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El Papa invita a los cristianos a mirar al nuevo año “sin miedo” a pesar de la crisis


“La esperanza de la vida eterna nos ayuda a afrontar las dificultades”, afirmó


CIUDAD DEL VATICANO, jueves 1 de enero de 2009 (ZENIT.org).- El Papa Benedicto XVI invitó a los cristianos a “no tener miedo” a pesar de las dificultades que se presentan en el nuevo año 2009, ayer durante su intervención con motivo de las Primeras Vísperas de la Solemnidad de María Santísima Madre de Dios y el Te Deum, de acción de gracias por el año 2008, en la Basílica de San Pedro.

“Este año se cierra con la conciencia de una crisis económica y social creciente, que interesa ya al mundo entero”, afirmó el Papa, pero añadió que “aunque en el horizonte van apareciendo no pocas sombras en nuestro futuro, no debemos tener miedo”.

El Papa recordó a los cristianos que “nuestra gran esperanza como creyentes es la vida eterna en la comunión de Cristo y de toda la familia de Dios. Esta gran esperanza nos da la fuerza de afrontar y de superar la las dificultades de la vida en este mundo”.

“El año que termina y el que se anuncia en el horizonte están ambos puestos bajo la mirada bendiciente de la Santísima Madre de Dios”, añadió, e invitó a los presentes a acogerse a la Virgen ante las dificultades.

“La presencia maternal de María nos asegura esta noche que Dios no nos abandona nunca, si nos confiamos a Él y seguimos sus enseñanzas. A María, por tanto, con filial afecto y confianza, presentamos las esperanzas y deseos, como también los temores y las dificultades que llevamos en el corazón, mientras que despedimos el 2008 y nos preparamos para acoger el 2009”, añadió.

Añadió que “en estos tiempos nuestros, marcados por la inseguridad y la preocupación por el futuro, es necesario experimentar la presencia viva de Cristo. Es María, Estrella de la esperanza, la que nos conduce a Él”.

Por otro lado, el Papa afirmó que la presente crisis “pide a todos más sobriedad y solidaridad para venir en ayuda especialmente de las personas y de las familias con dificultades más serias”.

“La comunidad cristiana se está ya empeñando, y sé que la Cáritas diocesana y las demás organizaciones benéficas hacen lo posible, pero es necesaria la colaboración de todos, porque nadie puede pensar en construir por sí solo la propia felicidad”, afirmó.

Por Inma Álvarez

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