
Aunque la moda sea efímera, el interés por ella es permanente. Hay industria, servicios, empleo y excelentes profesionales detrás y, sólo por eso, merece ya nuestra atención. Pero el lenguaje del vestido dice muchas otras cosas. Algunas han recibido la atención de sesudos intelectuales a quienes no les avergüenza escribir sobre este asunto. Otras son dichas en voz tan baja, tan sutilmente, que fácilmente resultan apagadas por el "último grito".
Cada vez que una mujer o un hombre se visten hacen cultura. No sólo se protegen del clima. La moda es comunicación, un lenguaje que dice algo sobre nosotros: hombres o mujeres, duelo o fiesta, 20 ó 50 años, europeo o africano.
Además de este mensaje personal, la moda es hoy un contenido específico de muchos medios de comunicación. Detrás de las revistas de moda hay esfuerzo e ilusión. Tanto la moda como la forma en que es presentada nos dicen algo que puede ser interesante gracias al buen hacer de todos los profesionales implicados. Pero, sobre todo, si éstos saben qué es el ser humano. También el cine, la televisión y la publicidad nos presentan a mujeres y hombres que hablan no sólo con sus palabras sino con su apariencia, con su actitud, con la moda.
Todos estos medios influyen notablemente al promover imágenes, estilos y tendencias que sirven de referencia o modelo. Sin embargo, son las mujeres y los hombres de a pie quienes forman el último y decisivo eslabón de la cadena de la moda. Son ellos los que tienen la última palabra, los que pueden decir las cosas más importantes.
La moda, como lenguaje y cultura, puede ayudar a que las mujeres sean vistas con perspectiva. Y, también, puede hacer que de tan cerca, de tan obvias, sólo se las perciba de forma borrosa o parcialmente. La moda forma parte de ese conjunto de gracias con que las mujeres cuentan. No cabe echar sobre sus solas espaldas la responsabilidad de generar (y mantener) ese entusiasmo masculino propio del cónyuge o novio, ni tampoco reducirla en este sentido. Sin embargo, algunos automáticamente interpretan la moda como un restringido juego de estímulos.
Fragmentos de un artículo de Aurora Pimentel.
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