
Reflexiones de Joseph Ratzinger sobre el veraneo
En el siglo pasado se encontró en una excavación sobre la civilización romana realizada en el norte de África una inscripción del siglo II o III, sepultada bajo el tiempo en el mercado argelino de Fimgad, en la que se leían estas palabras:
Cazar, bañarse, reir: eso es la vida.
Todos los años cuando la riada de turistas se dirige hacia el Sur en busca de la vida, me acuerdo de esa inscripción. Si descubrieran en el futuro los anuncios sobre el tiempo libre de nuestra época encontrarían en ellos una concepción muy parecida de la existencia a la de esa inscripción. Parece evidente que muchos hombres experimentan el año que pasan en la oficina, en la fábrica o en otros lugares de trabajo como un no vivir. Por eso, se desplazan en vacaciones en búsqueda de la felicidad, con el deseo de vivir verdaderamente.
Este deseo de esparcimiento y de libertad, y este anhelo por desligarse de las ataduras de la vida cotidiana es algo genuinamente humano. El ritmo de trabajo de la sociedad tecnificada parece imponer pausas de ese tipo.
Pero el uso de nuestra libertad, de la libertad en el empleo del tiempo libre nos plantea interrogantes: el hombre descubre enseguida que la existencia, que vivir verdaderamente, no consiste en bañarse, divertirse y reirse. Por eso, el buen uso del tiempo libre y de las vacaciones se está convirtiendo en una verdadera ciencia.
Al pensar en esto, me acuerdo de los medios que recomendaba santo Tomás de Aquino en un tratado para combatir la tristeza. Dice mucho acerca del realismo del Santo que recomendase también bañarse, dormir y distraerse. Sin embargo, añadía con fuerza que uno de los remedios más eficaces para combatir la tristeza es la convivencia, el trato con los amigos: eso es lo que verdaderamente nos libra de la soledad, que es la raíz profunda de nuestra insatisfacción. Es decir: el tiempo libre debe ser, sobre todo, tiempo libre del hombre para el hombre.
Sin embargo, para Tomás de Aquino el remedio fundamental para la tristeza es el trato con la Verdad; es decir, con Dios; porque en la contemplación de Dios es donde el hombre vive verdaderamente, donde encuentra la verdadera vida.
Si no contamos con esto en nuestro plan de vacaciones nuestro tiempo libre se convertirá en un tiempo sin libertad; y no encontraremos en ese tiempo esa vida perdida que buscamos.
Buscar a Dios es más estimulante que una excursión de montaña; es el baño más vivificante que el hombre puede tomar. Bañarse, jugar, dormir... todo eso forma parte de nuestro plan de vacaciones; pero ese plan debe incluir, como recomienda Tomás de Aquino, el encuentro con Dios, al que nos invitan nuestras hermosas iglesias y el mundo maravilloso que Dios ha creado.
Traducción de Mitarbeiter der Wahrheit. Gedanken fü jeden Tag. 1990.
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