El ladrillazo


Un joven y exitoso ejecutivo paseaba a toda velocidad en su Jaguar último modelo, con precaución de esquivar un chico que hacía señas en la calle. Sin mirarle, y sin bajar la velocidad, pasó junto a él. Sintió un golpe en la puerta. Al bajarse, vio que un ladrillo le había estropeado la pintura de la puerta de su lujoso auto. Salió corriendo y agarró por los brazos al chiquillo, y le gritó: ¿Qué rayos es esto? ¿Por qué haces esto con mi coche? Y enfurecido, continuó gritándole: ¡Es un coche nuevo, y ese ladrillo que lanzaste te va a costar caro! ¿Por qué lo hiciste? "Por favor, Señor, por favor, lo siento mucho. No sé qué hacer. Lancé el ladrillo porque nadie paraba...". Las lágrimas bajaban por sus mejillas, mientras señalaba hacia un lado: "Es mi hermano. Se descarriló su silla de ruedas y se cayó al suelo y no puedo levantarlo". Sollozando, el chiquillo le preguntó: "¿Puede usted, por favor, ayudarme a sentarlo en su silla? Se ha hecho daño. Y no puedo con él, pesa mucho para mí solo." Visiblemente impactado por las palabras del chiquillo, el ejecutivo tragó saliva. Emocionado por lo que acababa de pasarle, levantó al joven del suelo y lo sentó en su silla nuevamente. Sacó su pañuelo para limpiar un poco las cortaduras y la suciedad de las heridas del hermano de aquel chiquillo. Comprobó que que se encontraba bien, y miró al chiquillo, que le dio las gracias con una sonrisa que nadie podría describir. "Dios le bendiga, señor. Muchas gracias." El hombre vio como se alejaba el chiquillo empujando trabajosamente la pesada silla de ruedas de su hermano, hasta llegar a su humilde casita. El ejecutivo no ha reparado aún la puerta del auto, manteniendo la rayadura que le hizo el ladrillazo. Le recuerda que no debe ir por la vida tan de prisa que alguien tenga que lanzarle un ladrillo para que preste atención. A veces hay muchas cosas que nos susurran en el alma y en el corazón. Hay veces que tiene que caernos un ladrillo para prestar atención a lo que pasa.

Los ojos del alma


Solemos escuchar que los ojos son el espejo del alma y que no mienten. Translucen los estados de ánimo, lo que sentimos y hasta nuestros propósitos: una mirada profunda puede adivinar lo que está ocurriendo debajo de la superficie que mostramos. O puede al menos divisar que algo está pasando, algo que purga por salir pero que las palabras no se animan a decir. Y en el momento en que eso sucede, el sentimiento oculto es descubierto.

Pero ese pequeño milagro solo se producirá cuando haya un espacio libre, en el que el encuentro con el otro tenga lugar. La verdadera comunión requiere de una búsqueda, del tiempo y el esmero que merece el otro y su mundo, al que es preciso entrar de puntillas y con cuidado. La mirada es una herramienta sutil que puede servirnos para vislumbrar lo que está detrás de los muros que los hombres construimos en este mundo a veces individualista.

Si ponemos el empeño necesario, nuestros dos ojos nos llevarán de a poco a ver con los ojos del alma, y descubrir la en las necesidades ajenas nuestras propias necesidades. Sabiéndonos un poco mas comunicados, solo nos quedara mirar con amor. Si nos sacamos nuestros propios anteojos, empañados por la actividad de mirarnos a nosotros mismos, veremos a los demás a través de cristales nuevos, más nítidos. Y las historias de quienes nos rodean tendrán otros colores.

Aprenderemos a mirar con lo que nuestro interior tiene de divino: «Jesús lo miró y lo amó». Los ojos del Señor están siempre fijos sobre sus criaturas, llenos de compasión para con nuestras pequeñas vidas. Imitar su mirada, aún con las imperfecciones humanas, significa dejar de lado las enfermedades de nuestros ojos de alma: cambiar la envidia por una mirada de admiración, el rencor por una mirada misericordiosa, la mirada indiferente por una compasiva, la iracunda por una paciente. Vale la pena tomarnos el tiempo necesario para una segunda mirada, más amorosa que la primera que nos brota, a veces, de sentimientos repentinos que nos enceguecen. No dejar lugar a las miradas indiferentes: lo que nos pasa por enfrente de nuestros ojos nunca es casual, hay un mensaje a descifrar por detrás de lo que parece insignificante.

También es preciso enfocar la vista sobre nuestra propia historia, viéndonos débiles y a la vez grandiosos, llenos de aciertos y fracasos. Cuando nos miramos con ánimo de reconciliarnos con nosotros mismos, de dejar nuestro pasado en manos de la misericordia divina y contemplar nuestro presente, se hace un poco más nítido el objetivo de nuestras vidas: el que nos empuja hacia delante, nunca hacia atrás.

En los momentos en que la realidad es difícil de tolerar, nuestros ojos tienden a cerrarse; para evitar el dolor en el corazón, preferimos enceguecernos y huir de la circunstancia que nos afecta. Pero el conflicto sigue estando ahí, reclama de nuestra atención y que lo veamos en su justa dimensión, de manera realista. Podremos afrontarlo solamente cuando lo veamos como una oportunidad para crecer.

Porque allí donde nuestros ojos no llegan, hay Alguien que nos ama, y que nos insta a salir de nuestros pensamientos y enfocarnos en lo que esa Voluntad quiere de nosotros. Lo que tenemos entre manos tiene su justo lugar dentro de un Plan mayor, y tiene sentido a pesar de que muchas veces no lo encontramos, concentrados tanto en lo pequeño.

Ver atentamente, ser curiosos e ir en busca de la belleza detrás de cada cosa y de cada hombre. Fijar la atención en lo que nos dicen los ojos de quienes nos rodean, callar nuestro interior para escuchar las voces quienes hablan en voz más suave. No permitir que los desencantos cansen nuestra mirada, sino que la renueven y la hagan más fuerte, para que se pueda ver en ella transparencia. Después de todo, dicen que las miradas no mienten.

Autodominio


Cada vez que una persona, en contra de lo que debe hacer, cede a las pretensiones de su pereza, de su estómago o de su mal carácter, debilita su voluntad, pierde autodominio y reduce su autoestima. Unas viñetas de Mafalda dibujan perfectamente esta situación. Felipe encuentra en su camino una lata vacía y siente el deseo de pegarle una patada. Pero piensa interiormente: "¡El grandullón pateando latitas!". Y pasa de largo, venciendo lo que él mismo juzga un impulso infantiloide. El problema es que, a los pocos metros, da la vuelta y suelta la tentadora patada. Ésta es su segunda reflexión: "¡Qué desastre! ¡Hasta mis debilidades son más fuertes que yo!". (J.R. Ayllón, "Placeres y buena vida").

Carta de un hijo a todos los padres del mundo


No me den todo lo que les pido a veces sólo pido para ver hasta cuánto podré tomar No me griten, los respeto menos cuando me gritan y me enseñan a gritar a mí también, y yo no quisiera gritar.

No me den siempre órdenes y más órdenes, si a veces me pidieran las cosas yo lo haría más rápido y con más gusto. Cumplan sus promesas, buenas o malas. Si me prometen un premio, quiero recibirlo y también si es un castigo.

No me comparen con nadie, (especialmente con mi hermano) si me presentan como mejor que los demás alguien va a sufrir y peor, seré yo quien sufra.

No cambien de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer, decídanse y mantengan esa decisión. Déjenme valerme por mí mismo. Si hacen todo por mí nunca podré aprender. Corríjanme con ternura.

No digan mentiras delante mío, ni me pidan que las diga por ustedes, aunque sea para sacarlos de un apuro. Está mal. Me hace sentir mal y pierdo la fe en lo que ustedes dicen. Cuando hago algo malo no me exijan que les diga el "porqué lo hice" a veces ni yo mismo lo sé. Si alguna vez se equivocan en algo, admítalo, así se robustece la opinión que tengo de ustedes y me enseñaran a admitir mis propias equivocaciones. Trátenme con la misma amabilidad y cordialidad con que veo que tratan a sus amigos, es que por ser familia no significa que no podamos ser también amigos.

No me pidan que haga una cosa y ustedes no la hacen, yo aprenderé a hacer todo lo que ustedes hacen aunque no me lo digan pero difícilmente haré lo que dicen y no hacen.

Cuando les cuente un problema mío, aunque les parezca muy pequeño, no me digan "no tenemos tiempo ahora para esas pavadas" traten de comprenderme, necesito que me ayuden, necesito de ustedes.

Para mí es muy necesario que me quieran y me lo digan, casi lo que más me gusta es escucharlos decir: "te queremos"

Abrázame, necesito sentirlos muy cerca mío. Que ustedes no se olviden que yo soy, ni más ni menos que un hijo.

Marita Abraham

La Fuerza del Ideal


La persona madura es aquella que tiene ideales altos y se juega la vida por ellos.

Es doloroso el panorama de hombres y mujeres que no saben ni por qué viven, ni porque mueren. Su vida es un páramo inmenso, desolado y triste y así caminan sin saber hacia dónde van...Juguetes de sus caprichos, avanzan y retroceden; van a una parte y a otra, pero sin ruta definida. Todavía no salen de una diversión que los entretiene y ya está pensando en la siguiente y después se sienten insatisfechos, hastiados, tristes. El panorama de una vida sin ideal es un panorama tétrico.

Efectivamente, Es muy triste ver personas, especialmente jóvenes, que no saben que harán la semana siguiente o el próximo año. No sueña con sueños grandes. No se proponen subir ningún escalón en su vida personal, profesional, económica o moral.

El no tener ideales es una tragedia. Así lo afirma Benjamín Mays: "Ten presente que la tragedia de la vida no se encuentra en no alcanzar tu meta, sino en no tener una meta que alcanzar. No es una calamidad morir sin realizar los sueños, pero sí es una calamidad no soñar. No es una desgracia no alcanzar las estrellas, es una desgracia no tener estrellas que alcanzar".

Sin ideales no se puede vivir. Nos perdemos. No sabemos dónde estamos ni a dónde vamos. Sin ideales estamos condenados a vivir a la deriva, sin rumbo y sin destino.

¿Y qué es un ideal? Una idea noble y generosa que se desea realizar con entusiasmo. El ideal es lo que da sentido a nuestra existencia. Es lo que nos sostiene en la vida.

El ideal, para que sea tal, ha de tener por lo menos tres características:

ALCANZABLE: Qué esté al alcance de nuestra posibilidades.
SUBLIME: Que sea alto, grande, y exija esfuerzo.
PLENO: Que llene la vida entera de las personas.

Como para respirar


Cierta vez un hombre decidió consultar a un sabio sobre sus problemas. Luego de un largo viaje hasta el paraje donde aquel Maestro vivía, el hombre finalmente pudo dar con él: - "Maestro, vengo a usted porque estoy desesperado, todo me sale mal y no se que más hacer para salir adelante". El sabio le dijo: - "Puedo ayudarte con esto... ¿sabes remar ?" Un poco confundido, el hombre contestó que sí. Entonces el maestro lo llevó hasta el borde de un lago, juntos subieron a un bote y el hombre empezó a remar hacia el centro a pedido del maestro. -"¿Va a explicarme ahora cómo mejorar mi vida?" -dijo el hombre advirtiendo que el anciano gozaba del viaje sin más preocupaciones. -"Sigue, sigue -dijo éste- que debemos llegar al centro mismo del lago". Al llegar al centro exacto del lago, el maestro le dijo: -"Arrima tu cara todo lo que puedas al agua y dime qué ves...". El hombre, pasó casi todo su cuerpo por encima de la borda del pequeño bote y tratando de no perder el equilibrio acercó su rostro todo lo que pudo al agua, aunque sin entender mucho para qué estaba haciendo esto. De repente, el anciano le empujó y el hombre cayó al agua. Al intentar salir, el sabio le sujetó su cabeza con ambas manos e impidió que saliera a la superficie. Desesperado, el hombre manoteó, pataleó, gritó inútilmente bajo el agua. Cuando estaba a punto de morir ahogado, el sabio lo soltó y le permitió subir a la superficie y luego al bote. Al llegar arriba el hombre, entre toses y ahogos, le gritó: -"¿Está usted loco? ¿No se da cuenta que casi me ahoga?". Con el rostro tranquilo, el maestro le preguntó: -"¿Cuándo estabas abajo del agua, en qué pensabas, qué era lo qué más deseabas en ese momento?". -¡¡En respirar, por supuesto!! -"Bien, pues cuando pienses en triunfar con la misma vehemencia con la que pensabas en ese momento respirar, entonces estarás preparado para triunfar...". Es así de fácil (o de difícil). A veces es bueno llegar al punto del "ahogo" para descubrir el modo en que deben enfocarse los esfuerzos para llegar a algo.

Ideas para acertar en el noviazgo... y en el matrimonio


"Noviazgo: ¿Seguros?" es el título de un novedoso libro divulgativo escrito por un sacerdote profesor universitario que ofrece la doctrina cristiana de manera sencilla a los jóvenes que han emprendido una relación de novios.

El autor es el Padre Rafael Hernández Urigüen, Capellán y Profesor universitario de Ética y Teología de la Universidad de Navarra en San Sebastián. El texto tiene un estilo directo y está redactado en forma de diálogos.

"Es fruto de los seminarios que he dirigido con estudiantes de diversas universidades y facultades a lo largo de 10 años", asegura el autor. Entre los temas contemplados figuran el egoísmo, la verdad y sinceridad, madres intervencionistas, genio femenino, complementariedad, la oración, dudas antes de la boda y formación.

Según el reconocido catedrático de psiquiatría, Enrique Rojas, "estamos ante un texto doblemente interesante, por una parte el tema del noviazgo, que hoy más modernamente se llama ‘estar saliendo’, cuyo tema es importante en todos los sentidos. Y por otra parte el libro está escrito en forma de diálogos, que me han parecido sugerentes, atractivos y cercanos".

"Me parece de una gran pedagogía lo que ha realizado el autor de este libro, jóvenes de distintas edades y estirpes hablan, comentan, dicen, subrayan, muestran acuerdos y ofrecen desacuerdos sobre todo este gran tema que es el mundo del amor. Cuando el amor llega puede ser ciego, pero cuando se va es muy lúcido. De ahí la importancia de acertar en la elección y éste me parece un asunto central", agrega.

Según Rojas, "el libro tiene frescura, libertad, realismo, expresiones directas de lo que se escucha en la calle, hay un momento en el que uno de los estudiantes que asiste al curso del profesor Hernández Urigüen dice: ‘es que mucha gente no termina de conocerse, ellos y ellas se divierten, salen juntos, beben, bailan se ríen... pero echan en falta ir descubriendo los misterios del alma de la persona que tienen enfrente’. Me parece muy acertada la respuesta del autor de ese libro en ese caso concreto, y en otros. Llegar a un lenguaje común de tal manera que eso significa comprensión, afinidad, ponerse en el lugar del otro".

En solitario es muy difícil


Una idea puede estar en dos cabezas
sin ninguna disminución;
más bien es al revés,
está mejor en dos cabezas que en una.

Leonardo Polo
Educar a los hijos, ya lo hemos dicho, es toda una ciencia. Se necesitan conocimientos precisos y esfuerzo para adquirirlos. La buena voluntad no basta.

Es cierto que se trata de una ciencia que no se adquiere sólo a base de letra impresa. La educación es un proceso de formación continua, en el que la mayoría de las cosas se aprenden como fruto de la experiencia personal.

Sin embargo, sería una pena prescindir de toda la sabiduría que hay plasmada en tantos libros, o del enriquecimiento mutuo que producen las conversaciones con personas sensatas y experimentadas, o en cursos de orientación familiar. Sería esperar milagros que vinieran a suplir nuestra dejadez.

Es siempre ilustrativo –decíamos– el intercambio de impresiones con otros matrimonios que tengan hijos en edades parecidas, y que realmente se hayan preocupado de procurar darles una buena educación. Es algo siempre ameno y esclarecedor, que lleva a reflexionar con hondura, y que da ideas. Su utilidad depende mucho también de la capacidad de autocrítica que tengamos sobre nuestro propio modo de educar.

Se trata de recibir nuevas ideas, aunque sean exigentes y a veces difíciles de poner en práctica, no de buscar a alguien que nos diga que lo hacemos muy bien. No vayamos a caer en el síndrome de esos enfermos que van de médico en médico hasta que encuentran uno que les deja hacer lo que les apetece.

Educar a los hijos es algo demasiado importante. Los experimentos, con gaseosa, como recomienda el dicho popular. Es cierto que la responsabilidad corresponde a los padres, pero acometer solos los padres esa tarea tiene muchos riesgos.

Para empezar,
educar hoy es diferente
a como nos educaron a nosotros:
basarse sólo en nuestra experiencia,
hoy, no es suficiente.


Y como todos sabemos que equivocarse en esto puede conducir fácilmente a situaciones irreversibles, no es prudente correr los riesgos que llevaría consigo un orgulloso e infantil planteamiento excesivamente autodidacta.

Todo buen padre, toda buena madre, debe esforzarse en aprender y adquirir competencia en su oficio de educador. Y para adquirir esa competencia es preciso reflexionar, leer, estudiar, consultar y hablar, para así, después, tomar las decisiones oportunas sabiendo adaptarse a cómo son sus hijos.

Tomar las riendas de la vida


Las personas que intentan hacer algo y fracasan
están definitivamente mejor
que los que tratan de no hacer nada y lo consiguen.

Anónimo
Conocerse a uno mismo permite
convertirse en el artífice de la propia vida,
ser fiel a lo mejor de uno mismo,
vivir la propia vida más como protagonista
y menos como un mero espectador.


Por eso la psicología y la filosofía han tratado con profusión sobre el conocimiento propio, subrayando siempre la dificultad que encierra profundizar en él. Si ya a veces es difícil incluso reconocer la propia voz en una grabación, o la propia figura en una fotografía o un vídeo en el que se nos ve de espaldas, resulta aún más difícil reconocerse a uno mismo en las diversas facetas de la propia personalidad.

El autoconocimiento supone siempre una labor ardua y progresiva. Nunca acabaremos de conocernos del todo, porque el hombre, cuando dirige su mirada hacia sí mismo, tiene que guiarse en gran parte por intuiciones. Se pregunta con frecuencia por su propia identidad, se hace cuestión de sí mismo, se vuelve a su interior en busca de respuestas.

Se trata de reflexionar con hondura. También podemos –o debemos– preguntar, y pedir consejo, pero al final nuestra vida debe ser fruto de nuestras decisiones personales, todo lo contrastadas que se quiera, pero la última palabra la debemos dar nosotros. Y esa última palabra debe ser pensada con la seriedad que se merece.
La vida de todo hombre precisa de un norte, de un itinerario, de un argumento. La vida no puede limitarse a una simple sucesión fragmentaria de días sin dirección y sin sentido. El hombre necesita saber para qué vive. Ha de procurar conocerse cada vez mejor a sí mismo y así encontrar sentido a su vida, proponerse proyectos y metas a las que se siente llamado y que llenarán de contenido su existencia.

Toda persona tiene su propia misión
o vocación específica en la vida.
Y en esa misión no puede
ser reemplazada por nadie,
ni su vida puede repetirse.

El árbol de los problemas


El carpintero que había contratado para ayudarme a reparar una vieja granja, acababa de finalizar un duro primer día de trabajo. Su cortadora eléctrica se dañó y lo hizo perder una hora de trabajo y ahora su antiguo camión se negaba a arrancar. Mientras le llevaba a su casa, se sentó en silencio. Cuando llegamos, me invitó a conocer a su familia. Mientras nos dirigíamos a la puerta de su casa, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos. Cuando se abrió la puerta, el rostro de aquel hombre se transformó, sonrió, abrazó a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa. Luego me acompañó hasta el coche. Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunte por lo que lo había hecho un rato antes. "Oh, ese es mi árbol de problemas", contestó. "Sé que no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero una cosa es segura: los problemas no pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa. Luego, a la mañana siguiente, los recojo otra vez. Lo bueno es -concluyó sonriendo- que cuando salgo por la mañana a recogerlos, no hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior".

La familia primera educadora


La familia que obra bajo los principios de la rectitud y demás buenos valores humanos, proyectará en sus hijos una conducta afín a estos principios. Igualmente una familia que se encuentre debilitada, desintegrada o carente de valores no podrá infundir buenas costumbres en sus retoños. Si en cualquier situación cotidiana en las que nos encontremos, observamos el comportamiento de algún niño en particular, podemos obtener indicios sobre los valores que pueden estar inculcándosele en su hogar. También podríamos observar algunos antivalores que aprenden de sus casas. Por ejemplo, si vemos que desde pequeños no son asiduos a respetar algo tan sencillo como es el esperar su turno en una fila, ya sea en un restaurante o a la entrada de algún lugar y más bien lo que hacen es colarse sin ninguna vergüenza, podríamos estar enfrente de un niño al que no se le ha enseñado, desde su primera escuela que es su hogar, los principios básicos de convivencia y respeto a los demás. Igualmente se pueden ver ya desde edades escolares, rasgos de patanería en algunos niños, con tendencia a la humillación y a la burla de sus coetáneos, siendo esto un síntoma de quizás una actitud semejante en alguno de sus progenitores. Algunos padres no son conscientes de lo buenos receptores que son los niños en cuanto a copiar conductas.

Si un padre es agresivo conduciendo en las carreteras y se ufana de ser temerario e irrespetuoso, puede estar siendo un mal ejemplo para el niño que observándolo, en su inocencia, piense que esa es la forma en que debe comportarse y será un potencial conductor temerario, irrespetuoso de las leyes, que igualmente llegaría a creer que tal proceder es más bien un signo de audacia y de superioridad sobre los demás, poco intrépidos, que sí respetan las leyes. Las familias modernas están excluyendo en gran medida su función básica y esencial de ser una institución educadora de los hijos, recargando esta tarea a los centros educativos, olvidándose de que las escuelas son el complemento de lo que ya se ha empezado en el hogar. El deterioro social al que nos estamos enfrentando, podría revertirse si desde dentro de nuestras familias tomamos conciencia de lo vital que es enseñar a los hijos a ser respetuosos con todas las personas, pero para eso los padres de familia son los que deben dar el primer paso y dejar atrás conductas que no están acordes con la consecución de una sociedad civilizada y pacífica.

Dar y recibir


Quien ha experimentado la felicidad que radica en el dar, siente como se le enciende el corazón cada vez que se habla de ello. Quisiera decir muchas cosas pero advierto que todas ellas pueden llegar a ser cosas muy evidentes. Pero lo evidente es precisamente lo más grande y lo más difícil en la vida. Si queremos dar algo, ha de ser algo precioso, no desechos. San Bernardo dijo: «La medida de un alma es la grandeza de su amor.» Y el valor de algo se aprecia especialmente cuando nos tenemos que desprender de ello.

¡Hay tantos que aguardan nuestros dones y frecuentemente no nos damos ni cuenta!.Padres, hermanos, todos aquellos que la vida nos acerca y particularmente muchos que se han empobrecido y que no tienen ni lo necesario para vivir. Pero es necesario saber dar. Lo más valioso del don es el modo como se da. Pero no como obligación, sino como pura generosidad.

Lo que sostiene a toda generosidad es el amor. Somos hijos de Dios y hermanos de Cristo. El Padre del Cielo nos regala en abundancia. De el proceden «toda dádiva y todo don perfecto». Nosotros recibimos de él y eso que recibimos lo transmitimos a los otros. Pedimos en la oración «el pan de cada día»; y pedimos para «nosotros», no para «mi». Es por ello que recibimos, no para acaparar ansiosos, sino para repartir entre los demás. Y no podemos estar satisfechos cuando los demás están hambrientos. Esto es verdadera generosidad, que se torna más profunda cuanto más pura es nuestra voluntad y más alegre nuestro dar.

Pero ocurre que para poder dar, el hombre no puede ser esclavo de las cosas, sino señor de ellas. Si uno depende de tal manera de un libro, que no puede luego darlo, no pertenece el libro a él sino que él al libro. Con un corazón alegre, solamente da el que es libre o señor de las cosas y no hay manera de librarse de ellas sino únicamente dando con un corazón generoso. Lo que se da con amor nunca se pierde para el que lo da, ya que dar no es perder, pues el amor conserva.

El amor del que da no es sentimiento, sino real desinterés. Amor significa conducirnos en nuestros pensamientos y en nuestras acciones con los demás como lo hacemos con nosotros mismos. El amor no solo conserva, el amor transfigura. Lo dado con amor se convierte así en gloria a Dios; y en El, el don pertenece al que lo dio y al que lo recibió y crea entre ambos una hermandad inefable.

Dar es solamente hermoso cuando se ha convertido en algo natural y ya no parece algo especial. Es la inspiración y la expiación de un ser vivo. Y quien ha dado algo no ha hecho más que pasar a otro un destello de luz. Y para quien da, no es lícito exigir agradecimiento; quien piensa de este modo facilita enormemente la tarea de recibir, que muchas veces es más difícil que la de dar.

El dar es perfecto cuando quien recibe no nota en absoluto que ha recibido. Así es la delicadeza de Dios en el dar y de ella debemos aprender. Hay que entender que uno no es importante en la tierra cuando solo interesa que el otro sea ayudado y renazca en su alma la alegría.

El dar y el recibir son una especie de puente entre los hombres. Pero todo puente descansa sobre pilares: uno es el dar y el otro el recibir; si falta uno de los dos se hunde el puente, cae. Hay que dar con gusto y arrancar de nosotros todo resto de mezquindad y egoísmo que con frecuencia nos invaden. Mantener los ojos abiertos para estar atentos a dar donde falte algo. Mostrar al obsequiado que nos brinda la ocasión de dar la alegría que nos da el que nos deje ayudarle. El recto recibir es también una acción elevada; el verdadero recibir también es amor y contribuye a levantar el puente de la santidad. Pero no solo hablo del dar y recibir «material», sino también el espiritual. Pues siempre hay que recordar que no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que proviene de Dios.

Tender puentes


Se cuenta que, cierta vez, dos hermanos que vivían en granjas vecinas, separadas por un pequeño río, entraron en conflicto. Fue la primera gran desavenencia en toda una vida de trabajo uno al lado del otro, compartiendo las herramientas y cuidando uno del otro. Durante años ellos trabajaron en sus granjas y al final de cada día, podían atravesar el río y disfrutar uno de la compañía del otro. A pesar del cansancio, hacían la caminata con gusto, pues se tenían un gran aprecio. Pero ahora todo había cambiado. Lo que comenzara con un pequeño malentendido finalmente explotó en un cambio de ásperas palabras, seguidas por semanas de total silencio. Una mañana, el hermano más mayor sintió que llamaban a su puerta. Cuando abrió vio un hombre con una caja de herramientas de carpintero en la mano y que buscaba trabajo: "Quizás usted tenga un pequeño servicio que yo pueda hacer". "Sí, claro que tengo trabajo para usted. Ve aquella granja al otro lado del río. Es de mi vecino. No, en realidad es de mi hermano más joven. Nos peleamos y no puedo soportar verle. ¿Ve aquella pila de madera cerca del granero? Quiero que usted construya una cerca bien alta a lo largo del río para que yo no tenga que verlo mas." El carpintero contestó: "Creo que entiendo la situación. Dígame dónde están el resto del material, que ciertamente haré un trabajo que le gustará." Como tenía que irse a la ciudad, el hermano más mayor ayudó al carpintero a encontrar el material y partió. El hombre trabajó durante todo aquel día. Ya anochecía cuando termino su obra. El granjero regresó de su viaje y sus ojos no podían creer lo que veían. En vez de una cerca había un puente que unía las dos márgenes del río. Era realmente un buen trabajo, pero el granjero estaba furioso y le dijo: "Usted ha sido muy atrevido al construir ese puente después de lo que quedamos". Sin embargo, al mirar hacia el puente, vio a su hermano que se acercaba del otro margen, corriendo con los brazos abiertos. Por un instante permaneció inmóvil de su lado del río. Pero de repente, en un impulso, corrió en dirección del otro y se abrazaron en medio del puente.

Hábitos del corazón. Educar para el «nosotros»


Los acontecimientos sociales, culturales o políticos dan pie para reflexionar y hacerse algunas preguntas. ¿En qué consiste la vida social o la política? ¿No es acaso un servicio al bien común, que va más allá del propio interés? ¿Es eso lo que hacen nuestros políticos y por eso les votamos? ¿Animamos a los jóvenes a involucrarse en esa actividad tan comprometida como necesaria?

En 1985 un sociólogo de la Universidad de California, Robert Bellah, y otros autores publicaron un libro titulado «Hábitos del corazón», que se hizo justamente célebre. Era un lúcido análisis de las tendencias cívicas y religiosas en la sociedad norteamericana. Una de sus conclusiones más importantes era que el individualismo estaba destruyendo el tejido moral de esa sociedad.

No era un descubrimiento radicalmente nuevo, sino una tendencia siempre presente desde hace siglos, en la que influyen numerosos factores, y que no sería difícil demostrar también en otras muchas sociedades del mundo denominado occidental.

La fe cristiana ilumina esta cuestión de modo decisivo. Con ocasión de la cuaresma, Benedicto XVI ha celebrado un encuentro con el clero romano. Al final le preguntaron «cómo proponer a los jóvenes aquello en lo que usted insiste siempre, esto es, que el yo del cristiano, cuando se ha investido de Cristo, ya no es más yo», sino que se abre a la comunión en el «nosotros» de la Iglesia.

En efecto, baste recordar que en la encíclica sobre la esperanza cristiana, «Spe salvi», se propone una crítica no sólo a la modernidad (por haberse olvidado de la libertad del hombre) sino también en el interior del cristianismo, para aprender de nuevo que la esperanza implica romper con el individualismo.

Ahora se concreta más ese autoexamen para los cristianos. Habla el Papa: «En el siglo XX existía la tendencia a una devoción individualista, para salvar sobre todo la propia alma y crear méritos también calculables que se podían, en ciertas listas, hasta indicar con números. Y ciertamente todo el movimiento del Concilio Vaticano II quiso superar este individualismo». Sin juzgar a las generaciones pasadas que intentaban servir así a los demás, se apunta que ese modo de pensar comportaba de algún modo un riesgo de individualismo y de que la fe se convirtiera en un peso, en lugar de ser una liberación.

Con el Concilio Vaticano II se quiso salir de esa visión restringida del cristianismo y «descubrir que yo salvo mi alma sólo donándola», sólo «liberándome de mí, saliendo de mí»; análogamente a como Dios hizo en el Hijo, que sale de ser Él mismo Dios para salvarnos a nosotros.

Tal es la verdadera obediencia cristiana, que es libertad: «No como querría yo, con mi proyecto de vida para mí», sino poniéndome a la disposición de Dios para que Él disponga de mí. Así conquisto mi libertad. Esto supone un gran salto que nunca se hace definitivamente, como descubrió San Agustín.

Benedicto XVI nos sitúa de esta manera ante un descubrimiento fundamental para la educación. Hay que educar para la rotura del «yo» individualista y para la apertura a la solidaridad del «nosotros», que los cristianos experimentamos en la comunión de la Iglesia y queremos extender a la medida del mundo. Hay que enseñar (tomemos nota en la familia, la escuela, la catequesis, ¡y no sólo con los jóvenes!) a «dar este yo para que muera y se renueve en el gran yo de Cristo que es, de una determinada forma muy cierta, el yo común de todos nosotros, nuestro yo».

Comunión es palabra que se usa también para hablar de la Eucaristía. Precisamente es la Eucaristía, añadía el Papa, la condición indispensable para aprender, en el encuentro personal con el Señor, a vivir para los demás: «Sólo caminando con el Señor, abandonándonos en la comunión de Iglesia a su apertura, no viviendo para mí —ya sea para una vida terrenal gozosa, ya sea sólo por una felicidad personal—, sino haciéndome instrumento de su paz, vivo bien y aprendo este valor ante los desafíos de cada día, siempre nuevos y graves, frecuentemente casi irrealizables». De esta manera, concluía, estamos también seguros de que podemos ayudar a los demás y motivarles para que sean liberados y redimidos.

A mi me va la marcha: Cuando nuestros hijos descubren la discoteca


Siempre llega la primera vez
«¿Y por qué no? ¡Si va a ir todo el mundo!». Clara estaba dispuesta a persistir, hasta que su madre quedara convencida. Pero Nuria, sin saber cómo reaccionar ante esta primera vez, no se sentía con ganas de discutir: «¡No vas y punto! ¡Con catorce años no estás preparada para salir a la discoteca!». Clara sabía que esa misma noche, cuando llegara su padre, el diálogo sería más fácil, y quizás —con un poco más de suerte— conseguiría convencerlo como otras veces lo había hecho.

El momento, tarde o temprano, acaba llegando. Sobreviene un día en el que ir a casa de los amigos a jugar, salir al cine a ver una película, o dar una vuelta con la bicicleta se acaba convirtiendo en «cosa de niños». La pandilla le ha estado dando vueltas al asunto durante días, se han hablado entre ellos, conocen a otros que han ido y les han explicado las «maravillas» que ahí encontrarán... hasta que se deciden que ya es la hora de probar. Además, en estas edades adolescentes, empiezan a sentir la atracción hacia el sexo opuesto. La discoteca será un buen sitio en dónde podrán conocer nueva gente y encontrar esa media naranja que su cuerpo les está pidiendo. Cuando esta decisión se traslada a los padres puede llegar a ser un problema, tanto si se produce una excesiva permisividad como si hay una absoluta prohibición. Ambos extremos pueden ser contraproducentes. En todo caso lo mejor siempre será que los padres se adelanten a ese momento, sin esperar a que llegue por si solo. Hay que estar prevenidos.

La gran evasión
La noche se acaba convirtiendo en el espacio de libertad del adolescente. Los padres no están presentes, no hay un adulto que les controle, la exigencia del día escolar desaparece y los límites acaban difuminándose. Para muchos la discoteca se convierte en su desahogo, en la válvula de escape que necesitan tras la semana de colegio. Incluso hay quienes ahí consiguen experimentar un increíble proceso de transformación: tímidos que se vuelven osados, solitarios que se ven acompañados, antipáticos que parecen simpáticos, inocentes que pierden la inocencia, rechazados que son aceptados, mojigatos que resultan audaces y fracasados que consiguen triunfar.

En la discoteca siempre es de noche. En ella muchos creen encontrar la libertad recién descubierta y la quieren estrenar a toda costa. Pueden bailar, beber, charlar, conocer gente, experimentar nuevas sensaciones, estrenar experiencias... sin poner nada en juego. Las luces relampagueantes anulan la vista; la música estridente, el oído; el alcohol, el gusto y el habla; el ambiente cargado, el olfato; y la aglomeración de cuerpos, el tacto. El desajuste de los sentidos obnubila la razón, la comunicación se hace imposible, se habla a gritos y el contacto físico sustituye a las palabras: en una discoteca hay poco que decir.

Algo más de lo que parece
Salir a la discoteca, en una tarde de sábado, puede presentarse como un sencillo plan entre amigos que se reúnen para bailar y beber unos refrescos. Pero... ¿conocemos con certeza qué es lo que se encuentran nuestros hijos cuando frecuentan este tipo de ambientes? Algo tan sencillo como pasar un rato con los amigos, bailando y tomando unas bebidas, se puede convertir en una ocasión de descubrir aquello que desde casa no se enseña, porque no conviene o no concuerda con la educación que como padres pretendemos ofrecer. Independientemente de analizar si conviene o no salir a este tipo de locales, lo primero que se debe hacer es conocer el lugar al que los hijos se van a dirigir.

No debemos olvidar que los empresarios del ramo de la diversión han descubierto, en los chicos y chicas adolescentes, un mercado fácil y amplio para colocar sus productos. Las discotecas constituyen un lugar ideal para la comercialización de muchos productos. Alrededor de este mercado se han ido formando submercados que van complementando la oferta. Habitualmente son negocios alternativos, marginales o que están fuera de la legalidad. Muchas veces éstos están relacionados con el mundo del sexo y de la droga.

Incluso en aquellos lugares que se ofertan como sitios para jóvenes de catorce años, garantizando ningún tipo de bebidas alcohólicas u otras inconveniencias, acaban siendo un espacio en los que muchos padres no darían su visto bueno si los conocieran en profundidad.

Y entonces... ¿qué hacer?
Es cierto que para muchos jóvenes las discotecas son la única forma de ocio que conocen. Si entonces prohibimos a nuestros propios hijos e hijas que vayan... ¿qué alternativa les damos? Porque la única opción que puede quedarles es la de quedarse encerrados en casa, con caras largas, perdiendo el tiempo y aburriéndose.

Pilar Guembe, coautora de «No se lo digas a mis padres» y «¡Es fácil ser padres!» (editorial Ariel) explica, en relación a las discotecas, que todo depende de la actitud y preparación que tengan nuestros hijos. Habrá quien será más influenciable y la discoteca lo llevará a la deriva, pero también estará aquel chico o aquella chica que tiene las cosas claras, que sabe lo que hay, y que no se dejará manipular, sino que utilizará la sala de fiestas para divertirse.

Cuando nuestro hijo/a nos pida permiso para ir a la discoteca —afirma la autora— deberíamos tener en cuenta:

. Informarle sobre lo que se va a encontrar y cómo enfrentarse a ello.
. En ningún momento ir a la discoteca se ha de convertir en la única opción de ocio. Es razonable acudir de vez en cuando, pero no que se convierta en hábito.
. Plantear otras alternativas. Los padres deben preocuparse por educar en el ocio de los hijos. hay que tener en cuenta que la manera de vivir el tiempo libre influye en la manera de vivir el resto del tiempo. El deporte puede ser una buena solución: quien está enganchado al deporte no lo está a la noche; en cierto modo, son incompatibles.
. Siempre pactar un horario de llegada y establecer sanciones por su incumplimiento. Es muy conveniente ir a buscarlo o, si va otro padre, estar levantados cuando llegue a casa. Aprovecharemos para preguntarle cómo le ha ido, si se lo ha pasado bien, y para observar.
. Saber o informarnos sobre dónde y con quién va.
. Controlar el dinero que gasta
. Conocer bien a nuestro/a hijo/a, no vaya a ser que el deseo de ir a la discoteca no sea sino una forma de enmascarar un problema de personalidad (timidez, sentimientos de inferioridad, inseguridad, etc...).
. Enseñarle habilidades sociales. Si no las tiene, cuando salga a una discoteca o a cualquier sitio, será pasto fácil de los manipuladores de turno.

Altos ideales


Hay momentos de nuestra vida en los que, por muchas y variadas circunstancias, nos brota un deseo íntimo de querer superarnos. Es algo magnífico, pues puede convertirse en el principio de una nueva vida. Y digo «puede», porque este entusiasmo por sí solo no constituye ninguna garantía de que a partir de él vayamos a tomar las cosas con más seriedad.

Cuando regresemos a nuestro hogar y volvamos a convivir con nuestros familiares; cuando nos encontremos en la rutina diaria de nuestro trabajo, puede ocurrir que continuemos siendo los mismos de antes, desganados para el trabajo, descontentos y quejándonos por todo. En estos casos, veremos que nuestro entusiasmo era vacío. Pero si nos dominamos y nos esforzamos por conducirnos amablemente con los que conviven en la casa; superamos nuestro mal humor; nos esforzamos por ser mejores compañeros, entonces ya hemos puesto a prueba nuestro verdadero entusiasmo. La realidad de la vida es la piedra que nos hace conocer el verdadero ideal, como el joyero, que cuando quiere saber si una joya es auténtica, la roza contra una piedra y por el roce conoce su valor.

En el silencio de la lectura de algún bello pasaje de un libro acerca de la humanidad, nuestro corazón a veces se entusiasma y se dice «quiero». No se sabe de momento si esa decisión es auténtica. Si uno sigue con los mismos defectos que antes, criticón, iracundo, entonces todo es como humo de paja. En cambio, si es el comienzo de una recia lucha en el corazón, contra todo lo malo, combatiendo la mentira, la pereza, como los peores enemigos de todos los días, entonces el entusiasmo es verdadero. La autenticidad de un alto ideal no se nota en las horas solemnes, sino en las pequeñas tareas de cada día. Comprometerse en abordar la realidad con elevados pensamientos significa impregnar de ese espíritu la vida diaria, en las mil ocasiones del día.

Muchas veces pensamos —y hasta lo decimos— que los hombres deberían ser más nobles, más alegres, más puros. Su vida social debería tornarse más bella, su trabajo más humano. Hay mil cosas que quisiéramos cambiar, a veces de raíz. Con frecuencia hablamos de ello, creando en nuestra fantasía un espléndido cuadro de la humanidad renovada. Con gran convicción afirmamos que todo debería cambiar... y mientras tanto, en casa descansan sobre la mesa tareas que deberían haberse hecho en el mismo momento de nuestras quejas...

Mientras la boca pronunciaba palabras altisonantes, dentro de la conciencia aparece la palabra «mentiroso», pues deberíamos cumplir primero con nuestras obligaciones inmediatas. ¡Queremos cambiar el mundo y no cumplimos con esas obligaciones! Y muy probablemente, mañana por la mañana, vuelva a ocurrir lo mismo... ¿Esto es ser serio?

¡Cuantas veces hemos escuchado que el mundo está perdido por la ambición, por el placer, por las diversiones y que deberíamos volvernos más austeros y más modestos para enseñar al mundo el verdadero camino! Hemos hablado de todo esto cuando estábamos en la abundancia y los heroicos sentimientos brotaban de nuestra alma. Por el contrario, cuando comenzaron las dificultades en casa... ¿nos hemos conformado con lo que había, con alegría? ¿nos hemos esforzado por aligerar las preocupaciones de nuestros familiares con un semblante alegre? Comprenderemos perfectamente que aquí precisamente está la diferencia. Lo primero era pura palabrería y lo segundo, algo serio.

¡Cuántas veces criticamos la mala situación en la que vivimos, pero no nos reprochamos el no haber hecho lo que se nos encomendó! ¿Podrá mejorarse el mundo, si previamente, cada uno de nosotros, no hace la parte que le corresponde, su obligación actual? ¿Qué significa entonces tomar las cosas en serio? ¿Es acaso pensar en un hombre que reclama responsabilidades para la cultura, la juventud, la humanidad y también para los habitantes de Marte, pero desatiende las obligaciones asumidas? Verdaderamente, quien pretenda tomar en serio las responsabilidades, no debería empezar por el pueblo o por la cultura, eso es pura palabrería.

Los altos ideales comienzan allí, en nuestras obligaciones primeras e inmediatas. Y siempre debemos tener en cuenta el efecto que nuestras palabras pueden producir en quienes nos escuchan. Debemos cumplir siempre a conciencia nuestras obligaciones para poder aspirar a esos altos ideales.

La conquista de la voluntad


La educación de la voluntad debería empezar desde el momento en que nuestros hijos llegan al mundo, frustrando muchas de sus apetencias y deseos. Sin embargo, como afirma Levi-Strauss, «nuestros hijos nacen y crecen en un mundo hecho por nosotros, que se adelanta a sus necesidades, que previene sus preguntas y les anega en soluciones». Tienen de todo sin necesidad de esfuerzo y cambian sus cosas a la misma vertiginosa velocidad que sus gustos o aficiones. Los malcriamos en la cultura del zapping; acostumbrados a picotear aquí y allá un poco de todo sin que nada les satisfaga, sin ser capaces de acabar lo que comienzan, de leer un libro por completo, escuchar una canción o ver una película de principio a fin. Actúan impulsivamente en busca de satisfacciones que nunca llegan.

Varias experiencias científicas demuestran que los niños con temprano dominio de sí mismos más adelante son jóvenes de mayor éxito académico y personal. Es conocido el estudio realizado por el doctor Mischel en la Universidad de Columbia con niños de cuatro años a los que se les dio un bombón que no debían tocar mientras el profesor se ausentaba unos minutos. Los niños que resistieron tan apetecible tentación luego se convirtieron en adolescentes felices y brillantes en sus estudios. Es preciso aprovechar al máximo los años de la infancia y adolescencia, ya que, como muestran recientes investigaciones, en esta etapa, el cerebro todavía se está desarrollando, es adaptable y necesita ser modelado, resultando un momento óptimo para el fortalecimiento del control interno. Los niños necesitan aprender a controlar conductas impulsivas y a inhibir reacciones emocionales ante determinados sucesos. Pero, para ello, de nada sirven las terapias, medicamentos o mágicas asignaturas teóricas de educación cívica. La única vía realista para tener éxito es, como enseñó Aristóteles a Nicómaco, la adquisición de virtudes hoy en desuso y desprestigiadas, como: la fortaleza y la templanza, una palabra que en griego significa literalmente «protección de la inteligencia». Éstas implican, entre otras cosas, la capacidad de restringir las propias apetencias en aras de las de los demás y aplazar o templar la satisfacción de algunos placeres inmediatos en vistas al cumplimiento de objetivos recomendables a largo plazo. Y todas ellas requieren para su adquisición ser ejercitadas habitualmente, es decir, mediante la repetición de las mismas.

Los hábitos son la única forma razonable de convertir a un niño en un hombre virtuoso y con dominio de sí mismo. Las habilidades adquiridas con el esfuerzo reiterado día tras día, acaban por quedar integradas en su conducta y son realizadas ya de forma espontánea, sin apenas sufrimiento o esfuerzo. Para ello, el niño, desde la cuna, necesitará que los adultos le impongan normas de conducta, obligaciones y prohibiciones claras que le indiquen por dónde ir. Como afirma el pediatra Aldo Naouri: «Los bebés llorarán si no se quedan saciados. Es cierto. Pero seguro que no por mucho tiempo. Esta frustración formará para ellos la base de su educación futura. La ecuación (educar=frustrar) se verifica siempre y desde la más tierna infancia».

El pequeño disgusto que representan las frustraciones diarias merece la pena a largo plazo al instaurar, mediante capas sucesivas que se añaden unas a otras, una percepción mucho más segura del mundo y en absoluto traumatizará a los muchachos, antes al contrario, ayudará a la correcta configuración de su carácter como personas maduras, responsables y, en consecuencia, libres, pues, como nos recuerda Baltasar Gracián,«no hay mayor señorío que el de sí mismo».

Corresponder


«Mi madre —me decía hace ya tiempo un buen padre de familia— es muy absorbente. Y siento tener que decir que desde que la hemos traído a casa hemos empezado a tener un montón de problemas nuevos.

»Tiene setenta y ocho años y está bastante enferma. Y la enfermedad le afecta ya un poco a la cabeza, y se ha hecho bastante absorbente, como te decía, por no decir que a veces —con perdón— está insoportable.

»A ella le gustaría que estuviéramos todo el día a su lado, y nos controla hasta las horas de llegada a casa por la tarde. No para de opinar de todo, y la verdad es que hay veces en que acaba con mi paciencia.

»Algunas veces pienso que lo mejor sería que estuviera en una residencia, y dejarme de problemas. Pero luego me avergüenzo al recordar todo lo que ella me ha soportado a mí, antes y después de nacer. Y pienso que no puedo menos que corresponder ahora así con ella.»

Se trata de una situación bastante común en muchos hogares. Son circunstancias que a veces se hacen difíciles, pero que hay que asumir serenamente, como una tarea difícil y al tiempo maravillosa, de hacer felices a nuestros padres en esos pocos años que les quedan de vida.

A veces, por su edad o por su enfermedad, ya casi no pueden evitar ser como son. Quieren atención, cuidados y cariño. Y a veces actúan con un egoísmo invasor que hay que saber encauzar, con un modo de ser que quizá nos cansa bastante, y entonces nos vienen a la cabeza pensamientos que luego vemos que no están bien.

Hay que pensar que cuando nosotros teníamos seis meses, o cuatro años, también seríamos muchas veces pesados, desagradables o caprichosos. Y seguro que más de una vez nuestra madre perdió un poco los nervios y se le pasó por la cabeza la idea de que de buena gana nos tiraba por la ventana. Pero, naturalmente, no lo hizo y aquí estamos.

Piensa que hace unos años tus padres te cuidaron a ti. Ahora se han invertido los términos y tienes que cuidarles tú a ellos. Y no olvides que dentro de no muchos años, se volverán a invertir las tornas, y será de ti de quien tendrán que cuidar. Piensa que cuidando a tus padres, o a tus suegros, aparte de cumplir un deber de justicia y de cariño, estás enseñando mucho a tus hijos. Ve preparándote para entonces y actúa ahora como quieres que suceda contigo en el futuro.

He sabido que, en los días de comienzo de vacaciones, o de un puente un poco más largo, hay en los hospitales una avalancha de ingresos de personas de edad avanzada. Y no es porque esos días tengan los abuelos algún motivo especial de enfermedad, sino porque muchas familias quieren deshacerse de sus padres ancianos y pasar así más tranquilos las vacaciones. Me pregunto si en esas familias habrá realmente tranquilidad y alegría en el disfrute de esos días de descanso, después de abandonar así a quienes les dieron la vida.

Esas familias en las que todos los hermanos se desentienden, en las que a todos les es materialmente imposible atender a sus padres ancianos, en las que —en el mejor de los casos— los soportan unos pocos días en cada casa y con cara de disgusto; en esas familias, es fácil que dentro de veinte o treinta años a ellos les espere de sus propios hijos un trato parecido en sus últimos años de vida.

Sin embargo, he conocido, por fortuna, muchas otras familias que han considerado un orgullo hacer felices a sus padres ya ancianos, y que han hecho grandes equilibrios para acogerles gustosos. Eso les ha supuesto tantas veces renunciar a muchas salidas y a mucha aparente felicidad, pero son familias felices y se les puede augurar una vejez feliz, porque sus hijos habrán visto, como una lección práctica, cómo se trata a los propios padres cuando se hacen mayores.

La necesidad del silencio


En nuestros tiempos modernos es llamativo el nivel de ruido necesario para estar a gusto, para divertirse, para disfrutar de la vida. El culto a la verborragia parece estar a la orden del día y se le teme al recogimiento y a los minutos de descanso sereno, sin sonidos, como a una fiera lista para morder y matar.

Muchas veces, evitamos el silencio para escaparle a nuestra interioridad; una excusa para no enfrentarnos con nosotros mismos, a nuestras limitaciones y sufrimientos. Descubrirse a uno mismo debe ser una de las tareas más arduas y difíciles en la vida, que sin duda requiere de paz interior, de madurez y de plena conciencia de nuestra realidad personal, esa que nos acompaña todos los días de nuestra existencia.

En una conversación cualquiera, el silencio es tan importante como la palabra, pues nos enseña a escuchar, a pensar antes de hablar y a saber comprender las ideas ajenas, por más distantes que estén de las posturas nuestras.

En el amor, el silencio invita a contemplar a quien queremos; a veces expresa mucho más que las palabras, que no pueden abarcar la inmensidad de los sentimientos de cariño. El silencio de dos enamorados es una conquista duradera, que huye de la palabra vulgar, apresurada e insulsa.

El silencio también es necesario para el trabajo tranquilo, para pensar y organizar. La necesidad de tener que trabajar siempre con una radio o con música nos aleja de la posibilidad de realizar nuestra labor de modo completo y eficaz.

Los medios de información y su ruido verbal nos aturden con la sobreabundancia de información. Tenemos tanto que elegir y que escuchar, que no nos queda tiempo para elaborar pensamientos coherentes y propios, que sean personales y no dictados por las líneas de un diario o las noticias de una televisión.

Es necesario encontrar cada día un rincón de silencio, para detener el vertiginoso trajinar del día y examinarnos distantes de los acontecimientos que nos envuelven y nublan nuestra capacidad de sentirnos felices y a gusto con nosotros mismos.

El silencio también es la mirada oportuna, la sonrisa clara, el gesto que demuestra más que mil palabras. El silencio es aprender a estar con uno mismo, es invitar a la reflexión a que forme parte activa de la vida.

¿Cuestión de suerte?



Hay quienes ante la existencia de matrimonios y familias con éxito no tienen otra ocurrencia que apelar a la suerte. Me parece que esta es una visión muy "facilona" de la vida; cuando las cosas te van bien es que has tenido buena suerte, cuando te van males cuestión de mala suerte. Sirve para justificar que las cosas no salgan tan bien como uno quisiera, cuando en numerosas ocasiones la razón de fondo de que todo no vaya tan bien es que nos limitamos a esperar que las cosas vayan bien.

No se trata de dar lecciones, pero para que el matrimonio y los hijos vayan bien hace falta bastante más que suerte. Hay que partir de la base de que no existen matrimonios y familias "ideales" en las que no existen problemas, muchas veces la diferencia estriba en cómo afrontan esos problemas consustanciales a toda relación humana.

Lo primero que hay que cultivar es la virtud de la esperanza, solamente se puede querer eficazmente cuando hay esperanza de conseguirlo. Si consideramos que algo es imposible, si pensamos que una meta no es para nosotros, tampoco la desearemos realmente. En el fondo es una cuestión de actitud, de convicción, de deseos de lo mejor, de creer que no todo es igual, de confianza en el ser humano y de actuar.

¿Suerte?, personalmente creo más en la complementariedad del hacer del hombre y la acción de la Providencia. La suerte se la dejo a quienes se pasan el día esperando mientras no hacen nada por conseguirlo.

Convivir



Hemos aprendido a volar como los pájaros,
a nadar como los peces;
pero no hemos aprendido el sencillo arte
de vivir juntos como hermanos.

M. Luther King


Ojo por ojo
y el mundo se
quedará ciego.

Gandhi


Si la fuerza hace vencedores,
la concordia hace invencibles.

Proverbio portugués.


La soledad es muy hermosa...
cuando se tiene a alguien a quien decírselo.

Gustavo Adolfo Becquer (1836-1870), poeta español.


Mira a las estrellas,
pero no te olvides de encender la lumbre en el hogar.

Proverbio alemán


Un aburrido es uno que te priva de la soledad
sin ofrecerte compañía.

Gain Vincenzo Gravinia

Por amor a Jesús Sacramentado


Una historia sobre el verdadero valor y celo que debemos tener por la Eucaristía


Unos meses antes de su muerte el Obispo Fulton J. Sheen fue entrevistado por la televisión nacional: "Obispo Sheen, usted inspiró a millones de personas en todo el mundo. ¿Quien lo inspiró a usted? ¿Fue acaso un Papa?".


El Obispo Sheen respondió que su mayor inspiración no fue un Papa, ni un Cardenal, u otro obispo, y ni siquiera fue un sacerdote o monja. Fue una niña china de once años de edad.


Explicó que cuando los comunistas se apoderaron de China, encarcelaron a un sacerdote en su propia rectoría cerca de la Iglesia. El sacerdote observó aterrado desde su ventana como los comunistas penetraron en el templo y se dirigieron al santuario. Llenos de odio profanaron el tabernáculo, tomaron el copón y lo tiraron al piso, esparciendo las hostias consagradas. Eran tiempos de persecución y el sacerdote sabía exactamente cuantas hostias contenía el copón: treinta y dos.


Cuando los comunistas se retiraron, tal vez no se dieron cuenta, o no prestaron atención a una niñita que rezaba en la parte de atrás de la iglesia, la cual vio todo lo sucedido. Esa noche la pequeña regresó y, evadiendo la guardia apostada en la rectoría, entró al templo. Allí hizo una hora santa de oración, un acto de amor para reparar el acto de odio. Después de su hora santa, entró en el santuario, se arrodilló, e inclinándose hacia delante, con su lengua recibió a Jesús en la Sagrada Comunión. (en aquel tiempo no se permitía a los laicos tocar la Eucaristía con sus manos).


La pequeña continuó regresando cada noche, haciendo su hora santa y recibiendo a Jesús Eucarístico en su lengua. En la trigésima segunda noche, después de haber consumido la última hostia, accidentalmente hizo un ruido que despertó al guardia. Este corrió detrás de ella, la agarró, y la golpeó hasta matarla con la culata de su rifle.


Este acto de martirio heroico fue presenciado por el sacerdote mientras, sumamente abatido, miraba desde la ventana de su cuarto convertido en celda.


Cuando el Obispo Sheen escuchó el relato, se inspiró a tal grado que prometió a Dios que haría una hora santa de oración frente a Jesús Sacramentado todos los días por el resto de su vida. Si aquella pequeña pudo dar testimonio con su vida de la real y hermosa Presencia de su Salvador en el Santísimo Sacramento, entonces el obispo se veía obligado a lo mismo. Su único deseo desde entonces sería, atraer el mundo al Corazón ardiente de Jesús en el Santísimo Sacramento.


La pequeña le enseñó al Obispo el verdadero valor y celo que se debe tener por la Eucaristía; como la fe puede sobreponerse a todo miedo y como el verdadero amor a Jesús en la Eucaristía debe trascender a la vida misma.
Lo que se esconde en la Hostia Sagrada es la gloria de Su amor. Todo lo creado es un reflejo de la realidad suprema que es Jesucristo. El sol en el cielo es tan solo un símbolo del hijo de Dios en el Santísimo Sacramento. Por eso es que muchas custodias imitan los rayos de sol. Como el sol es la fuente natural de toda energía, el Santísimo Sacramento es la fuente sobrenatural de toda gracia y amor.


Extracto de un artículo "Let the Son Shine" por el Rev. Martin Lucía

http://www.aciprensa.com/Historias/historia.php?id=236

Desde que las insignias se llaman pins


Desde que las insignias se llaman pins,las comidas frías lunchs, y los repartos de cine castings, este país no es el mismo. Ahora es mucho más moderno.Durante muchos años, los españoles estuvimos hablando en prosa sin enterarnos. Y, lo que es todavia peor, sin darnos cuenta siquiera de lo atrasados que estabamos. Los niños leían tebeos en vez de comics, los jóvenes hacian fiestas en vez de parties, los estudiantes pegaban posters creyendo que eran carteles, los empresarios hacían negocios en vez de business, las secretarias usaban medias en vez de panties, y los obreros, tan ordinarios, sacaban la fiambrera al mediodía en vez del tupper-ware. Yo, en el colegio, hice aerobic muchas veces, pero en mi ignorancia, creía que hacía gimnasia.

Afortunadamente, todo esto ya ha cambiado. Hoy, España es un pais rico que entra en Maastricht, y a los españoles se nos nota el cambio simplemente cuando hablamos, lo cual es muy importante... No es lo mismo decir bacon que tocino -aunque tenga igual de grasa-, ni vestíbulo que hall, ni inconveniente que handicap. Las cosas, en otro idioma, mejoran mucho y tienen mayor prestancia.

Desde que Nueva York es la capital del mundo, nadie es realmente moderno mientras no diga en ingles un mínimo de cien palabras. Desde ese punto de vista, los españoles estamos ya completamente modernizados. Es más, creo que hoy en el mundo no hay nadie que nos iguale. Porque, mientras en otros paises toman solo del inglés las palabras que no tienen -bien porque sus idiomas son pobres, cosa que no es nuestro caso, bien porque pertenecen a lenguajes de reciente creación, como el de la economía o el de la informática-, nosotros, más generosos, hemos ido más allá y hemos adoptado incluso las que no nos hacian falta. Lo cual demuestra nuestra apertura y nuestra capacidad para superarnos.

Asi, ahora, por ejemplo, ya no decimos bizcocho, sino plum-cake, que queda mucho más fino, ni tenemos sentimientos, sino feelings, que es mucho mas elegante. Y de la misma manera, sacamos tickets, compramos compacts, usamos kleenex, comemos sandwichs, vamos al pub, hacemos rappel y los domingos, cuando salimos al campo -que algunos (los más modernos) llaman country-, en lugar de acampar como hasta ahora, hacemos camping. Y todo ello, ya digo, con la mayor naturalidad y sin darle apenas importancia.

Obviamente, esos cambios de lenguaje han influido en nuestras costumbres y han cambiado nuestro aspecto, que ahora es mucho más moderno y elegante. Los españoles ya no usan calzoncillos, sino slips, y cuando uno se afeita, a continuacion se echa after shave, que deja la cara mucho más suave y fresca que el tónico. En España la gente ya no corre, hace jogging o footing; ya no estudia, hace masters; ya no aparca, utiliza el parking.

En la oficina, el jefe ya no es el jefe, es el boss, y esta siempre en meetings con la public-relations o va a hacer business junto con su secretaria, o mas bien, asistant. En su maletín de mano, al revés de los de antes, que lo llevaban repleto de papeles y de latas de fabada, lleva tan solo un teléfono y un fax-modem por si acaso. La secretaria tampoco le va a la zaga. Hace mailings y trainings y cuando acaba el trabajo va al gimnasio a hacer gim-jazz. Alli se encuentra con todas las de la jet, que vienen de hacerse liftings, y con alguna top-model amante del body-fitness y del yogourt light; y cuando acuden a un cocktail toman bitter y roast-beef que, aunque parezca lo mismo, es mucho más digestivo y engorda menos que la carne.

En la televisión, entre tanto, ya nadie hace entrevistas ni presenta, como antes. Ahora hacen interviews y presentan magazines, que dan mucha más prestancia aunque aparezcan siempre los mismos y con los mismos collares. Si el presentador dice mucho O.K. y se mueve todo el rato, al magazine se le llama show -que es distinto de espectáculo-, y si este es un show heavy, es decir, que tiene carnaza, se le adjetiva de reality para quitarle la cosa cutre que tiene en castellano. Entre medias, por supuesto, ya no nos ponen anuncios, sino spots que, aparte de ser mejores, nos permiten hacer zapping.

El mercado ahora es el marketing; el autoservicio, el self-service; el escalafon, el ranking; el solomillo, steak; y el representante, el manager. Y desde hace algún tiempo, los importantes tambien son vips; los auriculares walkman; los puestos de venta stands; los ejecutivos, yuppies; las niñeras baby-sitters, y los derechos de autor, royalties. Para ser ricos del todo y quitarnos el complejo de país tercermundista que tuvimos durante algun tiempo y que tanto nos avergonzaba, sólo nos queda ya decir siesta (la unica palabra que el español ha exportado al mundo, lo que dice mucho a favor nuestro) con acento americano.

DIARIO DE GUERRA: UN HOMBRE SOLO ANTE EL MUNDO.


LUNES


Me he quedado solo en casa. Mi mujer está ausente toda la semana. Es un cambio que me viene de perlas. Presiento que el Perro y YO lo vamos a pasar en grande. He preparado un riguroso programa de actividades, y sé exactamente a que hora me levantaré , cuánto tardaré en ducharme y arreglarme, y cuánto en preparar el desayuno. También he calculado el número total de horas que me llevará lavar los platos, hacer la limpieza, sacar a pasear al perro, ir de compras y cocinar. Ha sido una grata sorpresa darme cuenta de que me queda mucho tiempo para hacer lo que quiera. No sé por qué las mujeres hacen que el trabajo doméstico parezca tan complicado, cuando en realidad es mínimo el tiempo que hay que dedicarle. TODO ES CUESTION DE SABER ORGANIZARSE. A la hora de la cena me he servido un bistec y le he dado otro al perro. Puse en la mesa un bonito mantel, una vela y un florero con rosas para crear un ambiente agradable. El perro ha comido paté de entremés y también de plato fuerte, éste último acompañado por una exquisita ración de verduras. De postre le serví galletas. Yo tomé un poco de vino y me fumé un habano. No me había sentido tan a gusto en mucho tiempo.

MARTES


Debo revisar mi programa: creo que necesita algunos ajustes menores. Le he explicado al perro que, desde luego, no todos los días son de fiesta, así que no debe esperar entremeses a diario, ni que le sirva cada comida en tres tazones, pues tendría mas trastos que lavar. En el desayuno me he dado cuenta de que el zumo de naranja hecho en casa tiene un inconveniente: hay que lavar el exprimidor cada vez que se usa. Una solución es preparar zumo para dos días; así la frecuencia se reduce a la mitad. También he averiguado que las salchichas se pueden calentar junto con la sopa, lo cual representa una cacerola menos que lavar. Definitivamente, no pienso pasar la aspiradora todos los días, como quería mi mujer; pasarla cada tres días es más que suficiente. La clave está en usar zapatillas para estar en casa y limpiarle las patas al perro. Por lo demás, me encuentro de maravilla.

MIERCOLES


Empiezo a creer que los quehaceres domésticos llevan más tiempo del que me había imaginado. Tendré que reconsiderar mi estrategia. Primer paso: he salido a por un poco de comida para llevar; así no perderé tanto tiempo cocinando. No debe uno tardar más en preparar la comida que en comérsela. Hacer la cama es otro problema: primero hay que levantarse, luego ventilar la habitación y luego extender sábanas y mantas. !Qué engorroso! Creo que no es necesario hacer la cama todos los días y menos si voy a acostarme en ella todas las noches. Es una tarea sin sentido. Ya no preparo nada especial ni complicado para el perro. Le he comprado alimento enlatado para mascotas. Puso cara de repugnancia pero de nada le valdrá ; . Si yo tengo que conformarme con comida preparada, é l también puede hacerlo.

JUEVES


No más zumo de naranja ¿Cómo puede ensuciar tanto una fruta que parece tan inocente?. ¡Es inconcebible! De hoy en adelante compraré zumo embotellado, listo para beber. Descubrimiento: he conseguido salir de la cama sin desarreglar casi las sábanas; después sólo he tenido que alisar un poco la colcha con las manos. Desde luego, hacer esto requiere práctica y no puede uno moverse mucho mientras duerme. Tengo la espalda dolorida, pero una ducha caliente me dejará como nuevo. He dejado de afeitarme todos los días, pues me parece un desperdicio de tiempo; además, así gano unos minutos muy valiosos que mi mujer nunca pierde porque a ella no le sale barba ni bigote. Descubrimiento: es absurdo usar un plato limpio en cada comida. Lavar los platos tan a menudo empieza a ponerme los nervios de punta. El perro también puede comer en un solo tazón: al fin y al cabo, no es más que un animal.
Nota: he llegado a la conclusión de que no hace falta pasar la aspiradora más que una vez a la semana. Salchichas en la comida y en la cena.

VIERNES


¡No quiero saber nada de zumos de frutas!. Las botellas pesan muchísimo. Otro hallazgo: las salchichas saben bien por la mañana, desmerecen en la comida, y son insufribles en la cena. Comerlas más de dos días seguidos puede causar nauseas. Le he comprado alimento seco al perro. Es tan nutritivo como el enlatado y no ensucia el tazón. Me he dado cuenta de que se puede comer la sopa directamente de la olla. Sabe igual y no hace falta usar sopera ni cucharón. ¡Por fin dejaré de sentirme como una máquina lavaplatos!. He decidido no fregar más el suelo de la cocina. Esta tarea, al igual que hacer la cama, me ponía los nervios de punta.
Nota: tendría que prescindir de las latas; el abrelatas se ensucia.

SÁBADO


¿Qué objeto tiene desvestirse por la noche, si a la mañana siguiente hay que vestirse otra vez?. Yo prefiero dedicar ese tiempo a dormir un poco más. También he dejado de usar sábanas y mantas, lo que me ahorra el trabajo de hacer la cama. El perro dejó caer unas migajas y lo reprendí . ¿Acaso se ha creí do que soy su criado?. ¿Qué curioso, de pronto me doy cuenta que mi mujer a veces me habla así ... Hoy me toca afeitarme, pero no tengo la menor gana de hacerlo. Estoy hecho un manojo de nervios. El desayuno consistirá en algo que no haya que desenvolver, abrir, rebanar, untar, cocer ni mezclar. Todas estas cosas me sacan de quicio. Plan: tomar la comida directamente de la bolsa, encima de la estufa, sin platos, ni cubiertos, manteles ni demás cacharros. Me duelen un poco las encías. Tal vez sea por la falta de fruta, que no he vuelto a comprar porque pesa demasiado. ¿Será acaso la primera señal del escorbuto?. Mi mujer me ha llamado por teléfono por la tarde y me ha preguntado si había limpiado las ventanas y la ropa. Yo solté una carcajada histérica y le dije que no tenía tiempo para esas cosas. Hay un desperfecto en el baño: el desagüe está atascado de espagueti, pero no me preocupa mucho porque he dejado de ducharme.
NOTA: El perro y yo comemos juntos, directamente del refrigerador. Tenemos que hacerlo a toda prisa, para que la puerta no esté abierta mucho tiempo.

DOMINGO


El perro y yo nos quedamos en la cama viendo la tele, donde aparece gente comiendo toda clase de manjares deliciosos. A los dos se nos hizo la boca agua. Estamos débiles y de mal humor. Esta mañana he comido algo del tazón del perro. A ninguno de los dos nos ha gustado. Hoy sí tendré que ducharme, afeitarme, peinarme, prepararle algo de comer al perro, sacarlo a pasear, lavar los platos, arreglar la casa, ir de compras y hacer varias cosas más, pero estoy hecho una piltrafa. Siento como que me caigo y que se me empaña la vista. El perro ha dejado de menear la cola. En un supremo esfuerzo de conservación, hemos salido casi a rastras en busca de un restaurante. Encontramos uno y estuvimos allí más de una hora, comiendo viandas exquisitas en distintos platos. Después nos hospedamos en un hotel. El cuarto está limpio, arreglado y es muy acogedor. He encontrado la solución perfecta para mantener la casa impecable. Me pregunto si a mi esposa alguna vez se le ha ocurrido hacer lo mismo.

Diario de una mujer conductora


5 de Enero
¡Aprobé el examen de conducir!
Ya puedo conducir mi propio coche sin tener que oir las recomendaciones de llos profesores, siempre diciendo por ahí es sentido prohibido!", "Vamos a salir en sentido contrario!" "Cuidado con la viejecita! Frena! Frena!" y otras cosas parecidas. No sé como les aguanté durante estos últimos dos años y medio.

8 de Enero
La Autoescuela me hizo una fiesta de despedida.
Los profesores ni siquiera dieron clase. Uno de ellos dijo que iba a misa, juro que vi a otro con lágrimas en los ojos y todos dijeron que iban a emborracharse para celebrarlo. Encontré simpática la despedida, pero creo que mi cartera no merecía tanta exageración.

12 de Enero
Me compré el coche, y por desgracia tuve que dejarlo en el concesionario para cambiarle el parachoques trasero, pues cuando intenté salir confundí
la marcha atrás con la primera. Debe ser la falta de práctica. Hace una semana que no conduzco.

14 de Enero
Ya tengo el coche. Estaba tan feliz al salir del concesionario que decidí dar un paseo. Parece que otros muchos tuvieron la misma idea pues me siguieron muchos coches, todos tocando la bocina como si fuese una boda. Para no parecer antipática entré en la broma y reduje la velocidad de 10 a 5 Km/h.
A los demás les gustó y tocaron la bocina aún más.

22 de Enero
Mis vecinos son intachables.
Colocaron carteles avisando en letras grandes "ATENCION A LAS MANIOBRAS", marcaron con pintura blanca un sitio bien grande para aparcar y prohibieron a sus hijos salir a la calle mientras durasen las maniobras.
Creo que todo es para no molestarme. Aún hay gente buena en este mundo...

31 de Enero
Los otros conductores siempre están tocandome el claxon y haciendo gestos. Creo que es algo simpático pero un poco peligroso. Ayer uno apuntó al cielo con el dedo de enmedio. Cuando me asomé para ver a qué estaba señalando casi me doy un golpe. Menos mal que iba a la velocidad acostumbrada de 10 Km/h.

10 de Febrero
Los otros conductores tienen hábitos extraños. Además de hacer muchos gestos con la mano están siempre gritando. No escucho nada porque llevo los cristales subidos pero parece que quieren darme información. Lo digo porque creo haber oido decir a uno "Vete a casa". Creo que es algo espantoso. No msé como adivinó para dónde iba. De cualquier forma, cuando maverigüe dónde está el botón que baja los cristales saldré de dudas.

19 de Febrero
La ciudad está muy mal iluminada. Hoy di mi primer paseo nocturno y tuve que ir con las luces largas para ver bien. Todos los conductores con los que me crucé parecían estar de acuerdo conmigo porque también daban las luces largas y algunos incluso encendían otros faros que llevaban. Quizá fuera para espantar algún bicho.

26 de Febrero
Hoy tuve un accidente. Entré en una rotonda y como había muchos coches (no quiero exagerar pero como mínimo debían ser unos cuatro), no pude salir.
Fui dando vueltas bien cerquita del centra a la espera de una oportunidad, de forma que acabé por marearme y me di contra el monumento que había en el centro de la rotonda. Creo que deberían limitar la circulación por las rotondas a sólo un coche de cada vez.

3 de Marzo
Estoy en mala racha. Fui a buscar el coche al taller y luego al salir me confundí de pie acelerando a fondo en vez de frenar. Me di contra un coche que pasaba aplastandole todo el lateral derecho. El conductor era, por casualidad, el profesor que me aprobó el examen. Un buen hombre sin duda. iInsistí en que había sido culpa mía pero él, educadamente, no paraba de repetirse "Que Dios me perdone! Que Dios me perdone!"

El Perro Genio


Un carnicero estaba trabajando muy ocupado, cuando ve entrar a su local un perro al que echa de la tienda, poco después el perro entra nuevamente y esta vez el carnicero se da cuenta que el perro trae una nota en el hocico que dice:
¿Podría darme una pierna de cordero, por favor?
Lo mira, y ahora tiene un billete de 10 dólares en el hocico, así que el carnicero asombrado toma el dinero, mete la pierna de cordero en una bolsa y la coloca en el hocico del perro, el carnicero impresionado decide cerrar la tienda y seguir al perro, éste toma una calle hasta un cruce donde se detiene, deja la bolsa en el piso y se para en sus patas traseras para presionar el botón de cruce, una vez que cambia la luz, toma la bolsa, avanza y llega hasta un paradero de autobuses, ahí se sienta pacientemente y cuando se aproxima un bus se para, mira el número y se vuelve a sentar hasta que llega el autobús adecuado, entonces toma la bolsa y se sube, ya arriba del autobús mira por la ventana distraídamente hasta que llegan a un sector de la ciudad donde toca el timbre y se baja, de ahí llega a una casa, deja la bolsa en el suelo y con la cabeza empieza a golpear la puerta un par de veces y como nadie abre la puerta, da la vuelta a la casa, esta vez golpea una ventana y regresa nuevamente a la puerta a esperar que abran, casi inmediatamente aparece un tipo en la puerta que empieza a gritar al perro, por lo que el carnicero le dice:
¡Pero hombre! ¿Por qué trata así al animal? ¡Es un genio, bien podría salir en la televisión!
A lo que el hombre responde:
¿Genio? ¿Está usted loco? ¡Esta es la segunda vez en esta semana que olvida su llave!

Ser diferente


¿Qué nos hace ser diferentes? La forma de pensar, de vestir, de hablar, el color de piel, de ojos, la estatura... la combinación de todo, algo en particular...

Meditaba en esto mientras acompañaba a mi hijo al Chopo, el lugar de encuentro de punk’s, dark’s, rockeros, reggetoneros, ska's y no sé cuantos estilos más.

Intenté copiar un estilo a petición de mi hijo: “pero no vayas fresa mamá, que nos pueden asaltar, yo te digo cómo te arregles”. Y el arreglo consistió en una playera negra con estampado a escoger (entre Nirvana, Rammstein y Nightwish), pantalón negro y botas negras (míos, afortunadamente) “además, tendrás que peinarte de lado, para que un mechón de tu cabello te cubra un ojo y delinearte los ojos de negro”

Pensé seriamente en mandarlo a freír espárragos, en aferrarme a mi estilo minimalista, en arriesgarme a ser asaltada por ir fresa, pero si él me había dado gusto muchas ocasiones vistiéndose - d e c e n t e m e n t e - para asistir a eventos especiales ¿por qué no darle gusto yo? Así que accedí y le añadí un elemento más: labios oscurecidos, lo que le llenó de alegría y orgullo semi-escondidos. "Órale mamá rockera.. ¡¡metal!!" (Metal: algo así como padre, chido)

El no iría disfrazado, él iría en su estilo, que dice ser grunge, yo digo que es fachoso, iría como es él a diario, con su personalidad, con sus hermosos sentimientos, con sus ideas fantásticas, su creatividad, su dulzura, su ternura y su atuendo negro: playera, pantalón roto, cabello largo, alborotado, tenis Converse y muñequeras.

Sabía que no iba a ser fácil para mi, sabía que iba a ser casi excomulgada y desheredada, sabía que sería la comidilla de los vecinos, sabía que sería una rareza en un mundo de seres ordinarios.

Si, mis presentimientos se hicieron realidad, los vecinos amables pero sorprendidos por mi apariencia, nos saludaban. Durante el trayecto, logramos reunir una lista de miradas que incluyeron la curiosidad, desconfianza y antipatía.

Deseaba llegar lo más pronto posible a aquel lugar donde podría encajar, donde podría parecer normal, pero no fue así, de cualquier forma yo era diferente, me sentía diferente, con una playera tres tallas más grande que la mía, no era ni rockera, ni grunge, ni dark, ni nada definido, apenas un ligero intento de mezclar todo en uno, no había cambiado mi forma de pensar, ni de sentir, ni en lo que creía, tampoco era más buena o más mala, peor o mejor, era la misma dentro de un disfraz.

Pero ambos fuimos excluidos del mundo convencional, del mundo sensato, sólo por no armonizar con él, por no adoptar el estándar, fuimos excluidos a través de las miradas, de los cuchicheos, del alejamiento de quienes nos rodeaban.

Y experimentamos, una vez más, lo difícil que es ser diferente.

http://suenos-del-alma.blogspot.com/2006/10/ser-diferente.html

La Mariposa


Un hombre encontró un capullo de una mariposa y se lo llevó a su casa para poder ver a la mariposa cuando saliera del capullo.

Un día vió que había un pequeño orificio y entonces se sentó a observar por varias horas, viendo que la mariposa luchaba por abrirlo mas grande y poder salir.

El hombre vió que la mariposa forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo a través del pequeño agujero, hasta que llegó un momento en el que pareció haber cesado de forcejear, pues aparentemente no progresaba en su intento.

Parecía que se había atascado. Entonces el hombre, en su bondad, decidió ayudar a la mariposa y con una pequeña tijera cortó al lado del agujero para hacerlo más grande y ahí fue que por fin la mariposa pudo salir del capullo. Sin embargo, al salir la mariposa tenía un cuerpo muy hinchado y unas alas pequeñas y dobladas.

El hombre continuó observando, pues esperaba que en cualquier instante las alas se desdoblarían y crecerían lo suficiente para soportar al cuerpo, el cual se contraería al reducir lo hinchado que estaba.

Ninguna de las dos situaciones sucedieron y la mariposa solamente podía arrastrarse en círculos con su cuerpecito hinchado y sus alas dobladas. Nunca pudo llegar a volar.

Lo que el hombre en su bondad y apuro no entendió, fué que la restricción de la apertura del capullo y la lucha requerida por la mariposa, para salir por el diminuto agujero, era la forma en que la naturaleza forzaba fluidos del cuerpo de la mariposa hacia sus alas, para que estuviesen grandes y fuertes y luego pudiese volar.

La libertad y el volar solamente podían llegar luego de la lucha. Al privar a la mariposa de la lucha, también le fué privada su salud.

Algunas veces las luchas son lo que necesitamos en la vida. Si la naturaleza nos permitiese progresar por nuestras vidas sin obstáculos, nos convertiría en inválidos. No podríamos crecer y ser tan fuertes como podríamos haberlo sido.

¡Cuánta verdad hay en esto! Cuántas veces hemos querido tomar el camino corto para salir de dificultades, tomando esas tijeras y recortando el esfuerzo para poder ser libres.

Necesitamos recordar que nunca recibimos más de lo que podemos soportar y que a través de nuestros esfuerzos y caídas, somos fortalecidos así como el oro es refinado con el fuego.

Nunca permitamos que las cosas que no podemos tener, o que no tenemos, o que no debamos tener, interrumpan nuestro gozo de las cosas que tenemos y podemos tener. Nunca pensemos ni nos enfoquemos en lo que no tenemos. ¡¡¡Disfrutemos cada instante de cada día por lo que tenemos y nos ha sido dado.

http://www.grafologicamente.com.ar/mariposa.html

Huele a Dios



He aquí una emotiva historia, supuestamente real, en la que una niña neonata consiguió sobrevivir cuando todos los médicos daban por perdida toda esperanza, y aún así, en el caso de sobrevivir, nunca sería una niña normal. Es una historia en la que uno reflexiona y llega a la conclusión que los milagros existen y ocurren.


Un frío viento de marzo llevaba un olor a muerte en la noche de Dallas, Texas, mientras llegaba el doctor. Entró en la pieza de Diana Blessing, que todavía estaba bajo los efectos de la anestesia por la operación. Su esposo David le tomó la mano esperando las últimas noticias.

Esa tarde del 10 de marzo de 1991, las complicaciones obligaron a que Diana se sometiera a una cesárea después de 24 semanas de gestación, para que naciera la hija de la pareja, Dana Lu Blessing.

Con 12 pulgadas de altura y pesando apenas 714 gramos, ellos ya sabían que era peligrosamente prematura.

Las suaves palabras del médico cayeron como una bomba:

- No creo que lo logre - dijo tan suavemente como pudo - Hay solamente un 10% de posibilidades de que pase la noche; y aún si lo logra, su futuro podría ser muy cruel.

Adormecidos con incredulidad, David y Diana escucharon al doctor describir los devastadores problemas que Dana tendría que enfrentar si sobrevivía.

Nunca caminará, nunca hablará, probablemente sea ciega y ciertamente sea propensa a otras condiciones catastróficas, desde parálisis cerebral a un completo retardo mental, etcétera.

- ¡No! ¡No! - fue lo único que Diana podía decir.

Ella y David, con su hijo de 5 años, habían soñado largamente el día en que tuvieran una hija para formar una familia de cuatro personas. Ahora, en unas horas, el sueño se diluía.

Al pasar los primeros días, surgió una nueva agonía para David y Diana. Debido a que el sistema nervioso de Dana estaba esencialmente en "bruto", el más suave beso o caricia solamente aumantaban su incomodidad, así que ni siquiera podían poner a su hijita contra el pecho para ofrecerle la fortaleza de su amor.

Todo lo que ellos podían hacer, mientras Dana luchaba sola bajo la luz ultravioleta en el enredo de tubos y cables, era rezar a Dios para que estuviera cerca de su preciosa hijita.

No había momento en que Dana se fortaleciera.

Pero a medida que pasaban las semanas, ganaba lentamente unos gramos.

Dana alcanzó los dos meses de vida y sus padres pudieron abrazarla por primera vez. Y dos meses después, los doctores continuaron con su difíciles expectativas de vida, mucho menos de vivir una vida normal que era cercano a cero.

Dana se fue a casa desde el hospital, tal y como su madre había predicho.

Cinco años después, cuando Dana era una pequeña, pero festiva niñita, con brillantes ojos grises y un incuestionable gusto a la vida, ella no mostraba síntoma alguno de ningún impedimento mental o físico, simplemente era todo lo que una niñita puede ser y más. Pero este final feliz no es el término de la historia.

Una tarde del verano de 1996, cerca de su casa, en Irving, Texas, Dana estaba sentada en las piernas de su mamá en la gradería de un campo deportivo mientras su hermano Dustin jugaba al baseball. Como siempre, Dana no paraba de hablar con su mamá y muchos adultos estaban sentados cerca cuando, de pronto, se quedó callada. Cruzando sus brazos sobre el pecho, la pequeña Dana preguntó a su madre:

- ¿Hueles eso?

Olfateando el aire, y detectando que se acercaba una tormenta, Diana le respondió:

- Sí, huele a lluvia

Dana cerró los ojos y volvió a preguntar:

- ¿Hueles eso?

Nuevamente, su madre le respondió:

- Sí, pienso que nos vamos a mojar. Huele a lluvia.

Dana movió la cabeza, se acarició sus delgados hombros con las manos y anunció en voz alta:

- No. Huele a Él. Huele como a Dios cuando apoyas la cabeza en Su pecho.

Saltaron las lágrimas de los ojos de Diana, mientras Dana, feliz, iba a jugar con otros niños.

Antes de que empezara a llover, las palabras de su hija confirmaron lo que Diana y todos los miembros de la extensa familia Blessing sabían, al menos en sus corazones.

Durante aquellos largos días y noches de sus primeros meses de vida, cuando los nervios de la niña eran demasiado sensibles como para que la tocaran, Dios abrazaba a Dana en su pecho, y fue su aroma de amor que ella recordaba tan bien.

Impresionante testimonio de Ángela Fortunato: Numeraria del Opus Dei

Aguanta un poco más


En Inglaterra, existía una pareja que gustaba de visitar las pequeñas tiendas del centro de Londres.

Una de sus tiendas favoritas era una en donde vendían vajillas antiguas. En una de sus visitas a la tienda vieron una hermosa tacita. "¿Me permite ver esa taza?" preguntó la Señora, "¡nunca he visto nada tan fino como éso!"

En cuanto tuvo en sus manos la taza, escuchó que la tacita comenzó a hablar. La tacita le comentó: "¡Usted no entiende! ¡yo no siempre he sido esta taza que usted está sosteniendo! hace mucho tiempo yo sólo era un montón de barro amorfo.

Mi creador me tomó entre sus manos y me golpeó y me amoldó cariñosamente. Llegó un momento en que me desesperé y le grité: "¡Por favor! ¡Ya déjame en paz!" Pero mi amo sólo me sonrió y me dijo: "Aguanta un poco más, todavía no es tiempo."

Después me puso en un horno. ¡Yo nunca había sentido tanto calor! ¡me pregunté por qué mi amo querría quemarme, así que toqué la puerta del horno. A través de la ventana del horno pude leer los labios de mi amo que me decían: "Aguanta un poco más, todavía no es tiempo."

Finalmente se abrió la puerta, mi amo me tomó y me puso en una repisa para que me enfriara. "¡Así está mucho mejor!" me dije a mi misma, pero apenas y me había refrescado cuando mi creador ya me estaba cepillando y pintándome. ¡El olor de la pintura era horrible! ¡sentía que me ahogaría! "¡Por favor detente!" le gritaba yo a mi amo; pero él sólo movía la cabeza haciendo un gesto negativo y decía: "Aguanta un poco más, todavía no es tiempo."

Al fin mi amo dejó de pintarme; ¡pero esta vez me tomó y me metió nuevamente a otro horno! no era un horno como el primero; ¡sino que era mucho más caliente! ¡ahora sí estaba segura que me sofocaría! ¡le rogué y le imploré a mi amo que me sacara! grité, lloré; pero mi creador sólo me miraba diciendo: "Aguanta un poco más, todavía no es tiempo."

En ese momento me di cuenta que no había esperanza, ¡nunca lograría sobrevivir a ese horno!. Justo cuando estaba a punto de darme por vencido se abrió la puerta y mi amo me tomó cariñosamente y me puso en una repisa que era aún más alta que la primera, allí me dejó un momento para que me refrescara.

Después de una hora de haber salido del segundo horno, mi amo me dió un espejo y me dijo: "¡Mírate! ¡ésta eres tú!" ¡yo no podía creerlo! ¡ésa no podia ser yo! ¡lo que veía era hermoso!. Mi amo nuevamente me dijo: "Yo sé que te dolio haber sido golpeada y amoldada por mis manos; pero si te hubiera dejado como estabas, te hubieras secado. Sé que te causo mucho calor y dolor estar en el primer horno, pero de no haberte puesto allí, seguramente te hubieras estrellado. También sé que los gases de la pintura te provocaron muchas molestias, pero de no haberte pintado tu vida no tendría color. Y si yo no te hubiera puesto en ese segundo horno, no hubieras sobrevivido mucho tiempo, porque tu dureza no habría sido la suficiente para que subsistieras. ¡Ahora tú eres un producto terminado! ¡eres lo que yo tenía en mente cuando te comence a formar!"

Moraleja: Dios nunca te va a tentar ni te va a obligar a que vivas algo que no puedas soportar. Dios sabe lo que está haciendo con cada uno de nosotros. Él es el artesano y nosotros somos el barro con el cual él trabaja. Él nos amolda y nos da forma para que lleguemos a ser una pieza perfecta y podamos cumplir con su voluntad...