
Buscad un tiempo y un lugar para leer todos los días con los niños, sin que esta lectura tenga relación con las tareas escolares.
El ejemplo es importante, los niños imitan lo que ven. Optar por un periódico, una revista o un libro les demostrará que para vosotros leer es gratificante.
Leed juntos, sobre todo en las primeras etapas, en las que los niños no son lectores autónomos. Sentaos cerca y leed para ellos. Los niños aprenden a leer viendo las letras y pasando las páginas de un libro.
Haced de la lectura un tiempo divertido. Cuando los niños son pequeños se pueden leer historias jugando con la voz o entonando poemas y canciones. El niño mejora su lectura cuando se apropia del ritmo y los sonidos de las frases.
Cualquier motivo puede ser bueno para leer: preparar una excursión, hacer un postre sabroso o conocer las reglas de un juego. Las guías turísticas, los recetarios de cocina, los periódicos, las instrucciones o la publicidad ayudan al niño a comprobar que leer es importante para cualquier actividad.
Preguntad al niño por sus lecturas. Si os interesáis por los libros que lee le posibilitaréis establecer conexiones, organizar la información y podréis ayudarle a ser un lector activo.
Reservad tiempos de lectura en casa. Incorporadlos a las rutinas de cada día. Hacer imprescindible este hábito ayudará a los niños a valorar los momentos de lectura.
Cuando los niños ya sepan leer, seguid compartiendo la lectura en familia. Les gusta escuchar historias leídas en voz alta a cualquier edad, y siguen necesitando nuestro estímulo.
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