
El sonreír ayuda a ser amable.
«Una sonrisa cuesta muy poco, pero vale mucho.
»Una sonrisa enriquece al que la recibe y al que la da.
»Una sonrisa dura poco, pero su recuerdo puede durar toda una vida.
»No hay nadie tan rico que no la necesite ni tan pobre que no la pueda dar».
Amabilidad es la cualidad por la cual una persona es digna de ser amada. Consiste en considerar, respetar, aceptar a las personas como son y alegrarse con sus éxitos.
Amabilidad es atender a cada persona según lo que necesite en ese momento.
La amabilidad es sigo de madurez y grandeza de espíritu.
Procura ser una persona educada, respetuosa, agradecida, honrada, buena y servicial con todos.
Así serás una persona estimada por todo el mundo. Tú mismo te sentirás satisfecho de tu proceder; y, sobre todo, Dios te lo premiará.
La vida en común es una continua ocasión de ayudarse mutuamente.
Al principio quizás tengas que esforzarte para ser una persona atenta; pero después, esto será para ti una costumbre y no te costará trabajo alguno.
Los que te rodean se sentirán influidos por tu amabilidad y recurrirán a ti espontáneamente y con frecuencia.
Ten constancia y no te canses al verte importunado por unos y otros, que será mucho el bien que puedas hacerles.
El buen cristiano está siempre en actitud del máximo servicio al prójimo, según sus posibilidades.
Preocúpate muy vivamente de tus compañeros enfermos o heridos. Ve a visitarlos, si te es posible. ¡Quién sabe si se encuentran aplanados, tristes y abandonados! Si es así, el rasgo tuyo te ganará su amistad para siempre.
Evita todo lo que pueda molestar a tus compañeros y procura disimular lo que de ellos a ti te moleste, haciendo todo lo posible por mostrarte con afabilidad y servicial con ellos.
El ser caritativo, además de ser una virtud, es señal de buena educación.
Todos tenemos faltas y defectos que molestan a los demás, y debemos tener paciencia cuando los demás nos molestan con los suyos.
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