
¿Cómo podemos inspirar a otros para dar lo mejor de sí mismos?
La mayoría de las personas desean sentirse útiles y apreciadas. Además, tienen el potencial de hacer mucho más con sus vidas que lo que están haciendo actualmente. Nosotros podemos ayudarles a lograr este potencial si recordamos las siguientes verdades:
· Cuando alguien aprecia lo que hacemos, generalmente nos sentimos bien y en el futuro tratamos de hacer mejor todavía.
· Cuando alguien se fija en nuestro potencial y nos da la oportunidad de desarrollarlo, nos sentimos alentados a intentar cosas nuevas.
· Cuando por medio de estas nuevas experiencias logramos desarrollar nuevas capacidades, experimentamos gozo y alegría.
Motivación
Para alentar a los demás, debemos tomar en cuenta estas características fundamentales de los seres humanos.
Podemos comenzar alentando a los demás por medio de “descubrirlos” haciendo algo bien. Estamos muy acostumbrados a fijarnos cuando alguien comete un error. Cuando hace algo correcto, lo tomamos como normal y no lo comentamos.
No nos damos cuenta que las personas responden a las percepciones que tenemos de ellas. Al llamar la atención constantemente a sus cualidades negativas, las reforzamos más.
Una vez alguien preguntó a ‘Abdu’l-Bahá cómo podía servir con tanto amor a tantas personas diferentes, algunas de ellas muy desagradables y difíciles de amar. El respondió: “Veo el rostro de Dios en cada uno. Entonces, es fácil amarlos.”
Cuando encontramos una buena cualidad en una persona, nos fijamos en su potencial, y tratamos de facilitar su desarrollo, esto nos ayuda a ver el “rostro de Dios” en la persona.
Felicitar
Cuando estamos enseñando una nueva capacidad a una persona, él aprenderá más rápidamente si:
1) comentamos las cosas que hace correctamente, y
2) le sugerimos sin críticas cómo puede mejorar otros aspectos de su rendimiento.
Al siempre enfocar lo positivo y expresar nuestra confianza en que la persona puede lograr su objetivo, él o ella se sentirá alentado a seguir esforzándose.
Pero hay que cuidarse de no caer en un tipo de alabanza manipuladora que sólo tiene el fin de influir en la persona para que haga lo que nosotros queramos, o en un tipo de alabanza generalizada que puede llevar a inflar el ego de la persona y crear una actitud de autocomplacencia. Dos prácticas nos pueden ayudar a evitar estos errores.
1) Hablar siempre con sinceridad, afirmando sólo la verdad, como la percibimos.
2) Al felicitar a alguien, mencionar la acción concreta que él o ella hizo bien y expresar la felicitación como nuestra propia reacción. Por ejemplo, decir: “Me gustó su explicación. Fue muy clara y bien ordenada”.
Un comentario así tiene un efecto mucho mejor que generalidades que realmente no dicen nada a la persona sobre su comportamiento y pueden inflar su ego en vez de alentar su desarrollo, tales como:“Tú hablas muy bien.”
“Si se trata a un hombre como lo que es, seguirá siendo lo que es; si se trata a un hombre como él puede y debe ser, llegará a ser lo que puede y debe ser.” Goethe
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