomó posesión comenzó diciendo : "Daré fondos federales para el aborto, para las células madre...". Sin embargo, ahora, en su discurso ante las dos Cámaras, ha rectificado. : no habrá fondos federales para el aborto , y protegerá la objeción de conciencia de los médicos - ha dicho - "de un modo vigoroso". Que es, por cierto, lo que habría que hacer en España ahora mismo. Porque la objeción de conciencia,- un derivado necesario de la libertad de conciencia- es la estrella polar de nuestro ordenamiento.

P- Objeción de conciencia que parece que va a recoger la nueva Ley de Libertad Religiosa, aunque todavía no se conoce por dónde va a ir.

R- No se sabe, efectivamente. Lo único que puedo decir es que la reciente Ley de Libertad Religiosa de Portugal sí la ha recogido expresamente : "la libertad de conciencia comprende el derecho de objetar el cumplimiento de las leyes que contraríen los dictámenes inexcusables de la propia conciencia". Esta declaración tiene gran importancia, porque crea un marco general de referencia. Esperemos que, en España, el poder siga el ejemplo portugués y proteja adecuadamente a las minorías, entre las que se cuentan los grupos objetores.

José Manuel Vidal, 01 de diciembre de 2009 a las 09:00

Diario español recoge presuntos milagros atribuidos a Juan Pablo II en vida


El diario español La Razón recogió en la edición del 2 de diciembre, una serie de curaciones milagrosas atribuidas a la intercesión del Papa Juan Pablo II cuando estaba vivo y que por pedido del recordado Pontífice, nunca fueron difundidas ni admitidas públicamente.

Hace unos días, de visita en Argentina el ex secretario de Juan Pablo II y hoy Arzobispo de Cracovia, Cardenal Stanislaw Dziwisz, reconoció ante los periodistas que durante la vida de Juan Pablo II hubo hechos inexplicables que se mantuvieron bajo discreción porque él mismo lo había prohibido.

Según La Razón, quizá el primer milagro del Papa Juan Pablo II fue el de la madre de familia inglesa Kay Kelly ocurrido en marzo de 1979. Había dedicado muchos años a recolectar dinero para los enfermos de cáncer y ella misma contrajo la enfermedad.

Viajó a Roma con unos billetes, regalo de los Caballeros de Colón por su trabajo solidario, ahí participó en una reunión semiprivada con el Papa y otros enfermos. "Hablaron, él le firmó una foto para su hijo, la abrazó y le dijo: «Estoy muy orgulloso de ti, eres una madre maravillosa». Cuando volvió a Liverpool, su cáncer había desaparecido", recuerda La Razón recogiendo testimonios de la causa de beatificación y libros de vaticanistas como "Santo subito" de Andrea Tornielli o "Milagros de Juan Pablo II" del polaco Pawel Zuchniewicz.

Este último recoge también casos recientes como el un adolescente polaco de nombre Rafal, a quien recibió el 1 de julio de 2004. El joven, procedente de Lubaczow, padecía de un linfoma incurable que desapareció justo después de su audiencia privada con el Pontífice.

Además, sostiene que "en la Jornada Mundial de la Juventud de Toronto, en 2002, el Papa rezó por Angela Baronni, de 16 años, con cáncer de huesos; le impuso las manos y le hizo la señal de la cruz. Desapareció todo rastro del cáncer".

"En 1980, el australiano Emil Barbar, de 29 años, con una parálisis cerebral que le impedía caminar y le dificultaba el habla, llamó la atención de Juan Pablo II durante una audiencia con enfermos en la plaza de San Pedro. El Papa le besó en la cabeza. Su madre lloraba. «Llévale a Lourdes, verás que camina», le dijo el Pontífice, y les regaló una cruz y un rosario. Emil se bañó en la piscina del santuario de Lourdes y seis semanas después caminaba", agrega La Razón.

Asimismo, afirma que "hay varios testimonios de mujeres que dicen que la oración del Papa les ayudó a concebir o dar a luz. Una católica china afincada en Vancouver, Canadá, la señora Lieu, acudió como peregrina a Roma después de haber sufrido tres abortos naturales. En una audiencia le contó al Papa su problema. Él le dijo que tendría un hijo y trazó la señal de la cruz en su cabeza. Al volver a Canadá, comprobó que estaba embarazada, el niño nació bien y se llamó Juan Pablo Lieu. En los testimonios de la causa hay otros similares".

El diario también recoge el caso del mexicano Heron Badillo, hijo del político izquierdista Felipe Badillo. "Tenía cinco años y estaba enfermo de leucemia cuando lo presentaron al Papa en Zacatecas, en el norte de México, el 12 de mayo de 1990. Él se apartó de su ruta para imponerle las manos y lo besó. El niño, después de 15 días de rechazar alimentos, empezó a comer, desaparecida su enfermedad".

La Razón también recuerda al Cardenal italiano Francesco Marchisano, amigo personal del Papa. En el año 2000, el Purpurado apenas podía hablar por un error al operarse de la carótida. "El Papa le acarició en la zona operada. «El Señor le devolverá la voz. Yo rezaré por usted», le dijo. Poco después quedó curado".

"Otro caso documentado es el de la monja colombiana Ofelia Trespalacios. Sufría desde los 20 años una enfermedad que le producía desmayos y parálisis. En 1984, en una audiencia en Roma, el Papa puso las manos sobre la cara de la religiosa y oró por ella. La bendijo y sonrió. La enfermedad de la mujer desapareció por completo", concluye La Razón

http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=27760

Andrea Bocelli lanza un disco de canciones de Navidad

Fiesta de la Inmaculada Concepción de Santa María Virgen




Tota pulchra es, Maria, eres toda hermosa, María, y no hay mancha alguna de pecado en Ti.

La Virgen Inmaculada será siempre el ideal que debemos imitar. Ella es modelo de santidad en la vida ordinaria, en lo corriente, sin llamar la atención, sabiendo pasar oculta. Para imitarla es necesario tratarla. Durante estos días de la Novena hemos procurado, con Ella, dar un paso hacia adelante. Ya no la podemos dejar; sobre todo, porque Nuestra Madre no nos deja.

Aquella profecía que un día hiciera la Virgen, Me llamarán bienaventurada todas las generaciones..., la estamos cumpliendo ahora nosotros y se ha cumplido al pie de la letra a través de los siglos-. poetas, intelectuales, artesanos, reyes y guerreros, hombres y mujeres de edad madura y niños que apenas han aprendido a hablar; en el campo, en la ciudad, en la cima de un monte, en las fábricas y en los caminos, en situaciones de dolor y de alegría, en momentos trascendentales (¡cuántos millones de cristianos han muerto con el dulce nombre de María en sus labios o en su pensamiento!), se ha invocado y se llama a Nuestra Señora todos los días. En tantas y tan diversas ocasiones, millares de voces, en lenguas diversísimas, han cantado alabanzas a la Madre de Dios o le han pedido calladamente que mire con misericordia a esos hijos suyos necesitados. Es un clamor inmenso el que sale de esta humanidad dolida hacia la Madre de Dios. Un clamor que atrae la misericordia del Seiíor. Nuestra oración en estos días de preparación para la gran Solemnidad de hoy se ha unido a tantas voces que alaban y piden a Nuestra Señora.

Sin duda ha sido el Espíritu Santo quien ha enseñado, en todas las épocas, que es más fácil llegar al Corazón del Señor a través de María. Por eso, hemos de hacer el propósito de tratar siempre confiadamente a la Virgen, de caminar por ese atajo -la senda por donde se abrevia el caminopara llegar antes a Cristo: "conservad celosamente ese tierno y confiado amor a la Virgen -nos alienta el Romano Pontífice-. No lo dejéis nunca enfriar (... ). Sed fieles a los ejercicios de piedad mariana tradicionales en la Iglesia: la oraci6n del Angetus, el mes de María y, de modo muy especial, el Rosario".

María, llena de gracia y de esplendor, la que es bendita entre todas las mujeres, es también nuestra Madre. Una manifestación de amor a Nuestra Señora es llevar una imagen suya en la cartera o en el bolso; es multiplicar discretamente sus retratos a nuestro alrededor, en nuestras habitaciones, en el coche, en el despacho o en el lugar de trabajo. Nos parecerá natural invocarla, aunque sea sin palabras.

Si cumplimos nuestro propósito de acudir con más frecuencia a Ella, desde el día de hoy, comprobaremos en nuestras vidas que "Nuestra Señora es descanso para los que trabajan, consuelo de los que lloran, medicina para los enfermos, puerto para los que maltrata la tempestad, perdón para los pecadores, dulce alivio de los tristes, socorro de los que rezan".

D. Francisco Fernández Carvajal

Novena de la Inmaculada, Octavo día



Puerta del Cielo

San Alfonso Mª de Ligorio afirma que María es Puerta del Cielo porque, de la misma forma que toda gracia e indulto que otorga el Rey pasa por la puerta de su palacio, de igual modo ninguna gracia desciende del Cielo a la tierra sin pasar por las manos de María.

Desde su vida terrena, aparece Nuestra Señora como la dispensadora de las gracias. Por Ella, Jesús santifica al Precursor, cuando visita a su pariente Isabel. En Caná, a instancias de María realizó Jesús su primer milagro, convirtiendo el agua en vino; allí también, por este milagro, sus discípulos creyeron en Él. La Iglesia comienza su camino, a través de la historia de los hombres y de los pueblos, el día de Pentecostés, y "se sabe que al comienzo de este camino está presente María, que vemos en medio de los Apóstoles en el cenáculo "implorando con sus ruegos el don del Espíritu Santo".

Por la intercesión ante su Hijo, María nos alcanza y distribuye todas las gracias, con ruegos que no pueden quedar defraudados. Esta intercesión es aún mayor después de su Asunción al Cielo y de haber sido elevada en dignidad por encima de los ángeles y de los arcángeles. Ella nos distribuye el agua de la fuente, no toda de una vez -afirma San Bernardo-, sino que hace caer la gracia gota a gota sobre nuestros corazones resecos, a unos más, a otros menos. De la fuente que brota del corazón del Padre, nos distribuye enseguida a nosotros todo cuanto somos capaces de recibir. Ella conoce perfectamente nuestras necesidades y nos distribuye las gracias que necesitamos. Sólo nuestra mala voluntad puede impedir que esas gracias lleguen al alma.

Por el conocimiento que tiene de las necesidades espirituales y materiales de cada uno de sus hijos, Nuestra Señora, llevada por su inmensa caridad, intercede constantemente por nosotros. Mucho más cuando se lo pedimos con insistencia, como hacemos estos días. Otras veces dejaremos en sus manos la solución de los problemas que nos agobian, con el claro convencimiento de que Ella sabe mejor que nosotros lo que nos conviene: "Madre mía.... ya ves que necesito esto y aquello..., que este amigo, este hermano, este hijo... están lejos de la Casa paterna ... ". En Ella se dan con toda plenitud las palabras de Jesús en el Evangelio: quien busca, encuentra; quien pide, recibe; al que llama, se le abrirá. ¿Cómo nos va a dejar en la puerta cuando le pedimos que nos abra? ¿Cómo no nos va a socorrer si nos ve tan necesitados?

D. Francisco Fernández Carvajal

Novena de la Inmaculada, Septimo día



Refugio de los pecadores

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores,..

Siempre es posible el perdón. El Señor desea nuestra salvación y la limpieza de nuestra alma más que nosotros mismos. Dios es todopoderoso, es nuestro Padre y es Amor. Y Jesús dice a todos, y a nosotros también: no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores. Él nos llama y en esta Novena con más fuerza - para que, con la ayuda de su Madre, nos despeguemos del egoísmo, de pequeños rencores quizá, faltas de amor, juicios precipitados sobre los demás, faltas de desprendimiento... Debemos acercarnos a la gran fiesta de Nuestra Señora con un corazón más límpio. En la intimidad del corazón, debemos sentir esa llamada a una mayor pureza interior. Una tradición muy antigua narra la aparición del Señor a San Jerónimo. Jesús le dijo: Jerónimo, -qué me vas a dar?; a lo que el Santo respondió: Te daré mis escritos. Y Cristo replicó que no era suficiente. ¿-Qué te entregaré entonces? ¿mi vida de mortificación y de penitencia? La respuesta fue: Tampoco me basta. ¿Qué me queda por dar?, preguntó Jerónimo. Y Cristo le contestó: Puedes darme tus pecados, Jerónimo. A veces puede costar reconocer ante Dios los pecados, las flaquezas y los errores: darlos sin envoltura alguna, como son, sin justificación, con sinceridad de corazón, llamando a cada cosa por su nombre. Dios los toma porque es lo que nos separa de Él y de los demás, lo que nos hace sufrir, lo que impide una verdadera vida de oración. Dios los desea para destruirlos, para perdonarlos, y darnos a cambio una fuente de Vida.

Enseña San Alfonso María de Ligorio que el principal oficio que el Señor encomendó a María es ejercitar la misericordia, y que todas sus prerrogativas las pone María al servicio de la misma.

Resulta sorprendente, gozosamente sorprendente, la insistencia de Jesús en su llamada constante a los pecadores, pues el Hijo del hombre ha venido a salvar lo que estaba perdido. A través del ejercicio de esta actitud misericordiosa para con todos, le conocieron muchos de quienes vivieron cerca de El: los fariseos y los escribas murmuraban -y decían: éste recibe a los pecadores y come con ellos. Y, ante el asombro de todos, libra a la mujer adúltera de la humillación a que está siendo sometida, y luego la despedirá, perdonada, con estas sencillas palabras: Vete y no peques más. Siempre es así Jesús. Nunca entre en nuestra mente -recomendaba el Cardenal Newman- la idea de que Dios es un amo duro, severo. Esta imagen es la que se puede formar quien se comportaría de esa manera -con enfado, con dureza, con frialdad-, quien se sintiera ofendido por otro. Pero Dios no es así, nos quiere más, nos busca más cuanto peor es nuestra situación.

La misión de María no es ablandar la justicia divina. Dios es siempre bueno y misericordioso. La misión de Nuestra Señora es la de disponer nuestro corazón para que podamos recibir las innumerables gracias que el Señor nos tiene preparadas. "¿No será María un suave y poderoso estímulo para superar las dificultades inherentes a la Confesión sacramental? Más aún, ¿no invita Ella a la aceptación de esas dificultades para transformarlas en medio de expiación de las culpas propias y ajenas?". Acudamos siempre a Ella mientras nos preparamos y disponemos a recibir este sacramento.

Santa María, "Esperanza nuestra, míranos con compasión, enséñanos a ir continuamente a Jesús y, si caemos, ayúdanos a levantarnos, a volver a Él, mediante la confesión de nuestras culpas y pecados en el Sacramento de la Penitencia, que trae sosiego al alma".

D. Francisco Fernández Carvajal

Novena de la Inmaculada, Sexto día



Madre amable

Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa. ¡Cómo envidiamos a Juan! ¡Cómo se llenó de luz aquel nuevo hogar de Santa María! "Los autores espirituales han visto en esas palabras, que relata el Santo Evangelio, una invitación dirigida a todos los cristianos para que pongamos también a María en nuestras vidas. En cierto sentido, resulta casi superflua esa aclaración. María quiere ciertamente que la invoquemos, que nos acerquemos a Ella con confianza, que apelemos a su maternidad, pídiéndole que se manifieste como nuestra Madre (Monstra te esse Matrem. Himno litúrgico Ave maris stella)".

Quizá podría ser éste el propósito para hoy, un día más de la Novena a Nuestra Madre: contemplar a María en casa de Juan, ver la extrema delicadeza que tendría con la Madre de Jesús, las confidencias llenas de intimidad... Y meterla nosotros en la propia vida: mirarla como la miraba el discípulo amado, acudir a Ella en todo con confianza filial, quererla al menos como la quiso Juan. ¡Qué fácil es querer a Santa María! Nunca, después de Jesús, ha existido ni existirá criatura alguna más amable. Se ha dicho de María que es como una sonrisa del Altísimo. Nada defectuoso o imperfecto o inacabado encontramos en su ser. No es alguien lejano e inaccesible: está muy cerca de nuestra vida de todos los días, sabe de nuestros ajetreos, de lo que nos preocupa, de lo que necesitamos... No temamos excedernos en nuestro amor a María, pues nunca la amaremos como la Santísima Trinidad, que la amó hasta hacerla Madre de Cristo. No temamos excedernos, porque sabemos que Ella es "un regalo del Corazón de Jesús moribundo".

El Señor desea que aprendamos a quererla siempre más; que tengamos con Ella los detalles de delicadeza y de amor que Él hubiera tenido en nuestro caso: jaculatorias, mirar con frecuencia sus imágenes ¡se puede decir tanto en una mirada, que nos lleva de la tierra al Cielo!, desagraviarla por el olvido en que la tienen algunos de sus hijos, acudir a Ella en la menor necesidad, rezarle con amor el Angelus, el Santo Rosario... "Entre todos los homenajes que podemos tributar a María afirma San Alfonso Mª de Ligorio, no hay ninguno tan grato al Corazón de nuestra Madre como el implorar con frecuencia su maternal protección, rogándole que nos asista en todas nuestras necesidades particulares, como al dar o recibir un consejo, en los peligros, en las tribulaciones, en las tentaciones... Esta buena Madre nos librará ciertamente de los peligros, con sólo rezar la antífona Sub tuum praesidium ("Bajo tu protección nos acogemos, Santa Madre de Dios..."), o el Avemaría, o con sólo invocar su santo nombre, que tiene un poder especial contra los demonios". Ella, como todas las madres, experimenta un especial gozo en atender a sus hijos necesitados.

Sabemos que "después de la peregrinación de este destierro, nos esperan sus ojos misericordiosos y sus brazos, donde nos encontraremos, en lazo indisoluble, con el Fruto de su vientre, Jesús, que ganó la gloria para sí, para su Madre y para todos los hermanos que nos acogemos a su misericordia".

Sancta Maria, Mater amabilis, ora pro eis..., ora pro me. Enséñame a quererte cada día un poco más

D. Francisco Fernández Carvajal

Novena de la Inmaculada, Quinto día



Rosa Mística

En la oración mental tratamos al Señor de modo personal, entendemos lo que quiere de nosotros, vemos con más profundidad el contenido de la Sagrada Escritura, pues "crece la comprensión de las palabras y de las cosas transmitidas cuando los fieles las contemplan y estudian repasándolas en su corazón".

Junto a ese "ponderar las cosas en el corazón", la oración vocal es muy grata al Señor, como lo fue sin duda la de la Virgen, pues Ella recitaría sin duda salmos y otras fórmulas contenidas en el Antiguo Testamento, propias del pueblo hebreo. Cuando comenzamos el trabajo, al terminarlo, al caminar por la calle, al subir o bajar las escaleras..., se enciende el alma con las oraciones vocales y se convierte nuestra vida, poco a poco, en una continuada oración: el Padrenuestro, el Avemaría, jaculatorias que nos han enseñado o que hemos aprendido al leer y meditar el Santo Evangelio, expresiones con que muchos personajes pedían al Señor la curación, el perdón o su misericordia, y otras que inventó nuestro amor. Algunas las aprendimos de niños: "son frases ardientes y sencillas, enderezadas a Dios y a su Madre, que es Madre nuestra. Todavía recordaba el Venerable Siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer, por las mañanas y por las tardes, no un día, habitualmente, renuevo aquel ofrecimiento que me enseñaron mis padres: ¡oh Señora mía, oh Madre mía!, yo me ofrezco enteramente a Vos. Y, en prueba de mi filial afecto, os consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón... ¿No es esto de alguna manera un principio de contemplación, demostración evidente de confiado abandono?".

El Bendita sea tu pureza, el Acordaos..., encierran para muchos cristianos el recuerdo y el candor de la primera vez que los rezaron. No dejemos que se pierdan esas bellísimas oraciones; cumplamos el deber de enseñarlas a otros. De modo muy particular podemos cuidar el Santo Rosario en estos días de la Novena, la oración tantas veces recomendada en la Iglesia,

Se encontraba el Papa Pío IX en su lecho de muerte, y uno de los prelados que le asistían le preguntó qué era lo que en aquella hora suprema pensaba, y el Papa contestó: "Mira: estoy contemplando dulcemente los quince misterios que adornan las paredes de esta sala, que son otros tantos cuadros de consuelo. ¡Si vieses cómo me animan! Contemplando los misterios de gozo, no me acuerdo de mis dolores; pensando en los de la cruz, me siento confortado en gran manera, pues veo que no voy solo en el camino del dolor, sino que delante de mí va Jesús; y cuando considero los de gloria, siento gran alegría, y me parece que todas mis penas se convierten en resplandores de gloria. ¡Cómo me consuela el rosario en este lecho de muerte!". Y dirigiéndose después a los que le rodeaban, dijo: "Es el rosario un evangelio compendiado y dará a los que lo rezan los ríos de paz de que nos habla la Escritura; es la devoción más hermosa, más rica en gracias y gratísima al corazón de María. Sea éste, hijos míos decía a quienes le rodeaban, mi testamento para que os acordéis de mí en la tierra".

Hagamos en este día el propósito de cuidar mejor nuestro rato de meditación diaria y las oraciones vocales, especialmente el Santo Rosario, con el que alcanzaremos tantas gracias para nosotros y para aquellos que queremos acercar al Señor.

D. Francisco Fernández Carvajal

Novena de la Inmaculada, Cuarto día




Causa de Nuestra Alegría

Quienes estuvieron cerca de Nuestra Señora participaron del inmenso gozo y de la paz inefable que llenaba su alma, pues en todo se reflejaba "la riqueza y hermosura con que Dios la ha engrandecido. Principalmente por estar salvada y preservada en Cristo y reinar en Ella la vida y el amor divino. A ello aluden otras advocaciones de nuestra letanía: Madre amable, Madre admirable, Virgen prudentísima, poderosa, fiel... Siempre una nueva alegría brota de Ella, cuando está ante nosotros y la miramos con respeto y amor. Y si entonces alguna migaja de esa hermosura viene y se adentra en nuestra alma y la hace también hermosa, ¡qué grande es nuestra alegría!". ¡Qué fácil nos resulta imaginar cómo todos los que tuvieron la dicha de conocerla desearían estar cerca de Ella! Los vecinos se acercarían con frecuencia a su casa, y los amigos, y los parientes... Ninguno oyó de sus labios quejas o acentos pesimistas o quejumbrosos, sino deseos de servir, de darse a los demás.

Cuando el alma está alegre con penas y lágrimas, a veces se vierte hacia fuera y es estímulo para los demás; la tristeza, por el contrario, oscurece el ambiente y hace daño. Como la polilla al vestido y la carcoma a la madera, así la tristeza daña al corazón del hombre; y daña también a la amistad, a la vida de familia..., a todo. Predispone al mal; por eso se ha de luchar enseguida contra ese estado de ánimo si alguna vez pesa en el corazón: Anímate, pues, y alegra tu corazón, y echa lejos de ti la congoja; porque a muchos mató la tristeza. Y no hay utilidad en ella. El olvido de sí mismo, no andar excesivamente preocupado en los propios asuntos, que pocas veces son demasiado importantes, confiar más en Dios, es condición necesaria para estar alegres y servir a quienes nos rodean. Quien anda preocupado de sí mismo difícilmente encontrará la alegría, que es apertura a Dios y a los demás. Por el contrario, nuestro gozo será en muchas ocasiones camino para que otros encuentren al Señor.

La oración abre el alma al Señor, y de ella puede arrancar la aceptación de una contrariedad, causa, quizá, de ese estado triste, o dejar eso que nos preocupa en las manos de Dios, o nos puede llevar a ser más generosos, a hacer una buena Confesión, si la tibieza o el pecado han sido la causa del alejamiento del Señor y de la tristeza y el malhumor.

Terminamos nuestra oración dirigiéndonos a la Virgen: "Causa nostrae laetitiae!, ¡Causa de nuestra alegría, ruega por nosotros! Enséñanos a saber recoger, en la fe, la paradoja de la alegría cristiana, que nace y florece del dolor, de la renuncia, de la unión con tu Hijo crucificado: haz que nuestra alegría sea siempre auténtica y plena, para poderla comunicar a todos".

Ofrezcamos a nuestra Madre del Cielo en este día de la Novena el propósito firme de rechazar siempre la tristeza y de ser causa de paz y de alegría para los demás.

D. Francisco Fernández Carvajal

Novena de la Inmaculada, Tercer día


Esclava del Señor

La Virgen nos enseña que para acertar en el cumplimiento de la voluntad divina (¡qué tristeza si nos hubiéramos empeñado por unos caminos u otros en hacer nuestro propio capricho!) es necesaria una disponibilidad completa. Sólo podemos cooperar con Dios cuando nos entregamos completamente a Él, dejándole actuar sobre nuestra vida con entera libertad. "Dios no puede comunicar su voluntad si, primeramente, no hay en el alma de la criatura esta presentación íntima, esta consagración profunda. Dios respeta siempre la libertad humana, no actúa directamente ni se impone sino en la medida en que nosotros le dejamos actuar".

También nos indica la vida de la Virgen que para oír al Señor en cada circunstancia debemos cuidar con esmero el trato con Él: ponderar, como Ella, las cosas en nuestro corazón, darles peso y contenido bajo la mirada de Jesús: aprender a relacionar, subir el punto de mira de nuestros ideales. Junto a la oración, la dirección espiritual puede ser una gran ayuda para entender lo que Dios quiere y va queriendo de nosotros. Y, siempre, el desprendimiento de gustos personales para adherirnos con firmeza a aquello que Dios nos pide, aunque alguna vez pueda parecernos difícil y arduo.

La respuesta de la Virgen es como un programa de lo que será después toda su vida: Ecce ancilla Domini... Ella no tendrá otro fin que cumplir la voluntad de Dios. Nosotros podemos darle hoy a la Virgen un sí para que lo presente a su Hijo, sin reservas y sin condiciones, aunque alguna vez nos pueda costar

Francisco Fernández Carvajal

Novena de la Inmaculada, Segundo día


Casa de oro

La gracia divina se derramó sobre Nuestra Señora de modo abundantísimo, y encontró una cooperación y docilidad excepcional y sólo propia de Ella, viviendo con heroísmo la fidelidad a los pequeños deberes de todos los días y en las pruebas grandes. Dios dispuso para Ella una vida sencilla, como las demás mujeres de su tierra y de su época; también pasó por las mayores amarguras que haya podido sufrir una criatura, excepto su Hijo, que fue el Varón de dolores anunciado por el Profeta Isaías. Por el don de fortaleza, que recibió en grado máximo, pudo llevar con paciencia las contradicciones diarias, los cambios de planes... Hizo frente a las dificultades calladamente, pero con entereza y valentía. Por esta fortaleza estuvo de pie ante la Cruz. La piedad cristiana, venerando esta actitud de dolor y de fortaleza, la invoca como Reina de los mártires, Consoladora de los afligidos...

D. Francisco Fernández Carvajal

Novena de la Inmaculada, Primer día


Novena de la Inmaculada, Primer día

En este primer día de la Novena con que queremos honrar a Nuestra Madre del Cielo, hacemos el propósito firme, ¡tan grato a Ella!, de recurrir a su intercesión en cualquier necesidad en que nos encontremos, siguiendo el consejo de un Padre de la Iglesia: "Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas con los escollos de la tentación, mira a la estrella, llama a María. Si te agitan las olas de la soberbia, de la ambición o de la envidia, mira a la estrella, llama a María. Si la ira, la avaricia o la impureza impelen violentamente la nave de tu alma, mira a María. Si turbado con la memoria de tus pecados, confuso ante la fealdad de tu conciencia, temeroso ante la idea del juicio, comienzas a hundirte en la sima sin fondo de la tristeza o en el abismo de la desesperación, piensa en María. En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María. No se aparte María de tu boca, no se aparte de tu corazón; y para conseguir su ayuda intercesora no te apartes tú de los ejemplos de su virtud. No te descaminarás si la sigues, no desesperarás si la ruegas, no te perderás si en Ella piensas. Si Ella te tiene de su mano, no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás si es tu guía; llegarás felizmente al puerto si Ella te ampara". Bajo su amparo ponemos todos los días de nuestra vida. Ella nos guiará a través de un camino seguro. Cor Mariae dulcissimum iter para tutum.

D. Francisco Fernández Carvajal

El Papa abre el Adviento con un llamado a mirar más allá de "la carrera"



El papa Benedicto XVI abrió este sábado el periodo de Adviento celebrando vísperas en la basílica de San Pedro del Vaticano, y aprovechó para exhortar a los fieles a ir más allá de la "carrera" o la "posición social" para evitar un presente "vacío" de sentido.

El hombre "cuando es un niño quiere crecer, cuando se vuelve adulto aspira a realizarse y al éxito (...) Luego llega la hora en la que descubre que esperó demasiado poco, sobre todo si ya no le queda nada que esperar más allá de la profesión o de la posición social", advirtió en su homilía.

"Si no se llena el tiempo con un presente rico en sentido, la espera puede ser insoportable", dijo. La situación es diferente para los cristianos, animados por la certeza de que "un día no lejano todo se cumplirá en el reino de Dios", agregó.

El Adviento es el periodo de cuatro semanas que precede la Navidad. Representa para los católicos el periodo de preparación para la llegada del Cristo, o sea, su nacimiento.

Eso No es Amor


Si necesitas a alguien para ser feliz... eso no es amor.
ES CARENCIA.

Si tienes celos, inseguridad y haces cualquier cosa por mantener a alguien a tu lado, aún sabiendo que no eres amado... eso no es amor.
ES FALTA DE AMOR PROPIO.

Si crees que tu vida queda vacía sin esa persona... no consigues imaginarte solo ... y mantienes una relación que se acabó... eso no es amor.
ES DEPENDENCIA.

Si piensas que el ser amado te pertenece te sientes dueño y señor de su vida y de su cuerpo... eso no es amor.
ES EGOISMO.

Si no lo deseas... no te realizas como hombre o mujer con esta persona, prefieres no tener relaciones íntimas con ella, sin embargo sientes agrado al estar a su lado... eso no es amor.
ES AMISTAD.

Si discuten por cualquier motivo, les falta acuerdo en diversas situaciones, no les gusta hacer las mismas cosas... pero hay un deseo de estar íntimamente juntos... eso no es amor.
ES DESEO.

Si tu corazón late más fuerte, el sudor se pone intenso, tu temperatura sube y baja, sólo en pensar en la otra persona... eso no es amor.
ES PASION.

Ahora, que ya sabes lo que NO ES AMOR, es más fácil analizar lo que pasa contigo y procurar atraer a alguien por la que sientas afecto, deseo, pasión, necesidad, ansiedad... y que este alguien sienta lo mismo por ti.

Quemar Calorías


Para quemar calorías de forma efectiva es mejor ejercicios largos que cortos. Un ejercicio de 20 minutos, antes que diez sesiones de dos minutos. Para quemar calorías de forma significativa es necesario aumentar el ritmo cardíaco, con sesiones largas.


En rigor, es algo difícil estimar cuántas calorías se pueden quemar en dos minutos, ya que éste es un período de ejercicio muy corto. Pero, en cambio, sí podemos afirmar que es mejor hacer un ejercicio de 20 minutos ininterrumpidos, antes que diez pequeñas sesiones de dos minutos. Esto es así porque, para quemar calorías de forma significativa y ver de esta forma algún cambio corporal, es necesario aumentar el ritmo cardíaco, algo que no se puede lograr con ejercicios de períodos tan cortos.
En efecto, aumentar el ritmo cardíaco al realizar cualquier clase de ejercicios, aunque sea sólo durante una breve cantidad de tiempo, no sólo mejora la salud en forma global sino que, según los expertos, ayuda a maximizar la cantidad de calorías consumidas durante el ejercicio.

De hecho, estudios realizados en los Estados Unidos señalan que si una persona realiza diariamente una actividad física lo suficientemente intensa como para aumentar el ritmo cardíaco (aunque sea relativamente corta) por ejemplo, diez minutos de entrenamiento de fuerza y diez minutos de ejercicios puede lograr un significativo descenso de peso a mediano plazo (también se han observado beneficios con sólo diez minutos de ejercicios cardiovasculares).

Un muy buen ejercicio físico, puede ser andar en bicicleta fija durante 20 minutos, por lo menos tres veces por semana, siguiendo un ritmo variante de intensidad de este modo:

Dos minutos "tranquilos" a nivel 3, y tres minutos más intensos a nivel 6.
Dos minutos a nivel 4 y dos minutos a nivel 7.
Dos minutos a nivel 3 y tres minutos a nivel 8.
Dos minutos a nivel 5 y dos minutos a nivel 7.
Dos minutos a nivel 3.
De esta forma, se podrán quemar cerca de 200 calorías en cada sesión.


http://www.enbuenasmanos.com

FIJARSE EN LO POSITIVO


¿Cómo podemos inspirar a otros para dar lo mejor de sí mismos?

La mayoría de las personas desean sentirse útiles y apreciadas. Además, tienen el potencial de hacer mucho más con sus vidas que lo que están haciendo actualmente. Nosotros podemos ayudarles a lograr este potencial si recordamos las siguientes verdades:

· Cuando alguien aprecia lo que hacemos, generalmente nos sentimos bien y en el futuro tratamos de hacer mejor todavía.

· Cuando alguien se fija en nuestro potencial y nos da la oportunidad de desarrollarlo, nos sentimos alentados a intentar cosas nuevas.

· Cuando por medio de estas nuevas experiencias logramos desarrollar nuevas capacidades, experimentamos gozo y alegría.

Motivación
Para alentar a los demás, debemos tomar en cuenta estas características fundamentales de los seres humanos.

Podemos comenzar alentando a los demás por medio de “descubrirlos” haciendo algo bien. Estamos muy acostumbrados a fijarnos cuando alguien comete un error. Cuando hace algo correcto, lo tomamos como normal y no lo comentamos.

No nos damos cuenta que las personas responden a las percepciones que tenemos de ellas. Al llamar la atención constantemente a sus cualidades negativas, las reforzamos más.

Una vez alguien preguntó a ‘Abdu’l-Bahá cómo podía servir con tanto amor a tantas personas diferentes, algunas de ellas muy desagradables y difíciles de amar. El respondió: “Veo el rostro de Dios en cada uno. Entonces, es fácil amarlos.”

Cuando encontramos una buena cualidad en una persona, nos fijamos en su potencial, y tratamos de facilitar su desarrollo, esto nos ayuda a ver el “rostro de Dios” en la persona.

Felicitar
Cuando estamos enseñando una nueva capacidad a una persona, él aprenderá más rápidamente si:

1) comentamos las cosas que hace correctamente, y

2) le sugerimos sin críticas cómo puede mejorar otros aspectos de su rendimiento.

Al siempre enfocar lo positivo y expresar nuestra confianza en que la persona puede lograr su objetivo, él o ella se sentirá alentado a seguir esforzándose.

Pero hay que cuidarse de no caer en un tipo de alabanza manipuladora que sólo tiene el fin de influir en la persona para que haga lo que nosotros queramos, o en un tipo de alabanza generalizada que puede llevar a inflar el ego de la persona y crear una actitud de autocomplacencia. Dos prácticas nos pueden ayudar a evitar estos errores.

1) Hablar siempre con sinceridad, afirmando sólo la verdad, como la percibimos.

2) Al felicitar a alguien, mencionar la acción concreta que él o ella hizo bien y expresar la felicitación como nuestra propia reacción. Por ejemplo, decir: “Me gustó su explicación. Fue muy clara y bien ordenada”.

Un comentario así tiene un efecto mucho mejor que generalidades que realmente no dicen nada a la persona sobre su comportamiento y pueden inflar su ego en vez de alentar su desarrollo, tales como:“Tú hablas muy bien.”

“Si se trata a un hombre como lo que es, seguirá siendo lo que es; si se trata a un hombre como él puede y debe ser, llegará a ser lo que puede y debe ser.” Goethe

Del Valor de Arriesgarse a Probar


Un rey quería cubrir un puesto importante y convocó a la corte. Una multitud de hombres vigorosos y sabios se reunió ante él y les dijo: “Hombres sabios, tengo un problema, y deseo ver quién de vosotros es capaz de resolverlo”. Luego les condujo ante una inmensa puerta con una descomunal cerradura, tan grande que nadie había visto otra igual, y dijo: “Ahí tenéis la cerradura más grande, pesada y complicada que hay en mi reino. ¿Quién de vosotros es capaz de abrirla?”

Algunos cortesanos menearon la cabeza negativamente. Otros que se consideraban más sabios se acercaron a mirar la cerradura desde más cerca, pero dijeron luego que no lo podrían lograr. Sin embargo, un visir se acercó a tocar la cerradura, la exploró con los ojos y con los dedos, intentó moverla de las más diferentes maneras y por último le dio un tirón. Y he aquí que la cerradura se abrió. Estaba simplemente ajustada pero no cerrada, y no se necesitaba nada más que la disposición y el ánimo para comprenderlo y proceder con decisión. El rey dijo: “Tu recibirás el puesto en la corte, porque no te conformas sólo con lo que ves o lo que oyes, sino que aplicas tus capacidades y te atreves a probar.”

Sinceridad


¿Alguna vez has sentido la desilusión de descubrir la verdad?, ¿esa verdad que descubre un engaño o una mentira?, seguramente si; la incomodidad que provoca el sentirnos defraudados, es una experiencia que nunca deseamos volver a vivir, y a veces, nos impide volver a confiar en las personas, aún sin ser las causantes de nuestra desilusión.

Pero la Sinceridad, como los demás valores, no es algo que debemos esperar de los demás, es un valor que debemos vivir para tener amigos, para ser dignos de confianza....

La Sinceridad es un valor que caracteriza a las personas por la actitud congruente que mantienen en todo momento, basada en la veracidad de sus palabras y acciones.

Para ser sinceros debemos procurar decir siempre la verdad, esto que parece tan sencillo, a veces es lo que más cuesta trabajo. Utilizamos las "mentiras piadosas" en circunstancias que calificamos como de baja importancia, donde no pasa nada: como el decir que estamos avanzados en el trabajo, cuando aún no hemos comenzado, por la suposición de que es fácil y en cualquier momento podemos estar al corriente. Obviamente, una pequeña mentira, llevará a otra más grande y así sucesivamente... hasta que nos sorprenden.

Al inventar defectos o hacerlos más grandes en una persona, ocultamos el enojo o la envidia que tenemos. Con aires de ser "franco" o "sincero", decimos con facilidad los errores que comenten los demás, mostrando lo ineptos o limitados que son.

No todo esta en la palabra, también se puede ver la Sinceridad en nuestras actitudes. Cuando aparentamos lo que no somos, (normalmente es según el propósito que se persiga: trabajo, amistad, negocios, círculo social...), se tiene la tendencia a mostrar una personalidad ficticia: inteligentes, simpáticos, educados, de buenas costumbres... En este momento viene a nuestra mente el viejo refrán que dice: "dime de que presumes... y te diré de que careces"; gran desilusión causa el descubrir a la persona como era en la realidad, alguna vez hemos dicho o escuchado: "no era como yo pensaba", "creí que era diferente", "si fuese sincero, otra cosa sería"...

Cabe enfatizar que "decir" la verdad es una parte de la Sinceridad, pero también "actuar" conforme a la verdad, es requisito indispensable.

El mostrarnos "como somos en la realidad", nos hace congruentes entre lo que decimos, hacemos y pensamos, esto se logra con el conocimiento y la aceptación de nuestras cualidades y limitaciones,

En ocasiones faltamos a la Sinceridad por descuido, utilizando las típicas frases "creo que quiso decir esto...", "me pareció que con su actitud lo que realmente pensaba era que ..." ; tal vez y con buena intención, opinamos sobre una persona o un acontecimiento sin conocer los hechos. Ser sincero, exige responsabilidad en lo que decimos, evitando dar rienda suelta a la imaginación o haciendo suposiciones.

Para ser sincero también se requiere "tacto", esto no significa encubrir la verdad o ser vagos al decir las cosas. Cuando debemos decirle a una persona algo que particularmente puede incomodarla (pensemos en cosas como: su modo de vestir, mejorar su lenguaje, el trato con los demás o la manera de hacer y terminar mejor su trabajo), primeramente debemos ser conscientes que el propósito es "ayudar" o lo que es lo mismo, no hacerlo por disgusto, enojo o porque "nos cae mal"; enseguida encontrar el momento y lugar oportunos, esto último garantiza que la persona nos escuchará y descubrirá nuestra buena intención de ayudarle a mejorar.

En algún momento la Sinceridad requiere valor, nunca se justificará el dejar de decir las cosas para no perder una amistad o el buen concepto que se tiene de nuestra persona. Si por ejemplo, es evidente que un amigo trata mal a su esposa o a sus empleados, tenemos la obligación de decírselo, señalando las faltas en las que incurre y el daño que provoca, no solamente a las personas, sino a la buena convivencia que debe haber.

La persona sincera dice la verdad siempre, en todo momento, aunque le cueste, sin temor al qué dirán. Vernos sorprendidos en la mentira es más vergonzoso.

Al ser sinceros aseguramos la amistad, somos honestos con los demás y con nosotros mismos, convirtiéndonos en personas dignas de confianza por la veracidad que hay en nuestra conducta y nuestras palabras. A medida que pasa el tiempo, esta norma se debe convertir en una forma de vida, una manera de ser confiables en todo lugar y circunstancia.

LA DE LA FAROLA


A muchos de nosotros –miles, millones, la mayoría- jamás nos caerán en la lotería de la vida esos diez minutos de fama de los que habló el pobre Andy Warhol. ¿Y qué?: nosotros, los ilustres desconocidos, somos las verdaderas señas de identidad de la realidad. A nosotros, a vosotros, pues, describo.

Sueles asomarte a la ventanilla –cerrada- de mi coche en un semáforo del atardecer. Y tu largo y quejumbroso gemido –“poooor favoooor”- cierra mi día con una sombra de mal sueño. O, tal vez, lo que hagas sea despertar mi adormecida conciencia con ese susurro de paloma sin pitanza.

También te veo –no eres la misma, claro, pero todas habéis llegado de más allá, de lo que no conocemos ni deseamos saber- en otras calles, con otras luces… A veces, fatigada y sola, te apoyas en una valla o te sientas en un bordillo con la mirada alerta y al tiempo, qué sé yo, como perdida. Siempre, eso sí, llevas en brazos, como a un niño, la resma de papelote, áspero y mal impreso: La Farola, a veinte duros el ejemplar. Y yo creo que no vendes ni flores… Jamás he visto salir esos veinte duros de un bolso de los de a veinte mil pesetas o rozando una corbata de seda de las de a diecisiete mil. Por tanto, no sé de qué ni cómo vives. Pero vives: morena, curtida del sol urbano, con unos dientes blancos y voraces, el pelo negro y la ropa de Cáritas.

Vives, rumana. Y, de momento, te has instalado en nuestra existencia como aviso de que los extraños trepan por las murallas de “nuestro” paraíso. Te ignoramos, te soportamos, te tememos, tratamos de hacer leyes que te mantengan a raya… Y tú vives. de La Farola o de lo que sea: de restos, de trapicheos, de esas industrias que aguza el hambre. Vives y pares: eres prolífica y, a veces, tus hijos te rodean como una bandada de gorriones sucios, con mocos. Y tan guapos, tan hermosos como tú.

Nosotras, las del bolso de veinte mil pesetas avaramente cancelado para ti, y ellos, los de la corbata de seda que sienten asco de rozar tus ásperas manos de mendicante, estamos equivocados. Creemos que tú, la rumana de La Farola, el moro del invernadero de Almería o el senegalés que vende relojes sudados y falsos en la playa del verano, sois un presente efímero, que podremos sacudirnos de encima con la expulsión de los “sin papeles”. ¡Ah, no!: vosotros sois y seréis un futuro inevitable. Y con toda justicia: habéis llegado hasta aquí, saliendo del horror de hambres y esclavitudes, y aquí os quedaréis. Vosotros o los que os sucedan. Porque vosotros, los débiles y menesterosos, los que malvivís de nuestras sobras –de lo que ya no queremos como trabajo, porque se nos antoja una explotación y una vergüenza que atenta contra la dignidad humana-, sois más fuertes que nosotros. Vosotros padecéis hambre, frío, desnutrición, bronquitis y colitis. Pero todo eso se pasa con medicamentos y un techo digno de tal nombre, que acabaréis consiguiendo. En cambio, nuestras enfermedades se llaman egoísmo, miedo, rapacidad, frivolidad y su cura exige un esfuerzo sobrehumano que nuestros corazones, encallecidos o encanallados, no están dispuestos a emprender.

Sí: señora rumana de La Farola, tú ganarás. Y, probablemente, por goleada. Aunque sólo sea por número… Tú ganarás, precisamente, por esa bandada de hijos-gorriones que has traído y traerás al mundo saltándote a la torera cualquier ley de extranjería y acatando la única ley que conoces –aún sin conocerla-: la de la naturaleza. Vosotras, vosotros, sois madres y padres sin cálculos: aún en la miseria, aún en el hambre, aún en el frío. Hacéis que brote la vida en el vértigo de vuestra vida errabunda y plagada de trampas mortales. Para vosotros, la vida es como debe ser: tan normal como la muerte. Nosotras, las del bolso, y ellos, los de la corbata, hemos hecho de la vida una calculadora. Y no tenemos hijos. Porque nos salen demasiado caros.

Escribe: Pilar Cambra , Redactora Jefe del Diario Expansión (*)

Claves para saber conversar


Los seres humanos somos seres sociales por naturaleza que necesitamos relacionarnos y comunicarnos con los demás. A través de la conversación obtenemos información, nos entrenemos, convencemos, comentamos, opinamos, etc., Es un medio para comunicarnos y cuando conseguimos hacerlo de forma eficaz e interesante, nos facilita las relaciones personales.

1. ¿Se puede aprender a conversar?
2. ¿Qué debemos hacer?
3. Qué debemos evitar

1. ¿Se puede aprender a conversar?

Saber conversar es un arte que facilita nuestras relaciones con los demás.

Saber conversar no es tan sencillo como en un principio puede parecer. Es un arte que requiere muchas habilidades. Hay quien de forma innata posee la habilidad de ser ameno e interesante en las conversaciones y otros, por el contrario, necesitan aprender algunas técnicas que les ayuden a ser más entretenidos en sus conversaciones.

En cualquier caso, todos debemos esforzarnos y buscar conversación, no podemos quedarnos callados esperando a que ésta llegue, hay que saber buscarla.

A continuación, exponemos algunas sugerencias sobre qué debemos hacer y qué debemos evitar, para que la conversación sea un éxito.

2. ¿Qué debemos hacer?

Es fundamental saber expresarnos, exponer y expresar las ideas con claridad, siguiendo un orden para que puedan entendernos con facilidad. Saber qué decir y qué no debemos decir según la persona con quien estemos. No es igual conversar con un gran amigo que con una persona que acabamos de conocer.

Es conveniente poseer un amplio vocabulario y saber usarlo con fluidez y precisión. Ahora bien, además de las palabras, en toda conversación la comunicación no verbal adquiere gran importancia. Los gestos, la postura, la expresión facial (sonrisa, expresión de tristeza, enfado, etc.) son un gran complemento de las palabra y facilitan la comprensión del mensaje.

Procurar que el tema interese a las personas que nos escuchan y no solamente a nosotros. Tratar de temas que interesen a todos los presentes y hablar sobre ellos de forma atractiva y con sentido del humor. El humor es garantía de éxito en cualquier reunión.

La conversación será más interesante si hacemos que participen los demás, para ello podemos hacer preguntas abiertas con la intención de que todos participen en la conversación, ya que las preguntas exigen respuestas, es una buena forma para conversar.

Debemos dejar hablar a los demás y escucharles con interés, más allá de sus palabras, tratando de entender cómo se sienten y qué pretenden comunicarnos. Si en algo no estamos de acuerdo, es importante expresarlo con corrección. No coincidir con la opinión o las ideas de otra persona no está reñido en absoluto con no saber conversar.

Interesarnos por los demás y por lo que nos están contando. De esta forma, mejoraremos la comunicación con quienes nos rodean y aprenderemos a aceptar las críticas y los puntos de vista diferentes de una manera natural. Se trata de escuchar sin prejuicios lo que los demás nos dicen e interesarnos sinceramente por sus palabras y mensajes.

3. Qué debemos evitar

Debemos evitar ser excesivamente locuaces, hay que dejar que quienes están con nosotros, también se expresen e introduzcan puntos de vista o anécdotas nuevas a la conversación. De lo contrario, seremos unos pesados y estaremos aburriendo enormemente a los demás.

Tenemos que evitar estar callados y aburrir a los demás. Algunas personas no se esfuerzan en dar conversación, bien porque no les interesa el grupo de personas con quienes están, lo que demuestra egoísmo y poca educación, o porque son excesivamente tímidos o consideran que no tienen nada interesante que decir.

Es muy importante utilizar un vocabulario comprensible para todos los que nos escuchan, evitando tecnicismos o expresiones que no puedan entender. No podemos ser pedantes, pensando que sabemos más que los demás. Aunque seamos expertos en un tema concreto debemos ser sencillos, eso dará un mayor atractivo a la conversación y despertará el interés de todos los presentes.

Evitar temas que puedan dar lugar a discusiones. Cuando el ambiente empieza a ponerse tenso y observamos que alguien se está acalorando por el rumbo de la conversación, es mejor cortar y cambiar de tema.

Evitar la crítica destructiva y las murmuraciones.

Es muy importante no interrumpir cuando alguien está hablando, aunque sea para añadir algo, ni terminar sus frases, es de mala educación hacer eso y resulta muy molesto.

Dª. Trinidad Aparicio Pérez
Psicóloga clínica. Psicóloga escolar
Granada.

Afrentosos crucifijos



Por paradojas del azar, la conmemoración de la caída del murito de Berlín ha coincidido con una sentencia del sarcásticamente llamado Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo que ordena la retirada de los crucifijos de las aulas. La caída del murito de Berlín supuso, según nos martillea la propaganda, la «victoria de la libertad»; y las consecuencias de esa libertad victoriosa las contemplamos por doquier. La retirada de los crucifijos quizá sea la más aparente, por lo que tiene de simbólica; pero detrás de esa retirada está el suicidio de Occidente, que ha decidido, como los alacranes asediados, inyectarse el veneno de su propio aguijón. Y, en su arrebato de autodestrucción, disfrazado con los bellos ropajes de la libertad, reniega de los logros que han fundado su identidad.

Eso que la propaganda denomina «victoria de la libertad» no ha sido sino victoria de la más feroz de las tiranías, que no es otra que aquélla que despoja a los seres humanos de su capacidad de discernimiento moral. Las tiranías clásicas, ataviadas con los ropajes hoscos de la represión, al ejercer sobre las conciencias una violencia coactiva, aún permitían a sus oprimidos cierto grado de resistencia: pues todo expolio de lo que es constitutivamente humano genera en quien lo padece una reacción instintiva de defensa. La nueva tiranía no actúa reprimiendo la conciencia moral, sino desembridándola, de tal modo que sus sometidos dejan de regir su conducta por la capacidad de discernimiento, dejan de ser propiamente humanos, para guiarse únicamente por la satisfacción de sus intereses y caprichos. Y la nueva tiranía, ataviada con los bellos ropajes de la libertad, otorga a esos intereses el estatuto jurídico de «derechos», sin importarle que sean intereses egoístas o criminales; porque en la protección de tales intereses la nueva tiranía ha encontrado el modo de mantener a sus sometidos satisfechos. Ya no son hombres, sino bestias satisfechas, porque han extraviado la capacidad para discernir lo que es justo y lo que es injusto; pero las bestias satisfechas en sus intereses y caprichos egoístas o criminales, además de adorarse a sí mismas, adoran a quien les permite vivir sin conciencia, pues si alguien les devolviera la capacidad de discernimiento la vida -su vida infrahumana- se les tornaría insoportable.

Y ésa es la razón por la que la nueva tiranía ordena la retirada de los crucifijos: constituyen un recordatorio lacerante de que hemos dejado de ser propiamente humanos. Nos recuerdan que nuestra naturaleza caída fue abrazada, acogida, redimida, perdonada por aquel Cristo que murió colgado de un madero. Pero la noción de redención, como la de perdón, exigen una previa capacidad de discernimiento moral; exigen un juicio sobre la naturaleza de nuestros actos. Y cuando alguien se niega a juzgar sus actos, por considerar que están respaldados por una libertad omnímoda, la presencia de un crucifijo se torna lesiva, agónica y culpabilizadora. Y lo que la nueva tiranía nos promete es que podemos vivir sin ser redimidos ni perdonados, que podemos vivir sin culpa ni agonía; esto es, sin lucha con nuestra propia conciencia, por la sencilla razón de que hemos sido exonerados de tan gravosa carga. La nueva tiranía nos promete que todo lo que nuestra naturaleza caída apetezca o ansíe será de inmediato garantizado, protegido, consagrado jurídicamente; lo mismo da que sean meros caprichos de chiquilín emberrinchado que crímenes infrahumanos como el aborto. Frente a esta promesa de libertad omnímoda, el crucifijo aparece entonces a los ojos de esos hombres convertidos en bestias como una oprobiosa cadena: les recuerda que han renunciado a su verdadera naturaleza; les recuerda que esa naturaleza a la que han renunciado era su posesión más preciosa; les recuerda que Dios mismo entregó su vida por abrazarla. ¡Afrentoso recordatorio!

Juan Manuel de Prada

Basta ya de quejas


Cuando usted y yo éramos niños, nuestros mayores se quejaban de que no sabíamos divertirnos. Nos acusaban, con una sempiterna salmodia, de que para pasar la tarde necesitábamos una habitación rebosante de juguetes a pilas y repletos de botones y luces, de mecanismos y palancas que nosotros, niños al fin y al cabo, no lográbamos gobernar. Nos acusaban de dejarnos llevar por el hastío, que nos empujaba a destripar las tuercas y arandelas, los muelles y bombillitas. Entonces nos caía su retahíla del perfecto infante, del niño que creyeron ser, aquel que pone en pie los mundos literarios de Salgari y Verne, aquel que le saca magia a una chapa de gaseosa y a las tabas del cordero.
Cuando usted y yo éramos un poco más jóvenes y bostezábamos el duermevela de las tardes de los domingos, nuestros mayores se quejaban de que no sabíamos divertirnos. Nos acusaban de exprimir la noche para disfrutar la vida, como si fuésemos licántropos, vampiros que precisaban el néctar de un cubata para que el corazón se nos pusiera en movimiento. Entonces venían con su saco de recuerdos de aquellos bailes a media tarde, de sus compases agarrados, de sus equipos deportivos, del perfecto adolescente que combina con majestad el estudio y la facilidad para la conquista.

Pasados los años, querido lector, somos nosotros los que buscamos a nuestros niños y a nuestros jóvenes para repetirles la consabida monserga, conscientes de que los pequeños ya no destripan mecanismos a pilas porque tienen las pupilas deshechas por los videojuegos, con los que son capaces de levantar mundos mucho más sorprendentes que aquellos de Emilio Salgari. Y nos preocupa. Como nos preocupa observar cómo gastan las horas frente al ordenador para participar en una comunidad virtual. Somos conscientes de que hemos fabricando para ellos un mundo en el que cada vez parece menos necesario el contacto físico, la conversación, el calor de un abrazo o el dibujo de una sonrisa.

El secreto del tiempo Ese mundo, aparentemente repleto –porque tiene muchos estímulos audiovisuales– nos resulta, sin embargo, castigado por una individualidad enfermiza. Y entonces, querido amigo, se nos empapa la espalda de un sudor frío. Porque nuestros hijos que se asoman a la juventud, también se quieren divertir. Observamos entonces el ambiente preparado para ellos y nos parece imposible que de allí pueda surgir nada positivo. Entonces nos resulta natural venirles con la cantinela de nuestros tiempos, de aquellas pandillas con las que tomábamos cañas y echábamos el cierre a las madrugadas sin necesidad de estimulantes lisérgicos ni amores plastificados. Pero ellos, sumergidos en la burbuja de su individualidad satisfecha, apenas nos miran. Con la ayuda de un i-pod es posible que ni siquiera tengan que sufrir la molestia de escucharnos.

Temor y reproche trenzan el sino que distingue los saltos generacionales, esa sima aparentemente insalvable que se abre a los pies de los padres mientras contemplan a sus hijos caminar, indolentes, hacia lo desconocido.

Nuestros hijos no nos piden un sermón que les deje bien claro que pertenecemos a mundos aparentemente distintos. Aunque no lo digan –incluso, aunque no lo piensen–, desean que les dediquemos más tiempo antes de que sea tarde. Que cuando son niños nos los llevemos al Parque de Atracciones para lanzarnos con ellos por la montaña rusa más enrevesada. Necesitan compartir con nosotros el subidón de adrenalina, vernos alzar los brazos al aire frente a los raíles que parecen caer a las entrañas de la tierra.

Miguel Aranguren
Secciones del Reader's Digest
y unir a los nuestros sus gritos de miedo y alegría.